
INTRODUCCIÓN
«El proceso de la Juventud de
Acción Católica Española (J.A.C.E.)
–escribe
Salvador Sánchez Terán
–
es un capítulo significativo en la historia del apostolado seglar y de la
Iglesia española. Su estudio es necesario para todo el que quiera conocer
nuestra evolución religiosa en el siglo XX», porque
«cuando
las instituciones avanzan en edad
–escribe en
SIGNO Manuel Aparici
–
conviene de
cuando en cuando hacer algo de historia para que sus miembros más jóvenes
participen del espíritu que les dio vida y se incorporen plenamente a ellas.
»Y tratándose de una obra de jóvenes y sobrenatural como la
Juventud de Acción Católica
,
la historia es mucho más necesaria, pues de una parte, el cambio de los
miembros que la componen es más rápido, y de otra gran parte de sus acuerdos
y conclusiones no afectan solamente a los que en aquel momento la integran,
sino también a los que en el transcurso del tiempo la gracia de Dios ha de
atraer a ella».
«Dejo a otras plumas –escribe,
por su parte, Enrique Pastor, con motivo de las Bodas de Plata de esta
Juventud– que narrarán con palabras teñidas de delicada emoción las
primeras experiencias de nuestra Obra, el cuidado de inyectar en los
corazones de hoy el entusiasmo por las glorias de ayer ...
»Después de fijar nuestra vista en lo que pasó
hace veinticinco años ¿por qué no alzar una mirada sobre lo que podrá ser
dentro de veinticinco años ... si nos aplicamos durante ellos en el trabajo
y en el heroísmo, como, llenos de orgullo, hemos de proclamar que lo ha
hecho en estos últimos lustros una generación que, cubriéndose de gloria,
tiene que ser para nosotros un ejemplo y un estímulo? ... Quien no avanza
retrocede, demos el paso cotidiano en el camino de la perfección
y de la santidad
, y teniendo en cuenta el glorioso lema que
heredamos, seamos en piedad más audaces; en el estudio, más entregados, y en
la acción, más rápidos, eficaces y seguros»
.
Pensamos que su figura, una de las
más importantes de la Iglesia española del siglo XX, apóstol con vocación de
crucificado que él mismo pidió a Cristo –¡Todo por Cristo! Era su lema
– y gran apóstol de Hispanoamérica
, es digna de la más atenta consideración. Fue
testigo clave de la historia de esa Juventud –donde quiso el Señor que
ejerciese su apostolado y se santificase– durante los años 30 al 60 del
siglo pasado. Presidente Nacional durante siete años, desde 1934 hasta 1941,
año en que cesó para ingresar en el Seminario
, desde donde desarrolló
una ingente tarea de apostolado y humanitaria a la que estaba totalmente
entregado –su Presidencia no era simplemente burocrática– , y, después de su
ordenación sacerdotal y de su etapa de formación en la Universidad
Pontificia de Salamanca, Facultad de Teología, a donde le había mandado su
Obispo a completar su formación, Consiliario Nacional durante nueve años,
desde 1950 hasta 1959
,
año en que tuvo que cesar por grave enfermedad de la que moriría en 1964.
Vivió y murió en olor de santidad. Fueron treinta años al servicio de la
Iglesia –su identificación con ella era total– y del Papa, de los sacerdotes
y de los jóvenes.
Como seglar puso en marcha e impulsó uno de los
más formidables movimientos juveniles de espiritualidad y apostolado en
España de los últimos tiempos
:
el de la Juventud de Acción Católica de la que fue su alma y su vida, su
artífice y sostén
; porque «decir Manuel Aparici era decir
Juventud de Acción Católica»
(en él está encerrada casi toda la historia y el espíritu de esa Juventud
, «¡aquella Juventud que
él quería unida en torno al Papa y a los Obispos!»
. Había asumido e
interpretado con mucha claridad el espíritu de la Acción Católica definida
por Pío XI.
Su ejemplo personal –asegura Mons. Mauro Rubio
Repullés–supuso el avance definitivo del apostolado seglar en España.
«Animaba siempre al compromiso cristiano del laicado para la renovación de
la Iglesia española»
.
