
MANUEL APARICI PIONERO DE LOS
CURSILLOS DE CRISTIANDAD
José
Díaz Rincón ex-miembro del Pontificio Consejo para los Laicos y
testigo en la Causa de Canonización del Siervo de Dios Manuel Aparici
Hacemos nuestras para este
testimonio las palabras pronunciadas por el Rvdo. D. José Francisco
Guijarro, Postulador de la Causa de Canonización del Siervo de Dios Manuel
Aparici, para otro testimonio de José Díaz Rincón. Decía: «[...]
Tiene
un interés para nosotros este testimonio por quien ha sido miembro de un
Discaterio Pontificio dedicado, precisamente, a lo que es la presencia, la
acción y la misión de los laicos en la Iglesia. Aunque él ha formado parte
como miembro del Consejo Pontificio con posterioridad a la vida y a la
muerte de Manolo (de hecho el Consejo Pontificio se instituyó bastante
después), sin embargo, esta perspectiva que le da a él el haber sido
colaborador tan directo de la misión del Romano Pontífice sobre los laicos,
le da a su testimonio un valor especial [...]»
.
«El
Siervo de Dios Manuel Aparici Navarro –escribe José Díaz Rincón–, ¡coloso de
Cristo, de su Iglesia y del Papa!, desde su fulgurante conversión y entrega
a Cristo, a sus veinticinco años, en unos Ejercicios Espirituales
ignacianos, a los que fue animado por su madre, asumió su responsabilidad
cristiana como laico con una generosidad heroica y deslumbrante, militando
en la Acción Católica, de la que fue Presidente Nacional de la Juventud de
1934 a 1941 –la etapa más dura del siglo XX en España– y, una vez ordenado
sacerdote, Consiliario Nacional de esa misma Juventud desde 1950 a 1959,
teniendo que cesar por grave enfermedad que el 28 de agosto de 1964 le abrió
las puertas del Paraíso. Él fue el pionero de los Cursillos de Cristiandad.
»El 1 de febrero de 1936 era recibido en audiencia especial
por Su Santidad el Papa Pío XI –era la segunda vez que recibía a Manuel
Aparici en audiencia especial– a quien le expuso el proyecto de la gran
peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a Santiago de Compostela para 1937.
»Le dice: «Las almas
huyen del Señor; por todas partes la apostasía y el materialismo aumenta;
allí en España tenemos un sepulcro casi olvidado entre sombras de paganía;
pero él guarda los restos de un Apóstol. ¡Padre! déjanos que convoquemos
junto a sus cenizas a las Juventudes de Acción Católica de las Españas. Allí
aprenderemos su lección. Y las Juventud de Acción Católica de la Hispanidad
será un solo apóstol. Se llenará de tu angustia por las almas y se aplicará
del todo a tu servicio».
»El Santo Padre acogió
el proyecto con gran satisfacción, dándoles su bendición más paternal,
amplia y generosa para la Peregrinación y para el Congreso.
»Un año
después de que el Papa le diera su bendición para tan ambicioso proyecto, el
14 de marzo de 1937, éste promulga la Encíclica “Mit Brennender Sorge” por
la que urgía una Cristiandad “ejemplo y guía para el mundo profundamente
enfermo”.
»Puede pensarse: ¿Acaso
el ofrecimiento de Manuel Aparici al Papa Pío XI, de hacer de las Juventudes
Católicas del Mundo Hispánico un sólo apóstol, sugirió en la mente del Santo
Padre la idea de una “Cristiandad ejemplar”?
»En todo caso, si
entonces él aspiraba a que España y los pueblos hispanos formasen la
Vanguardia de aquella Cristiandad ejemplar urgida por el Papa Pío XI, hoy,
cuando la mitad de los fieles católicos son de habla hispana, constituye una
exigencia el que la Comunidad católica iberoamericana se esfuerce por ser de
verdad Vanguardia de nueva Evangelización, esa nueva Evangelización a que
nos urge S.S. Juan Pablo II.
»Manuel Aparici vivió entusiasmado y volcado con la idea peregrinante como
medio apostólico para “remar mar adentro” y alcanzar la santidad, a la que
todos estamos llamados, como la suprema maravilla de la vida cristiana.
Ofreció como consigna el vehemente deseo de uno de sus preclaros hermanos
dirigentes, Antonio Rivera Ramírez, que decía: “Para Santiago, Santos”, y el
mismo explicaba el sentido de esta peregrinación como alto ideal de sanidad
y apostolado, con una frase típicamente suya y que entre nosotros ha quedado
como una definición de lo que es la vida cristiana: “Peregrinar es
caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de
María, llevando consigo a los hermanos”.
»Tal era
la fuerza y la pasión que el Siervo de Dios puso en aquel ideal
peregrinante, que toda su vida y su obra está impregnada de este ideal, y
apoyado en él, como trampolín eficaz, supo hacer vibrar a toda la juventud,
impulsando a la búsqueda de la inefable amistad con Cristo por medio de “la
vida de Gracia consciente, creciente y comunicada” como meta del servidor de
Cristo.
