
SU ESTANCIA EN
SALAMANCA
1. Nuestra Academia
Sacerdotal:
¿Una Academia más?
2. ¿Permanecer en
Irlandeses o cambiar al
Colegio de Santiago
Apóstol?
3. A los cuatro meses de
su llegada, Dios le
prueba con la enfermedad de su
madre
4. ¿Cómo le veían sus
compañeros?
5. Anhelos y aspiraciones
de este alma
generosa durante su estancia en
Salamanca
6. Soneto a Manuel
Aparici con motivo del
segundo aniversario de su
ordenación
sacerdotal
7. Epílogo:
Cartas a su madre siendo
estudiante en Salamanca
VOCACIÓN Y MINISTERIO
SACERDOTAL
(1941 – 1959)
SU ESTANCIA EN SALAMANCA
«En las fichas biográficas que han circulado en periódicos y revistas con
ocasión de su muerte –escribe a su fallecimiento José María Javierre, en la
revista INCUNABLE, bajo el título “Recuerdo de Incunable para Manuel Aparici
(Cf.)–
hay una laguna: un par de años a los que nadie da importancia, entre su
primera Misa y el regreso del antiguo Presidente de la Juventud para ocupar
el puesto de Consiliario Nacional. Es el tiempo que Manuel Aparici pasa en
Salamanca como alumno de la Universidad Pontificia. Ejerce entonces una
influencia silenciosa –como suele ocurrir en cuanto se refiere a nuestra
intimidad sacerdotal–, pero muy profunda, sobre varias promociones de
estudiantes salmantinos.
»Manolo llegó a Salamanca revestido
de una aureola heroica que las circunstancias de su acción juvenil en la
guerra y la postguerra le habían merecido. Poseía las dos notas capaces de
arrebatarnos en aquel momento exacto: una fiebre de ideales nobles
–peregrinación, sacrificio, oración ardiente, entrega– y un afán apostólico
bien probado en su vida de seglar. El tuvo que notar que los curas jóvenes
que estudiábamos entonces en Salamanca le mirábamos con ojos de admiración y
respeto. Pero supo disimular: a nadie he visto más sencillo, cordial,
humilde, dispuesto a escuchar y a comprender. Dispuesto incluso a participar
en nuestras aventuras y a fracasar en nuestros ensayos.
Después de algunas aventuras pintorescas
habíamos pedido al Sr. Obispo que nos dejara a los estudiantes del Jaime
Balmes (Colegio de Nobles Irlandeses, entonces Colegio Mayor Sacerdotal
Jaime Balmes)
–con sede por aquel entonces en el descascarillado y magnífico palacio de
Irlandeses– gobernarnos por nosotros mismos.
»Cuando llegó le nombramos Rector por aclamación
.
Pidió limosna en Madrid para apuntalar la economía del Colegio; agenció
becas y viáticos
;
compró los muebles para una salita de estar –nunca olvidaré la cara de
desconsuelo que ponía cuando una tarde el tresillo voló por la ventada al
patio a impulsos de la furia embriagada de un amigo irlandés–; organizó
retiros y Ejercicios; creó la Academia Sacerdotal
,
en cuyo seno germinó la idea de “Incunable”; y hasta presidió nuestros
festejos “religiosos y civiles” en los días de huelga que alguna vez nos
atrevimos a organizar como protesta contra el olvido de fechas insignes en
el calendario escolar. En el “Balmes” de entonces estudiábamos como fieras,
vivíamos una temperatura sacerdotal enardecida, nos queríamos mucho … y lo
pasábamos “bomba”. Respaldados por la dirección espiritual cálida y exigente
de Manolo, a quienes muchos de nosotros habíamos entregado confiadamente
nuestro corazón.
»¡Qué hombre
bueno, qué sacerdote cabal! Dio testimonio de fe, de piedad, de amor.
»No era gran teólogo, ni siquiera pertenecía al tipo intelectual
.
En sus pláticas, en sus conversaciones, decía cosas oscuras y complicadas en
torno a los grados de humildad, al esquema de las virtudes, a las edades de
la vida interior; las fierecillas escolásticas que estábamos a su alrededor
sonreíamos pícaramente cuando se perdía en esos berenjenales. Pero nos
cogíamos a su mano porque el nos entraba de verdad en la nube donde el Señor
habita: Manolo percibía el misterio de la existencia sacerdotal, paladeaba
los jugos de la fe. Esto, esto es la radiografía exacta: Manuel Aparici
tenía fe, vivía de la fe. Como el justo. Como Abraham ...
»¿Era
ingenuo Manolo? Sí, era ingenuo. Aunque se puede ser bueno del todo, y
Manolo era bueno, sin ceder, sin entregarse a la ingenuidad traía en su alma
toda la resaca de caballero andante que la guerra española le dejó dentro.
Él se sabía Capitán de Peregrinos. Nunca pensó en calcular los dividendos
que a él podían corresponderle por el esfuerzo realizado, y por eso quienes
habían sido con él compañeros de Ideal le miraban ahora con cierta lástima,
porque ya ellos sacaban las sumas y gozaban la renta de las hermosas
palabras. Manolo continuaba creyendo en los altos ideales. Y quedó
desplazado, anacrónico. Excesivo, resultaba excesivo. Tenía demasiada fe,
demasiado fervor. Su nombre no entró en la baraja de importantes, no le tocó
sitio en el extraño escalafón que nos fabricamos los clérigos, donde pueden
dosificarse la devoción y las ambiciones secretas, donde pueden cohabitar
las frases pías y el codazo ventajista. A Manolo no le interesaba medrar:
estuvo al margen del tinglado. Era un sacerdote verdadero. Ensamblado en el
Cuerpo Místico de Cristo: qué santa manía la suya, situarlo todo en el gran
mapa del Cuerpo Místico.
