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ES EL HOMBRE QUE CONSAGRÓ
SU VIDA EN
UN AUTÉNTICO
SEGUIMIENTO
A CRISTO
«Tomar contacto con los escritos de Manuel
Aparici –dicen los Peritos Teólogos en su informe– es sumergirnos en un
ambiente verdaderamente espiritual donde se descubre la vivencia de los
verdaderos valores y virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad. Muy
bien se aplican las palabras del Concilio Vaticano II en relación al
testimonio de su Vida:
»“A éstos pronto fueron agregados también
quienes habían imitado más de cerca la virginidad y pobreza de Cristo y,
finalmente, todos los demás, cuyo preclaro ejercicio de virtudes cristianas
y cuyos carismas divinos los hacían recomendables a la piadosa devoción
e imitación de los fieles”
.
La Fe como experiencia de Dios
»Manuel Aparici Navarro es un hombre de profunda
vivencia de Fe. La alegría de su fe está fundamentada en la Divina
Revelación contenida en las Sagradas Escrituras. En sus meditaciones en
torno a la Palabra de Dios asume una actitud de búsqueda de la verdad en
todo aquello que se refiere a Dios, a la Iglesia, al Magisterio Pontificio.
Es el hombre que se deja conducir por la ley divina y a pesar de sentirse
indigno ante la mirada de Dios decide consagrar su vida en un auténtico
seguimiento a Jesucristo; en una conversión profunda que le lleva al
compromiso de dedicarse generosamente al servicio de Cristo en la Juventud
de Acción Católica.
»Fruto de la autenticidad de su fe es la gran
motivación de su vida: “Hacer de la juventud de España e Hispanoamérica
Vanguardia de Cristiandad”. En el crecimiento espiritual de su vida destacan
estas motivaciones: servir con alegría, compartir con generosidad, ser
víctima concrucificado con Cristo, comunicar el amor y el entusiasmo de su
experiencia íntima con Cristo a los jóvenes.
Fe vivida, Fe celebrada
»Su fe es robustecida por la participación y
celebración de la liturgia que viene a ser como el culmen de su actividad
apostólica y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza
espiritual. El centro de su vida es la Eucaristía. En este sacramento ve el
medio propicio para alcanzar la perfección y perseverar en la amistad de
Dios. Para ello, establece la frecuencia de recibir la Sagrada Comunión
diariamente, porque recibir a Jesucristo en la Eucaristía significa para él
adentrarse en una paz interior que le convierte en fácil y deleitoso el
camino de la perfección y su deseo de santidad.
Fe alimentada por la Oración
»Las verdades de fe las va descubriendo y
asimilando en sus momentos de meditación, y alta contemplación, en la
oración mental inspirada en el diálogo amoroso con el Amado. Sus momentos de
oración son como el gran espacio de una comunicación confidencial en el que
brotan pensamientos santos, se enciende su devoción y afecto por sentirse
víctima del amor de Dios, se fortalecen sus grandes deseos, ideales en
particular de responder al grito de dolor de Jesús en la Cruz: «SITIO». Es
en la intimidad de la oración en la que se forman sus propósitos
inquebrantables de entregarse del todo a Dios; en ella su alma sacrifica a
Dios todos los afectos terrenos y todos los apetitos desordenados. Lo único
que a Manuel Aparici Navarro le conforta en la oración es buscar
continuamente la manera de cómo agradar a Dios; es decir, sólo conocer cuál
sea su voluntad y pedirle la necesaria ayuda para cumplirla.
»Tenemos que destacar especialmente sus retiros
espirituales, el deseo de retirarse para vivir momentos de oración, para
tratar a solas con Dios y en actitud de escucha contemplativa delante del
Sagrario.
Fe en la Iglesia y Obediencia al Magisterio
Eclesiástico
»Manuel Aparici Navarro es un hombre de su
tiempo. El amor a la Iglesia nace en el corazón de Manuel Aparici bajo el
impulso de su amistad con Jesucristo. Es el peregrino que quiere abrir
camino en una Iglesia peregrina
en medio del mundo, considerada sacramento de salvación para todos los
hombres. Su visión universal del misterio de salvación, es su gran
preocupación; tienen especial mención los pueblos Hispanoamericanos que
esperan la gran cruzada de evangelización.
