
DURANTE LA GUERRA (1936 – 1939)
1. Se instala en Burgos
2. Por su edad no fue
movilizado
3. Entonces su figura
se agiganta
4. Su mística
5. Apostolado del
sufrimiento
6. Centros de
Vanguardia
7. En plena guerra los
soldados hacen
Ejercicios
8. Nueva época de SIGNO
9. 1937: Año Santo
Compostelano
10. En plena guerra, se
celebra la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús
11. Fiestas de Navidad
12. Campaña de Navidad
Juventud Femenina de Acción Católica
13. El Ideal Peregrinante
como estilo de vida
14. En todo momento, supo
imprimir a los Jóvenes de Acción Católica un
vigoroso sentido apostólico
APÓSTOL SEGLAR
(1928 – 1941)
DURANTE LA GUERRA (1936 – 1939)
Pero cuando se disponían los primeros
preparativos para la peregrinación, comienza la Guerra Civil (18 de julio de
1936). Supuso una convulsión radical en toda la vida española e impondría
otro peregrinar a uno y a otro lado del frente en que España quedó dividida:
el de la persecución y el de los Centros de Vanguardia y la peregrinación no
pudo realizarse hasta 1948; pero, entretanto, se peregrina en espíritu en
una y otra zona.
Consecuentemente, la Juventud de
Acción Católica, militantes y dirigentes, quedó también escindida en dos
zonas, incomunicadas entre sí, los de la zona nacional, (Veintitrés Uniones
Diocesanas y 18.000 jóvenes), y los de la zona republicana que sufrieron
persecución y martirio
(Veintiuna Uniones Diocesanas. con 19.000 jóvenes, entre ellas las de mayor
empuje de la Obra, el Consejo Superior y casi todos los Consejeros),
quedando anulada como Organización, pero Manuel Aparici obra con rapidez y
eficiencia y monta todo un nuevo sistema organizado en Burgos.
Los tres años de guerra (1936-1939) marcaron un
estilo y unas metas que imprimirían el carácter de la Juventud de Acción
Católica Española hasta la peregrinación a Santiago.
La guerra le sorprendió en Galicia. Sin embargo,
días antes había estado también en Galicia, en la Asamblea Regional de Lugo,
cuando ya era grande la inquietud, y a pesar de esa inquietud no se queda en
Galicia, sino que vuelve a Madrid y sufre persecución, pero estaba dispuesto
a dar su vida por la fe.
«Las milicias populares se apoderaron, entre
otros, de los archivos de la Acción Católica, y con esa lista recorrían los
domicilios para detener a sus miembros, declara su sobrino Rafael. Como no
encontraron a mi tío Manolo detuvieron a mi padre, que sufrió una dura
persecución, estuvo a punto de ser fusilado, e incluso apareció en una lista
de personas ejecutadas por los milicianos; lista que llegó a manos de mi tío
.. ».
Según Manuel Martínez Pereiro «salió
providencialmente de Madrid con su madre enferma en el último tren para
pasar sus vacaciones veraniegas en Galicia, en Salvatierra de Miño, donde un
hermano suyo era Jefe de la Aduana …
»La confusión general que se produjo
en los momentos inmediatos a su llegada le movió a pasar rápidamente con su
madre al vecino país de Portugal; despejada la situación volvió a
Salvatierra para cumplir en su momento con el deber de funcionario:
presentarse a las nuevas autoridades entonces establecidas en Burgos para
ocupar el puesto que le asignaran. Por su edad estaba lejos de ser
movilizado como no lo fue
,
y por otro lado quería mantenerse al frente de la Juventud Católica que
había quedado en la zona nacional para intensificar y profundizar su
espíritu conforme exigían los tiempos y las circunstancias ... ».
« ...
Esto le salvó la vida –afirma Enrique
Montenegro L. Saavedra–, y aunque elementos enemigos iban a buscarle con las
peores intenciones, avisado a tiempo pudo ponerse a salvo cruzando en una
barca el Río Miño, permaneciendo en Portugal hasta que, dominada la
situación en Galicia por las fuerzas del Ejército Nacional, regresó a
Salvatierra de Miño pocos días después ... A poco de volver me escribió una
larga carta autógrafa … comunicándome cómo Dios le había salvado y que se
disponía a reanudar la labor y reorganizar la Juventud de Acción Católica en
medio de aquella guerra … Inmediatamente comuniqué la buena noticia a los
Consejos Diocesanos de Galicia para que ellos lo hiciesen a los Centros».
Su sobrina Josefina proporciona detalles
inéditos sobre este particular que, por su interés, creemos merecen la pena
ser conocidos por el lector.
« ... Cuando salieron de Madrid a Salvatierra a
casa de mis padres, el pueblo estaba con hombres armados y el alcalde le
mandó un aviso a mi padre en secreto de que iban a buscar esa noche al tío
Manolo a casa; organizaron que escapase a Portugal. Yo era la niña que se
mete en medio de las personas mayores. Cuando tenía que salir de casa y
hacer un trayecto de kilómetro y medio o dos, por la orilla del tren, para
pasar el río en una barca y lo acompañó mi padre, tenía encima de la mesa un
rosario e hizo ademán de cogerlo y meterlo en el bolsillo; mi padre le dijo:
Manolo deja el rosario, pero él lo cogió. Se encontraron con gente armada
por el camino y mi padre creía que los mataban; y mi tío Manolo tranquilo,
si tenía miedo no se notó».
Si cualificados son estos testimonios, mucho más
cualificado todavía es el del propio Manuel Aparici, que reconoce, como
consta en su Diario, que Dios le salvó la vida.
«Salí de Madrid con mi madre y mi hermana el
18 de julio, último día de la paz ... Temía que el tren no llegara a
su destino, pero recordé tu promesa: “Mandé a mis ángeles para que cuiden de
ti y te protejan en todos tus caminos no sea que tu pie tropiece en alguna
piedra” y tuve fe y llegamos con bien a Salvatierra.
»Allí, el primer día hubo paz, pero la locura
comunista también llegó haciéndonos pasar ratos amargos. Más que la
preocupación personal era la preocupación por los míos, a quienes veía casi
desprovistos de fe. Al tercer día el Señor quiso que pudiera pasar la
frontera, con la promesa de que al siguiente pasarían mi madre y mi hermana.
»Al siguiente día pasaron. Ya parte de la
familia estaba a salvo.
»Después la incertidumbre, el lento marchar
de los acontecimientos …
»En fin, el Señor me enseña
que nada ocurre sin que Él lo permita y que de todo lo que permite o hace se
pueden sacar bienes. Enfocaré, pues, los acontecimientos desde un punto de
vista cristiano».
En la tarde del 31 de agosto de ese
año de 1936 fue a pedir al Padre y Pastor de su alma, su Obispo D. Leopoldo Eijo Garay, se dignara darle luz y consejo sobre lo que pudiera pedirle el
Señor en aquellos momentos ... ».
1. Se instala en Burgos
«De conformidad con la Jerarquía,
que tenía depositada toda su confianza en él, se instala en Burgos para
reorganizar allí el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica. La
Iglesia se había propuesto mantener la Acción Católica libre de
implicaciones políticas»
y Manuel Aparici fue, como siempre «fiel ejecutor de lo que la Iglesia
quería hacer del apostolado laical en la Acción Católica ... »
.
Camino de Burgos anota en su
Diario: «Él me inspiró, cuando venía a Burgos, vida
dura, áspera, mortificada». Y añade:
«Ninguno que ha tenido mimos con su carne ha sido santo».
«Puede afirmarse que todos, desde el
Cardenal Primado de España, Mons. Gomá, hasta los sacerdotes de Parroquias
rurales, tenían profunda y merecida confianza en él. No sólo por su ardiente
espíritu religioso, sino por su ecuanimidad y serenidad ante las situaciones
por las que entonces se pasaba, en las que había que estar alerta»
.
Pero entretanto, y unos días antes
de su llegada a Burgos, «se reunían en esta capital el 4 de septiembre bajo
la Presidencia de Javier Aznar, Vocal de la Permanente del Consejo Superior,
los Vocales Archidiocesanos de Zaragoza, Burgos y Valladolid, con el
Presidente Diocesano de Barcelona y la adhesión del de Santiago para
constituir la Comisión Gestora
,
órgano supremo provisional que cumpliera el cometido del Consejo Superior;
es decir, dirigir la vida de la Juventud de Acción Católica en zona
nacional, en virtud del acuerdo tomado por el pleno del Consejo Superior en
abril del mismo año
.
»Pocos días después de esta reunión,
el 15 de septiembre, Manuel Aparici se ponía al frente de la Comisión
Gestora ... »
.
Hay que «destacar de aquel
momento el lema que tuvo durante la guerra: “Pensad
que las personas contra las que tiráis son hermanos vuestros”»
.
«Firme en su propósito de dedicarse
totalmente, salvo el tiempo que le exigía su profesión, al cuidado de la
Juventud, no resultaba nada fácil cumplirlo por las circunstancias del
momento, y ello a pesar de la voluntad de todos para prestarle las ayudas
necesarias. El Sr. Arzobispo le cedió unos locales de su Palacio, donde
estaba instalada la Junta Diocesana, en los que recibía, con su amabilidad
característica, a los abundantes grupos de jóvenes de la mayor parte de las
provincias liberadas que pasaban por allí y entre los cuales no faltaban
dirigentes de las Uniones Diocesanas y de los Centros; pero el paso y los
contactos solían ser breves y muchas veces inesperadamente interrumpidos por
las precipitadas salidas para el frente. A todos animaba y reconfortaba aconse-jándoles la más íntima relación con los Capellanes Castrenses y que
no abandonaran nunca la oración colectiva»
.
