|
||
Capítulo I. Etapa Cursillista.
Capítulo II. Antecedente próximo de los Cursillos de Cristiandad.
Capítulo III. Finalida, etc. de los Cursillos de Cristiandad.
Capítulo IV. Los Cursillos de Cristiandad, eficaz instrumento apostólico.
Capítulo V. Carta de Manuel Aparici a los Cursillistas Militantes de Cristiandad.
Capítulo VI. Recuerdos de algunos de sus más estrechos colaboradores.
«[...] Los Cursillos de Cristiandad, aunque no fueran Obra Nuestra, nacieron bajo nuestro Pontificado […]. De los “Cursillos de Jefes de Peregrinos”, fundados sobre los de “Adelantados”, iba surgiendo una nueva modalidad que [...] daría la pauta a los Cursillos de Cristiandad ... » (Mons. Hervás).
«¡Tantas veces lo he dicho! La Juventud se acuerda poco de lo que han hecho y dicho sus mayores. Se ha insistido mucho sobre lo mismo [...]. Parece que los jóvenes son algo desmemoriados» (Manuel Aparici Navarro, «Capitán de Peregrinos» BOLETÍN DE DIRIGENTES de fecha julio-agosto de 1946).
«No miremos hacia atrás más que para aprender como ha de ser nuestro caminar hacia adelante»
(Manuel Aparici Navarro, «Capitán de Peregrinos», SIGNO de fecha 13 de agosto de 1939).
« … Descubrid vuestras raíces cristianas, aprended la historia de la Iglesia, profundizad en el conocimiento de la herencia espiritual que os ha sido transmitido, seguid a los testigos y a los maestros que os han precedido» (Mensaje de Juan Pablo II para las XVII Jornada Mundial de la Juventud. En Castelgandolfo el 25 de julio de 2001).
Con este número especial no se pretende hacer una historia de los Cursillos de Cristiandad. Su finalidad es otra y mucho más modesta. Mucho se ha hablado y escrito de los Cursillos de Cristiandad. Nombres como los de Mons. Hervás, D. Pedro Rebassa, D. Juan Capó, Eduardo Bonnin, etc. aparecen con profusión en casi todos los escritos. El de Manuel Aparici Navarro, Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica Española y, después de su ordenación sacerdotal, Consiliario Nacional de la misma, se silencia, cuando todos los citados tienen reconocido que el antecedente próximo de los Cursillos de Cris-tiandad, aparecidos en 1949, son los Cursillos de Adelantados de Peregrinos creados por éste último en 1940. Este número trata de ser una modesta aportación personal de reconocimiento a quien nos antecedió y tanto hizo por impulsar en toda la Península los Cursillos de Cristiandad, Manuel Aparici Navarro, «Capitán de Peregrinos».
Es preciso recordar que «el periodo 1948-1954 (desde la Peregrinación a Santiago hasta la iniciación de los Cursillos de Cristiandad) es –según Salvador Sánchez Terán [1]– el más difícil de la Juventud de Acción Católica de la posguerra […]. La crisis no afecta solamente a la Juventud de Acción Católica, sino a la mayoría de los Movimientos juveniles apostólicos y estatales. Es por los años cincuenta cuando se habla tanto de la atonía, el pesimismo y el egoísmo de los jóvenes. Es una crisis general de la juventud. La Juventud de Acción Católica no tiene en esta etapa [2] una línea ideológica tan clara y definida como en la anterior [etapa de la posguerra: 1939/1948] ni como la que sigue […] [la línea de desarrollo de los movimientos especializados: 1958–...]. Los Consiliarios y los dirigentes están divididos en cuanto a la orientación a seguir. Cuatro tendencias fundamentales se dan en su seno sin que ninguna de ellas alcance preponderancia [...]. Estas cuatro tendencias, aunque no rigurosamente simultáneas, se dan a lo largo de la etapa 1948-1954. Ante la crisis del movimiento juvenil como tal se buscan salidas marginales, y se produce un fenómeno típico de estas situaciones: que las actividades que normalmente están en segundo lugar adquieren primordial importancia. En este periodo la Juventud de Acción Católica atraviesa una crisis aguda siendo la labor de los Consiliarios y dirigentes nacionales extraordinariamente difícil y también ingrata. Pero toda esta etapa de crisis lo es también de inquietud y búsqueda; y por eso en estos años es cuando la Juventud de Acción Católica da a luz los dos fenómenos apostólicos más decisivos en el apostolado seglar de nuestros días: Los Cursillos de Cristiandad y los Movimientos Especializados con su ideología y métodos renovadores de la Acción Católica». Toda la vida y obra de Manuel Aparici está impregnada del Ideal Peregrinante [1]. Con su respuesta al llamamiento del Papa Pío XI en 1937 a una «Cristiandad ejemplar», es decir a la «Vanguardia de Cristiandad» y «su vocación hispana», puso en pie de marcha a esa Juventud y supo despertar en varias generaciones de jóvenes un alto ideal de santidad y apostolado: El Ideal Peregrinante, como estilo de vida. Y les enseñó a entender y vivir la vida como una Peregrinación. Quiso dar ese sello de peregrino constante a nuestra juventud «para restaurar el sentido dinámico de la vida cristiana, porque ésta no es más que un ir constante al Padre». «Este distintivo específico de la Obra –en palabras de Manuel Aparici– empieza propiamente con la Peregrinación a Roma en mayo de 1934. Es la ocasión –dice– en que se manifiestan las ventajas que puede reportar la peregrinación. En esta peregrinación se ratifica la vocación peregrinante de la Juventud de Acción Católica Española». El desarrollo histórico del Ideal Peregrinante hacia la «Cristiandad ejemplar» coincide prácticamente con la historia de la Juventud de Acción Católica Española desde sus primeros pasos fundacionales y hasta después de la Peregrinación a Santiago en 1948, y se relaciona con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad en sus orígenes [2].