»Como se puede ver en sus escritos hay un
apasionado sentimiento y servicio de la Iglesia concreta y peregrina de esta
tierra; pero también con una gran visión de futuro. De ahí que cuando leemos
la Carta Apostólica «Tertio Millennio Adveniente» de Juan Pablo II
también podríamos decir con certeza que esta afirmación fue su gran
inquietud:
»“En el camino de preparación a la cita del 2000
... El tema de fondo es el de la evangelización, mejor todavía, el de la
nueva evangelización ... nacen de la visión conciliar de la Iglesia, abren
un amplio espacio a la participación de los laicos, definiendo su específica
responsabilidad en la Iglesia, y son expresión de la fuerza que Cristo ha
dado a todo el Pueblo de Dios, haciéndolo partícipe de su propia misión
mesiánica: profética, sacerdotal y regia.
» ... La preparación del jubileo del Año 2000 se
realiza así en toda la Iglesia, a nivel universal y local, animada por una
conciencia nueva de la misión salvífica recibida de Cristo. Esta conciencia
se manifiesta con significativa evidencia en las exhortaciones postsinodales
dedicadas a la misión de los laicos, a la formación de los sacerdotes, a la
catequesis, a la familia, al valor de la penitencia y de la reconciliación
en la vida de la Iglesia y de la humanidad y, próximamente , a la vida
consagrada”
.
»Todas estas afirmaciones que hace su Santidad
el Papa Juan Pablo II, en su Carta Apostólica, son actitudes asumidas y
realizadas por Manuel Aparici inspirado en la escucha atenta y respetuosa al
Magisterio de la Iglesia promulgado por los Pontífices, entre ellos: Pío XI
y Pío XII.
»Por ello, precisamente, en el momento de
aportar nuestro informe sobre el Siervo de Dios, cabría insistir en que, a
pesar de ser un hombre de su tiempo, su actualidad para la Iglesia
no ha decrecido en esta difícil coyuntura de finales de siglo.
»Sí, Aparici, siendo hombre de su tiempo, es, a
la vez, actual por la urgencia con que nuestra sociedad necesita de esa
“Vanguardia de Cristiandad” que en aquellos años de guerra y postguerra él
alentó. Bien claramente exponía dicha necesidad cuando escribía:
»“Los caminos de la gracia son semejantes a
los del pecado. El pecado lo penetra todo: Estado laico; la gracia debe
informarlo todo: Estado católico. En España vino el comienzo de la
regeneración por una institución que era: individuo, familia, orden social,
y nación ..., la regeneración del mundo debe venir por España, una
Cristiandad”
.
»La actitud de Manuel Aparici, en este aspecto
como en otros, se inspiró siempre en la escucha atenta y acogida generosa de
las directrices del Magisterio de la Iglesia. Directrices que condujeron al
compromiso de «Cristiandad ejemplo», compromiso que desde entonces movería
la peregrinación a Santiago. A punto de celebrar el 50 aniversario de
aquella magna concentración juvenil a los pies del Apóstol de los
Peregrinos, constatamos cómo la actual llamada de Juan Pablo II a la Nueva
Evangelización coincide con ese Ideal Peregrinante, del cual Manuel
Aparici es modelo acabado y actualísimo.
»En sus escritos encontramos ya el concepto de
Iglesia Cuerpo Místico de Cristo, Pueblo de Dios que peregrina en el mundo
hacia el encuentro del Padre; y la figura de Iglesia Reino de Dios que crece
y se renueva en santidad.
»Profesó siempre un amor grande y un respeto
sagrado y especial al Ministerio Jerárquico, a todas la autoridades de la
Iglesia: desde el Sumo Pontífice, los Obispos, Párrocos, sacerdotes,
superiores, director espiritual, seglares y laicos comprometidos al servicio
de la Iglesia considerada como Madre e instrumento universal de salvación,
Maestra inefable y depositaria de la verdadera fe; dispensadora de la gracia
de los sacramentos; por esta Iglesia se sentía miembro vivo, activo y
luchador.
