Etapa Cursillista de la
Juventud
de Acción Católica Española
«La Acción Católica, en su forma actual, –escribe Salvador Sánchez Terán
– es un Movimiento moderno. Sus treinta o cuarenta años de
vida han representado un continuo esfuerzo de búsqueda, creación y
profundización. La Acción Católica ha tenido que “situarse” en los campos de
la teología, la psicología, la pedagogía y el derecho. Ha explorado
afanosamente las posibilidades de su acción, de sus métodos y de sus
estructuras. Este esfuerzo constante ha representado un continuo avance
hacia su madurez.
«Es preciso que todo dirigente de Acción Católica pueda contemplar esa
interesante perspectiva de la evolución histórica del apostolado seglar. Por
ello consideramos imprescindible ofrecer a todos nuestros dirigentes
juveniles el desarrollo de la Juventud de Acción Católica a través de los
años de su existencia
. Por otra parte, el
proceso de la Juventud de Acción Católica Española es un capítulo
significativo en la historia del apostolado seglar y de la Iglesia española.
Su estudio es necesario para todo el que quiera conocer nuestra evolución
religiosa en el siglo XX.
Cinco etapas fundamentales
»Tras un estudio detenido puede llegarse a la conclusión de que la vida de
la Juventud de Acción Católica está jalonada por cinco etapas fundamentales.
Son la siguientes:
»Primera etapa: Desde la iniciación hasta la guerra española. Años 1925 a
1936.
»Segunda etapa: Desde la guerra española hasta la Peregrinación a Santiago.
Años 1936 a 1948.
»Tercera etapa: Desde la Peregrinación a Santiago hasta la iniciación de los
Cursillos de Cristiandad. Años 1948 a 1954.
»Cuarta etapa: La etapa cursillista. Años 1954 a 1958.
»Quinta etapa: La nueva línea. Desarrollo de los Movimientos Especializados.
Años 1958 a ...
»Es obvio afirmar que, aunque enmarcadas en la exactitud de unos años, cada
una de estas etapas tiene una preparación próxima y remota en las
precedentes y sus consecuencias se extiende a las posteriores. Los límites
de las mismas los hemos referido a los acontecimientos básicos que han
determinado el cambio de orientación de la Juventud de Acción Católica.
Naturaleza de este estudio histórico
»Un estudio histórico puede orientarse de muy diversas maneras. Por eso es
precisa una aclaración previa sobre la naturaleza del que ofrecemos. Aquí no
pretendemos una enumeración cronológica de los acontecimientos y personas
que han constituido la Juventud de Acción Católica a través de los años.
Tampoco es un ensayo sobre las condiciones políticas, sociales y religiosas
de la juventud, a la que la Acción Católica ha dirigido su mensaje. Ni
siquiera es un análisis teológico o jurídico del apostolado seglar.
»Este estudio está centrado en la evolución de la Juventud de Acción
Católica en sí: su ideología, sus métodos y su estructura. Está por tanto
orientado hacia la esencia y la forma del planteamiento apostólico de
nuestro Movimiento juvenil. Si en algún momento hay breves referencias a los
acontecimientos políticos o sociales de nuestra Patria es porque ellos han
influido poderosamente en el estilo y la mentalidad juvenil. Por ello, en
cada una de las cinco etapas a que hemos hecho referencia, analizaremos tres
aspectos: ideología, método y estructura. Por último, resta añadir que,
aunque los hechos históricos son objetivos en sí, al referirnos a ellos los
hombres debemos darles una presentación e interpretación en la que la pura
objetividad resulta imposible, máxime cuando se ha sido actor de ellos. Un
mismo hecho histórico puede tener interpretaciones diametralmente opuestas.
»Ciñéndonos a la Juventud de Acción Católica no es difícil encontrar hombres
que opinen “que no hubo SIGNO como el de los frentes de batalla”, “que la
Peregrinación a Santiago constituye el punto culminante de esa Juventud,
después del cual todo ha ido en declive”, o bien “que la verdadera
renovación de la Juventud de Acción Católica hubiera estado en seguir la
línea cursillista y no la de las Especializaciones”. Estimo que todo este
tipo de opiniones son parciales y sin perspectiva del tiempo. Lo importante
al plantearse un estudio histórico es acercarse a él con la máxima
objetividad posible, con un decidido esfuerzo de estudio y de análisis, y,
sobre todo, con un gran cariño y comprensión.