«La
concepción que tenía del apostolado laical era la correcta, ortodoxa y
precisa, incluso con una visión profética certera, porque después de su
muerte tuvo lugar el Vaticano II, que de diversas maneras dijo lo que tantas
veces le oí decir a D. Manuel con claridad y entusiasmo indecible. ¡Cuántas ideas de los Decretos del Concilio le había oído a
D. Manuel, no digamos la “Llamada universal a la santidad”!»
.
Se anticipó en
muchísimas cosas a las que después diría el Concilio: Doctrina y testimonio
de vida, el papel del seglar en la Iglesia y en el mundo, el Ideal
Peregrinante, el Ideal de santidad y apostolado, la adhesión a la Jerarquía,
valoración de la vocación sacerdotal como algo fundamental en la Iglesia
etc.
Trabajó principalmente durante toda su vida en
contacto directo con las almas de los Jóvenes de Acción Católica, «aunque no
le fueron ajenos los demás campos de apostolado»
.
Su figura, su vida, su obra y
espiritualidad, que impresionó a quienes le conocieron, llenan una página de
la historia religiosa de España en el siglo XX y le convierten en testimonio
vivo y modelo ejemplar de apóstoles seglares y de sacerdotes. ¡Cuánto bien
podría hacer, en la Iglesia de hoy, su ejemplo!
Con su respuesta al llamamiento del
Papa Pío XI a una «Cristiandad ejemplar»
y su «vocación hispana»
–vocación comunitaria de los pueblos hispánicos al apostolado, para la
salvación del mundo– puso en pie de marcha peregrinante a esa Juventud y
supo despertar en ella un alto ideal de santidad y apostolado: el Ideal
Peregrinante
,
como estilo de Vida. De apostolado, porque se trataba de convocar en
Santiago a las Juventudes Católicas de los pueblos hispanos a una empresa
común de reconquista del mundo para Cristo. De santidad, porque tal
empresa habría de exigir de quienes se comprometieran a ella una vida de
verdadera santidad, personal y comunitaria.
Movido por las ideas de Manuel Aparici, Antonio
Rivera, el «Ángel del Alcázar», en unos Ejercicios Espirituales escribió su
propósito: “Para Santiago he de ser santo”. Muerto Antonio Rivera, este
grito -«¡Para Santiago, santo!»- fue el lema de los jóvenes peregrinos en
los largos años de caminar en espíritu hacia Compostela.
No todos, sin embargo, estaban de acuerdo con
él. Entre sus inmediatos colaboradores algunos pensaban –como era opinión
común aquellos años– que la santidad es cosa de pocos, los demás hemos de
contentarnos con ser buenos.
Después del retiro a que
asistió sobre introducción a las virtudes sacerdotales (era ya seminarista),
anota en su Diario
:
«Me ha sido útil, pues he oído fuera de mí mismo lo
que hace diez años venía practicando ... ».
Año y medio después, l 11 de junio de 1946,
siendo seminarista, le dice a José Rivera Ramírez:
«Desde 1931 a 1941 me pasé todo el tiempo que estuve en el Consejo
Superior diciendo que lo único que había que exigirle a un joven para ser
miembro de la Acción Católica era que tuviera una aspiración firme y sincera
a vivir en gracia de Dios; también fue norma de los Consejos de que formé
parte y presidí el pedir a los jóvenes santidad y hasta santidad heroica.
Sabía que muchos de fuera del Consejo, y aún algunos del Consejo, decían que
yo no estaba en la realidad; vi muchas sonrisitas que querían significarme
que era un iluso, en bocas en que no las debiera haber visto; pero cuando
ofrendé mi insignia a la Virgen del Pilar en el acto que celebró el Consejo
Diocesano de Zaragoza tuve la satisfacción de oír de labios de D. Hernán
Cortés
:
“cuántos y aun compañeros del Consejo Superior de Manolo venían a decirme
que le frenara en el pedir santidad a los jóvenes porque no estaba en la
realidad, y ahora después de siete años tengo que decir que el que estaba en
la realidad sobre el poder de la gracia era Manolo, puesto que en la
Juventud de Acción Católica durante su Presidencia han florecido 7.000
mártires y 2.000 vocaciones sacerdotales”. Y ahora argumento yo, como del
hecho a la posibilidad la ilación es perfecta, no hay duda de que los
jóvenes de Acción Católica pueden vivir en gracia, si quienes los dirigen,
seglares y sacerdotes, viven entregados a esta santa misión. ¿Cómo? Es muy
largo de decir y hoy me falta tiempo. Ya lo hablaremos este verano. Hasta
entonces».
