
VOCACIÓN Y MINISTERIO
SACERDOTAL
(1941 – 1959)
ORDENACIÓN SACERDOTAL
«Cada una de las órdenes sagradas
que recibía iba produciendo en él sus frutos con lo que llegó al
Presbiterado muy en sazón. Su afán personal de perfección y santidad,
cultivado por la oración continua y su decidido propósito de transmitirla a
los demás, fueron una constante de su vida que procuraba ensanchar día a
día»
.
«El
Señor –escribe en
su Diario– ungió mis manos con el beso de su amor y me hizo su sacerdote,
extendió sus divinos poderes a mi pobre ser, que desde aquel día es suyo.
Día de inmenso gozo y emoción en el que viví sin vivir en mí, en el que Él
hablo continuamente en el fondo de mi alma».
« ... La Santísima Virgen –le dice a Joaquín Ruiz–Giménez
–
a quien consagré mi vida de seminarista al ofrendarle mi insignia en
Zaragoza, me ha alcanzado que se me anticipe un año el soñado momento de
subir al Altar de Dios, que es mi alegría desde mi juventud».
«Su ordenación sacerdotal –asegura Mons. Maximino Romero de Lema– le causó
un gozo interior inmenso, por ello siguió siendo centro de atracción para
muchos jóvenes, y jóvenes sacerdotes». Se le veía ilusionado con sus
compañeros de ordenación. Grabó todos sus nombres en su crucifijo y el lema
“Sitio”»; lema de su sacerdocio
.
Tal es su alegría que hace partícipes de la
misma a sus amigos con estas hermosas palabras salidas de lo más profundo de
un corazón agradecido.
«El “Magnificat”, el
“Tedeum” y el “Miserere” se juntan en mi corazón sacerdotal a un tiempo. ¡El
pobre pecador, que pasó los años de su
juventud primera lejos de Él ofendiéndole, trocado en sacerdote suyo!
¡Qué admirables son tus caminos!»
… «Estoy seguro que seré
la obra de la Mediación de María . Yo, dentro de mi pequeñez, pero poniendo
toda mi alma le juré en Zaragoza al frente de nuestros muchachos consagrar
mi vida a la defensa de la piadosa creencia en su Mediación y qué bien paga
... Ha mediado para que su Divino Hijo me conceda la inmensa gracia del
sacerdocio el día en que con nuestra Santa Madre la Iglesia festejamos Su
Mediación Universal de todas las gracias»
… «¿Verdad que paga bien la Señora los pequeñillos esfuerzos del Capitán
…
«¡Qué piadosa y fiel es María!»
.
Y el Consejo
Superior de la Juventud de Acción Católica, en su Memoria General del Curso
1946/1947, le dedicaba estas palabras:
«Otro motivo, asimismo,
de hondísimo gozo para el Consejo Superior ha sido la ordenación sacerdotal
del que fue su Presidente y Rector de la Obra en una etapa inolvidable de
heroísmo y martirio, Manuel Aparici ... Para la mayor gloria de Dios,
Aparici –símbolo y corona de una etapa de la Juventud de Acción Católica– es
ya sacerdote de Jesucristo. El gozo del Consejo Superior ha sido reflejo del
que en todos los ámbitos de la Patria han sentido los antiguos y los
actuales militantes de la Obra, en la que dejó tan profunda huella».
«Creo que Dios te pide mucho, y, por
eso mismo, te ha dado muchísimo y te prepara más abundantes gracias. España
necesita de una docena de auténticos apóstoles que la recorran e inflamen.
Hay que despertar en las almas una piedad muy honda, nacida de la íntima
unión con el Señor y cuyos frutos han de ser obras, obras, obras; obras de
caridad y de justicia. ¡Cuánta falta hacen ambas virtudes! Pobre justicia
social, en cuantos labios, … en qué pocos corazones!»
.
1. Por su ordenación de presbítero quedó la entrega
plenamente ratificada y sellada
Confía a su Cuaderno el orden ascendente de sus
entregas.
«Por mi ordenación de Subdiácono el 22 de
marzo de 1947, consciente, reflexiva, alegre y libremente me entregué
totalmente a Cristo, y Él me aceptó ...
»Por mi ordenación de Diácono el 18 de mayo
de 1947 ratifiqué mi entrega y Él me concedió el Espíritu Santo ...