»En el
mismo sentido, este gran apóstol seglar, utilizó la mística y la praxis
peregrinante como pedagogía militante y llamada universal a la santidad,
para “llevar almas de joven a Cristo inyectando en sus pechos la fe”, como
rezaba el himno de la Juventud. Multiplicó por cinco los 20.00 jóvenes
asociados a la Acción Católica, llegando a más de 100.000, y de los 400
centros parroquiales implantó más de 2.000 centros por toda la geografía
hispana. Como “centinela de la Casa de Israel” tocó a rebato llamando a la
juventud a despertar del sueño en que yacía y estimularles a caminar con
Cristo, invitando para que todos se pusieran en marcha hacia Santiago, como
símbolo de la Jerusalén celestial, los que pudiesen, personalmente, y todos
espiritualmente. Por eso el eco de la Peregrinación fue inmenso, ya que
todos los jóvenes nos sentimos llamados. Muchos pudieron asistir
personalmente y muchos más aún lo hicimos espiritualmente ya que, por
diversas causas no pudimos ir materialmente a Santiago, pero vibramos con la
misma ilusión y el mismo ideal.
»El
Siervo de Dios creó en 1940 y extendió por toda España los Cursillos de
Adelantados de Peregrinos, con el fin de dar contenido, espiritual y
apostólico, a la preparación de aquella peregrinación jacobea, movilizando a
toda la juventud para dar a conocer a Cristo, proclamar su Evangelio,
alcanzar la santidad y asumir un compromiso apostólico.
»Los
contenidos de aquellos Cursillos de Adelantados de Peregrinos eran
profundamente teológicos, cristológicos, eclesiales y antropológicos, con
una pedagogía activa y festiva, de manera que cualquiera que participase le
resultaban impactantes y muy positivos. Estos Cursillos propiciaron la
incorporación de nuevos jóvenes a las filas de la Acción Católica. De estos
Cursillos y de estos jóvenes, cuyo líder indiscutible era Manuel Aparici,
nacieron los Cursillos de Cristiandad. El antecedente, por tanto, de los
referidos Cursillos de Cristiandad son los Cursillos de Adelantados de
Peregrinos.
»En la
Diócesis de Mallorca fue donde se iniciaron los Cursillos de Cristiandad.
Se celebraron seis Cursillos de Adelantados de Peregrinos por dirigentes
nacionales. Los Cursillos de Jefes de Peregrinos, también creados por Manuel
Aparici, los dieron en aquella Diócesis los miembros del Consejo Diocesano.
»El
sacerdote don Sebastián Gayá Riera, que en aquellos años era Consiliario
Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Mallorca, comenta sobre el
resultado de aquellas experiencias: “La Juventud se iba movilizando, cada
día era mayor la ilusión y entrega. Tres mil y pico jóvenes subimos una
noche de abril hasta el Santuario de Santa María de Lluc, y muy cerca de
setecientos llegamos a Compostela. El clima espiritual que se vivía, nos
hacía presentir que “aquello” no podía clausurarse cuando los peregrinos
archiváramos nuestros bordones, aquello sería sólo el prólogo; era mucho lo
que se había vivido, para que todo se quedara en el recuerdo de un camino a
Santiago”.
»Los
Jóvenes de Acción Católica de Mallorca, que tenían un gran celo apostólico,
fueron los que, partiendo de estos antecedentes, con el respaldo de su
Obispo, Mons. Hervás –que se volcó con ilusión y generosidad sin límites
sobre este proyecto y los bautizó con el nombre de Cursillos de Cristiandad–
dieron el primero del 7 al 10 de enero de 1949, a los cuatro meses de
clausurada la Peregrinación, con 21 candidatos, resultando un exitazo.
Siguieron dando otros Cursillos en aquellas Islas Baleares con idénticos
resultados, llegando a ser la principal actividad de los Jóvenes de Acción
Católica, como lo fue años más tarde del Consejo Superior, utilizando los
Cursillos de Cristiandad como medio extraordinario de evangelización.
»Así
llegaron hasta el Año Mariano de 1954, en el que siendo Consiliario Nacional
de los Jóvenes de Acción Católica don Manuel Aparici, decidió traer los
Cursillos a la Península, como respuesta pastoral a la crisis de la juventud
de aquellos años, proponiéndose con este medio: a) Utilizarlos como medio
evangelizador para toda la juventud: b) revitalizar el espíritu apostólico
de los Jóvenes de Acción Católica y c) ofrecer a la Iglesia en España una
cantera de militantes en sus parroquias.
»Tuvo lugar
el primer Cursillo de Cristiandad en la Península, que correspondía al
número 99 de Palma de Mallorca, del 11 al 14 de mayo de 1954, en la Casa de
Ejercicios de Toledo, por estar muy cerca de Madrid. Participamos en aquel
Cursillo los miembros del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción
Católica, un grupo numeroso de jóvenes muy diferentes, muchos de ellos
apartados de la práctica religiosa y tres miembros del Consejo Diocesano de
Toledo, del que un servidor era Presidente. Don Manuel Aparici actuó como
Director Espiritual, junto al Consiliario de Mallorca el Rvdo D. Juan Capó y
don Eduardo Bonnín, de Rector seglar, que era Presidente Diocesano de
Mallorca, con otros dirigentes de aquella Diócesis como “profesores” o
“rollistas”, que así se llaman en el argot de este método.