Nuevo Año Cristiano, agosto 2001, José A. Martínez Puche (Director), publica lo que sigue del Siervo de Dios: SIERVO DE DIOS MANUEL APARICI NAVARRO Presbítero, «capitán de peregrinos» [1] Madrid, 11 –diciembre– 1902 † Madrid, 28 –agosto– 1964 Su figura, su vida y su obra, primero como seglar y después como sacerdote, que impresionó a quienes le conocieron, llenan una página de la historia religiosa de España en el siglo XX y le convierten en una de las figuras más importantes de la Iglesia española en dicho siglo, y en testimonio vivo y modelo ejemplar de apóstoles seglares y de sacerdotes. Fueron treinta años al servicio de la Iglesia y del Papa, de los jóvenes y de los sacerdotes. Nació en Madrid el 11 de diciembre de 1902 en el seno de una familia cristiana de clase media alta. Era el quinto de seis hermanos. Hace sus primeros estudios en Madrid, que continúa después en Barcelona, en las Escuelas Pías, por traslado de residencia, debido al cambio de destino de su padre, y más tarde en Tarragona. Por lo que se refiere a estudios superiores, tiene aprobadas varias asignaturas de Derecho, en la Universidad Central de Madrid; estudios que abandona en 1929 para servir a las almas. En 1924 hace el servicio militar en el Batallón de Radiotelegrafía de Campaña. Dos años antes, en 1922, había solicitado tomar parte en las oposiciones para ingreso en el Cuerpo Técnico de Aduanas superando brillantemente los ejercicios correspondientes con sólo 19 años, llegando a ocupar un alto cargo en el escalafón. Se le ofreció el cargo de director general de Aduanas; cargo que no aceptó por no abandonar sus actividades apostólicas y porque ya tenía decidida su respuesta a la vocación sacerdotal. El comentario general era que tenía una brillante carrera civil por su profesión y que abandonó para hacerse sacerdote (después sería Consiliario de la Academia Pericial de Aduanas). Tenía 39 años cuando ingresa en el Seminario de Madrid–Alcalá en el curso 1941/1942, si bien su vocación nació muchos años antes. Pero él, obediente a los mandatos de la Jerarquía, retrasó su ingreso hasta dicha fecha. ACCIÓN CATÓLICA. VOCACIÓN SACERDOTAL Hasta llegar al seminario recorre un camino de conversión nada fácil, pero lo recorre de forma valiente y decidida. Y después de su conversión, su vida fue muy sencilla pero inten-samente vivida. En el periodo, que el llama de su «conversión», hay una fecha segura e importante: el día de la Inmaculada Concepción de 1927, abrazo maternal de la Madre que lo recordará con viva emoción a lo largo de toda su vida. Tenía entonces 25 años. Al terminar los ejercicios espirituales externos realizados ese mismo año, ingresa en la Congregación Mariana de Los Luises. Poco después, en 1928, conoce a don Ángel Herrera Oria (ä 28 de julio) que marca en él un profundo espíritu sobrenatural, obediencia al papa y a la jerarquía, y el estudio serio de los problemas, e ingresa en la Juventud de Acción Católica, en el Centro Parroquial de San Jerónimo el Real, de Madrid, que tanto habría de contribuir a despertar y desarrollar su propia responsabilidad. Pronto destacó en el centro por su grande, contagioso y firme fervor apostólico, que le llevaron a los diversos cargos y a constituir un grupo capaz de desarrollar una magnífica labor en la parroquia. Pertenecía, además, a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, a la Adoración Nocturna, al Apostolado de la Oración, a las Conferencias de San Vicente Paúl y era hermano mayor de la Archicofradía del Apóstol Santiago. Fue fundador de la revista La Flecha (revista para dirigentes), del Boletín de Dirigentes, de Signo (éste es tronco y raíz de hombres, de empresas apostólicas, de periodistas, de publicaciones que nacieron de su savia y de la revista Incunable (de la Universidad Pontificia de Salamanca). Forja un proyecto de Colegio de Consiliarios de Acción Católica y funda el Colegio Mayor San Juan de la Cruz. Se entregaba a los demás por un profundo amor a Dios y al prójimo porque en él veía a Dios hecho hombre; lo manifestaba con estas palabras: «El que no ve en el sufrimiento del hombre el sufrimiento de Cristo, no ve a Cristo».. «¡Todo por Cristo!». Ese era su lema. La labor que llevó a término en la juventud parroquial fue tan importante que en la asamblea nacional celebrada en Madrid, en diciembre de 1931, fue elegido vocal del consejo central, formando parte así de la comisión permanente y con él otros compañeros del centro de San Jerónimo el Real, a quienes había formado. El 17 de octubre de 1932 empieza a dar clases de latín para ser ministro del Señor y se despide de sus compañeros de San Jerónimo, pues ya desde ese día no pertenece a ellos, sino a la voluntad que Jesús tiene sobre él. «La despedida ha sido dolorosa para mí, pero era necesario –anota en su diario–». En 1933 fue designado vocal de piedad del consejo central, luego vicepresidente nacional y, por último, presidente nacional de la Juventud de Acción Católica, desempeñando este cargo durante siete años, desde 1934 a 1941, en que cesó para ingresar en el seminario. Promovió e impulsó uno de los más formidables movimientos juveniles de espiritualidad y apostolado en España: el de la Juventud de Acción Católica, de la que fue su alma y su vida; porque decir Manuel Aparici era decir Juventud de Acción Católica; aquella juventud que el quería unida en torno al papa y a los obispos, si bien no le fueron ajenos otros campos de apostolado, porque era un hombre de Iglesia. Con su respuesta al llamamiento del Papa Pío XI a una «Cristiandad ejemplar» y su vocación hispana –vocación comunitaria de los pueblos hispánicos para la salvación del mundo– puso en pie de marcha a esa juventud y supo despertar en varias generaciones de jóvenes un alto ideal de santidad y apostolado: El Ideal Peregrinante, como estilo de vida. Y les enseñó a entender y vivir la vida como una Peregrinación. Porque, para él «peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos». Muchos años después de haber sido formulada esta definición por él, el Concilio Vaticano II proclamará en todos sus textos el carácter