»Por mi ordenación de Presbítero el 31 de
mayo de 1947 quedó la entrega plenamente ratificada y sellada. Yo soy Suyo y
Él es mío ...
»Si soy de Cristo, todo lo que Él pasó, libre
y voluntariamente, lo tengo que pasar yo ... Todo esto lo he pensado y
meditado desde el mes de septiembre de 1932 ... y paso a paso me he ido
acercando hasta que el 31 de mayo de 1947 consumé la entrega.
»¿Comprendéis por qué hice
grabar en mi cinta de manos, junto a cada fecha, un emblema?
.
En la de Subdiaconado, el de María Santísima, pues a Ella, la Purísima,
consagraba mi voto de castidad; en la de Diaconado, la cruz y la corona de
espinas, pues es el Diácono el coministro del Santo Sacrificio; y en la del
Presbiterado el Pelícano, pues el Pelícano es símbolo de Cristo, porque
alimenta a sus hijuelos con su propia sangre.
»Fijémonos en el orden ascendente
de las entregas: castidad (mortificación total del cuerpo), cruz y
espinas (mortificación total del espíritu) y pelícano (morir
víctima todos los días para alimentar con la sangre del propio sacrificio a
los hijuelos de Cristo cuyo ministro soy yo).
»Y por si todo esto expresara poco hice
grabar en mi cáliz la quinta palabra de Cristo en la Cruz: “Sitio”. ¿Creéis
que yo podría beber todos los días la sangre del Señor en ese cáliz que me
habla ... de su sed sin darle a beber en retorno de la Suya Preciosa mi
propia sangre en forma de oración, sacrificio, penitencia, estudio y
trabajo? No …
» … Todo esto lo pensé, lo medité y lo maduré
con la ayuda de su gracia en mis últimos años de Seminario. Su queja la
tenía bien grabada porque ella me guió desde el Jueves Santo de 1930 y con
arreglo a esto hice mis propósitos de Ejercicios de las distintas órdenes de
Subdiaconado, Diaconado y Presbiterado …
» … ¿Cuáles son las
características de su vida en Nazareth? Obediencia, oración, pobreza,
trabajo hasta la fatiga y ocultamiento humilde y sacrificio. Luego esas
deben ser las características de quien se le entregó:
»Obediencia: Voy a
estudiar y a completar mi formación a Salamanca
porque lo ha dispuesto El por medio de mi Obispo. Y en las épocas de
vacación escolar, tan sujeto a la obediencia estaré, como durante el curso,
iré y haré lo que me manden.
»Trabajo hasta la fatiga:
El estudio será mi principal cruz. Aprovechando hasta el minuto todo el
tiempo posible para completar mi formación, claro es que para esa formación
algo de ministerio sacerdotal: confesiones, visitas de pobres enfermos, etc.
habré de tener. Pero no hay que olvidar que desde que soy sacerdote el
tiempo de que disponga no es mío, sino de Cristo y de sus almas.
»Pobreza: A mamá no le voy
a cercenar nada de lo que en conciencia necesite para subsistir, lo
necesario también es voluntad de Dios que se lo procure y facilite, puesto
que en lo necesario también mi madre es miembro del Cuerpo Místico de Cristo
y estoy atendiendo a Cristo cuando la atiendo a ella; pero en lo no
necesario, en lo que pueda suponer cierta prodigalidad, no podría, sería
robar a Cristo un tiempo y unas energías que son suyas, para atender a la
carne y a la sangre.
»En cuanto a mí, aspiro a
vivir, dentro de la limitación que me imponga el fin principal, para el cual
el Señor me envía a Salamanca, que es el estudio, con pobreza lo más
semejante posible a la de Jesús, pues siendo Él mi Cabeza y teniendo a mi
Cabeza coronada de espinas, sería absurdo que yo me coronara de rosas, y
claro está que con la pobreza irá también la mortificación compatible con el
estudio, fin principal».
2. Todo su hombre viejo muerto para que sólo
viva Cristo en servicio de la
caridad
sacerdotal
Postrado de
hinojos ante la presencia amoroso de Dios formula sus propósitos personales
mínimos y hace el propósito de que todo su hombre viejo muera para que sólo
viva Cristo en servicio de la caridad sacerdotal.
