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VOCACIÓN Y MINISTERIO SACERDOTAL

(1941 – 1959)

 

ORDENACIÓN SACERDOTAL

«Cada una de las órdenes sagradas que recibía iba produciendo en él sus frutos con lo que llegó al Presbiterado muy en sazón. Su afán personal de perfección y santidad, cultivado por la oración continua y su decidido propósito de transmitirla a los demás, fueron una constante de su vida que procuraba ensanchar día a día» [32].

La sagrada tonsura la recibió el 21 de diciembre de 1945. Las órdenes menores las recibió: la de ostiario y lector, el 6 de abril de 1946 y la de exorcista y acólito, el 15 de junio de ese año.

Al terminar el tercer curso de Teología, con la debida dispensa de Roma, fue ordenado sacerdote a las 11 de la mañana del día 31 de mayo de 1947, Fiesta del Amor Hermoso y de la Mediación Universal de María, en la Capilla del Seminario por el Obispo de la Diócesis, D. Leopoldo Eijo y Garay [33]. Contaba 45 años de edad. El día más grande de su vida anota en su Diario. D. Leopoldo había decidido que fuera a Salamanca a terminar la Teología y a doctorarse en ella [34].

«El Señor –escribe en su Diario– ungió mis manos con el beso de su amor y me hizo su sacerdote, extendió sus divinos poderes a mi pobre ser, que desde aquel día es suyo. Día de inmenso gozo y emoción en el que viví sin vivir en mí, en el que Él hablo continuamente en el fondo de mi alma».

« ... La Santísima Virgen –le dice a Joaquín Ruiz–Giménez [35]– a quien consagré mi vida de seminarista al ofrendarle mi insignia en Zaragoza, me ha alcanzado que se me anticipe un año el soñado momento de subir al Altar de Dios, que es mi alegría desde mi juventud».

«Su ordenación sacerdotal –asegura Mons. Maximino Romero de Lema– le causó un gozo interior inmenso, por ello siguió siendo centro de atracción para muchos jóvenes, y jóvenes sacerdotes». Se le veía ilusionado con sus compañeros de ordenación. Grabó todos sus nombres en su crucifijo y el lema “Sitio”»; lema de su sacerdocio [36].

Tal es su alegría que hace partícipes de la misma a sus amigos con estas hermosas palabras salidas de lo más profundo de un corazón agradecido.

«El “Magnificat”, el “Tedeum” y el “Miserere” se juntan en mi corazón sacerdotal a un tiempo. ¡El pobre pecador, que pasó los años de su juventud primera lejos de Él ofendiéndole, trocado en sacerdote suyo! ¡Qué admirables son tus caminos!» [37]… «Estoy seguro que seré la obra de la Mediación de María . Yo, dentro de mi pequeñez, pero poniendo toda mi alma le juré en Zaragoza al frente de nuestros muchachos consagrar mi vida a la defensa de la piadosa creencia en su Mediación y qué bien paga ... Ha mediado para que su Divino Hijo me conceda la inmensa gracia del sacerdocio el día en que con nuestra Santa Madre la Iglesia festejamos Su Mediación Universal de todas las gracias» [38] … «¿Verdad que paga bien la Señora los pequeñillos esfuerzos del Capitán [39] … «¡Qué piadosa y fiel es María!» [40].

Y el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica, en su Memoria General del Curso 1946/1947, le dedicaba estas palabras:

«Otro motivo, asimismo, de hondísimo gozo para el Consejo Superior ha sido la ordenación sacerdotal del que fue su Presidente y Rector de la Obra en una etapa inolvidable de heroísmo y martirio, Manuel Aparici ... Para la mayor gloria de Dios, Aparici –símbolo y corona de una etapa de la Juventud de Acción Católica– es ya sacerdote de Jesucristo. El gozo del Consejo Superior ha sido reflejo del que en todos los ámbitos de la Patria han sentido los antiguos y los actuales militantes de la Obra, en la que dejó tan profunda huella».

«Creo que Dios te pide mucho, y, por eso mismo, te ha dado muchísimo y te prepara más abundantes gracias. España necesita de una docena de auténticos apóstoles que la recorran e inflamen. Hay que despertar en las almas una piedad muy honda, nacida de la íntima unión con el Señor y cuyos frutos han de ser obras, obras, obras; obras de caridad y de justicia. ¡Cuánta falta hacen ambas virtudes! Pobre justicia social, en cuantos labios, … en qué pocos corazones!» [41].