Si entonces aquellos jóvenes
aspiraban a ser santos («Para Santiago, santo»), hoy el Concilio Vaticano II
nos proclama con claridad meridiana la universal vocación a la santidad: «En
la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los
apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del
Apóstol: «Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”»
.
Toda su vida y su obra está
impregnada del Ideal Pere-grinante. «La sed de almas que … quería despertar
en los suyos le llevó a comprometerles a esforzarse por una Cristiandad
“ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”. La ansiada
peregrinación a Santiago de Compostela
había de ser el medio
para tan intrépida decisión»
.
Era para todos el alma y el impulsor principal.
«Levantó bandera contra el
neopaganismo, consiguió una organización de apostolado juvenil como desde
entonces no ha vuelto a haber. El neopaganismo, con unas u otras formas, es
algo que hay que seguir combatiendo con el denuedo de Manuel Aparici y poner
en marcha una organización de apostolado juvenil de acuerdo con los tiempos
actuales»
.
Mons. Ricardo Blanco, a la sazón
Obispo Auxiliar de Madrid–Alcalá, al glosar la personalidad y la obra de
Manuel Aparici, la evocó en tres facetas: «humilde converso», «apóstol
infatigable» y «gran víctima»
.
Pero tan certeramente como él lo hizo el Cardenal D. Ángel Herrera Oria al
calificarlo de «Coloso de Cristo, de su Iglesia y del Papa»
. Y con estas palabras del
Cardenal podríamos resumir la figura de este gran apóstol de nuestro tiempo.
¿Pero cuánto de grande?, nos podríamos
preguntar.
En la página 83 de “Camino”, Edición
crítico–histórica preparada por el Dr. D. Pedro Rodríguez, Instituto
Histórico Josemaría Escrivá, 2ª edición, corregida, Ediciones Rialp, S/A.,
se lee que «en los días finales de la redacción decidió el Autor dedicar el
nuevo libro –todavía con el título antiguo: Consideraciones Espirituales–
a Manolo Aparici, Presidente de la Juventud de Acción Católica: que tanto
sabe de juventud vibrante y de apostolado».
También hace referencia a él en las páginas 90,
97 y 140.
«Sus sucesores, Antonio García–Pablos
el primero
,
mantuvieron sus enseñanzas apostólicas con una fidelidad tocada de su sed de
almas»
.
Esta biografía nos ofrece una semblanza de las
diversas facetas de su rica personalidad, aunque no podamos agotarla en su
fecunda riqueza de datos, de fechas, de rasgos personales, de notas, etc. Se
trata, sin embargo, de una primera aproximación al conocimiento de la
figura, la vida, la obra y espiritualidad de este apóstol infatigable,
figura excelsa de la Iglesia española, cuyo recuerdo aún perdura, enamorado
de Cristo, de su Iglesia y de España, digno de la más atenta consideración,
en el que habrá que seguir profundizando.
La obra se convierte así, en un libro abierto,
en un ensayo que, como tal pueda ampliarse, discutirse y revisarse. Ese será
el trabajo de otros y nosotros así lo deseamos.
Tiene un carácter temático, procurando mantener,
en la medida de lo posible, la cronología de los hechos y de los
acontecimientos lo que a veces conlleva un cierto, aunque mínimo,
solapamiento de los temas, con el fin de no romper en ningún momento el
tratamiento unitario y el hilo conductor de los hechos.
Quiere
ser, además de un recuerdo entrañable y agradecido al «Capitán», un
testimonio de los militantes de la Juventud de Acción Católica de ayer para
los militantes de la Acción Católica de hoy. Son sus raíces, pues recogen la
memoria histórica más reciente y abren las puertas a ulteriores
investigaciones y estudios.
