
DESPUÉS DE LA GUERRA (1939 – 1941)
1. La obra de
reconciliación y del perdón
2. Hacia el Sepulcro del
Apóstol
3. Cesa en la Presidencia
Nacional
4. De esta forma vivió su
Presidencia
5.
Testamento espiritual a su sucesor en el
cargo
6. Epílogo:
Peregrinación a Santiago en 1948
* Manuel
Aparici, primer peregrino
* ¡Al fin,
llegó el gran día!
* Llegada a
Compostela
* La
Peregrinación fue católica, universal
* Ofrenda de
la Juventud peregrina a la
Iglesia Compostelana
* Contestación del Legado Pontificio
* Radiomensaje de S.S. Pío XII a los
Jóvenes de
Acción Católica en Santiago
* Tu obra,
Manolo
* Manuel Aparici es el auténtico símbolo
del peregrinar juvenil audaz, generoso,
apostólico y esperanzador
a. Las
«características del peregrino»
b. El «Ideal
del peregrino»
c. El «gran
Ideal»
APÓSTOL SEGLAR
(1928 – 1941)
DESPUÉS DE LA GUERRA (1939 – 1941)
En esta nueva etapa, pasó horas muy
difíciles, pero tuvo tanto cariño, tanta energía y tanto entusiasmo por la
Obra, que cuando en 1941 deja la Presidencia para ingresar en el Seminario,
la Juventud de Acción Católica es una Organización viva y activa que florece
en innumerables vocaciones y en la que ser heroico era algo absolutamente
normal.
«Ante la reciente liberación de
distintas capitales, visita al Arzobispo de Burgos y le expone la urgente,
urgentísima, necesidad de organizar los Centros Parroquiales, para lo cual
era indispensable la ayuda de muchachos ya capacitados … pues los pocos con
quienes contaba se han diseminado por las distintas capitales recién
liberadas»
.
El problema más importante que tenía la Juventud
de Acción Católica en aquellos años era cubrir los huecos dejados en sus
cuadros directivos por los siete mil mártires –Dios se había llevado a los
mejores–, pero resultaba difícil ... buscar las personas adecuadas que
pudieran dirigirla y, sin embargo, era urgente cubrir rápidamente esos
puestos.
En la Asamblea Nacional de Toledo se trató
también la reorganización de la Obra y las actuaciones más aconsejables
durante el año 1940. Se animó a los Consejos Diocesanos a reanudar la
organización de Cursillos de Formación de Dirigentes. Así, en dicho año se
organizan los primeros Cursillos de Formación en varias Diócesis, además de
los Cursillos Nacionales y de Formación de Profesores de Cursillos a los
consejeros y propagandistas del Consejo Superior dirigidos estos últimos por
él.
La satisfactoria experiencia obtenida con ellos
anima al Consejo Superior a proseguir el camino emprendido y a proponer a
los Presidentes Diocesanos un plan orgánico y completo de formación de
dirigentes del que nacieran los cuadros eficientes que la Acción Católica
juvenil necesitaba y les ofrece su ayuda.
Comprendía este plan: Cursillos de Adelantados
de Peregrinos (dirigentes diocesanos), de Jefes de Peregrinos (dirigentes
comarcales y parroquiales), de Guías de Peregrinos (jefes de decuria) y de
Instructores Parroquiales de Aspirantes.
En esos años, la Obra se consagra a la tarea de
formación de dirigentes y a la intensificación de los trabajos apostólicos,
no sólo en el campo de la Acción Católica, sino en todas las instituciones
sociales, infundiendo en los miembros de la Rama una verdadera y auténtica
orientación apostólica para la vida, que la hacía reaccionar en todo
instante como enviados del Señor.
De esta situación Manuel Aparici
informa al Director Seglar de la Junta Técnica Nacional de Acción Católica,
Alberto Martín Artajo, le adjunta el Plan de Formación, con su cuadro de
estudios: materias, asistentes, profesorado, etc. y solicitud de matrícula y
le pide presente su solicitud de ayuda económica a la Asociación de Fomento
de Obras de Acción Católica
.
Esta renovación era todavía
más difícil toda vez que «tras la enorme sangría de
la guerra –escribe Manuel Aparici–
viene ahora otra no menos gloriosa mutilación en el cuerpo de
la ya veterana Juventud de Acción Católica. A centenares, estos jóvenes, se
dan a los Seminarios y a los Noviciados para cubrir los huecos de los 11.000
sacerdotes sacrificados por los enemigos de Dios …
.
Muchos renunciaron a sus carreras recién terminadas o a un brillante
porvenir ya al alcance de la mano»
.
Una vez más, volvió a ser el
hombre de absoluta dedicación a esta tarea, «el instrumento “natural” del
Señor por su historia anterior y por su labor en aquellos años en los cuales
el espíritu de la Juventud sale enfervorizado», dice Mons. Maximino Romero
de Lema. Continuaba de Presidente Nacional a pesar de que ya contaba casi
con 37 años
.
«Es más, en marzo de 1941
–según se lee en su Diario–
ostentaba la doble Presidencia: Nacional y Diocesana».
«En esta Mesa de Consejos nos
sentábamos ... los miembros del I Consejo Superior de postguerra y sus
colaboradores. Que yo sepa, dos o tres han llegado a ministros, varios a
Directores Generales, etc. ... Yo estaba allí inmerecidamente, entre
aquellos muchachos de extraordinaria valía, gracias al afecto personal del
Presidente Manuel Aparici ... »
.
«Llega a la Capital con las primeras
tropas»
y «se entrega apasionadamente a … la reconstrucción espiritual … de la
España de la posguerra, pues se consideraba responsable de toda la juventud
española y quería hacerlo a través de la Juventud de Acción Católica»
.
«Concibió una
nueva sociedad ... basada en los valores cristianos … Luchó por desarrollar
la Juventud, hacer llegar a todos la llamada de Cristo a los jóvenes y
preparar dirigentes para la sociedad ... Fue una tarea ardua, difícil, que
requirió de él una fortaleza, un gran esfuerzo y una continuidad que exigía
grandes sacrificios. Se dedicó en cuerpo y alma a la Juventud. Y en esta
situación siempre se le vio tranquilo, optimista, dispuesto, alegre ... »
.
«La Acción Católica fue la
institución que mayor bien hizo en todos los sentidos y la que mejor
colaboró en la Iglesia para la reconstrucción de España, sobre todo la
Juventud y al frente de ella su líder indiscutible Manuel Aparici. Los
Centros de Acción Católica se extendieron por toda España sin ningún tinte
político, partidista o de otro signo “dándoles un sentido peregrinante”
;
eran la expresión evangelizadora y apostólica de la Iglesia de Jesucristo,
¡cuántas heridas curaron, cuánta ruina espiritual, moral y humana
levantaron, cuánta formación integral (hasta clases para analfabetos tenía
organizadas en los Centros), cómo se estimuló la vida de gracia … !»
.
La orientación que trató de dar a la
Juventud de Acción Católica fue la de «peregrinar hacia la santidad». «Una
línea providencial fue tomar como gran objetivo la peregrinación a Santiago.
Allí debía haberse tenido en el Año Santo de 1937 el gran
Congreso–Peregrinación. Manuel Aparici retoma la bandera y comienza a
organizar los “Cursillos de Adelantados de Peregrinos” … »
.
« En una España devastada por la guerra y no sólo en el orden material,
había que tener mucha fe para ir adelante con el propósito de la
peregrinación.
El Consejo revisa la Obra y acuerda, entre otras
cosas, visitar las Uniones Diocesanas recién liberadas. Inmediatamente se
pone en contacto con todas ellas. Son desmovilizados algunos consejeros y
propagandistas, pero el Consejo no logra su normal funcionamiento hasta
vencido el verano.