1.     Por su ordenación de presbítero quedó la entrega plenamente ratificada y sellada

Confía a su Cuaderno el orden ascendente de sus entregas.

«Por mi ordenación de Subdiácono el 22 de marzo de 1947, consciente, reflexiva, alegre y libremente me entregué totalmente a Cristo, y Él me aceptó ...

»Por mi ordenación de Diácono el 18 de mayo de 1947 ratifiqué mi entrega y Él me concedió el Espíritu Santo ...

»Por mi ordenación de Presbítero el 31 de mayo de 1947 quedó la entrega plenamente ratificada y sellada. Yo soy Suyo y Él es mío ...

»Si soy de Cristo, todo lo que Él pasó, libre y voluntariamente, lo tengo que pasar yo ... Todo esto lo he pensado y meditado desde el mes de septiembre de 1932 ... y paso a paso me he ido acercando hasta que el 31 de mayo de 1947 consumé la entrega.

»¿Comprendéis por qué hice grabar en mi cinta de manos, junto a cada fecha, un emblema? [42]. En la de Subdiaconado, el de María Santísima, pues a Ella, la Purísima, consagraba mi voto de castidad; en la de Diaconado, la cruz y la corona de espinas, pues es el Diácono el coministro del Santo Sacrificio; y en la del Presbiterado el Pelícano, pues el Pelícano es símbolo de Cristo, porque alimenta a sus hijuelos con su propia sangre.

»Fijémonos en el orden ascendente de las entregas: castidad (mortificación total del cuerpo), cruz y espinas (mortificación total del espíritu) y pelícano (morir víctima todos los días para alimentar con la sangre del propio sacrificio a los hijuelos de Cristo cuyo ministro soy yo).

»Y por si todo esto expresara poco hice grabar en mi cáliz la quinta palabra de Cristo en la Cruz: “Sitio”. ¿Creéis que yo podría beber todos los días la sangre del Señor en ese cáliz que me habla ... de su sed sin darle a beber en retorno de la Suya Preciosa mi propia sangre en forma de oración, sacrificio, penitencia, estudio y trabajo? No …

» … Todo esto lo pensé, lo medité y lo maduré con la ayuda de su gracia en mis últimos años de Seminario. Su queja la tenía bien grabada porque ella me guió desde el Jueves Santo de 1930 y con arreglo a esto hice mis propósitos de Ejercicios de las distintas órdenes de Subdiaconado, Diaconado y Presbiterado …

» … ¿Cuáles son las características de su vida en Nazareth? Obediencia, oración, pobreza, trabajo hasta la fatiga y ocultamiento humilde y sacrificio. Luego esas deben ser las características de quien se le entregó:

»Obediencia: Voy a estudiar y a completar mi formación a Salamanca [43] porque lo ha dispuesto El por medio de mi Obispo. Y en las épocas de vacación escolar, tan sujeto a la obediencia estaré, como durante el curso, iré y haré lo que me manden.

»Trabajo hasta la fatiga: El estudio será mi principal cruz. Aprovechando hasta el minuto todo el tiempo posible para completar mi formación, claro es que para esa formación algo de ministerio sacerdotal: confesiones, visitas de pobres enfermos, etc. habré de tener. Pero no hay que olvidar que desde que soy sacerdote el tiempo de que disponga no es mío, sino de Cristo y de sus almas.

»Pobreza: A mamá no le voy a cercenar nada de lo que en conciencia necesite para subsistir, lo necesario también es voluntad de Dios que se lo procure y facilite, puesto que en lo necesario también mi madre es miembro del Cuerpo Místico de Cristo y estoy atendiendo a Cristo cuando la atiendo a ella; pero en lo no necesario, en lo que pueda suponer cierta prodigalidad, no podría, sería robar a Cristo un tiempo y unas energías que son suyas, para atender a la carne y a la sangre.

»En cuanto a mí, aspiro a vivir, dentro de la limitación que me imponga el fin principal, para el cual el Señor me envía a Salamanca, que es el estudio, con pobreza lo más semejante posible a la de Jesús, pues siendo Él mi Cabeza y teniendo a mi Cabeza coronada de espinas, sería absurdo que yo me coronara de rosas, y claro está que con la pobreza irá también la mortificación compatible con el estudio, fin principal».