«“Pro eis ego sanctifico me ipsum”.
»Sentido de verdad y fidelidad en el compromiso contraído con Cristo y con
los hermanos sacerdotes.
»¿De verdad somos fieles? Nos pareció que el Señor nos pedía que estas
palabras suyas fueran las inspiradoras de nuestro vivir sacerdotal y en
octubre pasado contrajimos con el Señor este compromiso. Y lo contrajimos
juntos.
»Al contraerlo con el Señor buscábamos la paz de nuestras almas.
Fue un tiempo de su gracia en nosotros. Mucho tiempo nos lo pidió y al fin
nos hizo decir “Ecce adsum”.
»Al contraerlo juntos, buscamos la ayuda del hermano y cortamos la retirada.
Nuestra santificación se ha hecho solidaria: Si yo no cumplo, si yo regateo
mi entrega al Señor os perjudico a todos, os resto gracias a las que teníais
derecho.
»Pero no es esto lo más grave, sino que le defraudo al Señor,
desde que por su amor y su gracia le dije: “Ecce adsum”. Cualquier
imperfección de un hermano sacerdote es un aldabonazo de Cristo en mi alma
urgiéndome a que se cumpla mi promesa. Puedo y debo pensar que Nuestro Señor
vinculó la concesión de esa gracia, con la que desaparecería esa
imperfección, a mi fidelidad a vivir la vocación de víctima pro plena
santificación sacerdotal a la que Él me llamó.
»¿Ponderamos bien en nuestras almas, meditamos bien en la transcendencia de ese “pro eis sanctifico me ipsum? ... .
»Entrega a muerte al
servicio de la caridad sacerdotal».
«Señor y Amigo fidelísimo
–escribe en otra
ocasión–:
Ya que la cooperación de mi libertad a tu gracia te permite satisfacer la
sed de la divina gloria que manifestaste en la cruz, satisface tú la sed que
tú mismo has encendido en el alma de tu sacerdote; reproduce con tu gracia
en esta humanidad, que te entregué el día de mi ordenación de subdiácono,
los misterios de dolor y de cruz de tu vida mortal a fin de que todo mi ser
anuncie las maravillas de tu amor».
3.
Pide a su buen amigo Joaquín Ruiz–Jiménez
le haga el favor de ser con su
mujer Mercedes el padrino
de honor de su primera Misa
Lo hace con
suma delicadeza y le invita a proceder con santa libertad. Éste aceptó con
mucho gusto.
« ... Tu persona
–le
dice–
representa para mí los dos grandes Ideales por los que ofrendé mi vida al
Señor en aquellos días hermosos de la Cruzada: la juventud española, que con
generosidad y heroísmo alegre dio su vida por Cristo en checas y frentes, y
los Pueblos Hispánicos en apretada Comunión de los Santos al servicio de
Pedro el Pescador. Entonces cuando os contemplaba partir para el frente, con
secreta envidia, le pedía al Señor que se dignara tomar mi vida para que se
consumiera toda al servicio de esa juventud que le confesaba con su sangre;
y entonces también ante el Sagrario y sintiendo en mi alma el estímulo del
dolor de nuestros mártires y del gozo de vuestro heroísmo es cuando Él me
hizo concebir el Ideal de España y lo Hispánico Vanguardia de Cristiandad.
Después Él me alumbró con su gracia y os llevé al Pilar y en el Camino de
Santiago me sacó de entre vosotros para traerme a su Seminario y en él irme
trocando en sacerdote suyo.
»¿Quieres, bizarro y apostólico Teniente Provisional de la
Cruzada, ex–Presidente de Pax Romana y Director del Instituto de Cultura
Hispánica, apadrinar la primera Misa del que el Señor escogió para
presidiros durante los días en que su gracia nos hizo decir “Possumus”? …
»Pensé decírtelo personalmente, pero luego he pensado que por carta es
mejor, pues tienes más libertad para decidir.
»Procede con la santa libertad con que te da derecho el afecto
cristiano que nos une; me conoces muy a fondo y sabes que mi afecto es
invariable; hace trece años que el Señor por medio de una caricia de su
Vicario en la tierra metió en mi corazón un poco del amor infinito que Él os
tiene y ese Amor de Cristo a la Juventud de España»
.