«Sus primeros colaboradores fueron
los jóvenes de la Junta Diocesana de Burgos y los miembros y colaboradores
del Consejo Nacional de la Juventud que iban llegando a Burgos o pasando por
Burgos»
.
«Entre sus colaboradores más directos de entonces, entre idas y venidas del
frente pues estaban movilizados, figuraba Maximino Romero de Lema»
. «La Secretaría funciona
en “transeúntes”, con los convalecientes que descansaban unos días de sus
heridas, o con los que disfrutan de sus permisos en retaguardia»
«ante la absoluta
carencia de colaboradores con que se encontraba por estar todos los jóvenes
de Acción Católica en el frente»
.
No obstante, «trata de lograr cerca de ciertos mandos militares que alguno
de los convalecientes quedara destinado en Burgos, a fin de que le pudiera
ayudar en esta tarea de hacer surgir el espíritu apostólico de la Acción
Católica en los mismos frentes»
.
«No faltaban, como es lógico, en
aquellas circunstancias los contactos del Presidente con el Cardenal Gomá.
Pero estimo de especial interés referirme a una visita concreta, creo que de
1938, a la que asistí personalmente como en otras ocasiones; llegó a
conocimiento del primero la noticia, que confirmo plenamente, de que el
entonces Presidente de la Confederación de Estudiantes Católicos la había
disuelto con la consecuencia de que sus miembros habían de pasar a la única
organización juvenil de carácter político que entonces existía. Estimaba el
Presidente que la decisión era irregular e inconveniente porque afectaba a
la competencia de la Juventud Católica que él debía defender, por lo que se
proponía impugnarla ante las autoridades civiles como una cuestión de
competencia entre las dos Asociaciones, ambas católicas y no políticas,
mostrándose dispuesto a afrontar todos los resultados, cualesquiera que
fuesen, que se derivasen de su actuación; ello naturalmente sin implicar a
la Jerarquía.
»El Sr. Cardenal, estimando y agradeciendo el gesto de someterle el tema,
consideró que no debía plantearlo porque la cuestión quedaría resuelta
después de la guerra, con la reorganización de la Acción Católica»
.
En fecha que se desconoce, se
traslada «desde el Palacio Arzobispal donde estaba domiciliada la Junta
Diocesana a la Plaza de Santa María, núm. 2, muy cerca de la Catedral. Era
un piso amplio, donde además de la sede del Consejo Nacional, había varias
habitaciones con camas e instalación eléctrica con potencia suficiente para
cocinar. Este “hotel”, que funcionaba como alojamiento para algunos
refugiados con pocos medios económicos al menos los primeros días de su
llegada a Burgos, era una ayuda material de gran consuelo. Manolo se llevó
el secreto de donde sacaba el dinero. De los que pasaron por aquel piso, que
fueron muchos, recuerdo, entre otros, a Manuel Vigil, Alberto Ullastres,
Alfredo Sánchez Bella, Enrique Friend, Víctor García Hoz, Maximino Romero de
Lema, Vicente Puchol, José María Riaza …»
. « ... Dejó en todos una
huella indeleble que iba a ser para todos decisiva. Nosotros podemos decir
–concluye Joaquín Ruiz–Giménez
–
que somos la generación de Manolo. El tuvo una gracia especial para
recogernos y reunirnos a medida en que unos y otros íbamos pasando de la
zona roja a la nacional
.
2. Por su edad no fue movilizado
En esta época como en los primeros
tiempos de la postguerra no todo fueron rosas para Manuel Aparici. Sufrió
mucho porque algunos interpretaban que debía haber dado ejemplo
incorporándose al Ejército para combatir a los enemigos de Dios y de la
Iglesia. «El Consiliario de la Juventud, Rvdo. Emilio Bellón, se vio
obligado en alguna ocasión a tener que defender enérgicamente la persona y
la actividad de Manuel Aparici, que había sido tan sacrificada y más eficaz
de lo que pudiera haber realizado en el frente de combate»
.
Sin embargo, sentía ansias de correr al frente.
«Hacía falta –dirá un día en la Escuela de
Propaganda. Toledo. Año Santo– santidad y a esto
viene la Acción Católica, aunque en ella tal vez haya que sacrificarse ganas
de pasarse a la primera fila para organizar bien la retaguardia»
.
«Cuando os contemplaba partir para el frente –le
dice a Joaquín Ruiz–Giménez en carta sin fecha–,
con secreta envidia, le pedí al Señor que se dignara tomar mi vida para que
se consumiera toda al servicio de esa juventud que le confesaba con su
sangre».
«Hoy
–21 de febrero de 1936 anota en su Diario–
me ha vuelto a morder el alma la vanidad. Sentía ansia de correr al frente,
pero era para que no pudieran decir de mí; pero ahora comprendo que mi deber
es vivir muriendo en retaguardia, crucificándome ocultamente para proteger a
mis hermanos. Cuando la guerra termine ya surgirá un joven que me pueda
suceder y del que no puedan decir que no estuvo en el frente. Pero ahora es
menester que alguien ore y trabaje por ellos y para ellos. Luego, qué
importa lo que digan si tú me ayudas, Señor. Algún día seré ministro tuyo y
entonces no habrá obstáculo».
No obstante, considera lo que
hubiera hecho de haber sido llamado a filas.
«Brevemente consideré lo
que hubiera hecho si me hubiera llamado España ...
–escribe en su Diario– Aunque,
cobarde, hubiera ido. Fue menester que el Cardenal Gomá (q.s.g.h.) me dijera
que, no habiendo llamado mi quinta, debía estar en retaguardia para trabajar
en la Juventud de Acción Católica, para que pudiera contenerme de ir al
frente. Tanto pesaba en mí un puntillo de honra; pues tú sabes bien que lo
que me consumía era más bien el no quedarme atrás que el defender con mi
vida tus intereses.
»Aún así, tu gracia hizo que viviera
austeramente para no ofender la sangre joven que se derramaba en España y
aún que orara con más asiduidad para proteger a mis hermanos, mientras les
dedicaba todas mis energías y tiempo libre, manteniéndome en Burgos aun con
pesar de mi madre distante y perjuicio económico».
»«Me ha hecho ver todo lo que
tendría que aceptar si la Patria (rey temporal) me llamara a filas: Vida
disciplinada de cuartel. Dos horas de instrucción. Comida militar, rancho.
Separarme de los míos. Ir al frente. Centinela dura. Rechazar los ataques,
con cansancio o sin él, con hambre y sed o sin ella. Atacar hasta desalojar
al enemigo, con toda la impedimenta. Caer herido y sufrir el desgarrón de mi
carne y el dolor intenso y el dolor moral de verme lejos de los míos.
»O tal vez como los héroes de Belchite, de Teruel, del Ebro, de Santa María de la Cabeza verme cercado y
morir, con toda la angustia de la muerte, antes que entregar un miembro del
cuerpo sagrado de España.
»Todo esto lo haría por España y ¿no lo voy a
hacer por Cristo Rey?
»Y Él me pide:
»Vida disciplinada, un horario y que me
atenga a él. Instrucción: meditación, lectura, Santa Misa, comunión, lectura
espiritual, visita al Santísimo; instrucción que endurezca los músculos de
mi espíritu para marchar en sus filas.
»Comida sencilla y cama dura. Vida de frente
de lucha, de conquista, siempre vigilante y alerta, con centinela cuidadosa
sobre mis sentidos y potencias para que no me las arrebate el enemigo. Y si
el enemigo ataca, rechazarle con valor, tenga consolación o no la tenga,
estando cansado o descansado.
»Entrar al cuerpo a cuerpo en las almas para
desalojar al enemigo de ellas, con la impedimenta que sea, y si rechazar el
ataque me supone “arrancarme un ojo o una mano” sufrir con alegría el
desgarrón.
»Y resistir hasta la muerte antes que pecar
para no entregar un miembro del sagrado Cuerpo de Cristo al enemigo.
»¡Gracias Señor! porque tú, aunque me pides
esto, me aseguras siempre el triunfo.
»¡Cómo amontonas tus gracias sobre mí a pesar
de haber visto desde toda la eternidad mis iniquidades!
»Tú me has hecho ver también que al recibirte
en la Eucaristía te recibo a ti y a tus mártires, y que los has querido unir
a ti para venir a mi alma para que sus llagas sean como el altavoz de tu
amor, porque toda esa cantidad inmensa de tus llagas, las tuyas y las de tu
Cuerpo Místico, me dicen con los labios de sus heridas: Te amo, te amo y
tengo sed».
Obediente y callado, «soporta
la suprema humillación de la retaguardia que le impone el Cardenal Gomá, con
la orden estricta del Papa y de la Jerarquía de hacer subsistir la Juventud
de Acción Católica»
.
3. Entonces su figura se agiganta
« ... Y emprende su magnífica y
fecunda labor, que ya no abandona en toda la guerra
». «Lleva una intensa vida
de piedad, oyendo Misa y comulgando siempre que se lo permite el servicio y
supliendo con oración y la presencia de Dios los actos de culto a los que no
puede asistir. Debe ser apóstol con su ejemplo y su trato para atraer a sus
compañeros hacia el ideal apostólico»
.