Manuel Aparici visita todas las
Diócesis españolas
.
«Su insistencia ante los dirigentes de la Juventud y ante los Obispos era
siempre la misma: había que formar a los jóvenes españoles con un espíritu
evangélico de amor al prójimo y de gran sentido sobrenatural, insistiendo en
los aspectos positivos del cristianismo. Citaba a menudo los versículos de
un Salmo: “Corrí por el camino de tus mandamientos cuando dilataste mi
corazón”»
.
Así, se reabren y se crean otros Centros
Parroquiales tras ser licenciados los Centros de Vanguardia.
Entretanto, estalla la segunda Guerra Mundial
(el 1 de septiembre de 1939). Sin embargo, estimulados por él y los suyos se
sentían peregrinos por más que el estallido de ésta fuera un nuevo obstáculo
para poder fijar la fecha de la peregrinación. Pasaría un Año Santo Jacobeo
antes de poder fijar la fecha, que finalmente sería la del Año Santo de
1948. Dieciséis años después de ser propuesta.
«En los 65 años que tengo –afirma José Díaz
Rincón– jamás he conocido algo igual a aquella actividad en la vida de la
Iglesia, y eso que no he dejado de militar a tope en ella».
1. La obra de reconciliación y del perdón
«Su profundidad en la asidua
meditación del Evangelio le daba como fruto el amor a todos ... Era
ocupación de todos los días»
.
«Una de las preocupaciones más
grandes que tuvo ... –precisa Mons. Maximino Romero de Lema– fue la
reconstrucción espiritual de la España de la postguerra ... dedicándonos
principalmente a las cárceles, presos y familiares, pues en su opinión era
el problema más grave en esos momentos para la juventud».
«Con ellos y sus familiares hizo una
impresionante labor humana, caritativa, social y apostólica»
.
« ... Y, como expresión de todo ello, la
caridad para con el prójimo»
.
«Fue una labor enorme que no ha sido suficientemente apreciada, pues
abarcó todas las cárceles de España y tuvo una proyección extraordinaria en
todas las familias»
.
«Su influencia en la reconstrucción espiritual de España en la posguerra
–asegura el Rvdo. Antonio Garrigós Meseguer– me parece muy importante. Sobre
todo porque supo crear un estilo de vida cristiana ... Creo que es muy
reveladora una anécdota que escuché en aquellos tiempos: un hombre que
estaba en la cárcel ... escribía a su mujer: “si veis a una persona que
lleva en la solapa una crucecita verde, confiad en él: lo encontraréis
dispuesto a ayudaros”. Aunque esa actitud de curar heridas ... fue adoptada
por muchos católicos en aquella época ... fue una característica muy
acentuada en Manolo y en la Juventud de Acción Católica que él inspiró ... .
Creo que fue uno de los elementos que configuró un modo de ser español de la
posguerra ... Sólo Dios sabe hasta donde esa semilla fecundó el porvenir de
nuestra Patria».
2. Hacia el Sepulcro del Apóstol
A poco tiempo de finalizada la guerra,
concretamente el 21 de mayo de 1939, saluda, en nombre del Consejo Superior,
a todas las Uniones Diocesanas y les dice:
«Jóvenes de Acción Católica, en
pie. La lucha comienza. En el caminar hacia el Sepulcro del Apóstol,
empezado hace tres años, ha llegado la hora de la lucha del espíritu en la
hora de la paz ... No puede haber decaimiento»
.
El viejo anhelo de los «100.000 santos para
Santiago» adquiere profunda resonancia durante los años 40 hasta que se
concreta en la peregrinación a Santiago de Compostela en 1948.
Toda esta etapa de la Juventud de Acción
Católica (1939/1948) produce un impacto decisivo en el apostolado seglar
español. La Acción Católica en todas sus ramas toma las líneas fundamentales
del planteamiento apostólico juvenil; y otras organizaciones seglares se ven
influenciadas por el esquema básico de la Acción Católica.
Los años de preparación de la magna
peregrinación a Santiago son años de gran trabajo y elevado espíritu
sobrenatural, así como de una intensa actividad de apostolado en todas las
Diócesis y de peregrinaciones a distintos santuarios de España, empezando
por el Pilar. Todo enderezado a vigorizar la vida sobrenatural … Entretanto,
hasta llegar el año 1948, tienen lugar un torrente de Cursillos de Formación
de Dirigentes y de Adelantados de Peregrinos»
.
Cinco días después de su saludo a
todas las Uniones Diocesanas, el 26 de mayo, se reunía en Madrid el pleno
del Consejo Superior para tratar de la peregrinación a Santiago. Delibera si
se debe acudir este año a Compostela o aplazar la peregrinación hasta
después del año 1940, para acudir en dicho año a Zaragoza con motivo del XIX
Centenario de la venida en carne mortal de Nuestra Señora. Acuerda aplazarla
para fecha más oportuna si desde entonces al 15 de septiembre no han podido
encontrarse los medios necesarios. Hechas todas las gestiones posibles, no
se logran, y en la VII Asamblea Nacional celebrada en Toledo del 15 al 17
de diciembre de 1939 –a la que ya nos hemos referido con anterioridad–se
acuerda, entre otras cosas, aplazar la peregrinación y proponer la
celebración de la de Zaragoza en agosto/septiembre de 1940, como una nueva
etapa, preparatoria y necesaria de la peregrinación a Santiago, que es
bendecida y aprobada por el Cardenal Gomá, Arzobispo de Toledo y Primado de
España.
También se acuerda que la Juventud de Acción
Católica jure defender la Asunción de María y su Mediación Universal, así
como un plan de estudio de carácter eminentemente mariano e hispánico.
El objeto de la peregrinación
al Pilar era lograr –en palabras de Manuel Aparici– que la
«Juventud de Acción Católica Española se convirtiera, con la
ayuda de Nuestra Señora, en Vanguardia de la Cristiandad hispánica
prometiendo con verdadera firmeza servir de fermento y levadura de santidad
a la Juventud española», en que todos los miembros
vigilasen atentos sobre sí mismos ... «Para
acometer esta empresa santamente ambiciosa
–añadía– nos hace falta hoy más que nunca la ayuda
divina. Nuestros jóvenes tienen que volver de Zaragoza con el alma llena de
inquietudes y ansias apostólicas».
El de la peregrinación a Santiago era iniciar
con las Juventudes de Acción Católica de Hispanoamérica una actuación común
que tendiera a hacer de la Hispanidad esa Cristiandad.
Seguidamente se inicia su propaganda, siendo el
primer acto la ofrenda que en la madrugada del día 2 de enero de 1940, en el
Pilar de Zaragoza, hace a María el Presidente Nacional, Manuel Aparici, en
nombre de toda la Juventud de Acción Católica, que, desde aquel momento, se
declara peregrina de un eterno camino de santidad. Después, conminó a la
Juventud a que antes de cruzar los caminos de Castilla y de Aragón hacia la
Virgen del Pilar, peregrinara hacia dentro.
«Alta
la mirada, –les dice– con
la vista puesta en la Madre que desde su Pilar bendito nos ampara,
prosigamos con dignidad nuestro vivir de soldados de la Cruz y de España»
.
Y comienza así la peregrinación de
la Juventud, bajo el signo de María. Y engarzándolo todo, el Camino de
Santiago. Así, rindiendo una nueva etapa de la ruta jacobea, la Juventud de
Acción Católica Española va a dar gracias a la Señora y a pedirle fuerza
para hacer de España «ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo»; a
ofrecerle la sangre de sus mártires
,
a jurar que defenderá hasta la muerte, si es preciso, la creencia en la
Asunción y Mediación Universal de la Virgen María y a comprometerse que por
cada uno de los que están en Zaragoza comparecerán siete en Compostela.