4. El cáliz de su primera Misa
Por SIGNO
conocemos los datos relativos a su cáliz.
«Fue donado
–dice– por el Consejo Superior y los Decanos del mismo. En él hay algo más
que un regalo, ya que en su elaboración han intervenido también motivos
sentimentales.
»El dibujo general del cáliz se debe a Juan del Amo, antiguo Propagandista
del Consejo Superior y ahora sacerdote. Las viñetas de los misterios y de
las advocaciones de la Virgen se han tomado de las que ilustran el misal del
P. Germán del Prado, editado en Bélgica por Léfévre, y se deben al
inolvidable Manolo Llanos –nuestro Manuel mártir–, que fue también
Propagandista del Consejo Superior y Delegado de Aspirantes en el Centro de
San Jerónimo.
»El texto
escrito en la base del cáliz dice:
»EM: APARICI: PRAECLARO: XPIANAE: HISPANIA-RUM: IVVENTVTIS: COMPOSTELAM:
PERGENTIS: PERPET-VO: DVCTORI: MERITO: SODALES.
»Cuya traducción es: “Al ilustre Manuel Aparici, perpetuo Capitán de la
cristiana Juventud de las Españas peregrinante a Compostela, sus
compañeros”.
»Este cáliz
ha sido realizado por los magníficos orfebres Marcelino y Miguel Cruz, el
primero de los cuales también Decano de nuestro Consejo.
»Los motivos
que ornan la parte superior del cáliz representan la Asunción, la Concepción
Inmaculada, la Maternidad y la Mediación Universal de María.
»En el nudo
del cáliz van las cruces: de la victoria, de Santiago, la romana y la
insignia de Acción Católica, separadas por las imágenes de los cuatro
evangelistas.
»El árbol
del cáliz presenta los símbolos eucarísticos de las espigas y los racimos.
»El pie,
octogonal, recoge los misterios principales de la vida de Cristo:
Encarnación, Natividad, Epifanía, Jesús entre los doctores, Bautismo, el
Buen Pastor, Sagrada Cena y Crucifixión, separados entre sí por vieiras
compostelanas.
»En la
alegoría del último misterio figura al pie de la cruz, por deseo especial de
Manuel Aparici, la palabra “Sitio” ...
»El cáliz es
de plata sobredorada y pesa 855 gramos».
Años antes, pero ya siendo
seminarista, «la IV Asamblea Diocesana de la Juventud de Acción Católica de
Navarra –escribe SIGNO– le dedicó un recuerdo emocionante haciendo entrega
al Presidente actual, Antonio García–Pablos, de un magnífico cáliz de plata,
obsequio de la juventud navarra, a Manuel Aparici para cuando sea sacerdote»
.
5.
Con motivo de su primera Misa
quería evitar
que
se hiciera ruido y pedía
oraciones para él
y sus hermanos
No quería que las personas a
las que informaba dijesen nada a nadie. Quería evitar que se hiciera ruido,
pues como decía en Burgos «el ruido no hace bien y
el bien no hace ruido». Asimismo, «prefirió
que el dinero destinado a regalarle la Patrología de Migne fuera repartido a
los pobres»
.
«No
quiero de ninguna manera que mi primera Misa haga ruido
–le decía a Joaquín Ruiz–Giménez
,
al menos ante–factum,
post–factum si SIGNO quiere decir, que diga lo que quiera. Aspiro a que
dentro de lo posible sea una Misa íntima: mis familiares, Decanos del
Consejo, Grupo de Propagandistas que presidí, algunos miembros de la Junta
Técnica y de los Consejos Superior y Diocesanos de Jóvenes, tres o cuatro
docenas de miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y
algunos amigos particulares y del Cuerpo de Aduanas al que
pertenecí».
Por otro
lado, pedía a todos que le encomendasen a él y a sus hermanos, que con él
iban a ser ordenados sacerdotes o a recibir el subdiaconado y diaconado,
para que no frustren los misericordiosos designios del Señor.
«Ruega –le dice, por ejemplo, a Sor Carmen y su Comunidad
el 11 de mayo de 1947–
que nos encomienden.