peregrinante de la Iglesia y la espiritualidad que de ella se deriva. Y lo repite incesantemente la sagrada liturgia. Y lo predica y lo vive el Santo Padre, con su palabra y su ejemplo, con su vida, hecha peregrinación a Dios y a los hombres. Y en otras muchas cosas se anticipó Manuel Aparici al Concilio, pero basten éstas como muestra. En 1958 el cardenal primado, Pla y Deniel, al rememorar la peregrinación a Santiago de 1948 decía: «Conservad ... el espíritu de aquella peregrinación, pues sólo así seguirá siendo lo que debe ser la Juventud de Acción Católica». Cuando empezó su Presidencia en 1934 había 20.000 jóvenes y 400 centros; al dejarla siete años después, 100.000 jóvenes y 2.000 centros. Había multiplicado por cinco las cifras. Fue presidente en una etapa de heroísmo y martirio ... símbolo y corona ... en la que dejó profunda huella. Aparici, capitán y mártir, el presidente de los 7.000 mártires (de 2.000 de ellos recibió sus confidencias) y 2.000 vocaciones sacerdotales. Presidió la etapa martirial de esa Juventud. CONSILIARIO NACIONAL DE LA JUVENTUD DE ACCIÓN CATÓLICA Después de su ordenación sacerdotal en 1947 y de una breve etapa de formación en la Universidad Pontifica de Salamanca, donde dirigió como rector el Colegio Mayor Sacerdotal Jaime Balmes, fue nombrado consiliario nacional de la Juventud de Acción Católica, cargo que desempeñó durante nueve años, desde 1950 a 1959, en que tuvo que cesar por grave enfermedad. Durante su etapa de consiliario realizó una intensa y fecunda actividad, extendiendo por toda España, desde el Consejo Superior, los cursillos de militantes de cristiandad. El Ultreya adoptado por los cursillos de cristiandad denotaba también un indiscutible tono santiaguista. En ellos se hizo famoso el «compromiso de peregrino» y el «examen del peregrino» de Manuel Aparici. Promueve un torrente de cursillos de dirigentes y funda el Grupo de Propagandistas del Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica. Cuando cesa en la consiliaría de la Juventud de Acción Católica aparece de nuevo a la vanguardia de la juventud cristiana de España. La fórmula es sencilla: Evangelio. Su pasión era los sacerdotes. ¡Cuánto celo puso siempre por la santificación de los sacerdotes! Fue uno de los grandes promotores de un movimiento de vocaciones tardía, que superaron ampliamente los 2.000. Él fue el adelantado de todos. Discípulos suyos llenaron los seminarios y noviciados de España. Dejaba una impronta de celo sacerdotal y espíritu apostólico dignos de admiración. Su etapa de victimación cierra su vida. Ya en marzo de 1934, en San Pedro, con motivo de la peregrinación de la Juventud de Acción Católica a Roma, había hecho a Dios el ofrecimiento de su vida como víctima, pero su inmolación fue «in crescendo» hasta llegar a la plenitud en el estado sacerdotal. Son ocho años de una larga y terrible enfermedad que lo tuvo recluido, inmóvil, entre acerbos dolores, pero que él soportó con profunda fe y plena aceptación gozosa de la voluntad de Dios. Falleció santamente el 28 de agosto de 1964. TESTIMONIOS DE UNA VIDA EJEMPLAR Pero la verdadera vida de Manuel Aparici ha sido su muerte. Una muerte de siete largos años. El incansable viajero, atado a un sillón. El apóstol impaciente, en la impotencia completa de actuar. El orador de Zaragoza y Santiago, capaz apenas de una conversación, con la ayuda muchas veces del oxígeno. El enamorado de su sacerdocio, imposibilitado con frecuencia para decir misa en su pequeño oratorio. Una muerte gustada, cada vez, más profundamente, hora a hora. Con él se fue uno de los hombres que más honda huella han dejado en la Acción Católica y en la Iglesia de España durante esos treinta años (de los 30 a los 60). Nos brindó el ejemplo –casi heroico, casi inimitable– de un apóstol vigoroso. Vivió ejemplarmente toda su vida y este es hoy su mensaje dice Mons. Maximino Romero de Lema, Arzobispo y entrañable amigo: «Como seglar, un joven que se convierte a Cristo en plena juventud y que valientemente, sin temores humanos, a velas desplegadas, se empeña en vivir el Evangelio, para llevarlo a todos los jóvenes, como luz de Cristo. Como sacerdote un ejemplo de fe, de obediencia, de humildad, de trabajo, de transparencia, de dar su vida al prójimo y de oración que alimentaba su vida interior. Una vida ejemplar y luminosa, digna de imitarse». Han pasado los años. Y en quienes le conocieron y trataron, o recibieron el influjo de su apostolado, se afianza su fama de santidad, al que el cardenal don Ángel Herrera calificó de «coloso de Cristo, de su Iglesia y del Papa». He aquí, entre muchas, unas pocas opiniones muy cualificadas sobre su figura: * «Desde 1948 está vivo en Santiago el recuerdo de Manolo y su obra» (Cardenal arzobispo de Madrid don Antonio María Rouco Varela cuando era arzobispo de Santiago de Compostela). * « ... Es merecedor de los más grandes elogios. Puedo asegurar que su fama de santidad está viva en la archidiócesis y también difundida en otros pueblos y regiones ... » (Cardenal don Ángel Suquía Goicoechea cuando era arzobispo de Madrid–Alcalá). * «Fue un hombre extraordinario. ¡Cuánto bien podría hacer, en la Iglesia de hoy! ... Me hablaban todos de la vida interior de Manolo, de la exquisitez de conciencia, de la entrega total. Al hablar así, hablaban de sus virtudes en grado heroico .... Lleva fuego en su interior; cuando hablaba parecía no un sacerdote, sino un carismático, uno que está ungido por el Espíritu Santo ... Sería un gran modelo de seglares y sacerdotes» (Cardenal don Vicente Enrique y Tarancón). * «Su canonización supondría un fuerte aldabonazo para el despertar de la conciencia del sacerdote y del laico en la Iglesia» (Monseñor. Manuel Ureña Pastor cuando era Obispo de Alcalá de Henares). Sería el primer sacerdote canonizado de la diócesis de Madrid.
* «¡Qué hombre bueno, que sacerdote cabal! Nos agarrábamos a su mano porque él nos entraba de verdad en la nube donde el Señor habita: Manolo percibía el misterio de la existencia sacerdotal, paladeaba los jugos de la fe. Era un sacerdote verdadero» (José María Javierre).