Desde entonces no hay reunión comarcal o
diocesana que no se articule sobre una peregrinación. Toda la geografía
mariana de España se va enhebrando en el nuevo Camino de Santiago que están
construyendo los jóvenes de Acción Católica.
Y llega el día soñado. En
Zaragoza, 20.000 jóvenes hacen su voto mariano, se presentan como «principio
de Cristiandad»
y se comprometen a caminar hacia Santiago. Cuatro años después, en
septiembre de 1944, siendo seminarista, escribe:
«¿No es María la primera Vanguardia de Cristiandad?»
.
Como primer peregrino, que
además fue el ponente del anteproyecto del plan de actuación, hizo la
ofrenda de los Jóvenes de Acción Católica y puso la nota emotiva de su
anunciado escape al Seminario. Dijo: «No puede
haber Vanguardia de Cristiandad sin sacerdotes»
.
Debido a la prolongación de la guerra en Europa,
los jóvenes católicos hispanoamericanos no pudieron acompañar a los jóvenes
peregrinos españoles, aunque sí lo hicieron espiritualmente; Portugal, sin
embargo, envió lo más selecto de sus jóvenes.
«Cubierta la primera etapa de nuestra peregrinación
–diría más adelante– resta ahora cubrir la segunda, en la
que presentaremos ante las Hijas de España a toda la juventud de nuestra
Patria hecha Cristiandad juvenil ... Es obligado, pues, comparecer en
Compostela como dignos descendientes del Apóstol: firmes en la fe, alegres
en el sacrificio, amantes de la disciplina, esforzados en la oración y ricos
en obras de apostolado»
.
«El Señor
–recordaría en 1944, siendo seminarista– había
llamado a la Juventud de Acción Católica a una vocación peregrinante.
Estaban cerrados los caminos que conducían a Dios en España y en el mundo. Y
un día 1 de febrero de 1936, los representantes de la Juventud arrodillados
ante el Pontífice de la Acción Católica, le pidieron su bendición para
peregrinar, puesto que peregrinar con fe es abrir camino en las almas al
Reino de Dios. Y la bendición fue amplia y generosa y la peregrinación
comenzó. La meta era Compostela, allí donde se inició la forja de la
Cristiandad española. Pero fue en Zaragoza a orillas del Ebro donde Santiago
recibió la mediación de María; por eso la Juventud acordó ir al Pilar y
prestar juramento»
.
3. Cesa en la Presidencia Nacional
Y se llega al 19 de octubre de 1941,
fecha en que cesa en la Presidencia Nacional de los Jóvenes de Acción
Católica Española para ingresar en el Seminario
.
El Consejo Superior ha dado lo mejor que tenía, la propia persona de su
Presidente. Con él acudieron otros muchos, varios del Consejo. El índice de
vocaciones despertadas es expresión de que la Obra crece en santidad.
En su despedida el Arzobispo de
Valladolid, Dr. García y García, en el acto de clausura de las Jornadas
Nacionales de Oración y Estudio de Presidentes Diocesanos, celebradas en
Valladolid, felicita a Manuel Aparici de una manera muy singular, a su
«queridísimo Manolo», a quien desde hace muchos años lo lleva en su corazón,
e «interpretando el sentir de los demás Prelados de España, le da las
gracias por todo lo que ha trabajado por la vida de la Iglesia, fomentando
la Juventud Masculina de Acción Católica. «¿Qué ha hecho Manuel Aparici?
Muchísimo, –dice el Sr. Arzobispo–. No voy a enumerarlo. Dos datos. Cuando
empezó su Presidencia, hace ahora siete años, había 20.000 jóvenes y 400
Centros; hoy, al dejarla, hay 100.000 jóvenes y 2.000 Centros»
.
Y le da las gracias por lo que ha hecho y por lo que va a hacer.
»¿Qué ha hecho? Trabajar siempre como un joven
de Acción Católica ¿Dónde? En la calle, en el centro de recreo, en el
taller, en la cárcel roja, en el frente de la caridad. Donde quiera que
estaban sus pies, estaba su corazón, estaba su entendimiento. El
entendimiento, pensando en la Acción Católica; el corazón y las manos,
trabajando para acumular jóvenes, para formarlos y lanzarlos por España [uno
de sus grandes amores] como apóstoles para hacer la España grande que
soñamos.
»Pero ¿qué estoy diciendo? ¡Qué
ganas de perder el tiempo y de agotar energías! Me estoy esforzando por
darle la enhorabuena y tengo en la mano un telegrama de Su Santidad el Papa.
¡En pie, jóvenes de Acción Católica! Que vais a oír la palabra del Papa por
medio del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Secretario de Estado [Eugenio Pacelli]:
»Al dejar Manolo Aparici Presidencia
Juventud de Acción Católica Augusto Pontífice, testimoniándole paternal
benevolencia por abnegada labor con concesión Cruz Pro Ecclesia et Pontifice,
otórgale de corazón implorada bendición apostólica, extensiva nuevo
Presidente a quien auguro –¡el Papa! ¡El Papa augura!– continuo acierto
elevado cargo y a todos los Presidentes y asistentes al Congreso Nacional
Juventud Católica Valladolid»
.
Por su parte, el Consiliario
Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Zaragoza
le agradece cuanto ha hecho por la causa de Dios en la Juventud de Acción
Católica y de modo especial por el bien de sus jóvenes.
Una semana después, el día 26, va a Zaragoza a
despedirse de la Virgen del Pilar y a ofrecerle la insignia.
Meses antes, a primeros de febrero
de este mismo año, los Presidentes de todos los Consejos Diocesanos de
España le hicieron un homenaje que consistió en la entrega de una insignia
de la Juventud de Acción Católica de oro, esmeraldas y brillantes y un
pergamino, en reconocimiento por la obra de apostolado que había realizado
en la guerra y en la paz
.
»Confía en mí, que el fuego de mi Corazón
consumirá la escoria del corazón tuyo. Confía en mí, que yo te abrasaré en
mí sed, y con ella y por ella tú vendrás del todo a mí, para que te dé mi
agua viva con la que me ganes almas y aplaques mi sed» .
«Al tomar las riendas del Consejo
–dice Manuel Martínez Pereiro– quiso ir aprovechando las colaboraciones que
tenía a su alcance para organizar y poner en marcha los Secretariados que
debían impulsar las diversas actividades; el de Piedad se lo reservó para sí
mismo».
«El Consejo estaba constituido por
16 jóvenes, y a las reuniones plenarias se sumaban los Presidentes de las
nueve Archidiócesis. En su inmensa mayoría eran universitarios muchos muy
valiosos y brillantes, y algunos ya profesionales. Manuel Aparici era muy
inteligente. Procedía de una carrera técnica, no era lo que entonces se
decía un “universitario”. Aceptaba con alegría la valía de todos, pensando
en el bien de la Juventud de Acción Católica, y nunca tuvo complejo alguno,
y escuchaba a todos muy bien. Él sabía que estaba allí para “salvar almas”
como entonces se decía y lo que hacía falta era ser santos, y ésta era la
carrera de todos. Lo demás eran instrumentos. De hecho había amistad y
caridad entre todos, integrando los diversos pareceres ... »
.
«El Consejo iba funcionando –sigue
diciendo Manuel Martínez Pereiro– como un verdadero equipo cordial y
fraterno con jornada de tarde completa … Manuel Aparici repartía
íntegramente sus tardes entre la dedicación a la Obra, a las clases de latín
–éstas sí de verdad, y con profesor propio– y para profundizar su formación
con vistas a su carrera sacerdotal, que tuvo siempre muy presente, y a
recibir sin limitación alguna a cuantos jóvenes se lo pedían.