También se ha servido de
la Semblanza Biográfica, apunte para una biografía, preparada por la
Postulación de la Causa en su fase diocesana, de 83 páginas, de 14,5 x 21,
Madrid 1994, a los treinta años aproximadamente de su muerte, en la que la
Postulación trata la materia con un sentido verdaderamente crítico y se ha
hecho merecedora de la máxima credibilidad. Para su redacción dispuso de
óptimas fuentes, pues pudo entrevistarse con muchas de las personas que
conocieron y trataron a Manuel Aparici y manejó los escritos y documentos
conservados en los archivos de Peregrinos de la Iglesia, de los que una
copia autenticada obra en poder de la Congregación para las Causas de los
Santos. Asimismo, obra en poder de la Congregación un ejemplar de la
Semblanza enviado el 4 de mayo de 1994 por el entonces Arzobispo de
Madrid–Alcalá, Cardenal D. Ángel Suquía Goicoechea, al Emmo. y Rvdmo. Señor
Cardenal Angelo Felici, Prefecto de la Congregación para las Causas de los
Santos.
A nuestro juicio es preciso
destacar el artículo sobre «El espíritu del Peregrino» y la colección de
artículos «El compromiso de Peregrino», 1948, modesta edición, que recoge el
pensamiento de Manuel Aparici sobre la Peregrinación a Santiago.
En el prólogo de este último, Juan Candela
Martínez, a la sazón Presidente del Consejo Diocesano de los Jóvenes de
Acción Católica de Murcia, más tarde testigo en la Causa de Canonización del
Siervo de Dios, decía, entre otras cosas:
«Nosotros nacimos a plena vida de la Juventud de
Acción Católica de España, llevados de la mano de aquel Aparici de la
inmediata posguerra, que incansable recorría las Diócesis recién liberadas …
Porque como el mismo Aparici nos dirá después, “toda gran empresa
requiere un pensamiento común en quienes la sirven” …
»No es tanto, pues, hoy y ahora, el oír, el leer
y el meditar lo que Aparici ha dicho sobre Peregrinación, un deber de
justicia y de gratitud cuanto una necesidad ineludible que nos marca nuestra
condición de dirigentes y jóvenes que vamos a dar cima en el próximo agosto
a la proyección histórica y concreta de la esencia misma de nuestra Obra, la
cual hemos de legar a las futuras generaciones, y sobre todo a nuestros
Aspirantes, con la pureza y ortodoxia con que la recibimos.
»Y como la esencia de nuestra Obra es peregrinar
y, en no poco, peregrinar por los ideales y con el estilo que nos marcó
Aparici, el “Compromiso de Peregrino” que Aparici redactó es la síntesis de
cuanto puede definirnos y de cuanto tenemos que realizar…
»Es precisamente el molde de aquel ya viejo y
perennemente vivo “Compromiso de Peregrino” del que se ha servido Manuel
Aparici, desde su dulce altura sacerdotal y desde el acervo de amores,
desvelos y experiencias que fue toda su vida de joven de Acción Católica y
de Presidente Nacional, para trazar toda la teoría de nuestra Obra. Y lo
hizo no sólo para inmediata enseñanza de cuantos peregrinamos a Santiago en
este Año Santo de 1948, sino también con la previsora intención de legar a
todas las generaciones juveniles hispánicas cuanto el Señor quiso que fuese
el pensar, el sentir y el obrar de la Juventud de Acción católica, según
pudo percibirlo y adivinarlo –el que era ya, por designio de la Jerarquía,
Capitán de Peregrinos–. De la forma misteriosa y feliz con que siente la
voluntad de Dios él que es mayor y guía entre los hermanos.
»Por eso es posible ver en el
contenido mismo de estas glosas a cada uno de los puntos principales de
nuestro “Compromiso de Peregrino”, ese claro sentido trascendente a lo
puramente circunstancial de un par de fechas ciertamente importante, pero al
fin pasajeras e históricas, que son el 28 y 29 de agosto de 1948. Porque
tales glosas calan en lo hondo de la teoría de la peregrinación con ánimo de
desvelarnos justamente lo teológico, lo ascético y lo místico de aquella,
que si tendrá su plasmación muy clara y expresiva en la próxima epifanía
triunfal de Santiago de Galicia, ha de ser base perenne de nuestro pensar y
vivir como Juventud de Ación Católica a través de todos los tiempos,
mientras el Señor sea servido de mantener en la Iglesia española aquel brote
fecundo de su Amor, configurándolo como una encarnación viva y ejemplar de
la Palabra y la Vida de Jesús, alzada ante un mundo que necesita hoy y
necesitará siempre de la Vanguardia de Cristiandad.