2.      Todo su hombre viejo muerto para que sólo viva Cristo en servicio de la caridad

       sacerdotal 

Postrado de hinojos ante la presencia amoroso de Dios formula sus propósitos personales mínimos y hace el propósito de que todo su hombre viejo muera para que sólo viva Cristo en servicio de la caridad sacerdotal.

«“Pro eis ego sanctifico me ipsum”.

»Sentido de verdad y fidelidad en el compromiso contraído con Cristo y con los hermanos sacerdotes.

»¿De verdad somos fieles? Nos pareció que el Señor nos pedía que estas palabras suyas fueran las inspiradoras de nuestro vivir sacerdotal y en octubre pasado contrajimos con el Señor este compromiso. Y lo contrajimos juntos.

»Al contraerlo con el Señor buscábamos la paz de nuestras almas. Fue un tiempo de su gracia en nosotros. Mucho tiempo nos lo pidió y al fin nos hizo decir “Ecce adsum”.

»Al contraerlo juntos, buscamos la ayuda del hermano y cortamos la retirada. Nuestra santificación se ha hecho solidaria: Si yo no cumplo, si yo regateo mi entrega al Señor os perjudico a todos, os resto gracias a las que teníais derecho.

»Pero no es esto lo más grave, sino que le defraudo al Señor, desde que por su amor y su gracia le dije: “Ecce adsum”. Cualquier imperfección de un hermano sacerdote es un aldabonazo de Cristo en mi alma urgiéndome a que se cumpla mi promesa. Puedo y debo pensar que Nuestro Señor vinculó la concesión de esa gracia, con la que desaparecería esa imperfección, a mi fidelidad a vivir la vocación de víctima pro plena santificación sacerdotal a la que Él me llamó.

»¿Ponderamos bien en nuestras almas, meditamos bien en la transcendencia de ese “pro eis sanctifico me ipsum? ... .

»Entrega a muerte al servicio de la caridad sacerdotal».

«Señor y Amigo fidelísimo –escribe en otra ocasión–: Ya que la cooperación de mi libertad a tu gracia te permite satisfacer la sed de la divina gloria que manifestaste en la cruz, satisface tú la sed que tú mismo has encendido en el alma de tu sacerdote; reproduce con tu gracia en esta humanidad, que te entregué el día de mi ordenación de subdiácono, los misterios de dolor y de cruz de tu vida mortal a fin de que todo mi ser anuncie las maravillas de tu amor».

3.      Pide a su buen amigo Joaquín Ruiz–Jiménez le haga el favor de ser con su   

       mujer Mercedes el padrino de honor de su primera Misa

Lo hace con suma delicadeza y le invita a proceder con santa libertad. Éste aceptó con mucho gusto.

« ... Tu persona –le dice– representa para mí los dos grandes Ideales por los que ofrendé mi vida al Señor en aquellos días hermosos de la Cruzada: la juventud española, que con generosidad y heroísmo alegre dio su vida por Cristo en checas y frentes, y los Pueblos Hispánicos en apretada Comunión de los Santos al servicio de Pedro el Pescador. Entonces cuando os contemplaba partir para el frente, con secreta envidia, le pedía al Señor que se dignara tomar mi vida para que se consumiera toda al servicio de esa juventud que le confesaba con su sangre; y entonces también ante el Sagrario y sintiendo en mi alma el estímulo del dolor de nuestros mártires y del gozo de vuestro heroísmo es cuando Él me hizo concebir el Ideal de España y lo Hispánico Vanguardia de Cristiandad. Después Él me alumbró con su gracia y os llevé al Pilar y en el Camino de Santiago me sacó de entre vosotros para traerme a su Seminario y en él irme trocando en sacerdote suyo.

»¿Quieres, bizarro y apostólico Teniente Provisional de la Cruzada, ex–Presidente de Pax Romana y Director del Instituto de Cultura Hispánica, apadrinar la primera Misa del que el Señor escogió para presidiros durante los días en que su gracia nos hizo decir “Possumus”? …

»Pensé decírtelo personalmente, pero luego he pensado que por carta es mejor, pues tienes más libertad para decidir.

»Procede con la santa libertad con que te da derecho el afecto cristiano que nos une; me conoces muy a fondo y sabes que mi afecto es invariable; hace trece años que el Señor por medio de una caricia de su Vicario en la tierra metió en mi corazón un poco del amor infinito que Él os tiene y ese Amor de Cristo a la Juventud de España» [44].