I
En la etapa 1954-1958 acaba imponiéndose la línea cursillista, escribe en SIGNO [6] Salvador Sánchez Terán. «Una gran parte de dirigentes y Consiliarios –dice– creen encontrar en el Cursillo de Cristiandad el estilo y el espíritu que renovará la Juventud de Acción Católica. El Plan Nacional de Cursillos se inicia en la primavera de 1954, fecha en que los dirigentes y Consiliarios de Mallorca dan el primero en Madrid. La renovación trienal que se efectúa en el Consejo Superior, en el año 1955, se aprovecha para incorporar a los dirigentes partidarios de Cursillos, superándose así las discrepancias anteriores. El Cursillo de Cristiandad se convierte en el eje de toda actividad apostólica, llenando el quehacer de la Juventud de Acción Católica durante cuatro largos años. Constituye esta etapa una de las más discutidas de la Juventud de Acción Católica Española. En la etapa cursillista no debe hablarse de un planteamiento de Acción Católica general o especializada. Es preciso conocer por dentro el Cursillo de Cristiandad para comprender cómo un esquema apostólico no puede enmarcarse en ninguno de los dos tipos clásicos de Acción Católica. El Cursillo de Cristiandad, por su estilo peculiar, por su clima emotivo, por su fuerza de arrastre, por las reuniones periódicas que propone, por la formación que da la Escuela de Profesores y por sus slogans –repetidos sin cesar–, tiende a constituir de hecho –aunque no se haya dado forma jurídica– un Movimiento con características propias […] [7]. [...] Paradójicamente, el Cursillo –sobre todo en el fervor de los primeros tiempos– ignora e incluso desprestigia a la Acción Católica. El caso de jóvenes y hombres de valía “que están dispuestos a trabajar en Cursillos, pero no en la Acción Católica” se da con relativa frecuencia. La mentalidad de muchos dirigentes de la Juventud de Acción Católica Española, aunque no lo expresen tan claramente, es que el anterior planteamiento de Acción Católica ha fracasado y que lo único im-portante es dar Cursillos. El centro metodológico de toda esta etapa es el mismo Cursillo. La reunión de grupos es de hecho una revisión de los compromisos que se adoptaron en el Cursillo; las clausuras quieren ser una renovación de la vivencia “inolvidable y extraordinaria” de aquellos tres días, y la Ultreya está planteada como un cursillo en pequeño, con su parte de oración, de estudio y de testimonios. La reunión de grupos tiene como esquema básico la revisión de la hoja de servicios, el momento que te has sentido más cerca de Cristo, el éxito y el fracaso apostólico y los testimonios personales y del grupo. La Ultreya es un acto masivo. Tiende a dar una formación basada en las charlas y “rollos” que en ella se explican y una vivencia espiritual y comunitaria que sirva también de aliento y mutuo estímulo. La evolución marca el paso progresivo de la reunión de grupo cursillista a la actual de equipo de militantes basada en la revisión de vida. La etapa cursillista significa una convulsión en toda la Juventud de Acción Católica, y lógicamente también en su estructura. El cuadro organizativo de la Juventud de Acción Católica Española permanece jurídicamente igual, pero esto es una simple apariencia. De hecho el eje estructural y el principal motor de la Organización son los Secretariados de Cursillos. El esquema estructural básico es: Secretariados de Cursillos de Grupos de Cursillistas en vez del anterior Consejo, Centros, y frente a la pesada estructura de la etapa anterior, llena de vocalías, secretariados, cargos y formas, se produce una reacción antiburocrática y antiestructural, que pasa al extremo opuesto. Es en la etapa cursillista cuando se produce la crisis de muchos Centros Generales de la Juventud, a excepción de los que entran en la línea cursillista. Otra nota característica de esta etapa es la implantación del equipo como célula base de la Juventud de Acción Católica Española. Al producirse en el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica Española la decisión del volcarse en la línea cursillista, las Comisiones Nacionales de las Especializaciones discrepan de la orientación y, basándose en su autonomía, se separan –de hecho totalmente– de la Juventud de Acción Católica Española. De esta forma la J.O.C. [8] y la J.U.M.A.C.[9] siguen su propia línea, sin participar en nada en el esfuerzo cursillista del Consejo Superior, no produciéndose la nueva integración de los Movimientos Especializados en la Juventud de Acción Católica hasta los años 1957 y 1958. Pasados los primeros impulsos cursillistas, la Juventud de Acción Católica empieza a descubrir lo que algunos Consiliarios y dirigentes habían previsto: que el Cursillo de Cristiandad no podía constituir el centro permanente del movimiento juvenil. En el momento que bullían estas inquietudes se convocan la XXVI Jornadas de Presidentes Diocesanos, que tienen lugar en la Granja, en septiembre de 1957. Estas Jornadas constituyen un hito histórico y jurídicamente representan el comienzo de la “nueva línea”, que vendría marcada por el impulso decisivo de la Acción Católica Especializada».
II
DE LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD
El antecedente próximo de los Cursillos de Cristiandad fueron los Cursillos de Adelantados de Peregrinos creados por Manuel Aparici muchos años antes (en 1940). Y después, durante su Consiliaría, referente obligado. He aquí algunos testimonios al respecto que lo corroboran.
1. Eduardo Bonnin. Fundador de los Cursillos de Cristiandad
El libro «Signos de Esperanza, Retrato de siete movimientos eclesiales», de Mons. Paul Josef Cordes, Obispo, Presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», y desde 1980 a 1995 Vicepresidente del Pontificio Consejo para los Laicos, Ed. San Pablo 1998, recoge las entrevistas a los fundadores y líderes de los Movimientos. Lo presenta Juan Pablo II, 16/X/1997. Figura como fundador de los Cursillos de Cristiandad [...] y explica como nacieron los mismos [10]. Reconoce que el antecedente de los Cursillos de Cristiandad fueron los Cursillos de Adelantados de Peregrinos [11].
2. KERYGMA. Boletín del Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de España
«Los Cursillos de Cristiandad nacieron en el seno del Consejo Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica. En él, durante varios años, todas las actividades de apostolado se centraron casi exclusivamente en la preparación particularmente espiritual de la Peregrinación a Santiago. Y con ello entramos a estudiar la preparación inmediata de los Cursillos. En aquel momento se fue dibujando el ideal y estilo peregrinante, cuando se alzó la bandera de una movilización general y de una concepción apostólica de la juventud, de la que se impregnaron los dirigentes de la Acción Católica, mediante los llamados “Cursillos de Adelantados de Peregrinos”, que en número de seis, y dirigidos por Propagandistas del Consejo Superior, se celebraron durante varios años en Mallorca. Estos Cursillos acuciaron más todavía la inquietud apostólica del reducido grupo de dirigentes de Acción Católica y propiciaron la incorporación de nuevos jóvenes, que [...] fueron el núcleo del que brotarían los Cursillos de Cristiandad. Aquella siembra del Ideal Peregrinante y de anhelos de santidad había de proyectarse más allá del objetivo material de la peregrinación, con ansias de hacer perenne este Ideal y mantener en continua vibración a la juventud española. Estas inquietudes nuevas desembocaron pronto en los “Cursillos de Jefes de Peregrinos”, dirigidos ya por los miembros del Consejo Diocesano, según las líneas fundamentales de los anteriores. Se celebraron cinco, y una experiencia preciosa brotó de ellos, alegrando los corazones de aquel reducido Cenáculo, así como del Prelado diocesano, que alentaba y bendecía aquellas inquietudes […] [12]. 3. Mons. Hervás Obispo de Mallorca «Como queremos deciroslo todo y los Cursillos de Cristiandad, aunque no fueran Obra Nuestra, nacieron bajo nuestro Pontificado […]. Diremos Nuestro pensamiento con sinceridad, con recta intención de servir a la Santa Madre Iglesia, buscando sólo la Gloria de Dios […]. Los Cursillos primero habían sido netamente de Acción católica. Los cursillistas eran miembros y, principalmente, dirigentes de los Centros de Acción Católica. De los “Cursillos de Jefes de Peregrinos”, fundados sobre los de “Adelantados”, iba surgiendo una nueva modalidad que, meditada largo tiempo, estudiada con detención y experimen-tada una y otra vez, daría la pauta a los Cursillos de Cristiandad ... » [13]. 4. Rvdo. Sebastián Gayá Riera. Consiliario Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica en Mallorca «[…] Desde años antes y por pura gracia de Dios, estaba trabajando en el andamiaje de lo que sería el Movimiento de Cursillos, desde mi quehacer de Consiliario Diocesano de Jóvenes. Durante años se fue viviendo la mística de la peregrinación del 48 a Santiago, hecha de búsqueda, de esfuerzo, de sacrificio. Con todo género de recursos naturales y sobrenaturales. “Para Santiago, santos”, era el santo y seña [14]. Y la verdad es que aquella juventud –me refiero concretamente a la de Mallorca–, iba respondiendo con una generosidad impresionante. Desde Madrid llegaban los representantes del Consejo Superior de los Jóvenes con sus “Cursillos de Adelantados de Peregrinos”. Alternando con ellos se daban –copiándolos– los “Cursillos de Jefes de Peregrinos”. La juventud se iba movilizando. Cada día era mayor la ilusión, cada día mayor la entrega. Tres mil y pico de jóvenes subimos una noche de abril hasta el Santuario de Santa María de Lluc. Y muy cerca de setecientos llegamos a Compostela. El clima espiritual que se vivía, nos hacía presentir que “aquello” no podía clausurarse cuando los peregrinos archiváramos nuestros bordones. Aquello sería sólo el prólogo; era mucho lo que se había vivido, para que todo se quedara en el recuerdo de un camino, siquiera fuera Santiago. El regreso de Compostela [...]. Se vivían unas horas preñadas de inquietudes y proyectos […]. […] La Peregrinación sería el soporte histórico de toda una mentalidad hecha convicción, hecha vida. Existían unos criterios, unas fórmulas pastorales, unas inquietudes, unas técnicas y unas esperanzas que sonaban a Ultreya, a “más allá”. En aquellos cuatro meses que mediaron entre el retorno de los setecientos, después de aquel 29 de agosto de 1948, y la tarde del 7 de enero de 1949, cuando llegaban a San Honorato los 21 candidatos del primer Cursillos de Cristiandad, se habían intensificado los encuentros, los afanes y los compromisos» [15].