«Trata de reorganizar las fuerzas
dispersas. Comunica con las Uniones Diocesanas, pero éstas no dan señales de
vida: todos sus miembros están desde el primer día en el frente ... Todo el
Consejo va al frente»
.
Con su llegada reaparece SIGNO, del que sólo
habían salido cuatro números en Madrid antes de comenzar la guerra.
Convertido en semanario acentúa el sentido peregrinante y lleva el espíritu
cristiano propio de aquella Juventud de Acción Católica. Y logra con su
esfuerzo que sea un órgano vital para el espíritu cristiano de los
combatientes católicos, de los Centros de Vanguardia y de los Centros y
Órganos de la Juventud de Acción Católica que perviven en la zona nacional,
aunque esté preferentemente dedicado a los primeros.
Da normas y alientos para proseguir
la labor. No cesa en la Obra de Asistencia Católica al Herido y proyecta el
Cuerpo de Visitadores, a base de mutilados, y al tiempo prepara el Congreso
de Lima
.
A iniciativa de Manuel Aparici deben Mons. Maximinio Romero de Lema y
Joaquín Ruiz–Giménez el que el Cardenal Gomá les lanzara a Hispanoamérica en
la primavera de 1939. Ellos abrieron en sus vidas y en su trabajo de Acción
Católica: la perspectiva Hispánica.
En retaguardia no hay un solo joven
de Acción Católica, salvo los que no son útiles para el servicio de las
armas. Casi toda la Obra quedó reducida a los aspirantes, que trabajaron de
un modo admirable, convirtiéndose en verdaderos jóvenes de Acción Católica.
En varias Diócesis se constituyeron grupos de aspirantes propagandistas. La
mayoría de los cargos y puestos dirigentes fueron ocupados por estos
muchachos de 15 años, a los que se estampilló para ello; es decir, se les
concedió la insignia de numerarios por méritos contraídos al servicio de la
Juventud y en tiempo de guerra
.
El heroísmo de estos muchachos fue posible merced al ideal que animaba a la
Juventud. Y detrás como siempre, él.
Si en 1936 no hubiera habido Aspirantados en casi todas las Parroquias donde había Centro de Jóvenes, la
Obra habría quedado materialmente desecha. Gracias a ellos mantuvo su
continuidad
.
Repetía con frecuencia: «Un centro no muere si hay
algún joven dispuesto a morir por el Centro»
.
Tendrían que pasar, sin embargo, bastantes meses
hasta que la Juventud volviera a tomar cuerpo como tal Asociación.
Sin el menor asomo de desánimo
«emprendió la difícil labor de localizarlos y agruparlos, siempre que fue
posible, en “Centros de Campaña”, donde pudieran reunirse y practicar, lo
mejor que se pudiera, muchas veces en la trinchera, la vida de la Juventud
de Acción Católica, a lo que respondieron muchos, que no solamente dieron
cuenta de su situación y actuaciones, sino que con su ejemplo y propaganda
consiguieron nuevos asociados»
.
Pese a todo «La Juventud de Acción
Católica, marcha; marchaba siempre;
aunque la sede del Consejo Superior y casi todos los Consejeros se hallen en
territorio rojo; aunque la Comisión Gestora que se ha constituido haya
tenido que dispersarse por estar sus miembros movilizados; aunque las
Uniones Diocesanas, lo mismo que los Centros, tienen el ciento por ciento de
sus directivos en el mismo caso; aunque todo paso que se da ocasiona un
déficit, y cada minuto de actividad supone otro tanto de mengua de descanso
que necesitan los que en los locales sociales trabajan perseverantes después
de haber cumplido sus deberes para con la Patria ... »
.
« ... El sol entra a raudales por uno de los
balcones. Manuel Aparici ... a cuyo esfuerzo se debe la obra de
la Juventud, inclinado sobre una de las mesas trabaja afanosamente. Cuando
le hablo del propósito de mi entrevista se muestra reacio. Su natural
modestia le obliga a quitar valor a lo que hace. No quiere que su tarea
salga a la superficie y se esfuerza sobresaliendo en medio de esta obra
admirable de esfuerzo y generosidad que es la Juventud de Acción Católica. Y
se esfuerza en hacer recaer el éxito –que a él sólo corresponde– sobre sus
colaboradores. Pero es inútil. Está casi solo. Sus más fieles ayudantes son
Esteban Fernández, el infatigable director de SIGNO ... y Manuel Martínez Pereiro, admirable ministro de las modestas finanzas de la Obra, quien desde
hace unos meses sostiene a la Juventud contra la fatalidad inexorable de los
números que le crean las pesadillas de los déficit.
»Al ver hoy
de nuevo a Manuel Aparici ante mí, recuerdo dos momentos anteriores de él
mismo hace ya muchos meses. Uno de ellos fue cuando sus palabras llegaron a
través de las ondas de la radio hasta los oídos del que esto escribe ... Y
el otro cuando ... descubrió la silueta de Aparici recortándose en la
penumbra de la capilla del Cristo en la Catedral burgalesa en actitud de
profunda meditación, como si aceptase sobre sí el peso y la responsabilidad
de los destinos de la Juventud Católica Española.
»Manuel
Aparici tiene dentro de sí –vibrándole gozosamente en las fibras de su
propio espíritu– el afán de conquistar el alma de la Juventud española para
Cristo. Esta es su obsesión y ésta es la razón de su vida y de su esfuerzo.
Jamás como él entre los hombres el verdadero sentido de la fraternidad había
llegado a más alto grado.
»Y la
entrevista empieza. A mis preguntas –durante todo el transcurso de la
charla– él va a contestar con una precisión que es la prueba más evidente de
cómo llena su ánimo esta obra ingente de la juventud. Maneja de memoria
cifras. Recuerda nombre de jóvenes que murieron como mártires o como héroes.
Habla de estas cosas con el cariño con que un padre pudiese recordar hechos
o palabras del hijo entrañable ...
»... Quedan
las palabras flotando en el ambiente, que yo recojo con el fervor del que
oye los últimos ecos de una apartada oración.
»Es ya mediodía y el sol –que entra a raudales por los balcones– ilumina
ahora la austera silueta del crucifijo que pende de la pared. Manuel Aparici
y yo lo contemplamos en silencio, mirándonos después con un gesto en el que
yo descubro la razón última de todos los sacrificios que el Presidente de la
Juventud de Acción Católica realiza desde hace muchos meses en el silencio
de aquella humilde habitación, que hoy parece como olvidada en un rincón de
España»
.
4. Su mística
En el folleto «Epistolario del Frente»,
prologado por él y publicado en Burgos, se puede contemplar su «mística».
Recordaba a los soldados combatientes que los de enfrente eran hermanos
suyos, y que era necesario orar también por ellos. Está en su espiritualidad
el amor a los enemigos y el espíritu de reconciliación.
«Jamás se le oyó una palabra de odio
hacia quienes habían estado al otro lado de las trincheras. Le gustaba
hablar de los mártires de la Obra, pero sin expresar deseos de castigo para
los que asesinaron a jóvenes de Acción Católica»
.
Por impulsos de Manuel Aparici se
editan inmediatamente, «los folletos de instrucciones a los movilizados de
la Juventud –que prologa él mismo–
y hojas en las que se estimula al rezo del Santo Rosario, al apostolado del
perdón y del sufrimiento y a la visita de los hospitales por jóvenes no
movilizados y por los aspirantes mayores»
.
«En el prólogo Manuel Aparici
dice: “El momento actual es una hora de Dios y es
menester que no pase sin frutos” … “Vive tu Obra, dala a conocer”. “Todo
joven de Acción Católica, cualquiera que sea el lugar o unidad en que esté
encuadrado, no debe olvidar que es un joven que se ha consagrado al servicio
de la Iglesia, como apóstol de las almas” ...“Llevará una vida intensa de
piedad, oyendo Misa y comulgando siempre que se lo permita el servicio, y
supliendo con oración y la presencia de Dios los actos de culto a que no
pueda asistir”. “Debe ser apóstol con su ejemplo y trato, para atraer a sus
compañeros hacia el ideal apostólico”.
Y
más adelante la exhortación a los movilizados y heridos en los hospitales.
«Que vuestro dolor sea redentor”, “ofrece a
Jesucristo tus sufrimientos, tan duros, continuos y ocultos. Y ofrece al
Padre, por Jesucristo, ese tesoro por la salvación de las almas, también por
los que luchan contra vosotros, hermanos nuestros”».
Este llamamiento está fechado en
Burgos, en febrero de 1937, y dice: “Año Santo de Santiago de Compostela,
1937”»
.
Por otro lado, «se servía de la
correspondencia que recibía de los jóvenes soldados para alimentar y
sostener en ellos el ideal cristiano de la lucha y ofrecer a Dios los
sacrificios, aún el de la muerte, por el triunfo de la causa de Dios y de la
Iglesia; y todo ello sin odios ni rencores para el enemigo, al que había que
liberar como a un hermano de sus errores y extravíos … El inspirador y
animador de este espíritu cristiano, que animó a muchos soldados de nuestra
Cruzada, fue él, que tenía un alma de auténtico apóstol de Cristo, que se
entregó sin reservas, sin regatear esfuerzos ni sacrificios al apostolado de
la juventud»
.
«En la otra zona el apostolado se
hacía, como puede comprenderse, en labor de catacumbas, pero se hacía.