4.     El cáliz de su primera Misa

Por SIGNO  [45] conocemos los datos relativos a su cáliz.

«Fue donado –dice– por el Consejo Superior y los Decanos del mismo. En él hay algo más que un regalo, ya que en su elaboración han intervenido también motivos sentimentales.

»El dibujo general del cáliz se debe a Juan del Amo, antiguo Propagandista del Consejo Superior y ahora sacerdote. Las viñetas de los misterios y de las advocaciones de la Virgen se han tomado de las que ilustran el misal del P. Germán del Prado, editado en Bélgica por Léfévre, y se deben al inolvidable Manolo Llanos –nuestro Manuel mártir–, que fue también Propagandista del Consejo Superior y Delegado de Aspirantes en el Centro de San Jerónimo.

»El texto escrito en la base del cáliz dice:

»EM: APARICI: PRAECLARO: XPIANAE: HISPANIA-RUM: IVVENTVTIS: COMPOSTELAM: PERGENTIS: PERPET-VO: DVCTORI: MERITO: SODALES.

»Cuya traducción es: “Al ilustre Manuel Aparici, perpetuo Capitán de la cristiana Juventud de las Españas peregrinante a Compostela, sus compañeros”.

»Este cáliz ha sido realizado por los magníficos orfebres Marcelino y Miguel Cruz, el primero de los cuales también Decano de nuestro Consejo.

»Los motivos que ornan la parte superior del cáliz representan la Asunción, la Concepción Inmaculada, la Maternidad y la Mediación Universal de María.

»En el nudo del cáliz van las cruces: de la victoria, de Santiago, la romana y la insignia de Acción Católica, separadas por las imágenes de los cuatro evangelistas.

»El árbol del cáliz presenta los símbolos eucarísticos de las espigas y los racimos.

»El pie, octogonal, recoge los misterios principales de la vida de Cristo: Encarnación, Natividad, Epifanía, Jesús entre los doctores, Bautismo, el Buen Pastor, Sagrada Cena y Crucifixión, separados entre sí por vieiras compostelanas.

»En la alegoría del último misterio figura al pie de la cruz, por deseo especial de Manuel Aparici, la palabra “Sitio” ...

»El cáliz es de plata sobredorada y pesa 855 gramos».

Años antes, pero ya siendo seminarista, «la IV Asamblea Diocesana de la Juventud de Acción Católica de Navarra –escribe SIGNO– le dedicó un recuerdo emocionante haciendo entrega al Presidente actual, Antonio García–Pablos, de un magnífico cáliz de plata, obsequio de la juventud navarra, a Manuel Aparici para cuando sea sacerdote» [46].

5.     Con motivo de su primera Misa quería evitar que se hiciera ruido y pedía
          oraciones para él y sus hermanos

No quería que las personas a las que informaba dijesen nada a nadie. Quería evitar que se hiciera ruido, pues como decía en Burgos «el ruido no hace bien y el bien no hace ruido». Asimismo, «prefirió que el dinero destinado a regalarle la Patrología de Migne fuera repartido a los pobres» [47].

«No quiero de ninguna manera que mi primera Misa haga ruido –le decía a Joaquín Ruiz–Giménez [48], al menos ante–factum, post–factum si SIGNO quiere decir, que diga lo que quiera. Aspiro a que dentro de lo posible sea una Misa íntima: mis familiares, Decanos del Consejo, Grupo de Propagandistas que presidí, algunos miembros de la Junta Técnica y de los Consejos Superior y Diocesanos de Jóvenes, tres o cuatro docenas de miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y algunos amigos particulares  y del Cuerpo de Aduanas al que pertenecí».

Por otro lado, pedía a todos que le encomendasen a él y a sus hermanos, que con él iban a ser ordenados sacerdotes o a recibir el subdiaconado y diaconado, para que no frustren los misericordiosos designios del Señor.

«Ruega –le dice, por ejemplo, a Sor Carmen y su Comunidad el 11 de mayo de 1947– que nos encomienden. Nuestro interés es el mismo. Ardemos en las mismas ansias de santidad; queremos ser santos para que Él sea glorificado en nosotros, pero a nosotros nos ha elegido para consagrar su Cuerpo y Sangre y para dar su vida a las almas. Pidan ustedes para que seamos otros Cristos no sólo por la santidad ontológica de la ordenación, sino también por la moral de la perfecta fidelidad en la imitación de Cristo–Sacerdote».

