Acción Caritativa

Porque voluntariado y caridad no son lo mismo ….la caridad es puro amor ,de modo que uno dona a otros la belleza y el bien que ha recibido (Revista Huellas) .

En esta entrada queremos promover la importancia de la caridad para nuestras vidas .Ponemos a vuestra disposición artículos, experiencias que nos ayudara a vivir la vida con esta gracia tan especial como es el servicio al prójimo  especialmente a los más necesitados. Os iremos informando de asociaciones y grupos de amigos que realizan alguna actividad de caritativa. Comenzamos  con un artículo publicado en la revista Huellas enero del 2019 que define muy bien lo que es la CARITATIVA y como asociación invitada a BOCATAS que tiene como lema  “Pasión por el hombre ”.

¿Quién es el pobre ?

Una comida con alguien necesitado. La invitación del Papa asumida en primera persona y lo que ha nacido de ella. Encuentros que ayudan a ser leales con nuestra propia humanidad. Hasta compartir mesa con Asunción: «Me siento la más afortunada del mundo»

“Papá, mamá, ¿quiénes eran  los pobres:?”. Cecilia » ha, de cuatro años , va en el coche con sus padres de vuelta a casa, después de una comida de la que probablemente lleva días oyendo hablar en casa: ¡una comida con los «pobres»! Quién sabe las imágenes que se había hecho en su cabeza, pero parece que la realidad ha resultado ser otra cosa.

Todo empezó por un aviso en la Escuela de comunidad. «Me llamó mucho la atención cómo nos invitó Nacho a secundar la II Jornada Mundial de los Pobres: «El Papa nos propone invitar a nuestra casa a comer a pobres que conozcamos. Esta es la genialidad de nuestro Papa, no nos dice ni nos explica mucho más, nos propone abrir las puertas de nuestras casas para que veamos qué sucede haciendo algo así». La propuesta me cazó de inmediato», cuenta Lucas, padre de Cecilia.

Después de varias conversaciones, se juntaron con sus amigos en una casa, con sus familias, un nigeriano

que pide limosna en un semáforo y una familia boliviana que recibe alimentos del Banco de Solidaridad. La conversación enseguida se centró en la vida de los «invitados de honor», su agradecimiento y sobre todo sus fatigas. Hasta que «en un determinado momento, un amigo me pregunta por mi padre, que llevaba varios días ingresado. Podría haberle dado el parte médico, pero lo cierto es que explotó en mí toda la intensidad y dramaticidad que me provocan los diferentes problemas de salud e ingresos que mi padre, a su avanzada edad, está viviendo en estos últimos meses. Fue una ocasión para hablar del dolor, la certeza, el drama, el agradecimiento y los interrogantes que todo esto genera en mí. Al terminar, otro amigo nos contó que esa

misma semana había sufrido nuevos brotes de la enfermedad que padece; igualmente, nos habló del diálogo y lucha en los que se fajó con el Señor ante estas circunstancias. Al terminar, pensaba en lo dulcemente irónicas que habían sido aquellas horas:  fuimos con las ganas de acompañar un rato a los pobres y acabamos acompañándonos, de manera muy explícita, unos a otros».

De ahí la pregunta de Cecilia al volver a casa. «Tenía toda la ingenuidad propia de su edad, pero a mí me sonó como si un sabio hubiese hablado por su boca diciendo: «Al menos por un rato, hoy todos hemos sido pobres

de corazón»», apunta su padre. Algo parecido ‘les pasó a los hijos de Manu y sus amigos, que organizaron una comida «»para saciarse», como pedía el Papa», con un grupo de jóvenes que viven en pisos a cargo de la ONG CESAL y algunos menores presos. «Sorprendentemente, lo que dominaba era un afecto recíproco entre gente desconocida y que, a ojos de la sociedad, comparte tan poco. Algo que era especialmente llamativo en nuestros hijos que, lejos de la sospecha y el recelo habituales, trataban a estos chicos por lo que son, y no por el mal que han cometido, como tantas veces les juzga la sociedad». Una nueva familiaridad. En algunos casos, esta sorpresa de afecto mutuo no solo se ha dado entre anfitriones e invitados, sino también incluso entre los propios voluntarios. Muchas parroquias han convertido sus salones en restaurante con motivo de esta Jornada, y a veces los voluntarios que se ofrecían para cocinar o servir no se conocían entre sí. Algo así le pasó a Juan en Parla. Cuando llegó a las once de la mañana, se encontró con que compartía cocina con voluntarios con los que apenas tenía relación. «Fue inevitable preguntarme qué hacía allí y por qué estaba con esas personas haciendo aquello. Así que les invité a rezar juntos un Ave María, pues me di cuenta de la necesidad que tenía de hacer explícito el motivo que nos reunía para ese gesto».