»Aquella dedicación se
extendía a todos los aspectos de la Obra, incluido el económico, siempre
deficitario. Su lema era: “Hay que hacer lo que se
debe, aunque se deba lo que se hace”. Pero siempre
con gran prudencia para evitar situaciones difíciles; su afán de captar
colaboradores llegaba también al mundo económico.
»Acudía al Monasterio de Silos, solo o
acompañado por otros Vocales, siempre que deseaba meditar o estudiar algún
tema de importancia».
«Buscaba los valores cristianos por encima de
todo –asegura Mons. Maximino Romero de Lema– ... Promovió grandes e
importantes peregrinaciones. Además, quería a la Juventud unida al Papa y a
los Obispos.
»Trabajaba por la gloria de Dios con entrega,
celo sobrenatural y fervor ... ».
Su norma de vida desde los 27 años será el que
«yo me santifico, me ofrezco por víctima para que ellos sean santificados»
(promesa del propagandista) y desde los 28 el motor de su vida será la sed
de Jesús en la Cruz (lema del propagandista). Y como Jesús le enciende en su
sed, intentará hacer de la Obra que Jesús le confía instrumento que aplaque
esa sed: España y lo Hispánico Vanguardia de Cristiandad.
Nunca se le vio destemplado. Su vida era recta y
austera en todo. Su actitud exterior sonriente y en sus decisiones seguro.
De gran humildad y profunda vida de oración.
«Siete años de Presidente Nacional de los
Jóvenes de Acción Católica, vividos con una plena dedicación apostólica, le
ponen en el candelero como ejemplo y guía de una promoción juvenil de más de
6.000 muchachos que, convencidos de haber participado en una Cruzada, entran
en Seminarios y Noviciados dispuestos a entregarse al Señor para la
renovación de la vida cristiana en España. Y muchos millares más,
procedentes de ambas zonas, formados en el Ideal que él y sus colaboradores
habían propuesto y defendido en el período del 33 al 40, se asoman a las
nuevas responsabilidades familiares, profesionales, sociales y políticas con
el firme propósito de dar en todos los ambientes un vivo testimonio
apostólico.
»El trabajo incansable, las dotes de
organización, pero, sobre todo, la fidelidad al pensamiento pontificio y a
las directrices de la Jerarquía y la profundidad de su vida sobrenatural
hacen de él el hermano mayor, el Capitán de Peregrinos, el jefe indiscutible
de una generación de jóvenes que han dado a España Obispos, ministros,
profesionales destacados, militantes obreros y rurales, sacerdotes y
religiosos, dirigentes apostólicos que actúan en primera fila en todos los
sectores de la vida nacional»
.
«Presidente y Rector de la Obra en
una etapa inolvidable de heroísmo y martirio ... símbolo y corona ... en la
que dejó profunda huella. Aparici, Capitán y mártir. Aparici, el Presidente
de los 7.000 mártires, que se ofreció víctima por todos los jóvenes de
España; y el Señor le tomó la palabra»
.
Y con estas palabras resume sus siete años de
Presidencia en su Diario:
« … que los siete años de mi
Presidencia, de los que algo me he envanecido, fueron siete años de amistad
con el Señor un poco a lo Judas, pues le besé, pero no me crucifiqué como me
pedía. Gracias, Señor, porque aún me amas».
5. Testamento espiritual a su sucesor en el cargo
Para Antonio García–Pablos se trata
de un «documento capital
…
Quizá sea –dice– de los más reveladores de la grandeza de su alma»
.
«Su
contenido –según los Peritos Teólogos– es un verdadero privilegio para quien
fue dirigido; demuestra la sabiduría, experiencia, y exquisita
fundamentación teológica y moral del pensamiento de Manuel Aparici con una
proyección de futuro, digna de tenerse en cuenta para todos quienes en el
peregrinar de la vida tenemos que guiarnos por los sabios y sensatos
consejos de vida y amor aplicados a la Nueva Evangelización». En él se
aprecia su amistad con Dios, su humildad en reconocer los talentos, su
sabiduría y prudencia y sus ansias de santidad.
6. Epílogo: Peregrinación a Santiago en 1948
No podemos terminar este capítulo sin una
referencia a la gran peregrinación a Santiago de Compostela en 1948, obra
suya, aunque él ya no estuviera al frente de esa Juventud a la que tanto amó
y por la que tanto se entregó.
Recuérdese que, un día, respondiendo
a la llamada del Papa, capitaneó a toda una generación juvenil en un largo
peregrinar de doce años, que culminó en la gran cita ante el Apóstol
Santiago en 1948, meta de perenne peregrinación para impulso y sostén de un
renacimiento cristiano, en cumplimiento del voto de peregrinar para llevar
almas de joven a Cristo y hacer de España la soñada Vanguardia de una
Cristiandad «ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo», urgida por
S.S. Pío XI.
Con su ardoroso espíritu apostólico, fue su
máximo propulsor. Cuando convocaba a los Jóvenes de Acción Católica a
peregrinar les convocaba para que aspirasen al espíritu ardiente de los
Hijos del Trueno como estilo de vida.
Siguiendo los pasos hacia Santiago,
en agosto de 1943 (del 1 al 4), llega a Santiago, Año Santo Jacobeo, la
peregrinación de dirigentes (4.000), anticipo y vanguardia de la gran
marcha; son los «Adelantados de Peregrinos», los que abren camino a los
demás. Acuden a ganar la gracia para la juventud que sigue peregrinando en
espíritu
.
Y cinco años después, en 1948,
llegarían los demás. Era Año Santo en Compostela. Pero en 1944, cuatro años
antes de la gran cita en Compostela no faltaron quienes pretendieron
suprimir la peregrinación con todo lo que ello suponía. Manuel Aparici,
todavía seminarista, tiene que emplearse a fondo. Trata por todos los medios
de anular el intento. Solicita, y consigue la ayuda de D. Maximino Romero de
Lema. En carta autógrafa de éste de fecha 15 de noviembre de 1944, citada
por el Rvdo. Antonio Santamaría González en su testimonio de fecha 29 de
septiembre de 1993, le dice:
«El
peligro es más serio de lo que puede creerse. Índice de ello es el intento
pertinaz de D. Evaristo y de Bonet de suprimir la Peregrinación a Santiago
con todo lo que ello supone; por otra parte entre Joaquín
[Ruiz–Giménez], [Alfredo] Sánchez Bella y su grupo
y el Consejo Superior hay una serie de recelos; los amigos de la Asociación
Católica Nacional de Propagandistas también están divididos; yo logré mover
a alguien a tiempo y creo que quedará Alfredo [López]
de la Junta Técnica.
»No hay Junta, no hay
Consejo, no hay auténtico grupo de Pax Romana; hay bastantes elementos
buenos dispersos con espíritu de guerrilleros y el Señor ha querido crear
entre ti y todos ellos vínculos de caridad y de prestigio muy fuertes que
creo hay obligación de utilizar. Tal vez un retraso de un curso en tu
colaboración con Ángel suponga un adelanto de muchos años si consigues, con
la ayuda del Señor, crear aquí con todos esos elementos el grupo fuerte por
su vida sobrenatural que es necesario en la Capital de España; pensad Ángel
y tú que precisamente en otro campo no se puede hoy trabajar, sin preparar
para la siembra, misión que yo he abrazado; hay más obligación de no
abandonar el campo seglar. D. Zacarías [Vizcarra],
D. Hernán [Cortés], D. Emilio [Bellón], Alfredo [López],
el Consejo y yo coincidimos en que tú harías aquí un gran bien».