Agradecía sus oraciones y sacrificios y prometía tenerlas pre-sentes en el «memento» de su primera Misa y luego ofrecer el Santo Sacrificio por esa Comunidad.

6.     Tres días después de su ordenación sacerdotal, el 3 de junio, celebra su primera

      Misa 

ECCLESIA, el BOLETÍN DE DIRIGENTES y SIGNO recogen los momentos emotivos de su primera Misa con palabras cálidas y
entrañables [49]. De ellos es lo que sigue.

El día 3 de junio de 1947 celebra su primera Misa en la Iglesia Parroquial de San Ginés, de Madrid, que era la de su domicilio. Revistió solemnidad y alegría emocionadas. Toda la juventud española estuvo presente en el «memento» de Manolo, a la par que las representaciones y los amigos rodeaban el altar.

Actuaron de diácono presbítero y subdiácono –escribe ECCLESIA– D. Manuel Arconada Flores, que ha recibido la consagración con el nuevo celebrante, y D. Mauro Rubio Repullés, y de maestro de ceremonia, D. Miguel Benzo. Fueron presbíteros asistentes y padrinos eclesiásticos los Rectores de los Seminarios de Madrid y Jaén, Doctores D. Juan Ricote y D. Emilio Bellón, respectivamente; padrinos de honor, D. Joaquín Ruíz–Giménez y su esposa, Dª Mercedes Aguilar, y padrinos de mano, la madre del celebrante, Dª Elena Navarro de Celada, y D. Rafael Navarro. Ocupó la sagrada cátedra el Deán de la Santa Iglesia Catedral de Zaragoza y Viceconsiliario General de la Acción Católica Española, D. Hernán Cortés Pastor, quien, en elocuentes y emocionadas palabras, evocó los tiempos heroicos del apostolado juvenil de la Acción Católica y el hondo significado del acto que se celebraba. La Misa cantada fue interpretada por la Schola Cantorum del Seminario de Madrid.

Asistieron al acto, entre otras personalidades, el Obispo preco-nizado de Ereso y Consiliario General de la Acción Católica Española, Mons. Zacarías de Vizcarra; el Ministro de Asuntos Exteriores, D. Alberto Martín Artajo; el Director General de Aduanas, D. Gustavo Navarro y Alonso de Celada; el Teniente General Saliquet; el Presidente de la Asociación Nacional de Propagandistas, D. Fernando Martín Sánchez Juliá; el Consejero Delegado de la Editorial Católica y miembro de la Junta Técnica Nacional de Acción Católica, D. Francisco de Luis; los antiguos Presidentes Nacionales de la Juventud de Acción Católica: señores D, José María Valiente, D. Alfredo López y D. Antonio García–Pablos; el Vicepresidente y el Secretario de la Junta Ténica Nacional de Acción Católica, Sres. Granda y Martínez Pereiro; el Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, D. José María Mohedano, al frente del Consejo Superior; Decanos y colaboradores; representaciones de los Consejos Diocesanos y de los Centros de Madrid; el Director del Secretariado Diocesano de Ejercicios Espirituales, P. Llanos, S.J.; el antiguo Presidente del Consejo Diocesano de Zaragoza, Sr. Viu, y numerosos seminaristas y compañeros de apostolado del misacantano.

En el altar destacaban las banderas y banderines de los organismos superiores de la Acción Católica Española.

Concluida la Santa Misa, el misacantano, por privilegio especial del Papa, dio la bendición papal a los fieles, y después se celebró un solemne besamanos, desfilando ante el nuevo celebrante los asistentes al acto».

«Manuel Aparici –escribe SIGNO– ha levantado por primera vez el sacro cáliz y trazado con su mano el signo de bendición de la cruz. El Sacramento del Orden ha trocado al joven de Acción Católica, Presidente Nacional de una etapa heroica y martirial, en ministro del Altísimo, hombre tomado de entre los hombres, pero constituido por encima de ellos para las cosas que atañen al servicio de Dios. Con Manuel Aparici, la Juventud de Acción Católica recibe el beso de Cristo, pues caricia y regalo providentísimo y admirable es que el Señor se haya dignado arrancar de entre nosotros, para ponerle a la cabeza de legión de vocaciones surgidas en estos años maravillosos de nuestro resurgir, al que fue “Capitán de Peregrinos” de santidad, jefe en la guerra y en la paz de una juventud batalladora y abnegada, que recibió de su verbo cálido y de su ardiente celo apostólico la lección de entrega que ahora ratifica con personal dedicación al altar».