»Esto es lo que he pretendido. Pasemos, por tanto, a presentar cada una de
las cinco etapas fundamentales de la Juventud de Acción Católica
.
CUARTA ETAPA
La etapa cursillista. Años 1954 a 1958
»Entre todas las tendencias enumeradas en la etapa anterior acaba
imponiéndose la línea cursillista. Una gran parte de dirigentes y
cursillistas creen encontrar en el Cursillo de Cristiandad el estilo y el
espíritu que renovará la Juventud de Acción Católica. El Plan Nacional de
Cursillos se inicia en la primavera de 1954, fecha en que los dirigentes y
Consiliarios de Mallorca dan el primero en Madrid. La renovación trienal que
se efectúa en el Consejo Superior, en el año 1955, se aprovecha para
incorporar a los dirigentes partidarios de Cursillos, superándose así las
discrepancias anteriores. El Cursillo de Cristiandad se convierte en el eje
de toda actividad apostólica, llenando el quehacer de la Juventud de Acción
Católica durante cuatro largos años. Constituye esta etapa una de las más
discutidas de la Juventud de Acción Católica Española Veamos las
características de este periodo para hacer, finalmente, la valoración de lo
que representa en la evolución histórica de nuestro Movimiento juvenil.
Ideología
»En la etapa cursillista no debe hablarse de un planteamiento de Acción
Católica general o especializada. Es preciso conocer por dentro el Cursillo
de Cristiandad para comprender cómo un esquema apostólico no puede
enmarcarse en ninguno de los dos tipos clásicos de Acción Católica.
»El espectador ajeno al fenómeno cursillista no entiende cómo un simple
instrumento puede dar origen a toda una Organización. Pero ocurre que el
Cursillo de Cristiandad, por su estilo peculiar, su clima emotivo, su fuerza
de arrastre, por las reuniones periódicas que propone, por la formación
que da la Escuela de Profesores y por sus slogans –repetidos
sin cesar– tiende a constituir de hecho –aunque no se haya dado forma
jurídica– un Movimiento con características propias. Esto ha pasado en la
casi totalidad de las Diócesis que dan Cursillos y también pasó en la
Juventud de Acción Católica. La iniciación apostólica en el periodo
cursillista no es la típica “afiliación de socios”, ni la actual de
militantes; se trata de la captación para asistir al Cursillo.
»La formación de dirigentes –profesores y rectores– se hace a través de la
Escuela de Profesores, que si bien recuerda en su forma y planeamiento a la
de Propagandistas, es más exigente y mejor orientada y organizada, teniendo
además una finalidad muy concreta y atrayente: prepararse para actuar en el
Cursillo.
»Los actos masivos más característicos son las “clausuras”, que consagran
periódicamente a los cursillistas en un clima extraordinariamente emotivo y
fraternal. En contraposición a la etapa anterior, no se organizan
–exceptuadas algunas Diócesis– concentraciones de masas fuera del ámbito
cursillista.
»La espiritualidad que propugna el Cursillo de Cristiandad queda reflejada
en la “hoja de servicios”, en la que los asistentes adquieren unos
compromisos de piedad, estudio y acción que teóricamente deben formar el
equilibrio armónico de la vida de gracia.
»Pero de hecho la experiencia de la Juventud de Acción Católica Española
demuestra que la espiritualidad acaba centrándose preponderantemente en los
actos de piedad y en la acción de captar nuevos cursillistas o recuperar a
los que se han apartado. En esto consisten muchos de los testimonios que se
dan en el Cursillo, en las clausuras y en las reuniones de grupo.
»La concepción cursillista del testimonio en los años 1954–1958 no es la
misma que la que posteriormente darán los Movimientos Especializados del
testimonio seglar en un ambiente de vida.
»Paradójicamente, el Cursillo –sobre todo en el fervor de los primeros
tiempos– ignora e incluso desprestigia a la Acción Católica. El caso de
jóvenes y hombres de valía “que están dispuestos a trabajar en Cursillos,
pero no en la Acción Católica” se da con relativa frecuencia. La mentalidad
de muchos dirigentes de la Juventud de Acción Católica Española, aunque no
lo expresen tan claramente, es que el anterior planteamiento de Acción
Católica ha fracasado y que lo único importante es dar Cursillos.