»En cuanto a la fidelidad al Magisterio
Eclesiástico, su mística y preparación intelectual, filosófico–teológico le
conducía a observar las Constituciones y Decretos promulgados por la
legítima autoridad de la Iglesia, para proponer de esta manera una sana
doctrina a las almas sedientas de autenticidad. Tienen sus escritos especial
mención a Santo Tomás, San Agustín, Santa Teresa, a quien llama la Madre de
España, y San Juan de la Cruz, entre otros. Toma de ellos su doctrina para
iluminar sus mensajes y reflexiones en favor de la Acción Católica.
Santidad y Virtudes
»Su anhelo ferviente de ser sacerdote y
sacerdote santo, este ideal, lo vamos descubriendo a lo largo de todos sus
escritos: sean éstos meditaciones, Ejercicios Espirituales, mensajes,
discursos y cartas personales dirigidas a compañeros Consiliarios,
sacerdotes y religiosas especialmente Carmelitas.
»Las virtudes teologales se resumen y concentran
en la misma vida de oración.
»Entre las virtudes morales atribuye una
importancia especial: a la sencillez, humildad, dedicación, amor y entrega
total sin reservas.
»En la vida común insiste en la caridad fraterna
mediante la oración, la contemplación y la acción en una entrega total al
proyecto de salvación.
»Contemplación que implica una auténtica
presencia, de máxima actividad y compromiso, con una fuerte convicción de su
obligación de transformar la sociedad. De ahí, el impulso dado a Cursillos
de Cristiandad, a los Centros de Vanguardia de la Juventud española e
hispánica orientada a la búsqueda de vivir en la presencia de Dios; mientras
unos trabajan para la liberación integral de sus hermanos, otros estudian
para la acción efectiva. Recordemos que los Seminarios y Conventos de España
después de la guerra se nutrieron de Jóvenes de Acción Católica empezando
por él, ejemplo y semillero de santidad.
»Concluimos afirmando que en toda su existencia,
Manuel Aparici Navarro se entregó a un verdadero proceso de santificación.
Así lo atestiguan las tres facetas que integran su vida: en su vida laical a
pesar de sus limitaciones y dificultades propias de la naturaleza humana; en
su vida sacerdotal con una total fidelidad al Dogma de la Doctrina de la Fe
Católica y en su vida de víctima. Esa victimación trata de vivirla desde el
laicado, pero cuando la realiza y la vive en plenitud es en el ejercicio de
su sacerdocio. Para comprender integralmente la figura de Manuel Aparici,
tenemos que ver estas tres facetas de su vida que se implican mutuamente.
Resaltaremos también su formación académica; en su vida y en sus escritos se
proyecta la fidelidad al Magisterio Eclesiástico.
»“Hay que creer con fe divina y católica todo lo
que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesta
por la Iglesia, bien en definición solemne, bien por el magisterio ordinario
y universal, como de fe por estar revelado por Dio”
(Constitución Dei Filius, del Concilio
Vaticano I).
»También la afirmación del Concilio Vaticano II,
respecto a la doctrina cristiana, es un aspecto importante que encontramos
en las distintas fases de sus escritos:
»“Las disciplinas teológicas han de enseñarse, a
la luz de la fe, bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia, de tal
forma que los alumnos reciban con toda exactitud de la divina revelación la
doctrina católica, ahonden en ella, la conviertan en alimento de su propia
vida espiritual y puedan anunciarla, exponerla y defenderla en el ministerio
sacerdotal»
.
»En el campo de la Moral, Manuel Aparici Navarro
es un hombre excepcional, un hombre de Dios que en las diferentes etapas de
su vida va demostrando el amor de Dios en su vida; en el seguimiento a
Jesucristo expresado en la necesidad de responder a su amor teniendo los
mismos sentimientos de Cristo, identificándose con el crucificado para vivir
concrucificado con Él; y una entrega total en el deseo de calmar la Sed de
Cristo, sintiéndose sacerdote, evangelizador para ayudar a otros a conocerle
y entregarse a Él.
»He aquí la figura de un
gran Siervo de Dios, digno de imitarse en todas sus virtudes,
especialmente en estos tiempos en que la Iglesia a las puertas del Tercer
Milenio nos pide por medio de Su Santidad Juan Pablo II ser constructores de
la Civilización del Amor, en el compromiso de una Nueva Evangelización:
nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión
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