5. Eugenio Pérez Fraile Presidente Diocesano de Cursillos de Cristiandad de Madrid
Asegura que «este Movimiento surgió en Mallorca a principios del año 1949, de un grupo de Jóvenes de Acción Católica que estaban orientados por su director espiritual, D. Sebastián Gayá, sacerdote de la Diócesis de Mallorca. En realidad, nació de aquella famosa peregrinación de los jóvenes en los años 40 [agosto de 1948] a Santiago de Compostela. Mons. Hervás, Obispo de Mallorca en aquella época, animó y respaldó la labor evangelizadora que se veía en este Grupo [...]» [16]. 6. José Luis Iglesias «Los Cursillos de Cristiandad viven en Galicia su precomienzo con la preparación en Santiago de Compostela de la Peregrinación Nacional de Jóvenes de Acción Católica, con la celebración, entre los años 1942 al 1948, de cinco “Cursillos de Jefes de Peregrinos”» [17]. 7. Jordi Girau «El Movimiento de “Cursillos” nació en Mallorca […]. A principios de 1936, Manuel Aparici, Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, en compañía del Cardenal Pacelli, propuso a Pío XI una masiva peregrinación de jóvenes al sepulcro del Apóstol Santiago en Compostela: Cien mil jóvenes en gracia de Dios. El Papa bendijo la iniciativa pero no pudo llevarse a cabo por las dos guerras (española y mundial) que se sucedieron. Ya desde 1943, y más intensamente a partir de 1945, el Consejo Superior de Jóvenes de Acción Católica empezó a dar, en muchas Diócesis de España, unos cursos [...] llamados “Cursillos de Adelantados de Peregrinos”. En Mallor-ca, estos cursos fueron muy bien acogidos, y adaptados con el nombre de “Cursillos de Jefes de Peregrinos”. Dichos responsables se reunían en una Escuela Diocesana de Dirigentes, que preparaba, revisaba, corregía y perfeccionaba incesantemente los cursos celebrados. De la fervorosa espiritualidad peregrinante de esta Escuela, y de su estudio teológico, psicológico y pastoral de la realidad, surgió algo nuevo, los Cursillos de Cristiandad [...]. La Escuela de Dirigentes que gestó Cursillos era un grupo de 20 a 25 jóvenes laicos, entre los que descollaba Eduardo Bonnín –Rector [seglar] del primer Cursillo [18]–, acompañados sacer-dotalmente por Sebastián Gayá, director espiritual de la Escuela, a los que se unieron posteriormente personas de valía, como el teólogo Juan Capó. El Obispo diocesano, Mons. Juan Hervás, la animó eficazmente en todos sus esfuerzos» [19]. 8. Manuel Martínez Pereiro «En relación con la “idea peregrinante” que tenía la vista puesta en Santiago, y en la hondura que debía alcanzar, no cabe olvidar los “Cursillos de Adelantados de Peregrinos” que el Siervo de Dios inició y promovió y que después fueron adoptados y propagados con el nombre de Cursillos de Cristiandad, con algunas modificaciones, por Mons. Hervás entonces Obispo de Mallorca» [20]. 9. Salvador Sánchez Terán «La organización de la Peregrinación a Santiago dio origen a una intensa actividad de propaganda en las Diócesis y a la creación del “Cursillo de Adelantados”, antecedente próximo del Cursillo de Cristiandad, que recoge buena parte del estilo y espiritualidad de la peregrinación» [21]. 10. Miguel García de Madariaga «[…] También aparecen los Cursillos de Cristiandad, de filiación de Acción Católica, adap-tando a las nuevas circunstancias los que en tiempo fueron “Cursillos de Peregrinos”» [22]. 11. José Díaz Rincón «[...] La Diócesis mallorquina fue la que adaptó el “Cursillo de Adelantados de Peregrinos”, de la etapa preparatoria de la gran Peregrinación a Santiago, que bajo el lema “para Santiago, santos” pretendía hacer vivir a la juventud la Vida de Gracia consciente, creciente y comunicada» [23]. 12. Rvdo. Antonio Santamaría González «El espíritu es el mismo que el de aquellos “Cursillos de Adelantados de Peregrinos” que Aparici creó […]: “dar en ellos una fuerte base espiritual a las planas mayores de los jóvenes de Acción Católica”. El Ultreya adoptado por los Cursillos de Cristiandad como nombre de sus Asambleas denotaba también un indudable tono santiaguista» [24]. 13. Rvdo. Julio Navarro Panadero «[...] Su conversación era normalmente elevada a un plano sobrenatural y visión de las cosas muy evangélico. Siempre con ansias apostólicas. Así me embarcó y participé una vez con él en aquellos Cursillos parecidos o más bien pioneros de los famosos Cursillos de Cristiandad posteriores y pude verle actuar con aquel fuego de alma que arrastraba» [25]. 14. Alfredo de Piquer Navarro «[…] Manuel organizó unos “Cursillos de Adelantados de Peregrinos”, en La Coruña, diri-gidos por el que fue más tarde Obispo–Auxiliar de Madrid, D. Ricardo Blanco; estos Cursillos fueron el germen de los Cursillos de Cristiandad ... » [26]. 15. José Sotillos Martínez «Él es, sin duda, el creador de la espiritualidad peregrinante que más tarde pasó a los Cursillos de Cristiandad … » [27]. 16. Mons. José Cerviño Cerviño «[...] En cuanto a la preparación de la Peregrinación a Compostela, sé que seguía de cerca su desarrollo [...]. En esa preparación colaboró mucho tiempo antes con los “Cursillos para Adelantados de Peregrinos”, anticipando los Cursillos de Cristiandad ... » [28].