»Ocurrió que el Señor signó su vida con la tiza de las grandes
ocasiones: ocho años en cruz. Según la partida de nacimiento, ya no era
joven y, sin embargo, todos le pensábamos como un muchacho escogido por Dios
para el sufrimiento. Allí, en su sillón, en la soledad del hombre vencido,
esperaba las visitas que casi nunca llegaban: “Tenemos que ir a verle;
cuánto hace que no has visto a Manolo; ayer le encontré un poco mejor … ”.
No era falta de cariño, sino esta falta de tiempo a que nos condena la vida
de ingrato ajetreo. Manolo sabe que es precisamente de cariño el marco en
que los sacerdotes de su época salmantina conservan su recuerdo. Y también
INCUNABLE».
1. Nuestra Academia Sacerdotal: ¿Una Academia más?
Bajo el título «Nuestra Academia Sacerdotal: ¿Una Academia
más?», la revista
INCUNABLE,
1 (1948) 4, publica lo siguiente, sin firma
:
«No lo quisiéramos. Ha surgido bajo el patronazgo del Maestro Evangelizador
de la Andalucía en el ambiente universitario de esta Salamanca que rezuma en
su historia y en su arte saber y reconquista. Digámoslo así sencillamente:
No es más que la resultante de los deseos que anidan en los pechos de todos
los sacerdotes españoles en la hora presente: Unidad, pensamiento firme y de
líneas seguras siempre perennes y siempre nuevas, y, en suma, caridad, celo
sacerdotal. No cabía decir más. En el Colegio Mayor Jaime Balmes, sacerdotes
universitarios, reunidos semanalmente, estudian los grandes problemas del
sacerdocio actual en orden a la vida de la Iglesia, y, sobre todo, del
sacerdocio, que, por su posición, ha de encauzar al mundo intelectual. No
cabe duda: Ante la desorientación de la intelectualidad, necesitamos ciencia
y espíritu: No somos los primeros es verdad, pero tampoco debemos dormirnos
sobre lo ya andado.
»Nos apoyamos, ante todo, en esa unidad que existe, pero latente acaso. Este
grupo de diversos sacerdotes de diversas regiones y Diócesis somos símbolo
de la hermandad de todo el sacerdocio español. Es necesario polarizar en la
unidad de nuestro sacerdocio la atención de todos los que participamos de
él. “Unum sint”. No olvidemos, el mismo traje talar, aunque variado en sus
formas y en sus colores, no es más que la expresión única que nos señala
como un mundo aparte del otro, aunque a él ordenado. Para esa unidad, los
primeros quisiéramos serlo nosotros. En el Reglamento de nuestra Academia
figura un artículo en el que se advierte: Pueden pertenecer a la misma todos
los sacerdotes y clérigos residentes en Salamanca de ambos cleros. (hemos
anotado “ambos cleros”, aunque, dicho sea de paso, esta frase no nos suena,
porque, a la verdad, ¿no es una tan sólo la porción de la heredad del Señor?
¿Puede haber, por tanto, más que un único clero?
»Intentaremos trazar, en segundo término, una línea de orien-tación clara en
el pensamiento religioso moderno. No nos apartamos de las enseñanzas
tradicionales, pero queremos concrecionarlas, amoldarlas, darles matiz
viviente, actual, para el mundo en el que nos desenvolvemos. No queremos
alejarnos tampoco de las grandes figuras del apostolado y del
intelectualismo, tanto eclesiástico como seglar, y por ello es norma de
nuestro Reglamento escuchar en nuestras reuniones la voz de estos avisados
maestros. Prueba de nuestros propósitos, este periódico, con aire
revolucionario tal vez, pero en el fondo nada más que con el espíritu
vitalista de la Iglesia de Cristo. Este órgano será el diagrama del
movimiento de nuestra Academia.
»Caridad y
celo sacerdotal, lo hemos apuntado ya: Somos para el mundo. Ese mundo
nos lo han madurado ya generaciones pasadas. Espera sólo los rayos últimos
de la luz solar, espléndida, que dore esos frutos, y la mano impulsiva que
los recoja.
»Con la aprobación y
bendición del Sr. Obispo de Salamanca, Gran Canciller de la Universidad
Pontificia, hemos comenzado nuestras tareas. Queremos ser, no una Academia
más, sino una Sección de la gran Academia sacerdotal que formamos todos los
sacerdotes apóstoles en el campo de nuestra España ... ¡Comillas, Granada,
Roma, Salamanca, Seminarios de la Patria!: Somos un sólo Ideal y un sólo
amor».
2. ¿Permanecer en Irlandeses o cambiar al
Colegio de Santiago Apóstol?
Meses después de su llega a
Salamanca, pasó del Colegio de Nobles Irlandeses al Colegio Mayor de
Santiago Apóstol
,
no sin antes pedir consejo a D. José María García Lahiguera.
«Me pides
sólo cuatro letras para darte mi parecer y aún consejo respecto a tu
permanencia en Irlandeses o cambio al Colegio de Santiago –le contesta D.
José María–. Yo querría contestar a tu extensa carta con algo más de cuatro
líneas. Pero si espero tiempo más holgado que el presente, me encontraré con
no atender a tu requerimiento urgente. Van, pues, cuatro líneas “sobre tu
consulta y ... ”dos más: sobre tu espíritu.