Días después, casi a finales de junio, va a la Virgen de Guadalupe con sus compañeros de curso y de ordenación para tener con un grupo de jóvenes hispanoamericanos un acto de Consagración de sus sacerdocios a la Virgen, en servicio de Vanguardia de Cristiandad.

En el primer aniversario de su primera Misa escribe en su Diario: «Me estorbaba la gente. Sólo un cuarto de hora pude llorar a solas, de amor. A la tarde, las manos que Él acarició, acariciaron a sus pequeñuelos y les repartieron pan».

7.     Carta de agradecimiento a su Obispo

En nota manuscrita, sin fecha ni firma, figura el texto de una carta de agradecimiento a su Obispo. ¿La cursó? Conociendo a Manuel Aparici no hay ninguna duda que lo hizo. Dice así:

«Mi querido Sr. Obispo:

»Aunque era deseo vivísimo mío haberle saludado personalmente para reiterarle mi gratitud por todas las bondades que tuvo siempre conmigo y especialmente durante mi vida de seminarista y en la promoción a las sagradas órdenes, sin embargo no había sido posible: de una parte, las importantes atenciones de V.E. y de otra, los compromisos de los primeros días de nuevo sacerdote hicieron que se pasara el tiempo hábil de audiencias.

»Y por ello, ya que no me ha sido posible de palabra, permítame V.E., aunque a trueque de embargarle algunos minutos, que desahogue en una líneas este corazón sacerdotal lleno de gratitud y amor para con su Padre y Pastor en Cristo Jesús. Larga es la serie de beneficios del Señor recibidos por mediación de V.E.: el primero, que quedó profundamente impreso en mi alma, fue aquel largo y amoroso abrazo que V.E. me dio en la tarde del 31 de agosto de 1936 cuando fui a pedir al Padre y Pastor de mi alma que se dignara darme luz y consejo sobre lo que pudiera pedirme el Señor en aquellos momentos primeros de la Cruzada, después, además del cotidiano de encomendarme al Señor como a ovejilla de su grey, cada vez que Jesús me concedió la gracia de verle fue nuevo beneficio y que culminó en mi existencia seglar con confiarme el servicio de nuestros amados jóvenes desde la Presidencia interina del Consejo Diocesano al liberarse Madrid. Mas todo fue nada junto a su bondad cuando fui a pedirle el último puesto entre sus seminaristas, si antes tuvo bondades de padre, desde entonces tuvo delicadezas y ternuras de madre; V.E. hizo conciliables, concediéndome el ir a almorzar con mi madre los domingos, los santos deberes de la vocación y la piedad filial, y después en cada una de las órdenes que de sus manos recibí yo sentía derramarse la caridad de que está llena su alma sobre la pobre mía hasta que al fin el día de la Mediación Universal de nuestra Santísima Madre impuso sus manos sobre mí y puso en mis manos ungidas el Cáliz del Señor. ¡Dios le bendiga Sr. Patriarca por tantos y tan inmensos beneficios.

»Finalmente, perdóneme que haya distraído su atención por unos momentos con mi insignificancia; pero sentía la necesidad de mostrarle mi gratitud y de decirle que esta pobre alma a quien V.E. llamó a participar en el sacerdocio de Cristo le ama y le venera y como el amor nada dura tanto como el gozo y el contento del Amado, no deseo, ni quiero, ni aspiro sino a estar siempre en manos de la santa obediencia que toda mi alma le prometió el día inolvidable de la ordenación sacerdotal. Si alguna vez me olvidara de estos propósitos añada V.E. a sus muchas bondades, la de recordármelos».

8.     Su primer destino: Coadjutor provisional

Recién ordenado sacerdote, aunque el Vicario y Obispo Auxiliar de Madrid–Alcalá le había dicho que no le daría destino, le pidió, si no le causaba violencia, fuera a San Lorenzo de El Escorial como coadjutor provisional. Claro es que cogió la maleta y se fue.