Lentamente se fueron reconstruyendo las Uniones Diocesanas y Centros. En
Madrid, por ejemplo, se ayudaba a los sacerdotes en su labor penosa. Una
organización clandestina de más de un centenar de jóvenes, en grupos de seis
o diez, se reunían periódicamente en Círculos de Estudio. Y en los campos de
concentración se formaron varios Centros de Juventud»
.
«Mientras, en todas las cárceles los
jóvenes católicos confiesan su condición cristiana; 7.000 jóvenes, casi la
quinta parte de la Juventud de Acción Católica Española, ofrecen su vida en
holocausto por Dios y por España»
.
Y todo esto, y mucho, mucho más, sin abandonar
sus obligaciones de funcionario, que compagina con sus responsabilidades
como Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica de España.
5. Apostolado del sufrimiento
«¡Jóvenes de Acción Católica que lucháis por
España! ¡Los que sufrís en la trinchera, los que derramáis vuestra sangre en
el combate, los que padecéis las incomodidades de la guerra, los que yacéis
en el lecho del dolor de los hospitales, todos los que os sacrificáis en
estos momentos por la Patria!
Soldados de la Cruz
»La Juventud de Acción Católica os felicita
porque habéis entregado para la causa de Dios y de España vuestra sangre y
vuestra vida. Pero aún tenéis tesoros inagotables que podéis ofrecer, y la
Juventud de Acción Católica os los va a pedir. Esos tesoros son vuestros
sufrimientos. Las incomodidades, los sufrimientos todos: he ahí un gran
tesoro que desconocíais y que viene a pedir la Juventud para Cristo. Para la
Patria deis la sangre y la vida. Para Jesucristo debéis dar vuestros
sufrimientos.
Tesoro escondido
»¡Qué tesoro más inmenso si todos los jóvenes
católicos que luchan en los frentes o están heridos en los hospitales
ofrecen a Jesucristo sus sufrimientos tan duros, tan continuos, tan ocultos
a veces! …
Por España y por las almas
»Y os pedimos que ofrezcáis ese tesoro a
Jesucristo para conseguir del eterno Padre la redención religiosa de España,
la salvación de las almas de todos los que luchan, hasta las almas de los
que luchan contra nosotros, hermanos nuestros, descarriados, sí, pero por
eso mismo más dignos de compasión, para los que debemos pedir a Dios la
conversión, siquiera el arrepentimiento de la contrición en los últimos
instantes.
Dolor que redime
»El dolor es redentor. Cristo no nos redimió
sino con el dolor. Él ha querido que sus apóstoles rediman al mundo de la
misma manera que Él le redimió: con el dolor. No desperdiciéis, pues,
jóvenes de Acción Católica, apóstoles modernos de Jesucristo, el poder
redentor de vuestros sufrimientos. Por la transfusión de méritos de unos
cristianos a otros, según el dogma de la Comunión de los Santos, vuestros
dolores y sufrimientos irán a vivificar almas muertas que sólo por vosotros
podrán salvarse. ¡Qué satisfacción la vuestra si después de la campaña
podéis presentar en vuestra lista de méritos el haber salvado a España y el
haber salvado muchas almas! El joven de Acción Católica debe ser siempre
apóstol, sedlo ahora por la crucifixión de vuestro cuerpo.
El dolor es un valor
»Tenéis que sufrir. No sufráis en balde:
aprovechad vuestros sufrimientos. No desperdiciéis esos medios de salvar a
España ante Dios, de una manera tal vez más eficaz que con vuestro fusil. No
desaprovechéis esos magníficos medios de conseguir salvar las almas de
vuestros hermanos.
Sufrir por las almas
»El dolor por las almas es un consuelo. Es dulce
sufrir cuando se sufre sabiendo que se está haciendo bien a un hermano. Es
dulce la Cruz cuando se lleva por Dios. Así el sufrimiento no es la
desgracia que desespera, sino la gracia que nos hace apóstoles desde el
lecho desde la trinchera.
El holocausto de nuestra juventud
»¡Jóvenes de Acción Católica que lucháis en los
frentes o sufrís en los hospitales! Comencemos desde hoy una gran Cruzada de
sufrimientos por las almas. Todas las mañanas ofreced al Eterno Padre, en
unión de los sufrimientos de Jesucristo crucificado, todos vuestros dolores,
privaciones, heridas, sufrimientos, hasta vuestra muerte, si os llegara ese
trance, para pedirle la salvación de las almas, las de nuestros amigos y las
de nuestros enemigos. Repetid esa oblación en los momentos de mayor dolor
durante el día, para que sin cesar suba al Señor el holocausto de la
Juventud Española de Acción Católica.
»En las jornadas angustiosas de la trinchera, de
los insomnios penosos de la noche, en las horas grises y pesadas del
hospital, en el quirófano de operaciones, en los momentos dolorosos en que
la metralla rompa vuestra carne, siempre que sufráis, acordaos de Cristo
crucificado y ofrecedle vuestros dolores.
»¡Joven de Acción Católica! Muchas
almas esperan quien las salve. Tus dolores ofrecidos a Dios podrían
conseguirle el perdón. Esas almas son el valor de tus sufrimientos. (Con
licencia eclesiástica. Editado por la Juventud de Acción Católica Imprenta Aldecoa–Burgos)»
.
6. Centros de Vanguardia
«Repetía mucho la frase del Señor, cuando
manifestaba su pena por la muchedumbre que le seguía sin comer y que andaba
como ovejas sin pastor, en un momento en que, con motivo de la guerra, una
parte considerable de la juventud se encontraba en los cuarteles y en las
cárceles. Para atenderlos tuvo especialísimo interés en organizar y
desarrollar el Apostolado Castrense y el trabajo en las prisiones ... como
fueron bautizos de adultos, apadrinados por los Coroneles de los
Regimientos; y caso similares sucedieron en las cárceles»
.
Una ocasión muy propicia para su
labor fue la de los Cursillos para la Formación de Oficiales Provisionales,
valiéndose sobre todo de la colaboración de los cursillistas que pertenecían
a la Juventud de Acción Católica. De allí nacieron los famosos Centros de
Vanguardia
,
con los que Manuel Aparici mantenía una intensa relación, personal y
epistolar, sirviéndose también de SIGNO y de otras publicaciones varias para
mantener e intensificar el espíritu apostólico y sobrenatural de los jóvenes
de Acción Católica en los frentes de combate
.
Por otro lado, el ir y venir de los soldados por
Burgos, a donde acudían en cuanto les era posible, era beneficioso para su
consolidación y crecimiento.
«Algún día habrá que escribir
despacio esas memorias colectivas
,
de las cuales un capítulo muy especial serán los Centros de Vanguardia ...
Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici ... », asegura Joaquín
Ruiz–Giménez
.
«El fue su creador», afirma, por su parte, el Rvdo. Mariano Barriocanal en
aquel entonces Consiliario de la Federación de Estudiantes Católicos, que
comía en la misma mesa en la que lo hacía Manuel Aparici durante su estancia
en Burgos. «Eran su creación más personal y fecunda y únicos en el mundo
, que habrían de realizar
una gran labor apostólica, «sustitutos en aquellas circunstancias de los
Centros Parroquiales, dada la movilización de los jóvenes. Eran de
vanguardia de apostolado juvenil, de adelantado de peregrinos ...»
No cabe duda de que
constituyeron una peculiaridad apostólica apropiada a aquellos tiempos y
circunstancias. Se trataba de que los jóvenes de Acción Católica
movilizados, además de cumplir con sus deberes militares, colaborasen con
los Capellanes Castrenses en su función religiosa y «como tales no dependían
del mando militar ni tampoco de unidades de clara finalidad política»
. Dependían directamente
del Consejo Superior
, el cual estaba en contacto permanentemente
con el Cardenal Primado.
«Con ellos mantuvo en los jóvenes
que luchaban en el frente el auténtico espíritu de Cruzada –afirma el Rvdo.
Mariano Barriocanal (Cf.)
–,
espíritu que llevó a no pocos jóvenes al heroísmo y a los demás les conservó
en la vida de piedad y la fidelidad a las costumbres cristianas, «proveyendo
de rosarios, escapularios y medallas a los soldados y a los jefes»
, con lo que los unos y
los otros manifestaban cual era el sentido de sus luchas y sacrificios.
Aconsejaba se formase parte de los
mismos y que todos los jóvenes de Acción Católica tenían que fundar un
Centro de Vanguardia en la unidad en que estuviesen
; les decía lo que
necesitaban para formar un Centro. En primer lugar, ponerse en contacto con
el Capellán a quien le debían exponer todos sus deseos y mantenerse muy
unidos con él, etc.); les mandaba las normas y modelo de acta para su
fundación en el que se figuraban los fines de todo Centro de Vanguardia,
extracto del proyecto de Centros y en algunos casos el Reglamento de algún
Centro (Se tiene referencia, por ejemplo, del Centro de San Francisco Javier
de Medina del Campo).
Les pedía que, al principio, no
mostrasen mucho entusiasmo proselitista sino más bien que procurasen que
alrededor suyo se viviera una vida verdaderamente cristiana, que la
blasfemia, si es que existía, se desterrase, que los sacramentos se
frecuentasen. Si conseguís esto, después poco a poco, ellos mismos serán los
que pidan ingresar en el Centro al enterarse que allí es donde se vive un
cristianismo integral y en donde se encuentran a los muchachos más
conscientes de su misión de Cruzados de la Nueva España. Les decía que él
les ayudaría con sus pobres oraciones y con sus sacrificios
Les pedía también que, al constituirse el
Centro, le indicasen quien había quedado de Presidente y si funcionaba con
normalidad; que le enviasen una lista de todos los socios que pertenecían a
él indicando los años y cargo que han desempeñado antes en la Juventud o si
eran nuevos en la Obra, pues todos estos datos eran de sumo interés para el
Secretariado de Frentes.