»Me parece
oportuno tu cambio de residencia, ya que los tétricos “térmicos”, en este
caso los veteranos “Marcelino y Batanero” te hablan de doce grados bajo cero
y lo demás. La prudencia tiene su campo y sus límites. Sin dar un cuarto al
pregonero, lo haces y se ha terminado. Da cuenta de ello, exponiendo
motivos, al Sr. Obispo Auxiliar [D. Casimiro Morcillo].
»Y de tu espíritu, esas dos líneas: Es acertado el camino espiritual que tu
alma va recorriendo; por tanto, síguelo sin temor, antes bien afianzando e
intensificando esa intimidad amistosa con quien es para el sacerdote el
confidente más entrañable. Y pide mucho por los suyos, “pro eis”.
»Ruega para
que quien tanto dice de esto, lo viva alguna vez, tu buen padre en Cristo.
»P/S. Un abrazo a los madrileños, y a Gálvez un estirón de orejas por su
éxito, que era de esperar»
.
Ya en el Colegio de Santiago y desde él escribe a Sor Carmen
y le dice:
«Estoy en el Colegio de Santiago, esto también me exige ser
santo; no tengo cargo
alguno; en él sólo soy Manolo, pero Manolo tiene obligación de ser luz en lo
alto del candelero».
Al mismo tiempo le pide que encomienden también
las gestiones económicas pro Colegio.
3. A los
cuatro meses de su llegada, Dios le prueba con la enfermedad de su
madre
¡Preocupado
por la salud de su madre, pide consejo a D. Casimiro Morcillo, Obispo
Auxiliar de Madrid–Alcalá. Éste le contesta que «no cabe, en el asunto
que propones, darte un consejo sin riesgo de equivocarse. Pero voy a
intentar dártelo condicional: Si los médicos opinan que a tu madre puede
repetirle pronto el ataque, puedes y debes venir a terminar el curso en
Madrid. Pero si, como sucede frecuentemente en estos casos, el primer ataque
no va seguido del segundo y tercero sino después de meses y años, no debes
perder los cuatro meses de curso que llevas en Salamanca.
¡»Más me inclino a recomendarte que te quedes ahí porque confío en que el
nuevo ataque se hará esperar, y, en último caso, para el curso próximo a la
vista del curso de la enfermedad de tu madre se podría decidir. Sin embargo,
procede tú con libertad y decide según la prudencia te aconseje ... »
.
¡Tres días después, el Dr. D. Javier García de Leániz Aparici, le informa que
«el acceso sufrido por tu madre hace unos días no fue tan siquiera un amago
de angina de pecho, ya que se trató únicamente de una crisis de nostalgia
algo más fuerte que las
molestias que periódicamente aquejan en el pecho, pero sin llegar, ni mucho
menos, a la intensidad de aquel otro que tuvo estando tú aquí. … Por eso,
creo que debes estar tranquilo ya que, dentro de la seguridad que cabe en
medicina, es muy improbable que estas crisis degeneren en una verdadera
angina de pecho».
4.
¿Cómo lo veían sus compañeros?
«Su vida –asegura el Rvdo. Manuel
Pérez Barreiro
–era la normal de un alumno que estudia
, medita, asiste a clase,
pasea, ora largos ratos ante el Sagrario, era edificante verle arrodillado,
participa activamente en las alegrías y las penas de los estudiantes
sacerdotes–residentes
en el mismo Colegio, etc.»
.
¡Al igual que en el seminario «no le
eran fáciles los estudios, dada su edad y su incorporación tardía a los
mismos–dice Mons. Cerviño Cf.–; pero no se amilanó por ello y pudo
concluirlos favorablemente. Su salud tampoco le fue propicia, pero vivió con
ánimo generoso sus enfermedades»
.
¡Cursó un total de veinte asignaturas con las
siguientes calificaciones: diecisiete sobresalientes y tres notables. Fue
Bachiller en Teología en el curso 1948/1949 con la calificación de notable
(8) y Licenciado en mayo de 1950 con la calificación de aprobado.
¡Hacía de la Sagrada Teología estudio, así como meditación y vida; e
intentaba lograr eso mismo de cada uno de sus compañeros con su palabra y su
ejemplo.
¡Estudio, sí. Era su principal obligación Pero,
–decía– además de estudio un poco de ministerio sacerdotal.
¡Así daba Ejercicios Espirituales
y retiros mensuales a sacerdotes, seminaristas y seglares; hacía dirección
espiritual, era confesor de muchos de ellos, les aconsejaba y alentaba,
mantenía correspondencia después de intensas jornadas (con frecuencia le
daban las dos de la madrugada), contestaba las consultas de
conciencia que se le hacían y mantenía conversaciones apostólicas y
espirituales con los hermanos, etc. Les
«buscaba, además, directores de Ejercicios Espirituales y de retiros
con hondura teológica y sobrenatural»
y les «preparaba
encuentros con hombres de Dios como D. José María García Lahiguera, D.
Casimiro Morcillo y también tareas como novenarios a la Inmaculada,
predicación de Semana Santa, etc. … Le abrasaba la idea de despertar el celo
apostólico en todos los que estaban a su lado»
.