»La aportación en este sentido de Manuel Aparici
es valiosísima para la Juventud de Acción Católica de España. Con ello se
responde también a la pregunta de muchos: ¿Qué hacer, qué decir, qué pensar
cuando regresemos de Santiago? …
»Son los capítulos que siguen una serie de
artículos publicados por Manuel Aparici en nuestro semanario nacional SIGNO,
tan amado de él y de toda la Juventud de Acción Católica No todos, sin
embargo … “Plano de la Cristiandad futura”, a pesar de su brevedad, es de
tal densidad en sugerencias, que él, por sí solo, basta para proporcionar
ideas con que entender glosados algunos puntos del “Compromiso” no
específicamente tratados bajo su rúbrica particular.
»El libro queda así con la primitiva redacción y
frescura de ideas con que fue elaborándose en SIGNO, salvo contadísimos
retoques hechos por el propio autor, coronado con el Capítulo la
“Peregrinación y el Papa”, que, sin ser una glosa concreta a algún apartado
del “Compromiso”, es, sin duda, un digno colofón que Aparici ha querido
poner a toda la teoría de nuestra Peregrinación que desde 1934, 1936 y
concretamente desde el 14 de marzo de 1937 no se concibe sin que la figura,
la palabra y la presencia, en fin, venerables del Pontífice la presidan …
»Y porque aun esto sea apoyado con
palabras del propio Aparici, consignaremos aquí lo que él mismo dirá más
adelante: “No pretenden ser estos artículos un tratado de todo lo que el
compromiso de peregrino enuncia y menciona, sino una ayuda a la que me
obliga el título de Capitán que me otorgasteis”. La nota de modestia es
evidente, pero no extraña, como sabemos, en el autor. Mas es justamente este
título de Capitán de Peregrinos, que le otorgó la Juventud de España, con el
que Aparici se presenta de nuevo a ella por medio de esta obra, y el que,
por estar bien justificado y atribuido según lo siente el sincero y
apasionado corazón de esta misma Juventud, basta para privarnos de intentar
por nuestra parte una presentación del autor, al uso en todas las líneas
preliminares de un libro. Dicho intento hubiera sido imperdonable para una
generación como la nuestra, que recibió de los labios y la pluma de Manuel
Aparici las primeras noticias de nuestra Obra y aprendió de su vida el amor
y la generosidad con que hay que servirla.
»Como queda explicado que fue sólo el amor que
Aparici tiene a esta Juventud de nuestra Diócesis el que le llevó a
consentir que fuéramos los meros recopiladores y editores de su doctrina, a
nosotros sólo nos resta testimoniarle aquí nuestra gratitud y pedir al Señor
porque sus palabras calen cada vez más en el alma de la Juventud a quienes
van dirigidos».
Por otro lado, las declaraciones y
testimonios de todos los testigos: Cardenales, Arzobispos, Obispos,
sacerdotes (dos de ellos compañeros suyos en el Seminario), religiosas y
religiosas, y seglares (colaboradores, amigos y familiares, entre ellos
varios sobrinos y primos)
,
son de suma importancia teniendo en cuenta la época en que le conocieron,
trataron, convivieron y/o colaboraron con él, algunos muy estrechos
colaboradores en su etapa de seglar y/o de Consiliario, llegando incluso
varios de ellos a tener amistad y/o intimidad con él Cubren casi todo el
arco de su vida desde 1928 hasta 1964, año en que falleció. Para los años
anteriores a 1928, sus familiares, algunos testigos y el mismo Manuel
Aparici nos facilitan datos de sumo interés de esos años relativos a su
ambiente familiar, infancia, conversión, etc.
Es de notar, por otra
parte, que no existe ningún testimonio en su contra. Todos los testigos
reconocen que era un hombre de Dios, de una profunda vida interior, de
intensa oración, de una entrega generosa sin límites, de formación
constante, de adhesión sincera y gozosa a la Jerarquía, etc.