«Respecto a las fichas que debían enviarme los Centros de Vanguardia y de
Transeúntes, opino como tú
,
tan es así que en la primera circular que dirigí a todas las Uniones
Diocesanas encargándoles el perfeccionamiento del Secretariado de Ausentes
les hacía ya esta indicación, pues es la única manera de completar la Obra
de apostolado que estamos realizando durante la guerra. Si cada Centro envía
al Consejo Superior la ficha de sus asociados con indicación de su punto
habitual de residencia y la Diócesis a que pertenecen, nosotros podemos
reexpedir esta ficha a la Unión Diocesana correspondiente y le servirá el
día de mañana para la fundación de nuevos Centros. Mas lo que pasa, es que
no se pueden conseguir todas las cosas a un tiempo: primero se ha logrado
que el espíritu se avivara precisamente en esas circunstancias de guerra y
ahora, que ya se ha creado este espíritu, será el momento oportuno para
recordar estas obligaciones».
«Raro era el día que sobre su mesa
de despacho no llegaba una carta anunciándole con trompetas de plata la
constitución de un nuevo Centro de Vanguardia»
Estos Centros surgieron en todos los
frentes, en todos las armas y cuerpos de ejército donde se extendió el
apostolado juvenil con estilo heroico de cruzada, gracias al espíritu que
supo alentarles Manuel Aparici. «De más de 200 Centros a finales de 1937, se
pasó a 400 a últimos de 1938. A la terminación de la guerra (1 de abril de
1939) su número se elevaba 456
,
que agrupaban 16.000 jóvenes de Acción Católica, de los cuales un 60% no
conocía nuestra Obra antes de iniciarse la guerra, que a su terminación
sirvieron para la reconstrucción de los Centros Parroquiales de la Juventud;
y otros muchos jóvenes de Acción Católica, es necesario tenerlo en cuenta,
hicieron apostolado en primera línea, sin conseguir formar el Centro de
Vanguardia».
«Sin embargo –escribe SIGNO
– hay algo más que el número.
Hay espíritu. Si éste se pudiera calcular nos daría cantidades enormes.
Tendríamos que acogernos a la incógnita matemática “tiende a infinito”.
Sacrificios ocultos, ansias de lo mejor, de escalar cumbres excepcionales.
»Tanta era la admiración de los católicos de
Argentina por la vitalidad de la Juventud de Acción Católica Española y por
sus Centros de Vanguardia, que la revista de Buenos Aires HEROICA, en su
editorial titulado: “Hablemos de España”, dice entre otras cosas: “La Acción
Católica ... ¡Cuánto se ha adelantado en pocos meses! ...
»Si vierais de conjunto la obra de la Juventud
de Acción Católica sentiríais como yo estremecer vuestro corazón con la
impresión de vértigo que producen las obras de
Dios ...
»Resume a continuación la actividad de nuestros
Centros de Vanguardia y añade: ¡Y qué Centros! ¿Cuándo se ha visto en el
mundo ejemplos semejantes? Hacia la Madre Patria, que nuevamente nos ilumina
y alienta, los jóvenes de América volvemos hoy los ojos conmovidos: ¡No
olvidemos sus héroes y sus ejemplos!».
Por otro lado, «la gran escritora
norteamericana, Jane Anderson, que estuvo a punto de ser fusilada en Madrid,
y que de vuelta a su Patria, fue un ardiente propagandista, visitó a Manuel
Aparici en Burgos en diciembre de 1938 acompañada de su esposo, Sr.
Cienfuegos, quien le expuso la labor que realizan los Centros de Vanguardia
y los hechos más sobresalientes realizados por los jóvenes de Acción
Católica. Se mostró admirada del espíritu de nuestros jóvenes. Especialmente
la labor de los Centros de Vanguardia mereció elogios suyos ... Es necesario
–dijo– que los Estados Unidos conozcan vuestra obra y entregó a Manuel
Aparici 200 medallas de la Virgen del Milagro, de Filadelfia, que es la
imagen más venerada en Norteamérica, para que las hiciera llegar a los
jóvenes de Acción Católica»
.
«Recorría los Centros de Vanguardia
y de retaguardia para evitar que la cruel ocupación de las armas apagara el
espíritu apostólico de “sus militantes”»
,
«inculcando la caridad en esos momentos de dolor, tragedia y lucha»
y pidiéndoles que «lo que sufrieran lo ofrecieran por el bien de las almas,
incluso por los hermanos que luchaban enfrente»
.
Repartía SIGNO en primera línea, trataba personal y apostólicamente en las
trincheras con los combatientes como preparación en las vísperas de las
batallas»
.
Además fundaba Centros tanto en los frentes como en la llamada zona
nacional. «Con este motivo hubo de desplegar actividades que en no pocas
ocasiones le supusieron peligros y sacrificios ... »
.
«Visitaba también todas las Diócesis
que se encontraban en la llamada zona nacional»
así como los Consejos Diocesanos liberados. José Luis López Mosteiro, a este
respecto, va más allá. Declara que: «visitaba los Centros de los
Jóvenes por toda España, durante la Guerra Civil, y venía a La Coruña
con frecuencia … Celebraba reuniones interparroquiales rotativas procurando
reunirnos cada vez en una Parroquia, en donde se hacía la convivencia, la
revisión de vida (ya entonces), y la Eucaristía. Después quedábamos con él,
todavía mucho tiempo, escuchándole, preguntándole, gozando de su presencia.
Era conocido en La Coruña nuestro paseo por el Cantón Grande sobre las diez
de la noche, rodeados de Manuel Aparici, empujándonos para estar más cerca
de él … Nos hablaba, como Jesús hablaba con sus discípulos … Su presencia
entre nosotros era carismática. Escucharle era el goce del corazón. El alma
se serenaba estando con él. Con la ligera aspiración de sus palabras, modo
de hablar característico de Manolo, nos embebía de Cristo».
Por su parte, Antonio Santamaría
González nos habla de una visita de Manuel Aparici a Zaragoza, a la que tuvo
que ir por razones militares, y cómo aprovechaba el tiempo para estar con
sus jóvenes que por diversas causas tenían que permanecer algún tiempo en la
Ciudad. Zaragoza era paso obligado para las fuerzas que operaban en los
diversos frentes próximos; era centro de intendencia y también de diversos
hospitales
,
donde algunos de nuestros jóvenes permanecieron semanas y meses.
«Su oratoria era una llamarada que
iba prendiendo hogueras por toda la geografía de España. Sólo Dios conoce el
número de quienes en sus palabras encontraron el camino de una vida de
ejemplaridad seglar o de vocación sacerdotal»
.
Ya en 1935, a Mons. Jesús Espinosa Rodríguez «le llamó poderosamente la
atención por su palabra ardiente y decidida en la defensa de los intereses
del Reino de Cristo».
Y por otra parte, había de atender a
la abundante correspondencia que «recibía de los jóvenes soldados del frente
dándole cuenta de su vida espiritual en campaña y también de sus actividades
apostólicas; cosas sencillas pero llenas de vida: rezo del rosario,
comentarios a los artículos de SIGNO, ayudar a la Santa Misa los días
festivos cuando teníamos “Pater” y se podía celebrar por razones de la
guerra, en más de una ocasión con peligro de ser batidos por la artillería
enemiga, y más aún por la aviación»
.
Recuerda con emoción el día de la Inmaculada;
adornaron el altar con flores silvestres colocadas en botes de carne o
alubias que habían comido el día anterior; asistían todos los libres de
servicio. Estos actos religiosos –dice Antonio Santamaría González–
contribuían a dar un tono de fiesta pocos días posible, creando entre todos
auténtica amistad material y espiritual.
Eran cartas extensas y llenas de consejos
espirituales, animando siempre a sus muy queridos jóvenes.
–
«Tengo ante la vista la carta que has dirigido al
Secretariado General de Frentes –le dice a Lisardo
Álvarez Luzaga el día 9 de noviembre de 1937– por
la que veo el entusiasmo enorme que tenéis por la Acción Católica y cómo os
sentís de verdad apóstoles a lo San Pablo, teniendo como ideal el fundar, a
donde quiera que vayáis, un nuevo Centro de Vanguardia como el Apóstol
fundaba una Iglesia en cualquier parte en donde pasase. Al veros con este
entusiasmo he querido contestaros yo mismo y robando un poco de tiempo a mis
ocupaciones lo he encontrado para dedicároslo a vosotros, que sois mi gozo y
mi corona y con los que me siento íntimamente unido en espíritu. Hace unos
momentos, antes de ponerme a contestaros, ha venido un joven a mi despacho y
habiéndome preguntado que cuales eran las actividades de la Juventud en los
frentes y que espíritu reinaba entre nuestros muchachos, le he leído vuestra
carta. Se ha quedado admirado al ver las ansias de apostolado que mostráis.
Como ves vuestra carta ha hecho fruto en donde menos lo podíais pensar ...
»De buena gana os escribiría más largo, pero
me es materialmente imposible pues el tiempo corre y son muchas las cartas a
contestar … A pesar de los kilómetros que nos separan, me encuentro muy
junto con vosotros y todos vuestros éxitos y todos vuestros desalientos los
tomo como si fuesen cosa mía. Nosotros los jóvenes de Acción Católica hemos
de hacer que sea una realidad la palabra del Maestro a sus discípulos:
“Amaos los unos a los otros como Yo os he amado” ...