Próxima ya la fecha de la magna peregrinación, 4
de junio de 1948, Manuel Aparici, sacerdote y estudiante en Salamanca,
escribe en la revista INCUNABLE, lo siguiente:
«Nosotros también a Santiago ...
y unidos en idéntica sed, Episcopado, clero y fieles, sea nuestra Patria
pueblo de apóstoles que, semilla y sembrador, sepa sembrarse en los
corazones a fin de que, reconocida la Vieja Cristiandad europea e
incorporadas a ellas las Cristiandades Nuevas de Ultramar, como un sólo
apóstol corran a las órdenes de Pedro a anunciar el gran día que hizo el
Señor a los que aún yacen en la noche de la gentilidad y el paganismo»
.
«Fuimos a María –dice–
para que nos alcanzara la gracia de ser apóstoles. Ahora vamos a Compostela
para que Santiago nos enseñe a serlo»
.
Manuel Aparici, primer
peregrino
Pocos días antes de la gran
cita, SIGNO
publica estas elogiosas
palabras para su persona con motivo de la entrega de la primera tarjeta de
inscripción definitiva y de la medalla de la Peregrinación:
«Una representación del Consejo
Superior ha visitado, el pasado domingo, día 8, al Rvdo. Sr. D. Manuel
Aparici para hacerle entrega, como “Capitán de Peregrinos”, de la primera
tarjeta de inscripción definitiva y de la medalla de la peregrinación. Esta
tarjeta lleva la banda azul de los sacerdotes.
»Sólo un nombre podría
escribirse en la primera tarjeta definitiva
de peregrino emitida por
el Consejo: el de Manuel Aparici –por muchos años Manolo Aparici–,
“Adelantado y Capitán” de nuestros anhelos, que hizo viva la inquietud de
nuestra Juventud ... Ante esta noticia, tan grata para todos,
SIGNO
felicita al Padre Aparici y a toda la Juventud; no podíamos marchar a
Santiago sin él, porque quedaba mucho de su espíritu en nuestro afán de hoy.
Ya, al frente de nosotros, Manolo Aparici, sólo falta empezar la marcha, ese
caminar en el que nos preceden aquellos hombres que sintieron también en su
alma la sed de Santiago, los que pasaron por la jefatura de nuestra
Juventud. Cinco nombres que son el prólogo de nuestro peregrinar»
.
No se podía
marchar hacia Santiago sin él.
¡Al fin, llegó el gran día!
Era el 28 de agosto de 1948. (Y un
28 de agosto también, pero de 1964, moría el «Capitán de Peregrinos). «Era
el broche final. Una generación de jóvenes de Acción Católica ... rendía
viaje al final de su travesía; otra ... guardaba silencio»
.
Era la
peregrinación –tan largamente preparada y con tanta vehemencia anhelada– más
grande y la más interesante de todos los Años Santos Jacobeos de los siglos
pasados.
«Dieciséis años de anhelo constante marcan el camino de Santiago que va a
seguir la Juventud de Acción Católica Española, teniendo como compañeras a
las representaciones mejores del mundo católico. Tres lustros cargados de
acontecimientos insospechados, que si bien impidieron que la peregrinación
ansiada se llevara a cabo en fechas señaladas, han permitido a la juventud
española demostrar al mundo, y especialmente a Hispanoamérica –esa tierra
que tiene su norte en la Península–, que sólo ella puede resistir los
embates de la bestia que encarna la materia para hacer que triunfe el Ángel
de la Verdad. Y de ahí su aspiración a constituir la Vanguardia de
Cristiandad ... ¡Dieciséis años de historia! Sí. La Peregrinación tiene
historia. No es improvisación o remate de un veraneo. Es el punto en que
culmina la ansiedad penitente de tres generaciones viriles y es, al mismo
tiempo, el punto de arranque de una nuevo caminar hacia metas grandiosas.
Tiene historia la Peregrinación ... Y cuando el andante sienta desfallecer
sus fuerzas, que vuelva su mirada hacia los que fueron quedando en el camino
anhelado de Santiago; que piense en cualquier etapa anterior, y en ese
volver la mirada atrás –¡volver la mirada atrás!– encontrará el empuje más
fuerte hacia delante. Por ello, cuando va a ser realidad el anhelo
acariciado durante años y años, cuando el futuro va a ser ya presente,
queremos saturarnos de esa historia que nos ha de dar fuerza y, al hacerlo,
rendir homenaje a los que con su tesón diario y sacrificio, que culminó a
veces en la muerte, permitieron que hoy, nosotros, demos el primer paso de
la mayor empresa perseguida por una juventud: constituir la Vanguardia de la
Cristiandad, que sea “sostén y guía del mundo profundamente enfermo”»
.
«Durante estos años, especialmente para aquellos a quienes Dios
concedió la gracia de la muerte heroica, fue el gran motivo para su
santificación ... », escribe Manuel Aparici
.
Llegada a Compostela
«Más de 60.000 jóvenes peregrinos
[70/75.000 según algunos medios de comunicación, 100.000, según otros]
llegaron a Compostela por diferentes medios y distintos caminos desde todos
los rincones de España»
.
«Este era el sacerdote todavía joven que en 1948, en Santiago de Compostela,
presencia modestamente cómo empieza a realizarse aquella congregación de
Juventudes de todas las Españas que doce años atrás le propusiera al Vicario
de Cristo. En los detalles, en la realización, en el programa, es posible
que el acontecimiento no responda exactamente a lo planeado en 1936. Dos
guerras [la de España y la de Europa] ... Pero las diferencias colaboran en
resaltar más la identidad de propósitos y de fines, la fidelidad al estilo.
Los muchachos que se agolpan en la residencia Universitaria de Compos-tela
eran los niños pequeños de 1936. Pero su temple espiritual es el mismo que
el de aquella generación ...; su desprendimiento igual ... Había unas 1.200
banderas de la Juventud.
»Durante todo el mes de agosto ... se pudo ver por distintos caminos de
España grupos de muchachos marchando a pie, cargados con sucintos equipajes.
Los hubo que siguieron su camino hasta el final, aunque sus pies se llagaron
desde el primer día de caminar. Los hubo que consiguieron realizar sus
etapas de tal manera que ningún día se quedaron sin comulgar, aunque para
ello tuvieron que andar kilómetros y más kilómetros en ayunas
.
Los hubo también que se sustentaron de una bolsa común y parca que
difícilmente lograron estirar hasta el término de la Peregrinación. Los hubo
que caminaron algunos días en completo ayuno y durmieron algunas noches en
el santo suelo. Y no sólo anduvieron por su pie el camino de Santiago
peregrinos españoles, pues hubo un francés que se fue desde París a
Compostela andando por el viejo camino durante dos meses que duró su
peregrinar.
»En cuanto a los peregrinos “motorizados”, unos 900 camio-nes
,
de carga en su mayor parte, les baquetearon durante varias jornadas, a la
ida y a la vuelta, por los caminos que conducían a Santiago. Iban en ellos
los jóvenes prensados unos con otros; con estrechas tablas por todo asiento,
donde las había. Cuatro accidentes se produjeron, con dos muertos y más de
veinte heridos en total. Los muertos fueron el párroco de Manuel (Valencia),
D. José María Palomer, y el joven de Villanueva de Castellón, Vicente Ferry,
a los que les estaba reservado, para ejemplo de todos, el altísimo destino
de morir peregrinando. Y en cuanto a los que fueron en tren y en barco [los
de las islas adyacentes y Marruecos] tampoco viajaron menos rudamente que
los anteriores. Los de Palma de Mallorca, por ejemplo, en cubierta hasta
Barcelona; en tercera, desde Barcelona a Madrid, y en camiones, desde Madrid
a Santiago. Y sin paradas ni visitas turís-ticas. Sin dormir en cama los
días que duró el viaje. Como los demás.