Al final la comida acabó siendo una fiesta, un verdadero banquete de bodas, pues hacía poco que habían contraído matrimonio Isabel y Vicente, unos recién casados de 86 y 63 años respectivamente, beneficiarios del BdS que, después de más de cuarenta años juntos, han decidido casarse. «Desde que empezamos a llevarles comida, hemos comprobado que el verdadero alimento que necesitan no es otra cosa que compañía», cuenta Alberto, el voluntario que les acompaña. «Este gesto ha cambiado la forma de mirarse a pesar de llevar tantos años juntos y también nos permite a nosotros reconocer la grandeza del Señor, que obra a través de nosotros incluso cuando menos conscientes somos de ello». Y lo dice a sabiendas de que muchas veces él mismo se pregunta qué utilidad tiene la caritativa que hace. «A menudo me recoloca ante el ritmo frenético que la sociedad impone día tras día, especialmente estos meses donde la carga laboral que he tenido genera tal ceguera que cuestiona el sentido de este y otros gestos».

Y es que, en el fondo, resulta que no somos tan distintos, aunque a primera vista pueda parecer que hay un abismo. Marta, de Alcobendas, se quedó muy impactada por la aparente distancia que percibió con el grupo de inmigrantes con el que la invitaron a compartir mesa aquel domingo.

«Lo primero que me llamó la atención fueron sus rostros, sus miradas un tanto esquivas, sus saludos discretos y su silenciosa presencia entre nosotros, que tenemos una comunidad parroquial formada por buenos amigos que se encuentran cada domingo, ríen, se besan y abrazan, se ayudan en la vida y comparten su fe y sus alegrías con frecuencia con festejos, cantos y comidas ricas».

La compañía de una herida. Ella sigue recordando aquella comida con esta «espina clavada: nosotros en una compañía permanente y ellos, en soledad». Ahora le toca afrontar la vida con esta herida abierta y reconocer el cambio que esta herida genera en su mirada. «¿Y ahora qué? ¿Qué significado tienen para mí palabras y conceptos que leo, escucho y proclamo como «acoger al otro», «la vida es para darla», «el otro es siempre un bien» o «tú eres un regalo»? Han pasado diez días del encuentro con estos nuevos amigos y he tenido oportunidad de acoger con otra mirada a mis compañeros de trabajo, he podido caer de nuevo en la cuenta de que mis hijos son un regalo».

Con ella estaba Asunción, que también tuvo que superar el malestar de su primera reacción. «Algunos se habían arreglado para la ocasión, pero otros venían como habitualmente están en la calle, lo cual incrementó la dificultad que para mí ya tenía la situación. Nos fuimos sentando y al lado de una de las mendigas había un sitio libre que era claramente complicado de ocupar. Me habría sentado de buen grado en cualquier otro sitio, pero algo me hizo ocupar ese lugar a su lado». Al final, le esperaba una sorpresa, a ella que tanto se «pelea» con la idea de verificar la promesa del ciento por uno. «Me sentía preferida por haber podido ocupar el sitio que Jesús habría elegido en esa comida. Había en mí una alegría desbordante. Me sentía la persona más afortunada del mundo».

Clara también mira con ojos nuevos a las Memores Domini de su casa tras la comida con Maria  Ángeles, una mujer a la que conoció en la caritativa en la Plaza Mayor de Madrid. «De repente fue como si se me abriesen los ojos y empecé a ver: unas servían, otras fueron a comprar, otras charlaban con ella … todas, cada una de una manera, la estábamos acogiendo. Y pensé en lo que nos dice el Papa de que los pobres son un bien.

para nosotros. Gracias a su venida, he podido ver más verdaderamente el bien que es mi casa».