«Aunque tú hayas recibido con humildad y de buen grado el inesperado nombramiento –le dice E. Martín, sacerdote [50]–, según la virtud que te caracteriza, yo lo siento porque al fin y al cabo te han hecho una trastada y te han destrozado el plan que tú tan legítimamente te habías trazado, y, por tanto, adiós al veraneo de tu madre, a los Ejercicios y a tu preparación para el curso de Salamanca; es evidentemente un contratiempo, pero el hombre propone y Dios dispone ... ».

Tales eran sus consuelos y gozos de las primicias sacerdotales que escribió a sus buenos amigos, los padres de Sor Carmen, Ana María, José y Antonio Rivera, contándoselos éstos. « Recuerdo especialmente –dice Ana María– como hablaba del tiempo de confesionario –sobre todo con los jóvenes–, de perdonar a los pecadores y ser objeto de la misericordia de Dios». Pero está preocupado por la languidez espiritual que veía a su alrededor.

Al mismo tiempo, entra en contacto con antiguos jóvenes que hacían SIGNO para unirlos de nuevo en caridad perpetua en servicio de las almas. Así con fecha 5 de julio de 1947 escribe a Manuel Jiménez Quílez, Embajada de España en Buenos Aires, y le dice:

«Al volver a tomar contacto con vosotros he sabido que aquel bloque que hacía SIGNO está un poquillo resquebrajado. Me propongo en la próxima semana invitar a Esteban, Torres, Cano, Bernal, Vigil, Mira y Vara, a una Misa que diré para vosotros y en la que les daré a Cristo, a fin de que Él, y por mediación de este pobre instrumento, os vuelva a abrazar y a hacer uno en su caridad … Cuando tantas almas nos necesitan no tenemos derecho a pensar en nuestras cosas, sino sólo en las promesas que a todos nos une y vivifica, y en las nuestras en cuanto sean de Él, porque, su gracia, hizo que consagráramos nuestras vidas».

«La contextura joánica de su pensamiento y la vibración paulina de su temperamento daba un relieve a su acción sacerdotal que fácilmente ponía a sus educandos en el camino de la búsqueda y el descubrimiento del sentido de Dios en cada coyuntura y circunstancia de la propia existencia. Existencia que siempre concebía y plasmaba en el comportamiento como peregrinaje esperanzado hacia la unidad del Padre, en Cristo e impulsado por el Espíritu Santo» [51].

¡Es el mismo Manuel Aparici de siempre!

9.     Segunda etapa de silencio de su vida

Cuando le faltaban tan sólo dos meses para incorporarse a la Universidad Pontificia de Salamanca, Facultad de Teología, en cartas dirigidas a Sor Carmen le comunica que pronto comenzará la segunda etapa de silencio de su vida, el Colegio donde residirá con toda probabilidad y sus inquietudes [52].

« Quiero hacer –le dice–, mejor dicho lo quiere la gracia que vive en mí, para prepararme en estos dos años y medio en Salamanca. Necesita Él que mi alma avance por el camino de la Luz hasta tocar los linderos de la vida unitiva, sólo entonces me será provechosa la Teología que vamos a estudiar. Nunca como ahora he sentido urgida mi alma a la santidad heroica; a eso voy, el premio de esta carrera es la santificación de la juventud de nuestra Patria. Duro será el silencio; pero es más elocuente que las palabras porque será vivir de fe».

«Mi estancia en Salamanca y probablemente en el Colegio de Santiago … me permitirá trabajar por la incorporación a la empresa “España y lo hispánico Vanguardia de Cristiandad” entre todos los estudiantes de estas Órdenes [53] y de las distintas Diócesis de España y tal vez de Hispanoamérica, puesto que se está trabajando para la apertura de un Colegio Hispanoamericano».

Pero sobre todo «habré de consagrarme al estudio –le dice al Rvdo. Antonio Santamaría González [54], ya que es lo que el Señor me pide en el futuro próximo y, además, creo que será más provechoso para las almas el día de mañana».

Todo el problema de la formación sacerdotal lo centraba en una cosa muy sencilla pero a la vez muy difícil: en que se llegue a los estudios de Teología en grado bastante avanzado de vida iluminativa; porque –decía–las tesis teológicas no interesa saberlas, sino saberlas y saborearlas en la luz de los dones del Espíritu Santo.