Nuestro interés es el mismo. Ardemos en las mismas ansias de santidad;
queremos ser santos para que Él sea glorificado en nosotros, pero a nosotros
nos ha elegido para consagrar su Cuerpo y Sangre y para dar su vida a las
almas. Pidan ustedes para que seamos otros Cristos no sólo por la santidad
ontológica de la ordenación, sino también por la moral de la perfecta
fidelidad en la imitación de Cristo–Sacerdote».
Agradecía sus oraciones y sacrificios y prometía tenerlas pre-sentes en el
«memento» de su primera Misa y luego ofrecer el Santo Sacrificio por esa
Comunidad.
6. Tres días después de su ordenación sacerdotal, el 3 de
junio, celebra su primera
Misa
ECCLESIA,
el BOLETÍN
DE DIRIGENTES
y
SIGNO
recogen los momentos emotivos de su primera Misa con palabras cálidas y
entrañables
.
De ellos es lo que sigue.
El día 3 de
junio de 1947 celebra su primera Misa en la Iglesia Parroquial de San Ginés,
de Madrid, que era la de su domicilio. Revistió solemnidad y alegría
emocionadas. Toda la juventud española estuvo presente en el «memento» de
Manolo, a la par que las representaciones y los amigos rodeaban el altar.
Actuaron de diácono presbítero y subdiácono –escribe ECCLESIA– D. Manuel
Arconada Flores, que ha recibido la consagración con el nuevo celebrante, y
D. Mauro Rubio Repullés, y de maestro de ceremonia, D. Miguel Benzo. Fueron
presbíteros asistentes y padrinos eclesiásticos los Rectores de los
Seminarios de Madrid y Jaén, Doctores D. Juan Ricote y D. Emilio Bellón,
respectivamente; padrinos de honor, D. Joaquín Ruíz–Giménez y su esposa, Dª
Mercedes Aguilar, y padrinos de mano, la madre del celebrante, Dª Elena
Navarro de Celada, y D. Rafael Navarro. Ocupó la sagrada cátedra el Deán de
la Santa Iglesia Catedral de Zaragoza y Viceconsiliario General de la Acción
Católica Española, D. Hernán Cortés Pastor, quien, en elocuentes y
emocionadas palabras, evocó los tiempos heroicos del apostolado juvenil de
la Acción Católica y el hondo significado del acto que se celebraba. La Misa
cantada fue interpretada por la Schola Cantorum del Seminario de Madrid.
Asistieron al acto, entre otras personalidades, el Obispo preco-nizado de
Ereso y Consiliario General de la Acción Católica Española, Mons. Zacarías
de Vizcarra; el Ministro de Asuntos Exteriores, D. Alberto Martín Artajo; el
Director General de Aduanas, D. Gustavo Navarro y Alonso de Celada; el
Teniente General Saliquet; el Presidente de la Asociación Nacional de
Propagandistas, D. Fernando Martín Sánchez Juliá; el Consejero Delegado de
la Editorial Católica y miembro de la Junta Técnica Nacional de Acción
Católica, D. Francisco de Luis; los antiguos Presidentes Nacionales de la
Juventud de Acción Católica: señores D, José María Valiente, D. Alfredo
López y D. Antonio García–Pablos; el Vicepresidente y el Secretario de la
Junta Ténica Nacional de Acción Católica, Sres. Granda y Martínez Pereiro;
el Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, D. José María
Mohedano, al frente del Consejo Superior; Decanos y colaboradores;
representaciones de los Consejos Diocesanos y de los Centros de Madrid; el
Director del Secretariado Diocesano de Ejercicios Espirituales, P. Llanos,
S.J.; el antiguo Presidente del Consejo Diocesano de Zaragoza, Sr. Viu, y
numerosos seminaristas y compañeros de apostolado del misacantano.
En el altar
destacaban las banderas y banderines de los organismos superiores de la
Acción Católica Española.
Concluida la
Santa Misa, el misacantano, por privilegio especial del Papa, dio la
bendición papal a los fieles, y después se celebró un solemne besamanos,
desfilando ante el nuevo celebrante los asistentes al acto».