»La mayoría de los peregrinos eran empleados modestos, obreros o
trabajadores del campo, que consumieron en la peregrinación parte o la
totalidad de sus vacaciones y los ahorros que tenían hechos. Se dieron
muchos casos de muchachos que trabajaron horas extraordinarias ... para
poder costearse los gastos del viaje. Se ve, pues, que la peregrinación
rebase en tiempo y, desde luego, en espíritu, los días consumidos en la ida
a Santiago y el regreso. Y como el volumen de peregrinos era, desde luego,
mayor que el de los habitantes de la ciudad compostelana, descansaron en
ella de las fatigas del camino durmiendo al aire libre por rúas y plazas o
en los bancos de las Iglesias»
.
La Peregrinación fue católica, universal
«No sólo
estaban allí las representaciones de las Juventudes de Acción Católica de
los países hispanoamericanos. También estaba presente una representación de
las Juventudes Católicas de Norteamérica. Y copiosas representaciones de
Portugal, Francia e Italia. Muchachos de Bélgica, Inglaterra y exiliados de
los países tras el “telón de acero”. Hasta dos jóvenes vietnamitas, que
aportaron la representación del catolicismo del Extremo Oriente: 32 países
en total ...
»El Cardenal Arzobispo de Toledo Mons. Pla y Deniel en funciones de Legado
Pontificio, el Nuncio de Su Santidad y más de 20 Obispos de España,
Portugal, Cuba, Brasil y hasta de la mártir Letonia. Testificaban el
compromiso jacobeo de las Juventudes, anunciado por las pastorales de 34
Prelados españoles y de otros tantos extranjeros, entre ellos los Cardenales
de París y de Lovaina, y saludado por mensajes de religiosos y misioneros
del mundo entero.
»Mil cuatrocientas Misas en la noche eucarística. Novecientas setenta y seis
blancas banderas con la cruz verde de la Acción Católica juvenil. Pero por
mucho que intentemos abrumar con números, aún quedará muy lejos de
expresarse la realidad de lo que el Patriarca de las Indias Occidentales y
Obispo de Madrid–Alcalá calificó de “pentecostés compostelano ... ”»
.
«La Misa y la comunión –impresionante, maravillosa–, ¡qué ejército de
santos!» ... «¡Son tantos los recuerdos maravillosos. Pero quizá más que
ninguno cuando en la madrugada del 29, después del rosario, en medio de la
Misa comulgamos los 60.000 jóvenes. Era extraordinario pensar que en
aquellos momentos toda aquella muchedumbre juvenil estaba en gracia. Con un
ejército así podríamos sentirnos optimistas ... Los que estuvimos en
Santiago en el 48 no lo podremos olvidar nunca», escribe Alejandro Fernández Pombo en SIGNO diez años después
.
« ... Dios hostia venía a mí entre los mil pasillos de muchachos, en la
procesión de los 200 copones ... », precisa Álvaro Capella en el mismo
número de SIGNO.
Ofrenda de la Juventud peregrina a la
Iglesia Compostelana
En el
Ofertorio de la Misa de Pontifical oficiada por el Cardenal Primado y Legado
Pontificio, Mons. Pla y Deniel, el Presidente Nacional de los Jóvenes de
Acción Católica, Enrique Pastor, hizo la ofrenda de la Juventud peregrina.
«En prueba
de devoción a nuestro glorioso Patrón Santiago –dijo–, y
para memoria perpetua de este solemne momento, ofrendamos a la Santa Iglesia
Compostelana esta patena y este cáliz con el ruego, señor Cardenal, de que
en este Santo Sacrificio que vais a celebrar, ofrezcáis en ellos el pan y el
vino, primero; el Cuerpo y la Sangre verdadera de Cristo Nuestro Señor,
después, y con éstos nuestra hambre de apostolado y nuestra sed de martirio.
»En esta
patena, Eminentísimo Señor, se conmemoran las numerosas vocaciones
sacerdotales que nuestra Juventud ha dado a la Iglesia. En este cáliz,
aquellos esforzados jóvenes que el Señor acogió de entre nosotros para que
dieran testimonio de su fe.
»Pedid,
señor Cardenal, al que es Señor de la mies, al dador de toda fortaleza, al
Dios lleno de misericordia, que por la intercesión del gran apóstol y mártir
Santiago sigan produciéndose en nuestras filas vocaciones a su santo
sacerdocio, que estemos en todo momento dispuestos para los más difíciles
heroísmos y que seamos hallados fieles en el día en que el Señor se siente
en el Trono de su juicio».
Contestación del Legado Pontificio
«Y Nos, en nombre de la Santa Iglesia Compostelana y con los más ardientes
votos para que el Señor os dé cumplidas las gracias suplicadas, aceptamos
esta Ofrenda para honra del Glorioso Apóstol Santiago y perenne recuerdo de
este día venturoso»
.
Radiomensaje de S.S. Pío XII a los
Jóvenes de Acción Católica en Santiago
« ... Las ondas de la radio trajeron ante la enfervorizada muchedumbre
juvenil la palabra del Papa, que habló en un dulce español, acordando el
esplendoroso pasado de Santiago y preguntándose si toda esa gloria católica
iba a quedar en un recuerdo añejo, y añadiendo él mismo que los jóvenes
católicos de España, con su deseo de forjar una Cristiandad ejemplo, están
respondiendo que no. Los añejos recuerdo son renovada realidad»
.
Y ahora las
palabras del Papa.
«Amadísimos
jóvenes, peregrinos de Compostela:
»Es propio
de la juventud evocar las hazañas de sus mayores para repetirlas luego,
mejorándolas, si posible fuera. Vuestra presencia de hoy en Santiago
–entusiasta, numerosa, ferviente– lo está demostrando de una manera
admirable.
»Efectivamente, Compostela había sido durante siglos como la resonancia viva
de una historia, desde los días oscuros y heroicos de un Alfonso II hasta
los esplendorosos de un Carlos V, y sede de Prelados insignes, como un Diego Gelmírez y un Pedro Muñiz, que dejaron escritas sus crónicas con las piedras
graníticas de esa Catedral incomparable; pero había sido, sobre todo, el
rincón escogido por la providencia entre las dulces y verdes colinas de esa
“terriña meiga” para hacer de ella uno de los más potentes centros de
atracción para la fe, para la piedad y para el espíritu generoso de aquella
Cristiandad en pleno fervor de vida. Reyes y plebeyos, obispos y monjes,
santos y pecadores, caballeros y pecheros, artistas y sabios, juglares y
trovadores, fluyendo y refluyendo como aluvión incontenible y constante a lo
largo del “Camino de Santiago”, no sólo aceleraron y profundizaron el ritmo
de la historia, sirviendo de crisol a la elaboración de las ciencias y de
las artes, sino que desparramaron por el mundo un anhelo de purificación y
esparcieron por todas partes aquellas ansias de pacificación y de fraternal
unión de los espíritus que han sido siempre la única y segura base de la
paz.
»Desde el Monte del Gozo a la Puerta de los Perdones era la coronación de un
anhelo, que acaso había tenido antes sus fases íntimamente dolorosas; bajo
las bóvedas severas y en la mística penumbra, alumbrada día y noche por
centenares de blandones, el ritmo arcaico de las chirimías y el balanceo
grave del “botafumeiro”, abrían las puertas al estupor: el abrazo a la
pétrea y hierética imagen ascendía a la categoría de gesto de reconciliación
y purificación, simbolizada acaso en la venera, que el peregrino no dejaba
de prenderse al pecho; las últimas hilachas del pardo sayal, abandonadas
sobre la “Cruz dos farrapos”, venían luego a ser el símbolo de una vida que
quedaba cada vez más lejana, y, finalmente, la estética contemplación del
Pórtico de la Gloria representaría como un anticipo de aquel paraíso, cuyas
puertas se iban a abrir para él gracias a las magnánimas indulgencias de
Compostela, ampliamente otorgadas por los Sumos Pontífices, Nuestros
Predecesores.