¡«En los Ejercicios –según Ana María Rivera
Ramírez–, en los que seguía a San Ignacio, se apreciaba el cansancio, el
problema circulatorio que parecía tener. Era difícil acertar con el asiento,
cojines, probando lo posible sin lograr verle cómodo. En estas condiciones
daba meditaciones como si no le pasara nada, largas, estilo contemplaciones,
que se nos pasaban volando. Se mantenía en ellas e igual en las comidas y
tiempos libres, un silencio no impuesto, apenas recomendado, espontáneo,
fruto de ver las verdades vivamente expuestas en Ejercicios que duraban ocho
días y recibir esas verdades como vividas, como experimentadas.
¡»Especialmente las meditaciones sobre la Virgen
no se olvidan nunca.
¡»Siempre, en todas las exposiciones, el amor de
Dios se hacía tan visible, tan verdadero, expresado de tal forma que brotaba
amor nuestro a Dios.
¡»Con los ejemplos de las distintas
formas de amor humano, se pasaba suave y fácilmente al Unico Amor.
Inhabitación, Jesús Sacramentado, la Pasión, “en Él vivimos, nos movemos y
somos”, con abundantes citas del Nuevo Testamento y Santos Padres. También
el testimonio de los santos, de los mártires y de los jóvenes que vivían
entregados.
¡»Insistía mucho en el amor del Padre y de
Jesucristo por entregarle y entregarse en la Pasión y Muerte.
¡»Para entender el dolor sufrido por Jesucristo
bajaba a detalles en que lo experimentásemos (brazos en cruz, etc.) puesto
que éramos jóvenes y sanas. Pequeñas mortificaciones dolorosas, dolores que
vinieran por sí solos … En todo ello eran sus palabras: si yo siento este
dolor ¡Qué dolor tendría Cristo que se hizo todo llagas, bocas abiertas en
su Cuerpo para poder decirnos por ellas «te amo»!
¡»En los pequeños dolores míos, mi reacción
primera de ¡cuánto me duele! que pasara a ser ¡cuánto me amas!
¡»Las consecuencias al oírle eran
siempre alegría y paz; sentido de la propia nada y luz sobre el hondo pecado
propio de desamor, no correspondencia … mas nunca desánimo sino confianza en
ese amor de Dios y la intercesión amorosa de la Virgen, corredentora,
omnipotencia suplicante, forzó la hora en Caná …
¡»Era claro ver en Aparici a Dios Padre, a
Cristo perdonando, amando, acogiendo, medio de recibir su Amor Divino».
¡« ... Cuando salíamos a predicar, –dice por su parte el Rvdo.
Manuel Pérez Barreiro– daba el horniento para hablar de Dios y según Dios a
las almas. Se me recuerda este caso: Iba yo a predicar, primera cuaresma de
mi vida sacerdotal, a un pueblecito de Plasencia; estaba nervioso. Me
refugié en el Sr. Abade
;
me dijo:
“Hazles ver que, si tú vas a predicarles, es porque Dios les
ama y quiere que se conviertan a Él; diles esto; díselo muchas veces y con
mucho cariño, verás qué fruto obtienes”.
Y así fue. Yo soy especialmente deudor a su cariño»
.
¡«Al hablar de los alumnos, pongo, en
mi mente, a la cabeza de los mismos a él con su benéfica influencia en los
alumnos, con su entereza ante los profesores y con su valentía ante las
autoridades tanto docentes como académicas» ... «Intervenía, llegado el caso
y si era necesario, ante unos y otras, ante el Gran Canciller, ante las
autoridades civiles a nivel de Madrid y lo hacía sin el menor aparato o
empaque»
. «Ante todos pesaba muy mucho este hombre
de Dios»
.
¡«Se le estimaba como un hombre de
una sola pieza y como sacerdote, intachable y muy sobrenatural –asegura el Rvdo. Manuel Pérez Barreiro–; a la par se valoraba mucho su criterio a todos
los niveles: Gran Canciller, Rectorado, profesorado,
alumnos–compañeros–sacerdotes. Esta fama estaba avalada por su conducta de
cada día y momento»
.
¡«Su trato –añade– se caracterizaba por un natural sentido sobrenatural; en
él no asomaba lo ficticio por ninguna parte; con él se estaba a gusto; se le
podía contradecir sin miedo a perder la paz o la amistad; escuchaba y
contestaba con la misma paz. Era todo tan llano, tan divino y tan humano ...
»
.
¡«Admitía –dice– el diálogo, pero sin violencia. Cuando surgían discusiones
y/o se calentaban los ánimos, intervenía serenando el ambiente y nos decía:
“Discutamos pero siempre con caridad”. Siempre tenía razones
para poner paz y dar visión sobrenatural del percance ocurrido ...
¡»Sus
dictámenes, consejos, orientaciones, etc. siempre eran dictados desde la
perspectiva de la fe. No se preocupaba por agradar o por quedar bien; sí
cuidaba mucho el decir y hacer el bien. No era precipitado en sus juicios,
era pausado y aplomado. Era meditador asiduo de la vida de Jesucristo, del
misterio de Cristo, del misterio del Cuerpo Místico, de la Teología del
Espíritu Santo con sus dones y frutos ...
¡»Soy testigo receptor de su influencia positivísima en mi alma y en el grupo
de sacerdotes que vivíamos en el Colegio de Nobles Irlandeses. Mons. Cerviño
y el P. Gálvez y muchos otros pueden hablar de esto ... »
.
¡«Era un hombre enamorado de la Santa
Madre Iglesia y de la Jerarquía. Sufría por la Iglesia cuando topaba con
personas consagradas que no servían su vocación»
.