Podemos concluir, pues, que dicha documentación
resulta suficiente para ilustrar su figura, su vida, su obra y su
espiritualidad durante los largos y fecundos años de su actividad
apostólica, y de su larga y penosa, pero no menos fecunda, enfermedad.
Con su santa muerte, el 28 de agosto
de 1964, tras nueve años de inmisericorde dolencia que lo tuvo recluido,
inmóvil entre acerbos dolores, pero con fe acrecida y con su sonrisa
característica, se cerraba no sólo una vida sino una etapa en la historia
reciente de la Iglesia española donde dejó una profunda huella. Aún lo
recuerdan con admiración los grandes líderes católicos del mundo entero como
ha podido comprobar José Díaz Rincón como miembro del Pontificio Consejo
para Laicos y «su recuerdo permanece vivo entre todos, con la gratitud de
haber recibido mucho de él»
.
Por su parte, D. Antonio María Rouco
Varela afirmaba, cuando era Arzobispo de Santiago de Compostela, que «desde
1948 está vivo en Santiago el recuerdo de Manuel Aparici y su obra» y «su
recuerdo aún perdura en la ciudad de Salamanca», aseguraba años más tarde el
M.I. Rvdo. Sr. D. Manuel Cuesta Palomero, Delegado Episcopal del Año
Xaccobeo
.
De la mano de unos y otros, pues, iniciamos su
biografía
.
Ellos son los garantes de la fidelidad de cuanto se dice en la misma.
Con enorme empeño Peregrinos de la Iglesia ha
dado vida impresa a estas páginas memorables de la Juventud de Acción
Católica Española en «uno de los hombres que más profunda huella ha dejado
en la Acción Católica y en la Iglesia de España durante los últimos treinta
años»,
Manuel Aparici, que, de no recogerse podrían caer en el olvido y no ser
conocidas por los militantes de Acción Católica de las generaciones presente
y futura cuando falten los hombres que con él convivieron en un momento de
su vida. Además, dice José Díaz Rincón: «Es de justicia dejemos las cosas
claras». «La Iglesia y España –afirma– están en deuda con este santo
apóstol, educador y generoso sin límites».
Gracias a este testimonio escrito de su vida,
los militantes de la generación de Manuel Aparici podrán revivir una parte
hermosa de su vida, y los más jóvenes conocer, por un lado, los afanes y
anhelos apostólicos de quienes les precedieron capitaneados por él y
transmitirla a las próximas generaciones: es una gesta de héroes y mártires
, de apóstoles ardorosos
como recuerda su Himno: «Ser apóstol o mártir acaso mis banderas me enseñan
a ser».
Y esta fue su “Cruzada”: la sed de
almas; la reconquista del mundo para Cristo
. Exactamente nuestra
misma cruzada.
Es, pues, un modesto homenaje a nuestro
«Capitán».
Que Santa María Antorcha de los Peregrinos nos
haga fuertes en el combate de cada día y que el Señor, por medio de su
intercesión, haga que, a imitación suya, trabajemos sin descanso por la
extensión de su Reino y el bien de nuestro hermanos ante la Nueva
Evangelización.
« ... Más de la mitad de la Iglesia católica
vive en América y habla español. Juan Pablo II confía en que España asuma
una mayor responsabilidad en el futuro de la Nueva Evangelización,
repitiendo globalmente en el Tercer Milenio la epopeya realizada desde 1492
en el Nuevo Mundo». «El Papa está convencido –manifestó el portavoz del
Santo Padre, Joaquín Navarro Valls, en Roma a la agencia Efe– de que España
tiene que seguir jugando un papel muy importante en el mundo actual ... »
. « ... Ante los desafíos
del Tercer Milenio y la Nueva Evangelización, Juan Pablo II invita a
“recomenzar por Cristo” ... »
.

– «Unos días
pasados sin anotar mis acciones diarias, sin anotar, mejor dicho, el
motivo de estas acciones: la gloria de Dios. Hoy reanudo mi Diario. Él
me va a servir como ayuda en esta lucha de la perfección».