III
CURSILLOS DE CRISTIANDAD
Traemos aquí información histórica de gran valor tomada especialmente del Boletín KERYGMA tantas veces citado [29]. 1. ¿Qué se pretendió con los Cursillos de Cristiandad? «[...] En realidad, lo que se pretendía era hacer llegar no sólo a los que vivían lejos de la Acción Católica, sino también a los miembros de ella, la realización práctica del pensamiento pontificio acerca de la Acción Católica: “Construir una Cristiandad ejemplar y guía para el mundo profundamente enfermo”. Se aspiraba a realizar el ideal trazado a la Acción Católica por Su Santidad Pío XI, el de formar en cualquier parte del mundo, especialmente en cada parroquia, un grupo selecto, eficiente y operante, que sirviera de estímulo para arrastrar a los demás y de guía para conducir al mundo enfermo y desilusionado hacia Cristo y su Iglesia» [30]. 2. ¿Quién los fundó? Mientras está totalmente claro el antecedente próximo de los Cursillos de Cristiandad no está en modo alguno tan claro quien los fundó. El Rvdo. Juan Capó, en «Pequeñas Historias», escribe: «Los comienzos son difíciles de precisar [...]. Hubo una larga preparación, que se llevaba a cabo por dirigentes del Consejo Diocesano de la Juventud de Acción Católica y que coincidía con inquietudes personales de otra procedencia y de otras Asociaciones. Las circunstancias hicieron converger las personas y, al coincidir y compartirse criterios e inquietudes, surgieron intentos y ensayos que apuntaban a la misma meta. Así los Cursillos de Cristiandad no pueden considerarse obra de un hombre, sino de un grupo, un movimiento eclesial surgido de un clima pastoral y de un afán convergente a la vez y compartido» [31]. 3. Primer Cursillo de Cristiandad El primer Cursillos de Cristiandad comenzó en la tarde del día 7 de enero de 1949 [es decir, unos ocho años después de creados los “Cursillos de Adelantados de Peregrinos”], en el Monasterio de San Honorato del Monte Luliano, de Randa, en la Isla de Mallorca, y finalizaba el día 10 a altas horas de la noche. Asistieron 21 cursillistas, cuyos nombres se conocen, cinco dirigentes seglares y dos sacer-dotes como directores espirituales: el Rvdo. Guillermo Payerás y el Rvdo. Juan Capó. El rector, seglar, fue Eduardo Bonnin, Presidente del Consejo Diocesano de los Jóvenes. Como “rollistas”, actuaron los también seglares Bartolomé Rutort, Andrés Rullán y Guillermo Estarelas. Como auxiliar, Guillermo Font. El Cura Ecónomo de Randa, D. Sebastián Gayá, Consiliario Diocesano de Acción Católica, acudió a dar una de las lecciones, el último día, y presidir la clausura. [32]. 4. Algo más tarde se organizó la Ultreya [33] «[...] O sea, la reunión semanal de los antiguos cursillistas, para facilitar su perseverancia y fomentar su formación en un ambiente comunitario» [34]. «El término Ultreya, tan familiar para vosotros, remite a la imagen sugestiva de la vida cristiana como itinerario de conversión interior y como peregrinación espiritual» [35]. «Mirar hacia adelante, o vivir en Ultreya, es emprender la nueva etapa que aparece ante nosotros [...]. No nos podemos parar. No podemos mirar atrás para vivir en una autocomplacencia. La nueva evangelización nos lo pide. Nuevo ardor, nuevos métodos viendo en una etapa de madurez de los Movimientos eclesiales, también el del nuestro, al servicio de la Iglesia para evangelizar en este hoy tan concreto» [36]. En la II Ultreya Mundial, Méjico, 24 de mayo de 1970, se dijo: «¡Ánimo Cursillistas! [37] Peregrinad los caminos del mundo llevando en vuestro rostro, con firmeza y serenidad, el sello divino de la gracia ... » [38].
5. Los Cursillos de Cristiandad llegan a la Península procedentes de Mallorca y pasan a primer plano
Manuel Aparici me dijo –afirma José Díaz Rincón–: «[...] Ahora Dios te va a pedir una cosa: que participes con una Comisión del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica en un Cursillo de Cristiandad que nos darán dirigentes del Consejo Diocesano de Mallorca con el fin de vivirlos y conocerlos para estudiar después este método y poderlo ofrecer a toda la juventud española como fruto de la Peregrinación a Santiago. Con gusto acepté aquella misión y jamás olvidaré sus palabras. Del 11 al 14 de mayo de 1954 se celebró el Cursillo núm. 99 de Mallorca en la Península [...]. Se dio en la Casa de Ejercicios de Toledo y fue el primero organizado por el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica Española. Manuel Aparici no intervino directamente; él estudiaba y revisaba con el equipo del Consejo Superior el mismo Cursillo en todos sus aspectos [39]. Yo tomé parte como cursillista y admiraba a D. Manuel viéndole en oración, su labor de pasillos, las consultas en su habitación, en el confesionario, en sus interpelaciones siempre constructivas y llenas de caridad, etc.» [40]. «No se exagera al decir –escribe SIGNO por su parte – [41] que dentro de nuestra Juventud, en la esfera de dirigentes y aun en las otras Ramas de Acción Católica, el tema de los Cursillos de Cristiandad ha pasado a primer plano. Mucho se discute sobre ellos. Tal vez eso constituya una prueba de su valor, ya que si poco o nada significaran, poco o nadie se ocuparían de ellos. Con esta nota no queremos decir que los Cursillos constituyan el mejor y más eficaz método de apostolado, no; creemos que deben existir otros, pero el resultado que hasta ahora comprobamos nos mueve a decir que es preciso realizar muchos Cursillos y en toda España [...]. En vista de la necesidad de multiplicar los Cursillos, el Consejo Superior ha dispuesto la creación de la Escuela de Profesores. Estará dirigida por Alfonso Prieto y asesorada por D. Manuel Aparici. Una de sus primeras actividades fue la celebración de una “convivencia”, realizada a fines de la semana pasada en Carabanchel; asistieron el Consiliario Nacional, el Viceconsiliario, los profesores de cursillos y ex–cursillistas. En dicha reunión se estudió la estructura del Cursillo, algunos de los temas y condiciones que deben reunir los futuros profesores» [42]. «[...] El Curso 1953/1954 –se lee en la Memoria de las actividades realizadas por el Consejo Superior de la Asociación de los Jóvenes de Acción Católica Española– ha visto surgir y desarrollarse en la Península los Cursillos de Cristiandad, nacidos en la Diócesis de Mallorca. Dirigidos por nuestro Consiliario Nacional, Manuel Aparici, se han extendido a numerosas Diócesis y su conocimiento va llegando a todos. Se han logrado en esta nueva modalidad apostólica óptimos frutos, y se cuentan por éxitos las tandas celebradas».