Todo por la sencillez de Maria Ángeles al reconocerse preferida, pues cuando Clara la invitó, ella acertó enseguida: «Es por lo del Papa, ¿verdad?». Ya la habían invitado otros grupos, y Clara se sintió un poco avergonzada, pero esa sensación se convirtió en estupor ante la reacción de su invitada: «¡Qué alegría que todos hayáis pensado en mí!».

Y es que uno de los rasgos comunes a todas las iniciativas que se han puesto en marcha para responder a la invitación del Papa es la alegría. Todos los voluntarios que nos cuentan las comidas, cenas y meriendas de las que han sido testigos terminan hablando de una fiesta. «Desde que tenía I2 años no me había sentido tan feliz», comentaba una madre de siete hijos que ocupa una finca ruinosa en Torrelodones. «La Iglesia es vida y tiene que ofrecer vida, como dice la Escuela de Comunidad -señala Gabriel-. No puede hacer trampas, no le basta con dar comida, o una limosnita. Yo, que tanto trampeo, he compartido mi vida con ellos. La hemos compartido todos. Nos hemos mirado a los ojos. Hemos llorado y bailado. Ha sucedido la unidad, por un momento como en casa, ha sucedido algo inexplicable, nos hemos sentido unos parte de los otros. Mucho más de lo que podíamos imaginar al realizar todos los preparativos. Vuelve suceder el pobre que nos enriquece.

Doy gracias a Francisco por darnos esta oportunidad para «\, volver a experimentar qué es la Iglesia».

El pobre soy yo. Cuando Pilar oyó el aviso «nació un deseo inmediato de seguir la indicación, pero claro, ;yo no conozco a ningún pobre! Pero a la primera de cambio, al dar el aviso en la Escuela de comunidad de Castellón ya fui descabalgada de mi medida y mis planes, ¡gracias a Dios! La última en llegar a la Escuela contaba que trabaja en un proyecto con inmigrantes y que están muy solos. Evidentemente no hacía falta ningún plan, ni salvar a la humanidad con nuestras fuerzas, solo responder a la realidad>>. Es la diferencia, como indicaba Julián Carrón, entre responder por una carencia, que nos lleva a necesitar siempre nuevos «proyectos», o por «una plenitud que nos urge comunicar».

«Después de barrer, fregar y recoger, salíamos cansados, pero con una felicidad que no nos podemos dar. En el coche nos mirábamos y ya no éramos los mismos. Qué plenitud y cuán fuera de nuestra medida y capacidades. Nunca hubiésemos imaginado una vida tan preciosa». Como dice Ana, de Fuenlabrada, «estamos tan despistados que a menudo nos olvidamos de que los verdaderos pobres somos nosotros. ¡Soy yo!, cuando no reconozco en el otro un bien para mi camino, para mi conversión, para mi vida. Pobre en pobreza de espíritu». También lo cuenta Javier, de Villanueva de la Cañada, que organizó con sus amigos una recogida de alimentos por la mañana y una merienda con chocolate por la tarde. «Podíamos ver la sencillez el􀀃 tantas personas que ofrecen una contribución a nuestra iniciativa por un deseo de ayudar a los demás de :alguna manera, que es la búsqueda, de algún modo, del propio cumplimiento».

Todo por un sí, ·aunque sea en cadena, como en el caso de Manu. «Muchos de nosotros habíamos oído, incluso cordialmente, la invitación del Papa. Pero sin la propuesta de uno que se la juega y al que sigues como la concreción de la compañía de Cristo para ti, se hubiera quedado en una bonita intención irrealizada. La sensación común tras haber secundado la propuesta de nuestro amigo Fernando, que secundaba la del movimiento, que secundaba la del Papa, es de agradecimiento. Seguir nos conviene: el horizonte se te hace más grande, el corazón se ensancha y te sorprendes de que juntos siguiendo hacemos cosas de otro mundo». Autora :YOLANDA MENENDEZ

 

Cuenta Solzhenitsyn, disidente ruso, que cuando le condenaron absurdamente a pasar ocho años en los campos de trabajo soviéticos, en 1945, su compañero de celda también condenado, se esforzó en adoptar una actitud positiva. Aún eran jóvenes,

afirmó, y les quedaba mucha vida por delante. Lo más importante era no disgustar aún más a las autoridades. Cumplirían su sentencia como presos modélicos, trabajarían duro y mantendrían la boca cerrada. Se conformarían con su destino y no pronunciarían una sola palabra de disensión.