«Fue
ejemplar sacerdote, en su vida espiritual, en su relación con Obispos y
Sacerdotes, en su celo apostólico, en su vivencia de la Comunidad
Presbiteral, en la que se consideraba un hermano más y estimulaba a los
otros en la misma línea. Actuó como consejero a nivel personal y de los
grupos con los que trataba … Fue especial promotor y alentador de la
santidad sacerdotal y de la vida comunitaria en el Colegio. Promovió
conferencias de tipo pastoral ... Vivía con austeridad. Y con gran alegría»
.
Ejerció una influencia silenciosa,
pero profunda, sobre varias promociones de estudiantes salmantinos. Fue
confesor y director espiritual de muchos de ellos y director o responsable
del grupo de vocaciones tardías que se formaban en la Universidad
.
Forjó un proyecto de Colegio de Consiliarios de
Acción Católica; proyecto de vida en común. Sentía verdadera angustia
espiritual por la escasez de sacerdotes Consiliarios de Acción Católica.
« ... Salamanca –dice el Rvdo. Manuel Pérez Barreiro–
nos hizo mucho bien a los alumnos de la Universidad Pontificia de Salamanca
por medio de tres factores: Los profesores, en clase; los libros, en las
horas de estudio; por último, los amigos, en los momentos de expansión. El
alma de todo este torrente de vitalidad era Manolo ... el alma de aquel modo
de ser alumnos de la Universidad lo debemos a él ... ».
5. Anhelos y aspiraciones de este alma generosa
durante su estancia en Salamanca
Poco es
lo que nos ha dejado escrito en su Diario sobre su estancia en Salamanca.
Sólo nos habla del Curso 1947/1948; de los otros dos cursos: 1948/1949 y
1949/1950, nada nos dice. Pero por lo poco que nos ha dejado escrito se
puede ver que los anhelos de su alma seguían siendo los mismos, pero más
vivos e intensos: ser hostia y víctima que se ofrece en todo momento al
Señor, al que se dirige como Maestro Bueno, por la plena santificación de
todos los sacerdotes, seminaristas y novicios. Entiende que cada obstáculo
que ponga a Jesús para que reproduzca en él su pasión es ayuda que resta a
sus hermanos. « ... El
mundo sacerdotal
–escribe– que me rodea
necesita de mi entrega total a Cristo ... » ... « ... Comenzaré de nuevo por
el camino de las penitencias heroicas».
Le pide que le desmenuce
como grano de trigo en el cumplimiento de su voluntad para ser con él hostia
y víctima en el altar y que le ayude para vivir crucificado con Él.
« ... No tendré más
remedio que lanzarme de verdad por el camino de la cruz tantas veces
prometida; pero hasta ahora tan poco amada» ... « ... Y ahora sí que no hay
más dilaciones ... Tiene que empezar mi vivir penitente, haciéndome. como mi
Maestro Jesús, avaro de dolores».
« ... Vénceme, esposo
mío, creo en ti y espero en ti; tú me haces saber que me amas infinitamente,
no tardes tanto, ¡oh Jesús!, en hacerme totalmente fiel. Por todas esas
almas cuya salvación has vinculado a mi entrega total a ti, ¡hazme comenzar
valientemente la crucifixión total de mi ser!»
Al mismo tiempo, pide ayuda
a la Madre porque no puede hacer esperar más a Jesús, ya que si no empieza a
ser santo se quedará en mediocridad y defraudará a Jesús que insistentemente
le pide que se entregue totalmente a Él.
«En ti confío, ¡oh Señora!,
en tu omnipotencia de súplica puesta al servicio
del amor que me tienes en tu Hijo. Es preciso, Madre, que yo sea todo de tu
Hijo. Señora ¿no te moverán las lágrimas de tu pobre hijito sacerdote? Yo
soy muy ruin y cobarde, indigno de la gracia de la crucifixión total de mi
ser; pero tú, Señora, eres mi Madre, te consagré mi sacerdocio y tu oración
lo puede todo. Ora por mí, ¡oh María!, pídele a tu Hijo, esposo de mi alma,
que no tarde, su gracia lo puede todo, alcánzame gracia eficaz para que
busque siempre y en todo su cruz».
Siente en su alma el dulzor
vivificante de la sangre preciosa de Cristo purificándola y hermoseándola.
En su humildad, reconoce
que tiene que pedirle a alguno de los hermanos sacerdotes que conviven con
él que le ayude a ser santo, pues ve con una claridad deslumbrante que es
preciso serlo.
Vive una comunión perpetua
a través de todas las obligaciones de su vida cotidiana. Reduce su descanso
a seis horas y media y aumenta el tiempo dedicado a la oración y al estudio
para estar a tono de sus hermanos. No pierde ni un minuto. Trata de
disminuir las sobremesas y reanudar la lectura espiritual. No obstante, no
cree que estudie con el interés apasionante del que busca la Verdad que ha
de salvar a las almas.
Recuerda con emoción
contenida su primera Cuaresma de sacerdote y su Ordenación Sacerdotal así
como el amor de la Madre que le acaricia con ternura.
Finaliza recordando su marcha hacia Salamanca y
su itinerario en ella durante el primer año de estancia.
«Me llevó tu gracia a Salamanca.
Allí, tú derramaste caridad para mí en todos tus sacerdotes; primero en el
Colegio Irlandés, todos: madrileños y no madrileños me acogieron con amor.
Lo mismo me manifestaste por tu Vicario en aquella Diócesis. Y tú no dejaste
de darme tu luz para que viera que todos y cada uno de los componentes de
aquella Universidad eran manifestación de tu amor para mi alma. Después me
llevaste al Colegio de Santiago y en él ¡cuantísima gracia derramaste!