»No obstante, al final de la etapa cursillista se evoluciona y ya no se
considera el Cursillo como el eje de toda la actividad apostólica, sino como
un método de iniciación a la vida militante, que será completada y
consolidada por los Movimientos de Acción Católica.
Método
»El centro metodológico de toda esta etapa es el mismo Cursillo. La reunión
de grupo es de hecho una revisión de los compromisos que se adoptaron en el
Cursillo; las clausuras quieren ser una renovación de la vivencia
“inolvidable y extraordinaria” de aquellos tres días, y la Ultreya está
planteada como un Cursillo en pequeño, con su parte de oración, de estudio y
de testimonios.
Metodología
»Los pilares de la metodología cursillista son la reunión de grupo y la
Ultreya. La reunión de grupo es reducida en número y tiempo –de cuatro a
ocho personas y treinta minutos de duración–. Su estructura externa puede
confundirse con las actuales reuniones de equipos de militantes de la
Juventud de Acción Católica. Pero es preciso afirmar que son dos cosas
distintas. Le reunión de grupo tiene como esquema básico: la revisión de la
hoja de servicios, el momento que te has sentido más cerca de Cristo, el
éxito y el fracaso apostólico y los testimonios personales y del grupo.
»La reunión actual de militantes está centrada en la revisión de vida, con
el ver, juzgar y actuar sobre hechos de vida. Los que hayan hecho ambos
tipos de reuniones comprenderán que ideológica y metodológicamente son dos
cosas diferentes.
»La Ultreya es un acto masivo. Tiende a dar una formación basada en las
charlas o “rollos” que en ella se explican y una vivencia espiritual y
comunitaria, que sirva también de aliento y mutuo estímulo.
»Aunque este esquema de perseverancia del Cursillo es adoptado y utilizado
casi en su totalidad durante dos años por la Juventud de Acción Católica,
ésta introduce después modifica-ciones, cuya evolución es interesante
conocer. Progresivamente se va disminuyendo en importancia a la Ultreya, que
al final desaparece en algunas Diócesis, y se centra el interés en la
reunión de grupo, por considerarla como verdadero centro motor de la
formación y acción de militantes. La duración y su contenido se van
ampliando.
»Primeramente se introduce un tema de formación y el estudio del Evangelio,
para dar a la reunión un mayor carácter formativo. Más adelante se emplean
cuestionarios con el ver, juzgar y actuar. También se resalta la importancia
de los compromisos, y al final se empieza a hablar del equipo natural o de
influencia.
»Esta evolución marca el paso progresivo de la reunión de grupo cursillista
a la actual del equipo de militantes basada en la revisión de vida.
»Todo este proceso puede seguirse claramente en el Boletín Militante, que es
el portavoz fiel –mucho más que SIGNO– de toda esta época.
Estructura
»La etapa cursillista significa una convulsión en toda la Juventud de Acción
Católica, y lógicamente también en su estructura. El cuadro organizativo de
la Juventud de Acción Católica Española permanece jurídicamente igual, pero
esto es una simple apariencia. De hecho el eje estructural y el principal
motor de la Organización son los Secretariados de Cursillos. Su importancia
supera en muchas Diócesis a la de los mismos Consejos Diocesanos, y, desde
luego, se considera más importante ser rector o profesor de Cursillos, que
Vocal o Presidente de un Centro o Consejo.
»Las Jornadas Nacionales de Presidentes son sustituidas en el año 56 por la
reunión nacional de rectores, ya que éstos constituyen de hecho la fuerza
viva del Movimiento apostólico.
»El esquema estructural básico es: Secretariados de Cursillos –Grupos de
Cursillistas, en vez del anterior Consejo– Centros, y frente a la pesada
estructura de la anterior etapa, llena de Vocalías, Secretariados, cargos y
formas, se produce una reacción antiburocrática y antiestructural, que pasa
al extremo opuesto.
»Respecto a los Centros Generales existe la impresión de que han sido
desplazados por las Especializaciones. Esto constituye un error histórico
que es preciso aclarar. Es en la etapa cursillista cuando se produce la
crisis de muchos Centros Generales de Juventud, a excepción de los que
entran en la línea cursillista. La razón de esto radica en que los Consejos
Nacionales y Diocesanos centran su atención preferente y a veces casi
exclusiva en la actividad de Cursillos, dejando bastante abandonados a los
Centros Generales.