Solzhenitsyn escuchó a su amigo mientras hablaba, pero en su interior ya empezaban a formarse palabras de disensión:  «Quería estar de acuerdo con él, cumplir la sentencia

convenientemente y luego borrar de mis recuerdos la experiencia por la que había tenido que pasar. Pero había empezado a percibir una verdad en mi interior: si para vivir era necesario «no vivir», ¿qué sentido tenía todo7″.

No se puede leer esto sin caer inmediatamente en la cuenta que también es la secreta aspiración del hombre de hoy: vivir sin dar razón de la existencia, más allá de las modas del momento o de algún sentimiento noble y difuso. Basta la apariencia de ser ciudadanos modélicos, «normales», de acuerdo con una imagen ya preestablecida de la vida y mirando para otro lado cuando surgen algunas preguntas incómodas sobre la razón misma de nuestra existencia. Ya se te pasará, es la frase más repetida entre los amigos.

Y sin embargo estas preguntas están. Es un hecho. Una de ellas presta el título al cuadernillo ¿qué hace la vida grande?

Ciertamente existe una enorme desproporción cuando uno mira su vida a la luz de esta incómoda pregunta. Tal vez, sea mejor no planteársela como nuestro amigo el compañero de prisión de Solzhenitsyn. Pero no planteársela es acabar viviendo en la desesperación, porque la vida se convierte con el tiempo en un campo de trabajos forzados. Hasta las vacaciones, comentaba recientemente un amigo. Bocatas, es uno de esos sitios «extraños» en el mundo que le da por plantearse este tipo de preguntas y es lo que lo hace algo absolutamente sui generis. No es sólo una caritativa de ayuda a los más desesperados o un grupo de amiga empeñados en cambiar el mundo (ya sería … ). Bocatas es un grupo de amigos que se ayuda a responder a esta infinita pregunta que acecha tras la apariencia, que quiere afrontar en compañía esta cuestión esencial para cualquiera. Pregunta que toma un dramatismo y una urgencia enormes ante nuestros amigos los yonkis.

Estamos juntos por esto, porque como decía Juan Pablo II «No habrá felicidad ( … ) si no existe en el corazón del hombre una pregunta, para la cual sólo Dios tiene respuesta, mejor dicho,

para la cual sólo Dios es la respuesta». Y, amigos, desde esta perspectiva, ¿No es verdad que hay últimos que serán primeros? (Me. 12, 38-44; Me. 10, 28-31).

Ruben

Te tengo que explicar bocatas tio. Que festival.

El viernes pasado llegamos al Raval y estaban unos cuantos bastante nerviosos. Sobretodo dos, Ángel que tiene 20 años y Vicente que tiene 42 o por ahí· Se habían cabreado por una botella de birra o por el vino. Vicente empezó a insultar a la novia de Ángel, se empezaron a enzarzar y en un primer momento les separamos, hasta que al final se les fue la cabeza y se empezaron

a zurrar a saco. Fuimos a buscar a la policía, llegó la urbana cuando ya habían acabado de

zurrarse. La verdad es que esa pelea nos hizo a todos entrar en bocatas de una forma distinta. Porque muchas veces nos podemos pensar que vamos a salvarles el culo, pero te das cuenta que no puedes hacer nada. Que si dos tipos  se quieren zurrar tú no puedes hacer nada. Lo único como decía el canario que en esas dos horas les propongamos algo, desde una charla hasta jugar al frontón en la pared del museo -cosa que ya hacemos- o a cartas. El viernes todo eso salió. Unos jugando a cartas en una mesa, otros a dados, el canario jugando al frontón y otros hablando. En un momento me paré a mirar todo lo que sucedía, y la verdad es que flipas.