¡Tantas Misas de Comunidad celebradas en las que tú hacías estremecer mi
corazón con tu amor a los que comulgaban tu sagrado Cuerpo de mi mano! Pero
tus gracias culminaron el 31 de mayo; hiciste que me ofreciera a ti con voto
de víctima por la plena santificación de mis hermanos en sacerdocio y 19
días más tarde me postrabas en cama, y aunque no podía celebrar la Santa
Misa derramaste en tal forma tu gracia en mí que mi vida era una oración
continuada, una continua acción de gracias; mi oración no era más que
apretar contra mi corazón el crucifijo que me regalaron por mi primera Misa
mis compañeros de Seminario de Madrid. ¡Qué feliz me sentía en mi
enfermedad! Al fin padecía por ti. Después me vine a Madrid; los primeros
días, menos mal; después empecé a entibiarme; pero hoy tus amados jóvenes
desde SIGNO me han dicho lo que tú esperas de mí, y ya no puede haber más
vacilaciones, pues “para Santiago he de ser santo”».
6. Soneto a
Manuel Aparici con motivo del segundo
aniversario de su ordenación
sacerdotal
Con fecha 31 de mayo de 1949, Alfredo Rubio de Casterlenas, Colegio de
Santiago, le dedicaba este soneto en el segundo aniversario de su ordenación
sacerdotal:
«Ya dos años
que el trigo cada día
se hace
Carne de Dios en vuestras manos
Y la uva en
vuestros dedos –artesanos
de milagros–
es Sangre de Agonía.
La
Hostia–Sol levantáis en geografía
de divinos
albores cotidianos;
luego alzáis
por celestes meridianos
la
Luna–Cáliz: Aurea Epifanía.
Feliz vos
que al umbral de la jornada
sois gigante
columna coronada
por Dios
mismo, ¡eterno Capitel!
Y sois
después la celestial fontana
que
generosa, Aguas Vivas mana
a los
ciervos que están sedientos de Él».
Epílogo:
Cartas de su madre siendo
estudiante en Salamanca
– «Recibimos tus dos cartas que me gustaron mucho y leí con todo el
inmenso cariño que sabes te tengo. La última, sobre todo, me parecía aún más
bonita que los artículos del “Id a Jesús”; ésa era casi más para tu hermana
que para mí. Ahora quiero que me hagas otra platiquita para mí sobre el tema
que tengo de que por mis pocos o ningún mérito mío, no tenga nada que
ofrecer ni presentar a Dios, y por esto desconfío y temo por mi salvación,
haciéndome este temor sufrir mucho; también sobre la poca preparación y
fervor para la comunión.
»Hoy he
pasado el día tontón por no haber venido Matilde hasta ahora, que son las
7,30.
»Tengo
crisis doméstica; la cocinera falta por fin, aunque todavía no está fuera de
casa ya no tengo; veremos si acierto. Teresa me habla de una de su pueblo
que dice es de confianza y buena, no sé que hacer.
»Estoy
deseando que vuelvas.
»Mil besos
de tu madre que te quiere con todo el alma.
»P/S. Cada
día me acostumbro menos a que no estés en casa.
»Estoy disgustada porque o no me hace efecto el (ilegible) pues no será
bueno y no obedece mi naturaleza. Me analicé y tengo l6-10 a pesar de
ponerme 20 unidades; me tienen éstos en gran preocupación y cuando más falta
me hace Javier
,
no viene. Estoy triste».
–
«Ayer te escribimos Matilde y yo. Como se echó la carta tarde, tal vez
recibas las dos juntas.
»Te pongo
estas letras porque se me olvidó decirte que no dejes de escribir al
Banco y a la Telefónica para que suspendan en absoluto los primeros el pago
de toda clase de recibos y los otros que nos vayan a cobrar, sino poco a
poco me quedo sin [ilegible], sin nada. Dime su descubierto.
»Dime cuando
vas a venir otra vez. Cada día se me hace más penosa tanta separación y
soledad.
»Sobre las
consultas de tu hermana yo creo que por su salud conviene que haga hábito y
propósito de comulgar los viernes. Pero ella es muy bastante. También a
pesar de lo que ella te diga, creo yo que un poco de pereza de levantarse
algo más temprano.
»Adiós hijo
mío. Escríbeme prontito que tus cartas, tan llenas de cariño y amor a
Nuestro Señor, me consuelan. No dejes de hacer mi encargo si no precisa que
yo firme. Hazlo desde ahí directamente y si yo tuviera que firmar me los
mandas, con sobre puesto, para que yo no tenga más que firmar, cerrarlas y
enviarlas por correo.
»Millones de
besos de tu madre que te quiere muchísimo».
– «Recibí tu cariñosa carta que, como siempre, me sirvió de gran
consuelo, alegrándome mucho del buen resultado (aunque esperado) de tus
exámenes y deseando llegue el 21 para tener la alegría de estar unos días
reunidos.
»Ayer, día 14, tuvieron una niña muy hermosa Alfredito y María Antonia, y
están deseando que vengas cuanto antes para que la bautices.
»Llamó Lancecita (?) Leániz para que le diéramos tu teléfono para llamarte,
para ver si podías venir para la primera comunión de su hija; no sé en qué
habéis quedado.
»Te mando
una nota del Hispano, que como es el segundo aviso, que recordarás que te
envié el anterior, si te parece contestas desde ahí diciendo que por
ausencia de Madrid te presentarás dentro de unos días. Tú sabrás, poco más o
menos, para qué es.