»Hoy mismo he pasado nota a Administración
para que os envíen los Ángeles del Alcázar que pedís».
Le envía también una hoja que contiene las publicaciones que ha hecho el
Consejo en los últimos meses y le pide le diga si está con ellos el Dr.
Rivera y cuales son sus señas para enviarle lo que le piden.
– «No temas nunca distraer la
atención del Presidente –le dice a Antonio
Santamaría González con fecha 10 de octubre de 1938
–,
ni ocuparme un tiempo precioso, como dices, y menos
aún aunque no tengas cosas de interés que te sitúen en tu plano de
propagandista. Para mí lo más interesante sois vosotros … Por aquí
comprenderás cuánto me interesan los Propagandistas del Consejo
no tanto por lo que hagan sino por lo que vivan, pues ya sabes tú que lo
importante es estar unidos siempre a
Él …
«Y con relación al frente ¿Qué te diré sino que veo por tu carta que el
Señor te ha inspirado un magnífico procedimiento? Retrotraerles a su vida de
infancia, llena de ilusión y de alegría, y llena también de fe ingenua;
establecer el contacto con aquel pasado suyo que no murió, que estaba
dormido, para abrazando ellos su propio yo, que está olvidado, lo hagan
crecer hasta que adquiera las mismas dimensiones que su yo intelectual. Su
sencillez te hará ser sencillo también, y con la sencillez suma, con la
sencillez de la paloma que nos recomienda el Señor, hablarles de Él, con esa
sencillez de los corazones que se han llenado hasta rebosar y que tienen que
hablar de esa abundancia de sus efectos ...
»Mi enhorabuena por tus conquistas, no por lo que son en sí, sino porque
ahora tienes que sentir que esos muchachos que has empezado a acercar al
corazón de Nuestro Señor dependen de ti. Eran las ovejas descarriadas y,
como el Señor, con toda distancia que pueda existir entre el Redentor y los
redimidos, fuiste en su busca, pero ahora que has hecho que se paren, queda
la parte más pesada del trabajo: Cargarlas sobre tus hombros y llevarlas al
redil. Fíjate que este párrafo del Evangelio viene a ser el principio y el
origen de aquella frase de San Pablo: “Completo en mi cuerpo lo que falta a
la Pasión de Él, por el cuerpo suyo, que son sus miembros”. Si la libertad
de estos muchachos, un poco pródigos, resiste, es preciso que otra libertad
se entregue por la suya, y ya sabes que el Señor condiciona su gracia a la
redención de la libertad humana. Sobre estos muchachos que conocen algo de
lo negro de la vida, aprovecha esa parte negra también. Dicen que las
grandes santidades son rebote de las grandes caídas y ponen como ejemplos a
San Pablo y a San Agustín ...
»Ya tenía noticias de ese descenso de espíritu a que te refieres en tu
carta. Lo esperaba, pero la dificultad debe acrecentar tus bríos. ya que en
realidad no eres tú sino Él, quien tiene que vencerla.
»Llevo ya hechas las gestiones para tu venida, por ahora infructuosas. No
acabo de comprender por qué me dicen que es necesario que actuemos más y
luego no nos dan los medios. Sólo puede ser esto porque aún no sea llegada
la hora marcada por el Señor.
»Finalmente, ya que me pides que te aconseje y te exija lo que en beneficio
de la juventud sea más necesario, te diré una sola cosa. Que le seas fiel.
Con eso basta.
»¿Alegrías y tristezas de la Obra? Muchas.
Alegrías, vuestras cartas. Son la mejor prueba de que el Espíritu Santo
sigue soplando sobre vuestras almas. Y también los viajes. Por ellos he
visto lo que presumía: Que las almas están sedientas de Él, pero esto, como
es natural, trae también la tristeza consiguiente: Que la mies es inmensa y
los operarios muy pocos. Y por añadidura, aún hay algunos operarios que,
siendo buenísimos, quieren ensayar nuevos métodos que pueden perjudicar a la
labranza. Pero todo esto, al fin y al cabo, no tiene importancia porque
alegrías y tristezas son de Dios y tal vez esas pequeñas espinas son la
parte mejor, ya que son la prueba de que caminamos sobre sus huellas.
»Que la Santísima Virgen del Pilar dé
fortaleza de pilar a tu alma de apóstol».
Y todo ello, naturalmente, sin desatender la
retaguardia ni sus deberes como funcionario.
«Necesitamos de ella –le dice a Antonio Santamaría
González– aunque sea reducida a su mínima
expresión, obra que os ayude a vosotros, los que dilatáis las fronteras de
la Patria española y del Reino de Dios».
En retaguardia visitaba, además, los
hospitales viendo uno a uno a los heridos, hablándoles de Jesucristo, del
valor del sufrimiento, preparación para la muerte, etc.
.
Contaba que los heridos agradecían sus visitas: “con tanto trabajo como
tienes”. Su respuesta era: visito al Santísimo diariamente y comparto el
tiempo de estar con Él sacramentado para verle en ti y pasar a la intimidad
con Cristo doliente. Sus palabras eran otras, más extensas y hondas»
y organizó la residencia de Burgos para atender a los soldados y heridos
.
Un Centro de Vanguardia nos
ofrece su testimonio, hermoso testimonio en verdad, pero no único; es,
podríamos decir, uno de tantos a cual más bello.
«Hay algo que nos interesa mucho y
nos emociona un poco. Sufrimos sin remedio y sin hacer práctico nuestros
sufrimientos, que es una fuerza espiritual, un torrente parado, un caudal
muerto. Hay una hermosa oración … y se nos propone rezarla todos los días.
En ella se ofrece a Cristo clavado, el sufrimiento y el dolor, las heridas y
el sueño, la incomodidad y los piojos. Se ofrece por los enemigos, por
nosotros, por salvar almas, por reparar a Cristo y redimir a quienes luchan
ciegamente contra Dios. Es hermoso».
No cabe duda de que los Centros de
Vanguardia constituyeron una peculiaridad apostólica apropiada a aquellos
tiempos y circunstancias. Fueron de una gran eficacia y mantuvieron un alto
nivel espiritual. «Manuel Aparici y los suyos, fuertemente respaldados por
la Jerarquía de la Iglesia, mantuvieron el apostolado juvenil en tan
difíciles condiciones libre de confusionismos de cualquier orden»
y «contribuyeron no sólo a que los militantes conservaran su entusiasmo,
sino a que muchos soldados conociesen a Cristo, a la Iglesia y recuperasen
la fe»
.
7. En plena guerra los soldados hacen Ejercicios
He aquí un pequeño botón de muestra del espíritu
sobrenatural que animaba a aquellos jóvenes de Acción Católica..
Antonio Santamaría González llega a
Vitoria el 26 de octubre de 1937 con su Unidad procedente del frente de
Asturias donde descansaban mientras se reorganizaban las fuerzas. Aprovecha
esos días para invitar a sus compañeros del Centro de Vanguardia a
participar en un tanda de Ejercicios Espirituales internos, de una semana de
duración. Puede contar con una veintena de su Batería, unos pocos de la 7ª y
un legionario. Escribe a Manuel Aparici dándole cuenta de sus intenciones, y
éste le pone en contacto con D. Andrés de Soloaga, Director de la Caja de
Ahorros de Vitoria (en 1940 estaba de Director de la Caja de Ahorros de
Madrid). Por medio de este señor consigue que les reciban en el Hospital
«Fundación Molinuevo» por una pensión igual al rebaje de rancho del cuartel
y, además, que los Ejercicios sean dirigidos por un P. Jesuita. El Capitán
les concede el permiso para estar fuera del cuartel y percibir el rebaje de
rancho. Paga la pensión de todos y le sobran 21 pesetas, que encarga a
Riera, uno de los ejercitantes, entregue en el Consejo como donativo.
Con tal motivo, un diario de Vitoria hace
referencia a este hecho singular.
«Cerca de una treintena de soldados
–dice–, que han venido practicando los Ejercicios Espirituales de San
Ignacio de Loyola, dirigidos por el P. Andrés Aristegui S.J., han dado fin a
los mismos en una solemne Misa de Comunión.
»Nuestro Rvdmo. Administrador
Apostólico Mons. Lauzurica, al enterarse de ello, espontáneamente se brindó
a celebrar la Santa Misa y distribuir la Comunión a estos jóvenes
ejemplares. Es ayudado por los Rvdos. Sres. Onraita y Landáburu, Capellanes
del Hospital de Sangre y de la Casa. También asiste el Capellán Mayor del
Ejército D. Pedro Buesa y la Comunidad de Hijas de Santa Ana, personal
facultativo, el Director Dr. D. Felipe Elizagarte, la Delegada Provincial de
Asistencia a Frentes y Hospitales, Srta. María Cruz Guinea; representantes
de la Acción Católica masculina de Álava, D. Andrés de Soloaga y D. Luis
María Uriarte y Lebario. Y cómo no, Manuel Aparici.
»Monseñor les dice en su plática, entre otras
cosas, que ellos han de ser la levadura de la nueva España, que conquiste
los espíritus y las almas para Cristo.
»Los militantes de Acción Católica son: Burgos
5; Navarra 7; Valencia 2; Santander 5; Galicia 2; Palencia 2; Guipúzcoa 3;
Cataluña 2.