»Pero
¿habría de quedarse todo en recuerdos añejos o en memorias muertas?
»Y he aquí
que vosotros, hijos amadísimos, jóvenes españoles de Acción Católica ...,
juntamente con vuestros hermanos de las Congregaciones Marianas y con toda
la juventud española, a la que se han querido unir, con edificante y
fraternal concordia, los representantes de casi todas las naciones de Europa
y de América; he aquí que vosotros, para mostrar vuestra juventud intacta,
para proclamar la sublima locura de un Dios crucificado y para forjar en
vosotros mismos una Cristiandad ejemplar, habéis respondido rotundamente que
no. Los añejos recuerdos y las vetustas memorias, al conjuro de vuestro
vibrante entusiasmo juvenil, se han convertido de nuevo en realidad.
»Y así tenía
que ser: Porque si el peregrino fue pieza indispensable en el tablero del
mundo medieval, si el peregrinar tuvo entonces la noble función de
consolidar la fe del pueblo, de acercar entre sí a las más diversas
naciones, de aliviar a los desgraciados y consolar a todos, hoy, entre las
enormes dificultades y dolores de la hora presente, sigue siendo una
bendición para el mundo.
»El peregrino vive de la fe y por esta fe lo deja todo, arrastrado por
aquella luz que atrae su alma para purificarla: “Credidit Abraham Deo”.
Creyó Abraham a Dios, lo cual le fue imputado a justicia; el peregrino es
una llama viva de piedad, cuyo ardor ha de consumir la escoria de sus
pecados; el peregrino es generosidad y arranque, que quiere ir siempre
delante y figurar en vanguardia; el peregrino es amor, respeto y adhesión a
la Iglesia, a cuyas penitencias se somete y cuyas gracias busca. Es amplia y
cristiana universalidad, que no resiste estrecheces de estirpes, de patrias
o de fronteras, sino que se lanza resueltamente al ancho cauce de la
catolicidad.
»Espíritu de fe y de sacrificio, vida de piedad y de continuo progreso en
vanguardia, adhesión, respeto y amor a la Iglesia, corazón ancho como el
mundo: Eso sois en estos momentos, jóvenes peregrinos de Compostela, y eso
habéis de ser mañana y siempre, jóvenes católicos de todo el mundo; y si en
otros tiempos, el grito irresistible de “¡Santiago, y cierra España1”! se
rompió con los enemigos de la fe, si ayer todavía el Apóstol no abandonó a
quienes le invocaban, estad ciertos de que hoy y siempre su espíritu y su
protección os conducirán de nuevo a la victoria en las espirituales batallas
y os harán superar los lazos que por todas partes se os tienden,
especialmente a vosotros, a la juventud, porque saben que sois una potencia
poderosa y gallarda del presente y una promesa radiante y segura del
porvenir.
»“Igitur via peregrinalis est res optima sed angusta”. La vía peregrinal es
cosa óptima, pero estrecha, dice el conocido sermón del Códice Calixtino;
mas sería la primera vez que la dificultad habría espantado, desarmado y
hecho retroceder a la juventud, y más todavía a una juventud como la
vuestra, nutrida en la fe sólida y crecida en el ardiente clima del
sacrificio.
»¡Adelante,
pues, juventud brillante, creyente y peregrina! ¡Adelante con vuestra venera
y vuestro bordón, que hay mucho que peregrinar hasta dar todo el corazón a
Dios y todas las almas a Jesucristo, hasta el cielo, que es vuestra meta!
»O Beate Jacobe! –Cantaban vuestros antepasados peregrinos–. O Beate Jacobe
Virtus nostra vere, –Nobis hostes remove– tuos ac tuere, –Ac devotos adhibe
nos– tibe placere. ¡Oh, sí, apóstol santo, predilecto del Señor, alma de
fuego, capitán invencible: aparta de nuestro camino a los enemigos nuestros
y tuyos, haz que te sirvamos siempre, y sigue protegiendo a España y al
mundo entero, concediéndole el beneficio de una paz sólida y duradera,
fundada en la justicia ... ».
«Como “uno es el que siembra y otro el que recoge”, de los que
proyectaron el magno Congreso juvenil y jacobeo ... casi no había presentes
en 1948 en Santiago más que unos cuantos, y más bien como espectadores o
invitados –escribe en
SIGNO
Manuel Vigil y Vázquez–. Uno de ellos es un presbítero, todavía joven, que
camina apoyándose en un bastón. Se ha quedado junto con otros sacerdotes y
seminaristas contemplando cómo se puebla de peregrinos el parque de la
Residencia Universitaria. Permanece apartado y discreto fuera del alcance de
los puestos de honor y de mando de la gran concentración. Terminados los
actos, cuando los peregrinos se disponen a partir a sus puntos de origen,
otro veterano de la Juventud de Acción Católica se cruza con el sacerdote y,
al verle, se va hacia él, y mientras le abraza de corazón, exclama:
»–Tu obra,
Manolo; tú eres el papá–
»Y así era. Aquel sacerdote que había asistido silencioso y recogido a la
magna y soñada peregrinación era D. Manuel Aparici ... A él se debe,
efectivamente, en gran parte el estilo jacobeo que distingue a las
Juventudes Católicas. El fue el que en aquel día de enero de 1936 expuso a
Su Santidad Pío XI el ambicioso proyecto de reunir en Compostela a los
jóvenes que hablan y rezan en español a uno y otro lado del Atlántico
»Manuel
Aparici había recogido de sus antecesores en la Presidencia Nacional de la
Juventud de Acción Católica, José María Valiente y Alfredo López, una obra
en período de formación, en batalla contra los respetos humanos, aprendiendo
que el catecismo no se debe cerrar después del día de la primera comunión;
que la vida interior no es sólo “de curas y frailes”; entrenándose en cantar
y sentir lo de “ser apóstoles o mártires acaso” frente a una ambiente
callejero donde se presuma de hombría a base de anticlericalismo y
prostitutas.
»En los moldes preparados por sus antecesores iba Manuel Aparici
a vaciar el fuego apostólico encendido por los Hijos del Trueno ... Se
entrega absolutamente a infundir en los jóvenes españoles la ambición de
hacer de su Patria “una Cristiandad ejemplo y guía”. Hombre de oración,
organizador tenaz, estudioso incansable, orador fogoso y estremecedor, él no
vive para otra cosa que no sea la Juventud de Acción Católica. Escribe para
SIGNO,
prepara guiones de estudio para los Cursillos de Formación de Dirigentes,
profesa en los mismos, pone en pie una interpretación providencialista de la
misión de España, frontera de los últimos y luminosos escritos de García
Morente sobre la Hispanidad y el caballero cristiano; recorre todos los
caminos de España, que él ha hecho antes que nadie un nuevo camino de
Santiago; pide a los que puedan dar ayuda a los que lo necesitan, pone
brasas donde no hay fuego y lo extiende allí donde lo hay. Lleva durante la
guerra la Acción Católica hasta las trincheras, creando en ellas los Centros
de Vanguardia, que suman varios centenares, y convierte las horas del frente
... en horas de lucha ascética y de avances espirituales. Y en la paz
reorganiza la Asociación, y como ya hemos dicho, la conduce triunfalmente al
Pilar para ofrendar a la Iglesia y a España la sangre de los mártires y
aceptar el legado de sacrificio que ellos legaron. Recogió una Organización
con menos de 40.000 muchachos y cuando se despidió en el año 1941 en las
Jornadas Nacionales en Valladolid, la obra ha dado siete mil muertos por
Dios y por la Patria y está entregando a centenares de jóvenes para poblar
la semidesplomadas aulas y celdas de los Seminarios y Noviciados y, pese a
estas sangrías, el número de asociados ha rebasado ya los 100.000. Su
sucesor, Antonio García–Pablos, recoge unos cuadros parroquiales compactos,
veteranos y rezumantes de ideal de Vanguardia de Cristiandad. Y Manuel
Aparici se adentra por el Seminario».