»Todavía no he escrito al del aceite por habérseme extraviado tu carta con
la dirección, que hoy encontré. Mañana lo haré para enterarme del precio.
Estuvo aquí hace pocos días una hija o hermana de éste para decirme que
tuviera preparados los envases para enviarlo. He visto y son carísimos, pues
de 50 kilos son 160 pesetas y como son muchos kilos no sé por donde va a
salir.
»De dinero
estoy muy mal. Del Consejo todavía no me han enviado nada a pesar de haber
yo llamado a Navarrete diciéndole me lo enviara. Escríbeles tú enseguida
para que lo hagan. Yo no puedo resistir más por no estar D. Evaristo que es
con quien más confianza tengo. No dejes de hacerlo.
»Hasta
pronto, te envía miles de besos tu madre que con todo el alma te quiere, te
quiere.
»P/S. De lo
de Matilde todavía no han dado curso a nada. El tío Manolo escribió; cree
que tú no te ocupas de lo suyo, así que, aunque no sea más que dos letras,
escríbele».
– «No me olvido que mañana, día tres, hace un año del día felicísimo
para todos de tu primera Misa, fecha inolvidable en que Dios me hizo la
gracia de darme un hijo sacerdote suyo, aunque tantas penas me ha costado
por la separación de tantos años que algunas veces me ha hecho protestar,
pero Dios Nuestro Señor sabe que con todo mi corazón le amo, y que aunque en
ti le doy lo que es suyo, también eres mi hijo queridísimo y acepto cuantos
sacrificios pueda costarme que a mi edad ya tan avanzada es bastante
sensible.
»Recuerdo
como si estuviera pasando todo este día tan señalado y miro mucho las fotos
que de tu primera Misa tengo.
»En este
momento recibo tu cariñosa carta por la que veo lo feliz que en tu estado
sacerdotal eres, siempre le pedí a Dios que así sea.
»Supongo que
ya habrás recibido el paquete que se te mandó con el rosario, los
cigarrillos, y una carta que venía con acuse de recibo, que supongo sería la
de D. Hernán puesto que [ilegible] no ha recibido ninguna. Te incluyo unas
cartas del [ilegible] por si tenía [ilegible].
»Dime si escribiste a José Luis
.
Está ahora de descanso. Escríbele y dile lo que debe hacer; creo será
conveniente.
»Mañana
recibiré la Santa Comunión ofreciéndola para que Dios te haga un santo como
siempre se lo pido.
»Te envío
muchos besos con toda el alma. Tu madre que te quiere muchísimo».
– «Pensarás hijo mío –son hojas sueltas
– que es algo de pereza el
motivo de no haberte escrito; no es así, es que he tenido un fuerte
enfriamiento teniendo que guardar cama dos días. Ayer me levanté y hoy ya me
encuentro bastante mejor. El lunes se casó Rafaela; no sé si sabías la fecha
fija. Pídele a Dios que sea feliz, que ya sufrió bastante y es muy buena. Yo
no fui a la boda por estar ese día en cama.
»Ayer estuvieron tía Pilar y Pilarcita. Me traía esta última el importe de
los cursillos que les diste en Chamartín, y como para mí era difícil poder
girártelo le dije que lo hiciera ella para que lo tuvieras tú por si te
hacía falta; son 250 pesetas. Te lo ha girado Alfredito, así que ya sabes de
que es, y si te parece que procede acusa recibo. Si hubiera sido hoy cuando
hubieran bajado hubiera descontado de ahí 84 pesetas del día de haber de
Aduanas que han venido a cobrar y lo del recibo del revocado de la fachada.
Hoy me han venido esas dos recetas que me han desnivelado por completo. Creo
que no te hubiera parecido mal, tú verás lo que haces.
»Creo no te
olvidarás de felicitar al tío Andrés; si no lo has hecho, hazlo, que son muy
cariñosos y le gustará. Creo se marchaban a Quiñones. Escríbeles allí.
»Dime si
dijiste al hermano del sacerdote D. Saturnino que estuvo a verte el día que
te marchaste lo que te encargué del pan y los huevos y qué te dijo.
»De José Luis sigo sin tener carta, y me apena mucho; escríbele.
»El tío Gustavo sigue lo
mismo: invisible».
Y para finalizar dos cartas
de Manuel Aparici a su madre y hermana Matilde, únicas que figuran entre sus
escritos y documentos.
– «Sigo sin recibir noticias vuestras. Hoy me figuro que estaréis de
boda puesto que es la fecha que tenían acordada Rafaela y su novio para
casarse; supongo que como no pensaban celebrar nada no cometeréis excesos en
tomar pasteles y dulces.
»Yo sigo
bien, aunque aquí hace, sobre todo por las mañanas y por la noche, bastante
más frío que en Madrid. Tenemos restricciones en la luz y precisamente la
cortan a las cinco de la mañana hasta las siete y media lo que indica que
aquí la gente no es muy madrugadora; pero a nosotros nos fastidian, pues
tenemos que levantarnos con velas ya que como tenemos que decir la Santa
Misa ..., desayunar con alguna calma e ir a la Universidad en la que se
entra a las nueve no podemos levantarnos después de las seis y media.

Extremo
éste que confirma también Mons. José Cerviño y Cerviño.
En
fecha que se desconoce hace unas reflexiones sobre el Colegio , en nota
manuscrita incompleta como otras muchas suyas que figuran entre sus
escritos y documentos.