IV
EFICAZ INSTRUMENTO APOSTÓLICO
«Parece que fue ayer–y hace ya varios años– el Consejo Superior recibió de manos del Consejo Diocesano de Mallorca –como una antorcha encendida– el eficaz instrumento apostólico de los Cursillos de Cristiandad. Valorando su tremenda eficacia, y considerando que desde entonces la Juventud de Acción Católica de España es deudora de los dirigentes y Consiliarios mallorquines, que levantaron el referido instrumento, juzgó, no obstante, el Consejo Superior, con el asesoramiento de la Jerarquía, introducir modificaciones, intentando separar lo no valioso o menos valioso. De estas modificaciones nació el Cursillo de Militantes de Cristiandad, conocido ya –tal ha sido su difusión y número– en todo el ámbito de la Península. Era lógico que al emanar de la Jerarquía eclesiástica, en la persona del señor Obispo de Mallorca, un documento sobre los Cursillos de Cristiandad, su contenido y rectificaciones coin-cidiesen con las ya realizadas por el Consejo Superior, por la elemental razón de que estas modificaciones no se hicieron a espaldas de la Jerarquía, sino contando con ella. Nos alegramos profundamente con el documento. Por nosotros, que tenemos así una norma directiva extraordinariamente clara. Y por nuestros hermanos de Mallorca, que dispondrán de esta forma de un instrumento apostólico más perfecto y perfilado» [43].
V
CARTA DE MANUEL APARICI A LOS CURSILLISTAS MILITANTES DE CRISTIANDAD
En 1955 Manuel Aparici dirigía una carta a los Cursillistas Militantes de Cristiandad del siguiente tenor literal: «Amadísimo Cursillista, Militante de Cristiandad: El gozo santo de la Pascua de Resurrección y el comienzo inminente del mes de María me exige la comunicación epistolar contigo. Mi deseo hubiera sido el diálogo íntimo rememorando el “Cristo cuenta contigo” que el Señor te dio por mi medio o por el de otro hermano sacerdote; ante la imposibilidad de su realización material he hablado de ti con el Amo en el Sagrario y después te escribo. Sois ya 1.500 los Militantes de Cristiandad en la Península, mil quinientos a quienes el Señor regaló con la gracia extraordinaria de un Cursillo en el que os hizo gustar la suavidad de su amor y adquiristeis nueva intimidad con Él en vuestro orar junto al Sagrario y gozasteis de la belleza de un vivir “De colores” con la gracia “a presión”; y en el que os comprometisteis a prestar vuestros servicios en el Ejército de Cristo, integrándoos en santa amistad en grupos apostólicos a fin de obtener su reino en las almas de los jóvenes viviendo el compromiso de vuestro cupo apostólico en centinela sobre la vida de Cristo en el hermano. Os habéis dado cuenta todos y cada uno de vosotros lo que pueden suponer mil quinientos jóvenes santos en 1955 con americana y pantalones y porque se puede! No sé si habrás sido fiel en todo este tiempo. ¡Ojalá que lo hayas sido y hayas abrillantado más los divinos colores de los siete dones del Espíritu Santo en tu alma! Mas si te hubieres encapotado y apartado del Amo y perdido los Colores acuérdate del “rollo” de Sacramentos, de aquel nuestro llorar ante el Sagrario la dureza de nuestro corazón y acude a Él en el tribunal de la penitencia y pídele perdón y vuelve a vivir de Colores. El mes de Santa María, de la Señora, de la Reina nos lo exige. De colores se visten los campos en la primavera, cantabas, y ante esta primavera del espíritu que es el mes de María, mes de las flores, ¿qué mejor obsequio puedes ofrecer a tu Madre, que es la Madre de Dios, que un alma con gracia “a presión” en la que resplandece la celeste belleza de la vida divina? Ya te advertí que en la escalada difícil de las cumbres de la santidad a la que Dios te llamó en el Cursillo es muy fácil resbalar; mas que los buenos montañeros saben atarse en cuerda para no caer hasta el abismo cuando resbalan y que así, tú, Militante de Cristiandad, montañero de Dios, tenías que atarte en fe con el Amo, con Cristo Jesús, que jamás resbala, manteniéndose el contacto con Él en su sacerdote, tu director espiritual, y en el hermano con tu reunión de grupo y la Ultreya. Tal vez has dejado ambos contactos; pero como el Amo es fiel, Él no te deja y por medio te ruega y suplica que te reconcilies con Él para llenar tu alma durante todo este mes que va a empezar de su palabra: “Ahí tienes a tu Madre”. Yo sé que nos has podido olvidar los tres días de cielo del Cursillo; yo sigo creyendo y cada día más en el amor que Jesús te tiene y en la omnipotencia de súplica de su Madre y nuestra Madre; en todas las Misas que Él se digna ofrecer por mis manos Él hace que me acuerde de ti y que le pida te guarde en su amor. En nombre de Cristo te repito: “cuento contigo”; para llevar esa alegría que tú conociste a tus hermanos necesita este pobre sacerdote, Consiliario del Consejo Superior, de la ayuda de tu oración y tu sacrificio. Quiero saber de ti, hijo amado, por la vida que consagré a servir al amor que Cristo te tiene te ruego que me contestes; me basta que me digas en una tarjeta: XX del Cursillo número ... De colores. Unido a los hermanos para honrar a María y darla a conocer a todos sus hijos. Esperando que no niegues este consuelo a este sacerdote que incesantemente te lleva en su corazón, te bendice en el Señor, Manuel Aparici».