»El Gobernador Civil, Sr. Esparza,
por medio de una de sus hijas, ha enviado un obsequio de tabaco a los
soldados ejercitantes y a los heridos hospitalizados en el Hospital
“Fundación Molinuevo”».
8.
Nueva época de SIGNO
«Como todo aquello (LA FLECHA,
SIGNO, etc.) había quedado en Madrid, a Manuel Aparici le fue preciso
valerse en los primeros momentos de la modesta revista del Consejo Diocesano
de Burgos, hasta que pudo reorganizarse y salir otra vez SIGNO»
,
«suspendido en Madrid por la persecución de que era objeto cuanto con la
Iglesia se relacionase»
.
Solicitó la ayuda de Manuel Martínez Pereiro para asistirle en dos preocupaciones que tenía: asegurar la salida
de SIGNO y organizar, a falta de la que se había proyectado para 1937, una
peregrinación al menos simbólica a Santiago. Éste accedió a ello y se
trasladó desde La Coruña a Burgos.
«Uno de los problemas que agobiaba
al Presidente –dice Manuel Martínez Pereiro (Cf.)– era asegurar la salida
periódica de SIGNO como medio de mantener el espíritu sobrenatural de
nuestros jóvenes combatientes que no dejaban de contagiar a sus compañeros.
Creía que tal reforzamiento espiritual era su mejor aportación a la defensa
de la esencia de España que el marxismo pretendía destruir.
»Lo había
intentado dos o tres veces sin conseguirlo porque, en aquellas
circunstancias, no se encontraron en Burgos los medios materiales y
personales para tirar y distribuir los números con la rapidez necesaria, lo
cual influía de modo importante en el aspecto económico que en aquellos
momentos sobre todo era fundamental.
»Con calma y paciencia afrontaron este tema para resolver
inmediatamente la raíz del mal: la rapidez en la tirada y en el “cierre” o
distribución. Miguel Palomares, Presidente de la Juventud Católica de
Tarrasa (Barcelona), que se había pasado a la zona nacional y trabajaba en
una agencia informativa, dio resuelta la dificultad al conseguir la eficaz
colaboración, primero de un diario de San Sebastián y luego de otro de
Bilbao. Por su parte, Manuel Aparici nombró Director de
SIGNO
a Esteban Fernández, hombre decidido y eficaz además de competente, y montó
un “Consejo Editorial” variable según los elementos de que se disponía y que
se reunía regularmente para preparar los originales de
SIGNO
que el Director se llevaba con las etiquetas para los destinatarios del
periódico. Invitaba a cenar al personal de la imprenta y, abonándoles las
horas extraordinarias, componían, tiraban y “cerraban” la edición. Y así en
doce o catorce horas ...
SIGNO
pasaba de las cuartillas de los redactores a las oficinas de Correos para
llegar a todos los frentes. Gracias a Dios la regularización y periodicidad
se prolongaron hasta varios años después de terminada la guerra, aunque bajo
la dirección de Manuel Vigil y Vázquez, de la Editorial Católica.
»En el éxito logrado no debe omitirse la magnífica colaboración de los Jefes
de los Centros de Vanguardia y de varios Oficiales Provisionales que
aseguraban el pago puntual de los paquetes que recibían. Ni tampoco que el
día del Papa del año 1938 se celebró con un número extraordinario cuya
tirada alcanzó los 200.000 ejemplares, bastante por encima de lo normal».
Pese a la escasez de recursos reaparece el 20 de
noviembre de 1936 con numeración vieja y lo hace el mismo día en que muere
Antonio Rivera. Otra vez el cuarto número, pero esta vez fechado en Burgos,
y el primero de esta segunda época editado en zona nacional. Sólo habían
salido cuatro números en Madrid antes del 18 de julio de 1936. El cuarto
aunque preparado, no pudo distribuirse; quedó almacenado. Los negros
presagios se habían cumplido. España estaba en guerra. Sin embargo, tres
salidas habían bastado para ganar el corazón de los jóvenes.
«Con su reaparición, los jóvenes de
Acción Católica se sienten orgullosos de su publicación (juvenil y
espiritual); se percatan de que su Obra existe, que su preparación
espiritual no fue en balde ... »
.
Con su esfuerzo logra que sea un órgano vital
para el espíritu cristiano de los combatientes católicos, de los Centros de
Vanguardia y de los Centros y Órganos de la Juventud de Acción Católica que
perviven en la zona nacional, aunque esté preferentemente dedicado a los
primeros. Hubo momentos en que toda la Organización estaba atendida por él y
uno más, pero el desaliento no hace mella en él, porque sabe que la Obra es
de Dios y Él la ha de proteger.
«De Cara a Santiago», firmado por él, es el gran
editorial con el que reaparece. Y urgidos por las instancias de Manuel
Aparici, el gran Presidente Jacobeo de la Juventud de Acción Católica, todos
los Consejos Diocesanos y Centros se sentirán impelidos a la Vía
Compostelana de un catolicismo militante de vanguardia.
Los primeros meses fueron difíciles,
pero se vencen. Luego empieza a salir con regularidad cada 15 días. La
tirada aumenta. No son sólo lo leían los jóvenes de Acción Católica
.
«En aquel SIGNO burgalés, convertido
pronto en semanario, se acentuaba el sentido peregrinante»
y llevaba el espíritu cristiano propio de aquella época. Tuvo una
divulgación jamás igualada. Es cuando empieza su época dorada. Su alma, como
siempre, Manuel Aparici.
«José María Gárate en su libro “Mil
días de Fuego”, página 200, escribe: Ahora se dedica íntegramente a los
Centros de Vanguardia. Hay algo que nos interesa mucho y nos emociona ...
Sufrimos sin remedio y sin hacer práctico nuestro sufrimiento, que es una
fuerza espiritual, un torrente parado, un caudal muerto. Hay una hermosa
oración y se nos propone rezarla todos los días. En ella se ofrecen a Cristo
clavado el sufrimiento y el dolor, las heridas y el sueño, la incomodidad y
los piojos. Se ofrece por los enemigos, por nosotros, por salvar almas, por
reparar a Cristo y redimir a quienes luchan ciegamente contra Dios. Es
hermoso …
»Para los requetés es un hallazgo este periódico
que … espiritualiza al combate … Se edita en Burgos y andan por medio Pepe
Rodríguez y Alfredo Miranda, colaborando con Esteban Fernández, el gran
periodista callado, eficaz y con olfato para las noticias y su expresión
adecuada, que pega fuerte en el alma del lector, cosa difícil en temas tan
espinosos como ese de unir la religiosidad y el cuerpo a cuerpo.
»Desde entonces somos varios los que
esperamos SIGNO como un consuelo de Dios. Rezamos el rosario en la chabola.
Son muchos los que lo hacen y SIGNO es nuestra pequeña meditación. Nos hace
ver que a los ojos de Dios nuestras pequeñas cosas no pasan ignoradas,
aunque no tengan interés para el parte de guerra y no sean novedad en el
frente, sino todo lo contrario, es lo habitual, y nos recuerda que nuestra
guerra no es para matar rojos, ni siquiera extranjeros comunistas, sino para
salvarnos todos, purificándonos por el dolor. Estos son nuestros
sacramentos: El rosario y el periódico del “Apostolado de Vanguardia”»
.
Este SIGNO fue el de las trincheras, el pregón
de los mártires, el banderín de enganche para hacer de España «Vanguardia de
Cristiandad» con el refuerzo de todos los pueblos hispanos. Fue también
banderín de enganche para periodistas amantes de la verdad y Escuela de
Periodismo. Una Escuela viva y ejemplar.
«SIGNO es tronco y raíz de hombres,
de empresas apostólicas, de publicaciones que nacieron de su savia. ECCLESIA,
por ejemplo, es hija de SIGNO»
.
Por SIGNO había una admiración sincera
tanto en España como en Hispanoamérica y agencias o periódicos extranjeros;
periódicos franceses, belgas, portugueses, brasileños, hispanoamericanos, de
Oriente, etc. reproducían parte de sus editoriales. Y en más de una ocasión,
Radio Vaticana se hizo eco de sus opiniones y noticias.
Esta repercusión alcanzó proporciones notables.
En 1948, cuando desde sus columnas, el Consejo Superior llama a la juventud
del mundo, y muy especialmente a la hispanoamericana, para hacer la
peregrinación a Santiago, ¡cuántas revistas y diarios, sobre todo del
continente hermano, reprodujeron textos de él acerca de aquella empresa!
El 29 de junio de 1942 el Papa Pío XII otorgaba de todo corazón su Bendición Apostólica «a los Jóvenes de
Acción Católica de España, que ayer supieron sellar su fe con la sangre
generosa de sus héroes y hoy han mostrado su ardiente celo apostólico con
las vocaciones ofrecidas al santuario, y de modo especial a su vibrante
SIGNO, propagador entre la juventud española del amor al Vicario de Cristo y
a sus enseñanza».
Por su parte, «L´Osservatore
Romano», en su edición del 26 de junio de 1951, le dedicaba palabras de
elogio.
9. 1937: Año Santo Compostelano
A finales de 1936 Manuel Aparici hace un
llamamiento, orden y no consejo –dice– a los jóvenes de Acción Católica. Es
la hora de Dios.
«Dos formas tiene la Acción Católica de alcanzar el altísimo don de
“instaurarlo todo en Cristo”, que le asigna la Iglesia.