« ...
El Colegio
–escribe–, al pretender formar sacerdotalmente al núcleo selecto de
vocaciones sacerdotales surgido del movimiento apostólico suscitado por
León XIII, Pío X y Pío XI con la Acción Católica y principalmente con la
Juventud, habrá de proyectar su ideal o empresa en la misma línea en que
sus colegiales lo empezaron a vivir en la Juventud de Acción Católica;
puesto que la conciencia más o menos refleja que adquirieron de que la
consecución de ese ideal valía más que su propia vida fue lo que les
determinó a entregarse a Cristo para que les participara su sacerdocio.
»El ideal cristiano de la generación del siglo XX lo concretó S.S. Pío
XI en la “Mit Brennender Sorge” al decir: “Una Cristiandad en que todos
los miembros vigilen sobre sí mismos; que desechen toda tendencia a lo
puramente exterior y mundano; que se atengan seriamente a los preceptos
de Dios y de la Iglesia, y se mantengan, por consiguiente, en el amor de
Dios y en la solícita caridad para el prójimo, podrá y deberá ser
ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo, que busca sostén y
dirección si es que no se quiere que sobrevenga una enorme catástrofe o
una decadencia indescriptible”.
»Y la Juventud de España por medio de la Acción Católica se adscribió a
él, prometiendo cooperar a la gracia para hacer de nuestra Patria y de
los Pueblos Hispanos la Vanguardia de esta Cristiandad.
Todas nuestras vocaciones tienen el sentido renovador de la vida
cristiana que aparece en las Encíclicas Pontificias, substrato profundo
de nuestra formación.
Ahora bien, esta
misión ... » (Así terminan sus
reflexiones).
Finalizaremos este apartado: «SU ESTANCIA EN SALAMANCA» reco-giendo las
cartas que su madre le escribía que se han encontrado entre sus escritos
y documentos. Son cartas
llenas de amor a su queridísimo hijo del alma; cartas sencillas de una
madre a un hijo al que siempre le enviaba miles, millones de besos;
cartas donde le habla de la nostalgia de su separación, pero acepta
gozosa la voluntad de Dios y le agradece que le haya dado un hijo
sacerdote. ¡Qué penosa se le hacía la separación! pero esperaba
ilusionada las cartas de su hijo, tan llenas de cariño y amor al Señor,
que la consolaban.
«Acabo de terminar la primera tanda
de Ejercicios dada a los Jóvenes de Acción Católica aquí en Salamanca
–le dice a Sor Carmen el 18 de marzo de 1948–. Los puse bajo el
amparo de su hermano Antonio; su vida ha sido el libro de lectura; ya he
visto en los propósitos de algunos la influencia de su ejemplo y su
intercesión. Encomienden a mis muchachos para que Jesús los haga fieles.
»Del 19 al 23 doy otra tanda interna a preuniversitarias de Madrid y del
26 al 1 otra a un grupo elegido de jóvenes de Madrid que ya han hecho
cuatro o cinco veces Ejercicios internos; quieren hacerlos bien.
Encomienden a este sacerdote de Cristo, pues todavía no vive en cruz y
es preciso.
»¡Cómo me ha dolido no ser santo al recibir las
confesiones de estos chicos! Veo muy claro que Él me quiere en cruz para
que sus amados jóvenes no pequen; ayúdenme ustedes. Confío en Él; me
hace saber que es fiel y que llegará a crucificarme totalmente, pero ¡me
tarda tanto!».
Esta última está incompleta (son hojas sueltas) y no lleva fecha, pero
todo hace pensar por su contenido que Manuel Aparici estaba en
Salamanca.
»Dime si te
mandaron el aviso del Banco relativo al ingreso de la letra que presentaste
a descuento.
»De Zaragoza
me ha escrito el Consiliario de la Juventud de allí diciéndome que adonde
quería que me envíen una Virgen del Pilar que los jóvenes de allí encargaron
cuando canté Misa y que ya tienen terminada. Le voy a decir que la envíen
ahí y ya verás tú, según el tamaño, donde la colocas.
»Con
millones de besos y abrazos os envía todo su cariño vuestro hijo y hermano,
que en el Señor os bendice.
»P/S. Si
envían de Aduanas el recibo del día de haber págalo, que yo te lo daré
cuando vaya».
– «Sigo sin recibir carta vuestra –les decía en la segunda–, lo que
aun explicándomelo, por lo que a ti te cuesta el escribir, sin embargo me
apena, pues yo también quiero tener noticias vuestras.
»Aquí va
aumentando poco a poco el frío en las horas extremas del día: por la mañana
temprano y a la noche, mientras que en las horas centrales del día como está
muy despejado hace una temperatura muy agradable.
»Supongo que te habrá llamado por fin Puchol por si quieres algo para mí.
»Contadme de
la boda de Rafaela, si habéis tenido alguna noticia de José Luis y los
suyos.
»Aquí mi
vida sigue desenvolviéndose con el mismo ritmo ordinario: Oración, clases,
estudio y vuelta a empezar, así que nada puedo contaros de nuevo. Y es que
todos los días son iguales y contado uno, ya están contados todos los que
siguen.
»Los
compañeros del Colegio muy buenos todos; ayudándonos mutuamente; y esperando
que lleguen las fechas en que volver a nuestras familias.
»No sé
todavía cuando iré por ahí; pero procuraré que sea el 22 aunque sean sólo
veinticuatro horas.
»Os envía
millones de besos y abrazos vuestros hijo y hermano que en el Señor os
bendice».