«Manuel
Aparici –escribe SIGNO– ha levantado por primera vez el sacro cáliz y
trazado con su mano el signo de bendición de la cruz. El Sacramento del
Orden ha trocado al joven de Acción Católica, Presidente Nacional de una
etapa heroica y martirial, en ministro del Altísimo, hombre tomado de entre
los hombres, pero constituido por encima de ellos para las cosas que atañen
al servicio de Dios. Con Manuel Aparici, la Juventud de Acción Católica
recibe el beso de Cristo, pues caricia y regalo providentísimo y admirable
es que el Señor se haya dignado arrancar de entre nosotros, para ponerle a
la cabeza de legión de vocaciones surgidas en estos años maravillosos de
nuestro resurgir, al que fue “Capitán de Peregrinos” de santidad, jefe en la
guerra y en la paz de una juventud batalladora y abnegada, que recibió de su
verbo cálido y de su ardiente celo apostólico la lección de entrega que
ahora ratifica con personal dedicación al altar».
Días después, casi a finales de junio, va a la
Virgen de Guadalupe con sus compañeros de curso y de ordenación para tener
con un grupo de jóvenes hispanoamericanos un acto de Consagración de sus
sacerdocios a la Virgen, en servicio de Vanguardia de Cristiandad.
En el primer aniversario de su
primera Misa escribe en su Diario: «Me
estorbaba la gente. Sólo un cuarto de hora pude llorar a solas, de amor. A
la tarde, las manos que Él acarició, acariciaron a sus pequeñuelos y les
repartieron pan».
7. Carta
de agradecimiento a su Obispo
En nota
manuscrita, sin fecha ni firma, figura el texto de una carta de
agradecimiento a su Obispo. ¿La cursó? Conociendo a Manuel Aparici no hay
ninguna duda que lo hizo. Dice así:
«Mi querido Sr. Obispo:
»Aunque era deseo vivísimo mío haberle saludado personalmente
para reiterarle mi gratitud por todas las bondades que tuvo siempre conmigo
y especialmente durante mi vida de seminarista y en la promoción a las
sagradas órdenes, sin embargo no había sido posible: de una parte, las
importantes atenciones de V.E. y de otra, los compromisos de los primeros
días de nuevo sacerdote hicieron que se pasara el tiempo hábil de
audiencias.
»Y por ello, ya que no me ha sido posible de palabra, permítame V.E., aunque a trueque de embargarle algunos minutos, que desahogue en una
líneas este corazón sacerdotal lleno de gratitud y amor para con su Padre y
Pastor en Cristo Jesús. Larga es la serie de beneficios del Señor recibidos
por mediación de V.E.: el primero, que quedó profundamente impreso en mi
alma, fue aquel largo y amoroso abrazo que V.E. me dio en la tarde del 31 de
agosto de 1936 cuando fui a pedir al Padre y Pastor de mi alma que se
dignara darme luz y consejo sobre lo que pudiera pedirme el Señor en
aquellos momentos primeros de la Cruzada, después, además del cotidiano de
encomendarme al Señor como a ovejilla de su grey, cada vez que Jesús me
concedió la gracia de verle fue nuevo beneficio y que culminó en mi
existencia seglar con confiarme el servicio de nuestros amados jóvenes desde
la Presidencia interina del Consejo Diocesano al liberarse Madrid. Mas todo
fue nada junto a su bondad cuando fui a pedirle el último puesto entre sus
seminaristas, si antes tuvo bondades de padre, desde entonces tuvo
delicadezas y ternuras de madre; V.E. hizo conciliables, concediéndome el ir
a almorzar con mi madre los domingos, los santos deberes de la vocación y la
piedad filial, y después en cada una de las órdenes que de sus manos recibí
yo sentía derramarse la caridad de que está llena su alma sobre la pobre mía
hasta que al fin el día de la Mediación Universal de nuestra Santísima Madre
impuso sus manos sobre mí y puso en mis manos ungidas el Cáliz del Señor.
¡Dios le bendiga Sr. Patriarca por tantos y tan inmensos beneficios.
»Finalmente, perdóneme que haya distraído su atención por unos
momentos con mi insignificancia; pero sentía la necesidad de mostrarle mi
gratitud y de decirle que esta pobre alma a quien V.E. llamó a participar en
el sacerdocio de Cristo le ama y le venera y como el amor nada dura tanto
como el gozo y el contento del Amado, no deseo, ni quiero, ni aspiro sino a
estar siempre en manos de la santa obediencia que toda mi alma le prometió
el día inolvidable de la ordenación sacerdotal. Si alguna vez me olvidara de
estos propósitos añada V.E. a sus muchas bondades, la de recordármelos».