»La una, forjando las grandes instituciones sociales que hacen fácilmente
asequibles a los individuos los bienes de orden sobrenatural. Instituciones
que siempre, siempre, pero aún con mayor obligación en los períodos de
grandes crisis religiosas, morales y sociales, tenemos el deber de conservar
y perfeccionar. Yerra, pues, y yerra gravemente, quien crea que las actuales
circunstancias le excusan de trabajar en su propia organización. Sólo los
destacados en los frentes o en localidades distintas de las de su
residencia, en donde no exista Organización de Juventud de Acción Católica,
tendrán excusa para ello. Los demás, no. Los movilizados, ciertamente que
habrán de servir primero, y a la perfección, todas las obligaciones que su
milicia le impone, pues al hacerlo cumplen su deber de caridad para con la
Patria; pero en el tiempo que les quede libre, esa misma caridad les obliga
a perfeccionar y desarrollar la Institución creada por la Iglesia para
apostolado de la juventud.
»No se olvide que ... España y Cristo necesitan que después de la victoria
no se malogre el inmenso caudal de generosidad, espíritu de sacrificio, amor
patrio, y de espiritualidad, en una palabra, que a costa de tanta sangre y
tanto mártir está atesorando la Juventud de España. Por ello, mis palabras
son orden y no consejo. Es preciso, absolutamente preciso, que con los
aspirantes y jóvenes que les quedan funcionen y se desarrollen nuestros
Centros y Uniones Diocesanas, con todas sus instituciones complementarias,
para que puedan acoger a los valientes soldados de Dios y de España cuando
regresen a sus hogares cargados con los laureles de la victoria.
»Mas también de otra manera alcanza su finalidad la Acción Católica, y es
penetrando por medio de sus individuos las grandes instituciones sociales de
los bienes de orden sobrenatural. No menos urgente y apremiante que mantener
y desarrollar nuestra organización, es que nuestros jóvenes difundan todo su
espíritu en las Milicias y Cuerpos del Ejército a que se adscribieron para
defender a España y el reinado de Cristo en nuestra Patria. Más urgente y
apremiante, porque difícilmente encontrarán los jóvenes apóstoles seglares
coyuntura mejor. El reto de indiferencia y de prejuicio que entre nosotros y
los demás jóvenes ponía la frivolidad de las costumbres, se ha cerrado. Hoy
el amor patrio, el sentimiento del peligro, los azares y privaciones de la
campaña corridos en común, nos funden y nos mezclan con los demás jóvenes.
Quien sea apóstol por el corazón y no por la insignia, en ese marco
magnífico de la guerra tiene ocasiones múltiples para mostrar a sus
compañeros de armas y de riesgos todo el tesoro del ideal, de fe y
entusiasmo apostólico que su corazón encierre. Y estas ocasiones, para el
apóstol, significan providencia de Dios.
»Para todos esos jóvenes de alma noble y generosa que tienes junto a tu
corazón, la guerra es la hora de Dios. La permitió, entre otros ocultos
fines, para que tú, joven de Acción Católica, pudieras vivir en medio de
ellos y llevarlos al Reino de Dios.
»Con concisión de orden repito: Todas las organizaciones, en
marcha. Todos los jóvenes, en acción»
.
Y «el 22 de diciembre, por las
radios de Vigo, Burgos y Sevilla, se dirige un mensaje del Presidente
Nacional a los jóvenes de Acción Católica de España invitándoles a que, al
cumplirse el Año Santo Compostelano, digan todos con los apóstoles San Juan
y Santiago y con los mártires de la Juventud «Possumus»; y asiste una
representación de la Comisión Gestora [en ella va él y el Viceconsiliario
General] con banderas de los Centros de las Diócesis situadas en zona
nacional a la ceremonia de apertura de la Puerta Santa»
.
Tres meses después, Pío XI hace una llamada a una «Cristiandad ejemplar» en
su Encíclica «Mit brennender sorge” de fecha 14 de marzo de 1937
.
Ello refuerza considerablemente el ideal peregrinante de Manuel Aparici
hacia la Cristiandad ejemplar con la peregrinación y el Congreso, aunque la
guerra obligase a esperar.
Y al llegar el Año Santo de 1937, en plena contienda, se celebra la
«Vigilia del Apóstol en todos los frentes y hospitales y una representación
de la Juventud de Acción Católica y su Presidente Nacional, con todo el
Consejo, se traslada a la ciudad del Apóstol»
«con los mutilados y heridos que estaban en condiciones y con los jóvenes
que descansaban en la retaguardia. La falta de alojamientos en la ciudad
Compostelana se resolvió con buen humor y alegría para la noche del 23 al 24
utilizando haces de paja en locales disponibles de una obra benéfica; la
siguiente noche tuvieron la Vigilia ante el Apóstol ... con mejores
resultados espirituales que la que había fracasado»
.
Como Presidente Nacional leyó el Voto Promesa de
Peregrinar a Santiago.
«Al llegar a Santiago comprendí
que venía a recibir inspiración y fuerza del Apóstol para dirigirme a
todos los jóvenes de Acción Católica de España e Hispanoamérica pidiéndoles
que, con su vida santa, hicieran posible el Congreso con que queríamos
honrar a nuestro Padre en la fe»
.
Días antes, el 15 de julio, prometía terminar la
peregrinación el día 25.
«Vamos a prometer todos
–decía– terminar nuestra peregrinación en Compostela cuando la Victoria
nos traiga como fruto la Paz de Cristo. Terminar porque la peregrinación
empezó cuando el Santo Padre bendijo nuestro proyecto. Y en eso andamos,
bebiendo la amargura de nuestra propia sangre en ruta de martirio. Sin
desmayar. Nuestra peregrinación continúa»
.
Pocos días después de haber tenido lugar la
Vigilia del Apóstol, se recibieron desde Guatemala y San Salvador sendas
cartas relatando los actos celebrados los días 24 y 25 de julio para estar
espiritualmente unidos a los peregrinos de Compostela.
Dado que la paz no había llegado, Su
Santidad el Papa Pío XI da a España una inusitada prueba de amor. Por vez
primera en la historia el Santo Padre prorroga un Año Santo Compostelano (a
1938) con el fin de que si terminaba la guerra, los jóvenes de Acción
Católica pudieran celebrar su anhelado propósito. Pero la paz sigue sin
llegar.
Con este motivo, Manuel Aparici dirige una carta
a los Jóvenes de Acción Católica invitándoles a caminar en espíritu hacia a
Santiago y lanza desde SIGNO un llamamiento a los jóvenes católicos de
Hispanoamérica para que se unieran a los españoles en aquella marcha de
penitencia.
«Cuando concluyó el Año Jubilar de
1937, en plena batalla de Teruel, los Centros de Vanguardia mantuvieron
constantes en su ánimo el sentido de una peregrinación aplazada por la
guerra, o más bien prolongada en ella por caminos divergentes, que alargaban
indefinidamente el tiempo y el andar del peregrino–soldado, pero que se
cumpliría en el Año Jubilar de 1943 más pleno, triunfal y agradecido, por el
bien que la ascética combatiente traía a las almas, y por el supremo bien de
la victoria bajo el patrocinio del Apóstol»
.
Al año siguiente, en la vigilia y
festividad de Santiago de 1938, no fueron sólo los jóvenes españoles los que
celebraron la Vigilia, sino que a ellos se unieron también representantes de
otras juventudes hispanoamericanas. Con
tal motivo, Manuel Aparici dirige a los Centros de Vanguardia una Circular
pidiéndoles en esa noche unión más viva y ardiente.
«Mis queridos hermanos de apostolado:
»Hace más de dos años, postrado a
los pies del Santo Padre, recibí de sus labios la bendición para nuestra
empresa. En vuestro nombre fui a exponerle la común ambición: convocar a
toda la Hispanidad junto a la tumba del Apóstol para acometer, bajo las
órdenes de Pedro y con el patrocinio y caudillaje del Capitán Santiago la
reconquista del mundo para Cristo.
»Y la peregrinación comenzó. Dos años largos llevamos en caminar de
cruzados. El triunfo de la cruz requería beber Cáliz de Pasión. Austera
ascesis y penitencia de la guerra y de la persecución. Al compás de los
triunfos de España, los del espíritu. Los de la Patria tienen los nombres
gloriosos de Toledo, Oviedo, Teruel, Huesca, Bilbao, Santander, Lérida,
Castellón; los del alma, renunciación, desprendimiento, ansia de Dios, celo
de su gloria, amor de Cristo y sed de almas. Cuatrocientos de Apostolado de
Vanguardia proclaman los avances del peregrino de nuestro espíritu.
»Dos años largos, mas ya alborea. Mirad hacia lo alto. Por el cielo de
España cruza una ráfaga de estrellas. Es la luz de los que llegaron hasta
ellas por su desposorio eterno con la cruz. Son los hermanos que ya llegaron
a Compostela. Los que triunfaron ante los rojos o frente a ellos proclamando
con su muerte la Verdad.
»En la noche del 24 al 25, donde quiera que estéis, yo os pido que elevéis
vuestros ojos a la altura y que por ese camino de heroísmos, de sacrificios,
de martirio, de santidad, enviéis vuestra plegaria, unidos en un mismo amor
a todos los hermanos, hasta la tumba del Apóstol. Allí estará vuestro
Consejo y vuestras Uniones Diocesanas, y todos juntos pediremos al Señor que
abrevie el plazo, aunque aumente el dolor, que somos los hijos de la Iglesia
impaciente y nos tarda el momento de llegar peregrinos para rendirle gracias
por su triunf