»También se resiente del auge cursillista el Aspirantado, al que dedican
menos atención los Consiliarios y dirigentes, y la Obra Atlético Recreativa
y el Apostolado Castrense, que prácticamente desaparecen en el plano
nacional, aunque sigan vigentes bastante de las realizaciones diocesanas,
como clubs recreativos y deportivos, campeonatos, Cursillos premilitares,
etc.
»Otra nota característica de esta etapa es la implantación del equipo como
célula base de la Juventud de Acción Católica Española. Cierto que a lo
largo de toda la historia de la Juventud de Acción Católica se ha hablado de
grupos, equipos y decurias, pero es en la etapa cursillista cuando el equipo
de militantes se perfila como eje de la estructura y núcleo básico de la
formación y acción.
Las Especializaciones
»Se habrá observado que durante la exposición de esta etapa, no se ha hecho
alusión alguna a los Movimientos Especializados. Al producirse en el Consejo
Superior de la Juventud de Acción Católica Española la decisión del volcarse
en la línea cursillista, las Comisiones Nacionales de las Especializaciones
discrepan de la orientación y, basándose en su autonomía, se separan –de
hecho totalmente– de la Juventud de Acción Católica. De esta forma la
Juventud Obrera Católica (J.O.C.) y la Juventud Universitaria Masculina de
Acción Católica (J.U.M.A.C.) siguen su propia línea, sin participar en nada
en el esfuerzo cursillista del Consejo Superior, no produciéndose la nueva
integración de los Movimientos Especializados en la Juventud de Acción
Católica hasta los años 1957 y 1958.
»Por su parte, y durante toda esta etapa, la Juventud Obrera Católica y la
Juventud Universitaria Masculina de Acción Católica van creando por separado
su estilo y su ideología, que aunque concordantes en algunos puntos, no son
semejantes, produciéndose un mayor desarrollo del Movimiento Obrero, que es
el que perfila unos métodos de formación y acción más profundos y una
estructura más eficaz.
»El planteamiento apostólico de las Especializaciones, espe-cialmente el
jocista, será el que en líneas generales adoptará la Juventud de Acción
Católica en el año 58.
Valoración de la etapa cursillista
»Resta hacer una valoración serena de toda esta etapa cursillista, aunque es
arriesgado intentarla, porque encontrarán opiniones muy dispares.
»Tres críticas fundamentales se han hecho a este periodo cursillista: El
haber retrasado el desarrollo de las Especializaciones, el haber realizado
la Juventud de Acción Católica una labor cristianizadora y pastoral de tipo
general que no era la suya propia, y el abandono de los Centros generales y
su consiguiente crisis. Si bien es cierto que las tres afirmaciones
encierran una verdad parcial, creo que los bienes producidos por la etapa
cursillista a la Juventud de Acción Católica son superiores a sus posibles
inconvenientes.
»En primer lugar, el Cursillo produjo un impacto sobrenatural del que el
Movimiento juvenil estaba muy necesitado. Junto a esto, la Juventud de
Acción Católica realizó, durante cuatro años casi 500 Cursillos, que
pusieron en marcha a unas cuarenta Diócesis, lo que representa un esfuerzo
evangelizador que ha beneficiado a la larga más a los Movimientos adultos
que a los juveniles. El renacer de los Hombres de Acción Católica en muchas
Diócesis se debe en buena parte a aquel esfuerzo juvenil de los años 56, 57
y 58.
»También hay que resaltar que frente a las discusiones esterilizadoras de
otras épocas, la etapa cursillista fue de una acción y de un dinamismo
impresionante, derrumbando viejos mitos y estructuras vacías, que no hacían
más que entorpecer la acción apostólica.
»Y por último, y como aportación más importante, la etapa cursillista,
produjo hombres. Hombres nuevos, con fuertes valores personales, con un gran
espíritu apostólico, sin el anquilosamiento de pesadas estructuras y con un
deseo enorme de servir a la Iglesia. Muchos de estos dirigentes juveniles,
que al iniciarse en Cursillos desconocían o despreciaban a la Acción
Católica, pero que a su vez no tenían prejuicios, son los que
posteriormente, y tras un proceso de convencimiento personal, han alentado
el actual renacer de la Juventud de Acción Católica. Por eso junto a sus
desviaciones y deficiencias la etapa cursillista ha hecho una labor
esencial: crear hombres nuevos en la Acción Católica».