Manuel Aparici es el auténtico símbolo del peregrinar
juvenil audaz, generoso, apostólico y esperanzador
Al día siguiente de la gran cita en Compostela, el 29 de agosto
de 1948,
EL IDEAL GALLEGO,
La Coruña, escribe lo siguiente, bajo el título «Aparici, primer peregrino»:
«No hace
muchos días aún el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica otorgó
el número uno de las tarjetas de peregrino a Compostela, en la marcha
juvenil jacobea organizada con motivo del año jubilar, a D. Manuel Aparici
Navarro, antiguo Presidente Nacional de los Jóvenes Católicos españoles y
hoy ministro del Señor. Nadie mejor que Manuel Aparici podría ostentar esta
preferencia entre millares de adelantados ...; el “Capitán” por excelencia
de un ejército animoso organizado para ganar reñidas batallas espirituales
en defensa de una juventud ejemplo y guía que hiciera de España la
Vanguardia de Cristiandad.
»Apóstol infatigable, lleno de vida y de vocación, a él se debe, sin duda
alguna, la feliz circunstancia de que los viejos caminos jacobeos se vean
hoy llenos otra vez de entusiasmos juveniles y esperanzadores afanes de
santidad, remozando los clásicos motivos de una mística andariega, olvidada
o dormida bajo la losa de un pecado de generaciones tibias e indiferentes. Y
es que Manolo Aparici, por cuyo nombre le conocieron tantos jóvenes en
España que frisan hoy la madurez, supo dar contenido doctrinal a lo que allá
por 1932, en el Congreso de Santander, no pasó de ser una oportuna
sugerencia del representante de las juventudes gallegas –Taboada Lago– al
proponer la celebración de la siguiente Asamblea Nacional de los Jóvenes
Católicos españoles en Santiago de Compostela, con motivo del Año Santo.
Contenido doctrinal lleno de sugestiones universalistas que empezó con la
idea de una comunidad hispánica fuertemente unida, y acabó, más tarde,
cuanto más intenso era el peregrinar de Manuel Aparici, en una santa
ambición por la reconquista sobrenatural del mundo concebida bajo la fórmula
esplendorosa de una Cristiandad de la que España podía ser, si se lo
proponía, el ejemplo y el norte según lo reclamaba el Papa Pío XI, de feliz
memoria, en su inolvidable encíclica “Mit brennender sorge”.
»Era
entonces la hora crítica de España y también del mundo entero. La atmósfera
enrarecida que respiraba la humanidad se hacía insoportable. Por España
corrían vientos de persecución, y no tardó mucho en estallar la tormenta. En
los campos de batalla y en las checas, la juventud peregrinante, dejó siete
mil mártires, ofrendados en testimonio de la verdad, como si Dios quisiera
que los que habían de venir detrás, aprendieran el estilo heroico, el
sentido de la vida dolorosa que encierra el auténtico peregrinar a
Compostela. Fue aquí donde Manuel Aparici supo dar la tónica ... que exigía
el momento, a la gran marcha juvenil jacobea, dura, difícil e interminable.
Su tesis ganó fervores entre la juventud española que se vio convertida en
instrumento providencial para cooperar en la obra redentora del mundo.»Terminada la Cruzada, la contienda mundial alargó aún más la últimas etapas
de la peregrinación. No era, sin duda, llegada la hora. Pero la ocasión
conmemorativa del centenario mariano en Zaragoza podía servir ya de
encrucijada histórica para convocar al mundo a la gran marcha jacobea. Y
desde las españolísimas orillas del Ebro, Manuel Aparici lanzó el mensaje de
caridad y de comunión de fe, a todo el orbe abatido por la guerra y
hambriento de paz. Ante 20.000 jóvenes, entre los que figuraban hermanos de
América, quedó juramentada la juventud hispánica para llevar otros 100.000 a
Santiago. Era una última consigna que daría el “Capitán” a sus peregrinos
desde su puesto seglar de mando. Porque él, primer peregrino siempre, cabeza
y guía de este caminar juvenil, había alcanzado ya la etapa de la entrega
total, ofreciéndose al servicio íntegro, exclusivo, del Señor, en este
peregrinar a Compostela. Era el lógico paso del adelantado que se ofrenda
por los compañeros de viaje, para completar la maravillosa página de honor
de la juventud española abierta con los nombres de millares de mártires y
cerrada con los de otras tantas vocaciones. Por eso desde entonces, en la
economía mística de la peregrinación, nadie como Manuel Aparici enriqueció
sobre el altar de los sacrificios el tesoro sobrenatural de esos peregrinos.
Hasta llevarlos a la vista de Compostela para entonar con ellos el Ultreya
gozoso de la santidad conquistada después de un largo caminar por la noche
triste del alma.
»Hoy, como
nunca, D. Manuel Aparici, sacerdote ungido del Señor, no sólo tiene el
derecho de ser el número uno de los peregrinos jacobeos, en este Año Santo
compostelano, sino que es el auténtico símbolo del peregrinar juvenil audaz,
generoso, apostólico y esperanzador, para un mundo que aún puede salvarse,
si sabe encontrar a tiempo los caminos del sacrificio, de la oración y de la
penitencia».
«En Santiago de Compostela, Año Santo de 1948, los Jóvenes de la Acción
Católica Española quedaron ungidos peregrinos como el Apóstol, por Dios y
por España, pues Santiago se hizo peregrino de España para cristianizarla
por amor a Dios. Peregrinos, por tanto, por Dios y por España, trabajando
sin tregua por hacer de ellos mismos, de sus Centros Parroquiales o
especializados, de su Patria, de todo lo hispano, Vanguardia de la
Cristiandad»
.
Pero él, en su humildad, les
decía: «No fue vuestro Presidente quien os convocó
a peregrinar; fue Cristo quien llamó».
Podría parecer que aquella peregrinación de los
Jóvenes de Acción Católica de entonces (1948) era algo del pasado. La gran
nueva peregrinación de Juan Pablo II ha sido una convocatoria para misionar
en el mundo entero, y lo ha sido tras marchas peregrinas por el Camino de
Santiago, que sigue abierto para todos los que como en el pasado se
reafirman en el deber de contribuir al lado de sus Pastores a la
evangelización del mundo.
No deja de ser gratificante y
esperanzador también que sigue siendo el norte propuesto a la juventud de
hoy para la recristianización del mundo. Aquella peregrinación no es algo
del pasado, algo olvidado, sino que acaba de tener un insospechado
florecimiento con los jóvenes de hoy convocados por Juan Pablo II para
trabajar en la viña del Señor.
Y así, de nuevo, a la eterna
peregrinación espiritual de todos los días. Porque «hay mucho que peregrinar
hasta dar todo el corazón a Dios y todas las almas a Jesucristo, hasta el
Cielo»
.
Que el «Capitán de Peregrinos» nos
siga señalando el cami-no que lleva a las alegres moradas del Señor.
« ... Conocido, amado y
servido en toda la tierra y esto mediante el vivir cristiano de cada uno en
la gran Comunidad Hispánica al servicio de la gran Unidad de la Iglesia»
.