»En
aquellos años sólo se daban los Cursillos para jóvenes. Cuando el Dr. Hervás
llegó de Obispo a Ciudad Real comenzaron a darse para hombres también y más
tarde para mujeres y todos los miembros del Pueblo de Dios.
»Debo
resaltar, como testimonio apostólico impresionante, que desde entonces, el
Siervo de Dios Manuel Aparici se entregó de forma heroica dirigiendo estos
Cursillos de Cristiandad por todas las Diócesis españolas. Le acompañé como
dirigentes seglar en varios Cursillos (75 en total) hasta que tuvo un grave
infarto, del que no se recuperó, teniendo que dejar la Consiliaría Nacional,
pero todo ese tiempo ya postrado en una silla de ruedas y con muchas
dificultades y problemas, de lo que soy testigo, abrazando su cruz con el
mismo gozo que vivía su fe, dando testimonio luminoso de Jesucristo y su
Evangelio.
»Aunque el genial pionero de los Cursillos de Cristiandad, don Manuel
Aparici, jamás pensó hacer de éstos un nuevo Movimiento, porque él los
concebía como un instrumento pastoral, era lógico que el estilo peculiar de
este método, por su clima emotivo, por su fuerza de arrastre, su argot, por
las reuniones periódicas que propone, las “Ultreyas” (palabra heredada de la
Peregrinación), por la formación de la Escuela de profesores y por sus
slogans –repetidos sin cesar– desde primera hora tendía a ser un nuevo
Movimiento con características propias, como así ha sido reconocido
jurídicamente en la Iglesia Católica por el Decreto del Pontificio Consejo
para los Laicos, del 30 de mayo de 2004, reconociendo el Organismo Mundial
de los Cursillos de Cristiandad y aprobando el Estatuto de dicho Organismo,
de lo cual todos nos congratulamos. Por otro lado, esto es algo normal en la
Acción Católica, ya que por su finalidad “todo el fin de la Iglesia”, por su
eclesialidad y fecundidad apostólica, ha dado a luz montones de obras,
instituciones, movimientos y realidades de todo tipo, ofreciéndoselos a la
Iglesia Universal y a la Sociedad, sin que sean patrimonio propio.
»Tengo la certeza, por
conocer al Siervo de Dios Manuel Aparici –con el que me dirigí durante 15
años hasta que por su grave enfermedad ya no pudo–, por su probada fidelidad
y donación total a Jesucristo y a su Iglesia, que él gozará
inconmensurablemente al ver desde el Cielo cómo su labor, respondiendo a la
Gracia de Dios, ha dado como uno de sus frutos más preclaros el Movimiento
de Cursillos de Cristiandad» (Escrito de fecha 16 de diciembre de 2004).
Por otro lado, y al margen
de su artículo: «Manuel Aparici pionero de los Cursillos de Cristiandad», os
facilitamos «algunos recuerdos» de José Díaz Rincón sobre los Cursillos de
Cristiandad no sin antes deciros que participó en el I Encuentro
Internacional con los Movimientos de Espiritualidad, organizado por el
Pontificio Consejo para los Laicos, por deseo expreso del Papa Juan Pablo
II, del 12 al 18 de abril del año 1980, para descubrirles y confiarles la
misión apostólica. Entre los diversos Movimientos de Espiritualidad que
participaron, lo hicieron los Cursillos de Cristiandad, cuya Delegación
estaba compuesta por un grupo de laicos españoles y de América Latina,
presididos por Mons. Capmany
, Obispo Consiliario de
Cursillos en España, y por el Sr. Arzobispo de la República Dominicana. Esta
Delegación pidió ver al Papa en audiencia privada durante aquel Encuentro
para interesarle por este método, que parece desconocía un poco, y pedirle
su ayuda para dar cursillos en Polonia y Francia, que eran los únicos países
de Europa que no se daban.
»Por supuesto yo participé
como miembro del PCLP y en uno de los contactos que tuvimos con el Pontífice
él me preguntó sobre mi impresión de los Cursillos, ya que sabía que había
dado muchos. Le di mi opinión diciendo que era el mejor método de
evangelización que yo conocía, sinteticé su historia, y lo que D. Manuel
Aparici pensaba sobre éstos. Él estuvo muy interesado y quedó satisfecho.
Mons. Capmany aportó alguna cosa y no comentamos más. Quedamos en hablar
entre nosotros y algo hicimos allí en Roca di Papa, que es donde estábamos
en la Casa de los Focolares, aunque me consta quedó muy interesado y algo
perplejo» (Su escrito de fecha 1 de junio de 2004).

Asistió a la
apertura del Proceso Diocesano de Canonización del Siervo de Dios. Debe
su vocación, su formación y su ejercicio sacerdotal a Manuel Aparici,
como él mismo reconoció (C.P. 9836).