Esta formación duró nueve años: Desde octubre de 1941, fecha en que ingresó en el Seminario, hasta 1950, año en que finalizó sus estudios en Salamanca para hacerse cargo de la Consiliaría Nacional de la Juventud de Acción Católica para la que había sido nombrado en dicho mes y año. Los seis primeros años (1941/1947) los cursó en el Seminario de Madrid–Alcalá y los tres restantes (1947/1950) en Salamanca.

[32]  Manuel Martínez Pereiro.

[33]  «Nos ordenamos 17 en total ... Fue el curso más numeroso que se ordenó en los años siguientes al final de la Guerra Civil, ya que hasta entonces se ordenaron un promedio de seis a ocho sacerdotes» (Cf. Rvdo. Francisco Méndez Moreno).

[34]  Días antes, el Pleno del Consejo Diocesano de Madrid–Alcalá le nombraba miembro del Decanato del mismo.

[35]  Carta sin fecha (Por el contenido de la misma ésta es de 1947).

[36]  Este fue su lema desde sus primeros momentos de apostolado. El sublema de su sacerdocio es: «Completo las cosas que faltan a la pasión de Cristo en mi carne en favor de su Cuerpo que es la Iglesia». Estas fueron las leyendas que hizo grabar en el cáliz de su primera Misa.

[37]  A Sor Carmen por carta de fecha 10 de julio de 1947. Y añade: «Si no hubiera sido lo que fui, no sentiría llena mi alma de las entrañas de misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, cuando tengo a un pobre pecador ante mi confesionario».

[38]  A Sor Carmen por carta de fecha 11 de mayo de 1947.

[39]  A Antonio Santamaría González por carta de fecha 8 de abril de 1947.

[40]  A José Rivera Ramírez por carta de fecha 11 de mayo de 1947.

[41]  Carta de D. Ángel Herrera Oria de fecha 22 de enero de 1947, es decir, unos tres meses antes de su ordenación sacerdotal (C.P., pp. 8577/8578).

[42]  Su sobrina Josefina le bordó, como regalo, la cinta de manos con los motivos y las fechas que tenía que poner en cada motivo y que le facilitó su tío.

[43]  Con relación a su formación, Florencio López le dice cuando era estudiante en Salamanca: «Desde luego puedo asegurarte que, aunque directamente, abiertamente, no parecía que hiciera nada en tu formación, sí puedo asegurarte que me preocupé, mucho más de lo que a primera vista pudiera parecer; y que desde lejos hice cosas que sólo Dios conoce, para que redundasen en beneficio de tu formación. Tuve, entre otras, la ilusión de que te dejaran en paz, y de que en la soledad y recogimiento y, sobre todo, sin ninguna otra distinción, te pudieras dedicar a lo tuyo. Y eso que en alguna ocasión pudo parecer rigor excesivo e incluso incomprensión, no era más que un grandísimo afán de que tu formación sacerdotal pudiera cristalizar, con tiempo, calor y reposo. Yo ya se que no todo el mundo lo entendería. Pero me importaba mucho más tu formación que el concepto que de mí pudieran formarse en alguna ocasión» (C.P., p. 8482). (No sabemos quien fue Florencio López, ni de quién o quienes le defendía. Lo cierto es, por el contenido de la carta, que le defendía).

[44]  Carta sin fecha (Por el contenido de la misma ésta es de 1947).

[45]  Núm. 99 de 1941.

[46]  Ninguno de los dos cálices han sido localizados, ignorando la Asociación de Peregrinos de la Iglesia dónde se pueden encontrar. Todas las gestiones realizadas para su localización han resultado infructuosas.

[47]  C.P., p. 9190.

[48]  En carta (¿Borrador?) sin fecha ni firma (Por el contenido de la misma ésta es de 1947).

[49]  Misa Votiva del Espíritu Santo, con licencia de la Nunciatura Apostólica, de Madrid, concedida, como se solicita «servatis servandis», con fecha 27 de mayo de 1947.

[50]  Carta de fecha 26 de julio de 1947.

[51]  Informe de los Peritos Archivistas.

[52]  De fechas 10 de julio de 1947 y Festividad de la Cátedra de San Pedro en Roma, 1947.

[53]  En Salamanca estaban las Casas de Estudio de casi todas las Órdenes y Congregaciones religiosas.

[54]  Carta de fecha 26 de junio de 1947.

Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos".

 

Manuel Aparici.

Este sitio se actualizó por última vez el 15 de mayo de 2009

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