– «¡Un mes largo
sin confiar nada a este Diario, especie de espejo de mi conciencia! ¡Un
mes largo sin hacer examen! ¡Qué mal me ha ido!».
– «¡Cuántas
intermitencias! Un día escribo mi Diario y luego transcurre una semana o
más sin volver a hacerlo, y así no puedo darme cuenta de si adelanto o
retrocedo».
– «Más de un mes
sin anotar aquí mis acciones, más de un mes sin tener contigo, buen
Jesús, un ratito de charla, de charla íntima, de esa en que mirando a mi
interior veo si has crecido en mí o si, por el contrario, he puesto
obstáculos a tu gracia».
– «¡Mes y medio
apartado de mi Diario; mes y medio sin hacer examen de conciencia! Mal
me ha ido; pero hoy empiezo nueva vida, desde hoy he de avanzar todos
los días un poco en mi santificación, o mejor dicho, cada día debo dar
mayor gloria a Dios que el anterior.
»Un plan de vida; a
él me ajustaré, si tu gracia me asiste, Jesús mío. Vamos a él»
[y lo formula].
– «No puedo ya
pasar más tiempo sin volver a mi antigua y conveniente práctica de hacer
mi balance diario de conciencia y anotarlo en este cuaderno de mis
memorias de vida espiritual».
El
anhelo de santidad es una constante en su vida después de su conversión
y lo es hasta el momento de su santa muerte. Su Diario y su Cuaderno son
un elocuente testimonio al respecto. Narran con sinceridad y frescura,
modestia y sencillez, su caminar interior hacia la Casa del Padre. En
ellos se aprecia su gran delicadeza de espíritu, su honda e intensa vida
espiritual, sus anhelos de santidad, su oblación continua, etc. Páginas
hermosas y gratificantes, melodía permanente de un alma grande. En todas
ellas se aprecia el latir de un corazón enamorado de su Amado, a quien
quiere servir y por el que quiere vivir y morir en cruz. Y el Señor le
premia con ella. Su etapa de victimación, es la etapa más hermosa y
fecunda de su vida. A ella se dedica el Capítulo XI.
«Como
dato significativo hay que resaltar el hecho de su obediencia a la
petición del Cardenal D. Enrique Pla y Deniel de que retrasase su
ingreso en el Seminario, pese a su gran deseo de hacerlo, manifestado
insistentemente en sus escritos y palabras» (Virgilio José López Cid).
«Bueno, en aquellos
momentos no te extrañe –dice el Cardenal D. Vicente Enrique y Tarancón–,
porque el mismo Pla y Deniel que a él le pidió una cosa, a otros les
pedía otra cosa un poco distinta … porque él juzgaba que Manolo de
seglar estaba haciendo una labor maravillosa. Y era verdad. Quizás más
que de cura. Y quizás más que de cura porque delante de los jóvenes el
testimonio de un joven como ellos, seglar, tiene más garra que el de un
sacerdote; es normal, está más cercano, vive como ellos, parece que
había de pensar como ellos; y entonces ese testimonio, esa palabra,
tiene una garra que no tiene cuando uno va con hábitos, que dice: “éste,
parece que sea ya su profesión”. ¿Entiendes? Eso es lo que yo podría
decir de él».
«El Cardenal Primado
D. Enrique Pla y Deniel–asegura por su parte José Díaz Rincón– consideró
que la labor que estaba haciendo en el laicado era fabulosa y no podía
cortarse tan deprisa, invitándole a retrasar su ingreso en el Seminario;
así se lo oí contar al Cardenal».
Han
examinado, como ellos mismos reconocen en su informe, el Diario, el
Cuaderno, su Testamento espiritual como Presidente Nacional de la
Juventud de Acción Católica, a su sucesor en la Presidencia, así como
todos sus escritos. Y en base a ellos han realizado una breve exposición
de los aspectos más sobresalientes que a lo largo de todos los escritos
les han llamado la atención y que reflejan el pensamiento, la vida y
virtudes teológico morales que éste logró desarrollar en beneficio de sí
mismo y de todos a quienes él se dirigía y muy en particular a la
juventud de Acción Católica verdadera Vanguardia de Cristiandad. (Uno de
los Peritos ha sido un sacerdote ecuatoriano).