 

Hoy hablando con Marta, me decía pero porque estos y no otros y si no teníamos miedo. Yo le decía, hombre la posibilidad de que se cabreen con nosotros está, pero me acordaba del texto de la caritativa, que dice: «Ante todo nuestra naturaleza produce la exigencia de interesarnos por los demás. Cuando hay algo bello en nosotros, nos sentimos empujados a comunicarlo a los demás. Cuando vemos a otros que están pero que nos0tros, nos sentimos empujados a ayudarles con algo nuestro. Esta exigencia es original y natural hasta tal punto que está en nosotros antes aún de que seamos conscientes de ella y la consideremos justamente como una ley de la existencia. Nosotros vamos a la caritativa para satisfacer esa exigencia. Y pensando esto decía «mira vale la pena jugársela». Y pienso que vale la pena ir a la caritativa porque lo que se juega ahí es mi exigencia de comunicar lo que he encontrado, lo que se juega es mi felicidad en primer planó; personalmente, y después todo lo demás. Uno va a la caritativa con gente, pero lo primero que se juega es personal, es el deseo personal de uno. No somos comunistas, no nos jugamos el deseo de cada uno en colectivo. Yo cuando voy a caritativa quiero decir JODER SI SOY CATOLICO Y CRISTO EXISTE NO SOY UN PUTO LOCO, un visionario. NO, cada viernes vivo en la caritativa, y estoy ahí como nunca, soy absolutamente yo, esto no es una locura, ES DE OTRO MUNDO.

Cura Jorge(COPITO)

Quizá lo único que puedo decir o mejor constatar es que siempre que he ido a bocatas vuelvo

agradecido a casa, y esto es lo que más me interesa volver agradecido, no perder la vida.

Si pienso en el lugar, feo de narices, si pienso en el invierno, frío a rabiar y si miro a los drogatas, no me seducen a primera vista aunque voy comprendiendo que nos une el mismo grito y la misma necesidad. Yo solo sé que vuelvo más contento, que más de un viernes y más de dos he sido rescatado ahí, (es curioso, como los drogatas). Vuestra presencia y a quién remitís hacen el milagro de convertir un lugar de muerte en un lugar de vida.

Por eso yo sigo creyendo en los milagros, porque los veo. Te mando estas líneas con la libertad total de que  hagáis con ellas lo que veáis más adecuado; a mi el bien ya se me ha hecho.

Las palabras de Julián Carrón «El hombre se completa a si mismo dándose», pronunciadas en el año 2002 fueron muy importantes para mi. Había vuelto al Movimiento 3 años antes después de pasar algunos años en el desierto de la soledad y de mis intentos de vivir el cristianismo de un modo individualista.

Recuperado la fascinación del Cristianismo como acontecimiento y compañía, andaba buscando una caritativa en que participar de una forma constante. Las palabras de San Jerónimo: «Todo lo que no se da, se pierde», daba vueltas en mi mente. Yo, sin ningún merito mío había descubierto Algo grande.

Descubrí bocatas de modo imprevisto y en noviembre del 2003 fui por primera vez. Me encontré con algo sorprendente y atractivo y desde entonces sigo yendo la mayoría de los viernes. Allí descubro mi propia incapacidad para amar y que la caridad consiste en compartir las necesidades de los demás. Bocatas me ayuda a ampliar la mirada que tengo sobre la realidad

Patrick

Me encanta el momento del Ángelus cuando se nos recuerda la Presencia que da consistencia a todo y que todos: yonquis y no yonquis, necesitamos encontrar para ser felices.Un ex – yonqui dice en un libro escrito por un ex-gangster Londinense: «Ahora que Dios está en mi vida, me doy cuenta que ya no necesito a las drogas. Solo necesito a Él». Me emociona descubrir que Dios ama a todos y que es capaz de hacerse presente en un sitio cutre como

las Barranquillas. Me gusta observar a los demás voluntarios que van los viernes y noto que están contentos de estar allí. Mi afecto a ellos va creciendo. Yo, gracias a bocatas voy creciendo. Al poco de empezar a ir, una amiga me dijo que yo había cambiado. Me ha ayudado a cambiar la mirada que tengo sobre mi familia y mis compañeros de trabajo. Mi capacidad de amar a los que son distintos ha crecido un poco. Para mi, ahora, el cristianismo se concreta en caras y lugares, y bocatas es uno de éstos lugares.