8. Su primer destino: Coadjutor provisional
Recién ordenado sacerdote, aunque el Vicario y
Obispo Auxiliar de Madrid–Alcalá le había dicho que no le daría destino, le
pidió, si no le causaba violencia, fuera a San Lorenzo de El Escorial como
coadjutor provisional. Claro es que cogió la maleta y se fue.
«Aunque tú hayas recibido con humildad y de buen grado el inesperado
nombramiento –le dice E. Martín, sacerdote
–, según la virtud que te
caracteriza, yo lo siento porque al fin y al cabo te han hecho una trastada
y te han destrozado el plan que tú tan legítimamente te habías trazado, y,
por tanto, adiós al veraneo de tu madre, a los Ejercicios y a tu preparación
para el curso de Salamanca; es evidentemente un contratiempo, pero el hombre
propone y Dios dispone ... ».
Tales eran sus consuelos y gozos de las
primicias sacerdotales que escribió a sus buenos amigos, los padres de Sor
Carmen, Ana María, José y Antonio Rivera, contándoselos éstos. « Recuerdo
especialmente –dice Ana María– como hablaba del tiempo de confesionario
–sobre todo con los jóvenes–, de perdonar a los pecadores y ser objeto de la
misericordia de Dios». Pero está preocupado por la languidez espiritual que
veía a su alrededor.
«La contextura joánica de su
pensamiento y la vibración paulina de su temperamento daba un relieve a su
acción sacerdotal que fácilmente ponía a sus educandos en el camino de la
búsqueda y el descubrimiento del sentido de Dios en cada coyuntura y
circunstancia de la propia existencia. Existencia que siempre concebía y
plasmaba en el comportamiento como peregrinaje esperanzado hacia la unidad
del Padre, en Cristo e impulsado por el Espíritu Santo»
.
¡Es el mismo
Manuel Aparici de siempre!
9. Segunda
etapa de silencio de su vida
Cuando le faltaban tan sólo dos
meses para incorporarse a la Universidad Pontificia de Salamanca, Facultad
de Teología, en cartas dirigidas a Sor Carmen le comunica que pronto
comenzará la segunda etapa de silencio de su vida, el Colegio donde residirá
con toda probabilidad y sus inquietudes
.
«
Quiero hacer
–le dice–,
mejor dicho lo quiere la gracia que vive en mí, para prepararme en estos dos
años y medio en Salamanca. Necesita Él que mi
alma avance por el camino de la Luz hasta tocar los linderos de la vida
unitiva, sólo entonces me será provechosa la Teología que vamos a estudiar.
Nunca como ahora he sentido urgida mi alma a la santidad heroica; a eso voy,
el premio de esta carrera es la santificación de la juventud de nuestra
Patria. Duro será el silencio; pero es más elocuente que las palabras porque
será vivir de fe».
«Mi
estancia en Salamanca y probablemente en el Colegio de Santiago … me
permitirá trabajar por la incorporación a la empresa “España y lo hispánico
Vanguardia de Cristiandad” entre todos los estudiantes de estas Órdenes
y
de las distintas Diócesis de España y tal vez de Hispanoamérica, puesto que
se está trabajando para la apertura de un Colegio Hispanoamericano».
Pero sobre todo
«habré de consagrarme al
estudio
–le dice al Rvdo. Antonio Santamaría González
,
ya que es lo que el Señor me pide en el futuro próximo y, además, creo que
será más provechoso para las almas el día de mañana».
Todo el problema de la
formación sacerdotal lo centraba en una cosa muy sencilla pero a la vez muy
difícil: en que se llegue a los estudios de Teología en grado bastante
avanzado de vida iluminativa; porque –decía–las tesis teológicas no interesa
saberlas, sino saberlas y saborearlas en la luz de los dones del Espíritu
Santo.
Esta formación duró nueve años:
Desde octubre de 1941, fecha en que ingresó en el Seminario, hasta 1950, año
en que finalizó sus estudios en Salamanca para hacerse cargo de la Consiliaría Nacional de la Juventud de Acción Católica para la que había
sido nombrado en dicho mes y año. Los seis primeros años (1941/1947) los
cursó en el Seminario de Madrid–Alcalá y los tres restantes (1947/1950) en
Salamanca.