VI
RECUERDOS DE ALGUNOS DE SUS MÁS ESTRECHOS COLABORADORES EN LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD
1. José Díaz Rincón
– «Conocí a D. Manuel Aparici en el mes de marzo de 1950, en el Colegio Sadell de Toledo en el que dirigió una tanda de Ejercicios Espirituales para Jóvenes de Acción Católica durante cinco días, desde el sábado anterior al Domingo de Ramos hasta el Jueves Santo [...]. Tenía yo 19 años […]» [44] «[...] cuando Dios me concedió tal excepcional gracia, decisiva en mi vida [...]. Aquella experiencia espiritual y humana fue única, apasionante, imborrable y clave en mi vida, pues hacía más de un año que yo buscaba a Dios en serio [...] y tuve la inmensa suerte de encontrarme con Dios “cara a cara” por medio de Aparici ... ¡Qué dos ratos de conversación privada tuve con él! Desde aquel día he vivido la filiación divina y me he entregado con fidelidad y máxima generosidad a la Iglesia por la causa del Evangelio […]. D. Manuel es un gran santazo … » [45]. – «Guardo inolvidables recuerdos de D. Manuel, pues desde el año 1954 hasta su muerte acaecida en agosto de 1964 no dejé mi contacto con él. Las vísperas de Navidad de 1953 tomé parte en una convivencia para dirigentes diocesanos de la Juventud de Acción Católica. Allí fue donde ya tomé una intimidad con él y le conocí más profundamente, ¡qué santidad la suya! ¡Qué personalidad tan rica y asombrosa! ¡Qué ideas tan evangélicas y acertadas! ¡Qué a gusto me sentía con él! Desde entonces no le dejé, ni casi él a mí, aunque él estaba ocupadísimo con la Consiliaría Nacional, pues se volcaba en generosidad. Al despedirnos me abrazó, aparte, muy fuertemente, y me dijo: “Rincón eres afectuoso y generoso y el Señor te va a confiar grandes cosas; que tu actitud sea siempre como la de María: “fiat”, porque la santidad consiste en querer lo que Dios hace y hacer lo que Dios quiere ... » [46]. – «[...] Del ministerio sacerdotal tenía clarísimo que él era un servidor, un esclavo literalmente que no tiene derecho a nada. Aquellos “rollos” de Sacramentos que tantas veces le oí y siempre me parecían nuevos, porque descubría nuevos matices le entendía mejor y su nuevo siempre testimonio por su parte. Cuando explicaba el “Orden Sacerdotal” y “La Eucaristía” terminaba emocionado, llorando y muchas veces de rodillas ante los cursillistas, sin que jamás pudiera pensarse en exageración o “teatro” porque palpábamos que le estallaba el corazón, porque las palabras le salían del lama, porque su convicción era profunda ... ; yo no puedo recordar aquellas expresiones del amor de Dios sin emocionarme constantemente» [47]. – «Nunca se limitaba a dar sólo el Cursillo de Cristiandad como director espiritual (quien conoce los Cursillos sabe lo duro y agotador en extremo que es este instrumento de apostolado para cualquier dirigente, mucho más para el director espiritual). Él preparaba y se preparaba antes con el equipo de jóvenes dirigentes, revisaba después profundamente, y durante todo el Cursillo estaba atento a todo su desarrollo y circunstancias humanas y sobrenaturales, rezaba y se sacrificaba más que todos juntos. Uno no se puede explicar cómo tenía capacidad para todo eso y para amar y atender a cada uno. En todos los lugares, aparte del Cursillo, celebraba reuniones sobre todo con jóvenes y sacerdotes; en otras partes dirigía algún retiro simultáneamente, o antes o después, si teníamos tiempo, celebraciones litúrgicas, emisiones de radio, entrevistas, etc. Tengo que repetir que he visto en mi vida poca gente tan competente, con tanta garra, con tanta generosidad, capacidad y tanta santidad» [48]. – «Más de una noche no se acostaba; la aprovechaba para estar hasta la madrugada alta con los dirigentes diocesanos y después hacer oración [49]. Con tal motivo, y ante el esfuerzo que realizaba y temiendo por su salud, en uno de los Cursillos sus acompañantes prometieron todos que lo principal que tenían que hacer cuando salieran con él era cuidarle, y esta promesa la llevaron al resto de los Jóvenes del Consejo Superior. Lo que resultó de esto es que el que de verdad cuidaba de cada uno de ellos siempre era él» [50]. – «[…] Tuve la suerte de pasarme con él muchos ratos y horas en oración [...]. Me repetía: “Rincón, tienes que hablar más a Cristo de las almas que a las almas de Cristo”, para resaltar la preeminencia de la oración. Yo me asombraba, porque me decía, si este hombre habla tanto de Cristo y su Evangelio a los demás ¿cuánta oración no hará? Le vi muchas veces en oración, porque yo nunca fui dormilón y él me descubrió y desarrolló el gusto por la oración, por eso algunas noches iba algún rato a rezar y me lo encontraba. Terminó prohibiéndome bajar a la Capilla cuando estábamos en cursillos o reuniones, incluso de preparar los “rollos” o charlas ante el Sagrario, como él nos había enseñado. La razón que me dio, y llevaba razón, es que yo era muy emotivo y no me favorecía nada y eclipsaba la lucidez de las charlas» [51]. – «Otro episodio es cuando estaba tan enfermo después del infarto [52] y el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica alquiló una casita en el pueblo de Guadarrama [«que se utilizaba para actividades apostólicas constantemente, en invierno y en verano. Se hizo principalmente pensando en la salud de D. Manuel que ya estaba muy quebrada y para obligarle a no salir de viajes, sabiendo que no dejaría de trabajar» [53]], porque D. Manuel quería seguir haciendo algo. Allí estuvimos [...] unos dos años. No sabría decir cual de las tres virtudes teologales vivió con mayor heroicidad, pienso que las tres. Postrado prácticamente, como estaba, dirigió diferentes Cursillos de Cristiandad, de Dirigentes, de Formación y Apostolado, tanda de Ejercicios para el Consejo Diocesano de los Jóvenes de Toledo y otras. Estaba horas en oración, daba las charlas, “rollos” o meditaciones sentado, recibía personalmente a la gente. No le vi ni una sola vez quejarse, ni perder el humor, la paciencia, exigir algo: comida, trato, dinero; esto le venía ancho siempre y a esas alturas se palpaba que le repugnaba literalmente» [54]. – «En aquella etapa sufría mucho por su situación, por su madre enferma, por su familia en donde había algún problema, por la juventud que en aquella época se producía un nuevo cambio después de los años de la posguerra y se volvía más materialista y evasiva, por su sucesión, que preveía cercana, etc. Ya comenzaba a resentirse mucho su inmenso corazón; las piernas hinchadas, labios morados, agotamiento, fatiga. ¡Pobre D. Manuel! ¡Qué miedo pasábamos con él! Sobre todo cuando hablaba, porque solía emocionarse, y algunas veces mucho; le embargaba la emoción y lloraba, especialmente cuando hablaba del Amor de Dios y contemplaba las respuestas y el pecado del hombre y el suyo, pero aquello es imborrable, al menos para mí. ¡Cuántas veces le diría a él y a Dios que cambiaba mi salud por la suya!» [55]. – «Fuimos a Jaén a dar un Cursillo. Se celebró en Baeza y durante el mismo habían hecho coincidir los del Consejo Diocesano un gran acto público en el teatro principal (que entonces se estilaba mucho como medio de apostolado muy válido) con motivo de los 25 años de la Juventud de Acción Católica; le acompañamos algunos de los jóvenes que con é |