
VOCACIÓN Y MINISTERIO
SACERDOTAL
(1941 – 1959)
CESA EN LA CONSILIARÍA POR
GRAVE ENFERMEDAD
La cosas siguen igual durante el
Curso 1958/1959, pero se agravan en el curso siguiente hasta tal punto que
en la Memoria de ese Curso se pide, sin decirlo expresamente, un nuevo
Consiliario
.
En ella se lee: «Si el Consiliario es el alma de la Acción Católica
Española, ésta, en su nueva etapa, considera indispensable su labor y
presencia viva y activa, ya que el desarrollo de la Acción Católica está
subordinado al número y dedicación de los Consiliarios con que cuente».
Cuando ya todos tuvieron la certeza
de que su enfermedad era irreversible, pidieron al Cardenal Primado ... que
nombrara un nuevo Consiliario Nacional. Pero solo cuando físicamente ya no
pudo continuar su actividad externa es cuando fue relevado. Le sucedió a
finales de 1959 D. Mauro Rubio Repullés, que tomó posesión de su cargo el 3
de febrero de 1960.
Permaneció, pues, en el cargo nueve años.
Cuando cesa, la Juventud de Acción Católica
presenta un balance más optimista que cuando tomó posesión. La fórmula es
sencilla: Evangelio, lenguaje juvenil y eficacia ante los problemas
planteados.
Como su enfermedad le impedía
asistir a la toma de posesión del nuevo Consiliario Nacional, su querido
amigo Mauro, pidió y agradeció a su buen amigo Miguel Benzo Mestre, a la
sazón Consiliario Nacional de los Hombres de Acción Católica, le
representara y expresara en su nombre su cordial enhorabuena a los jóvenes y
Consiliario por el regalo que el Señor les hacía. A unos, por el magnífico
sacerdote que les concedía, y a Mauro, por los no menos magníficos jóvenes
que le confiaban.
Al mismo tiempo, expresaba
públicamente su gratitud más profunda a
cuantos le fueron preciosa ayuda en el cargo de Consi-liario: Rvdos.
Consiliarios Diocesanos, Rvdos. sacerdotes y jóvenes que integraron el
antiguo Consejo Superior; entre éstos cita como a figuras representativas de
todos los jóvenes que, como miembros del Consejo, colaboradores y
propagandistas, sirvieron con admirable generosidad a la caridad de Cristo
para con la juventud, a los cuatro Presidentes: Enrique Pastor, Manuel
Alonso, Miguel García de Madariaga y Salvador Sánchez Terán, con los que el
Señor le regaló sus días de Consiliario; y entre los sacerdotes: a Miguel
Benzo, Mauro Rubio y Eudosio Castañeda que como Consiliarios de la Juventud
Universitaria Masculina de Acción Católica, Juventud Obrera Católica y
Castrense tan fraternalmente compartieron con él al servicio de la juventud.
Y en párrafo aparte rinde público testimonio de gratitud a Manuel Arconada
por su abnegada, generosa y fraternal ayuda y aunque toda palabra resulta
pequeña para encomiarle –dice–, ahí están: El Colegio Residencia San Juan de
la cruz, el Apostolado Rural, el T.I.J., la Viceconsiliaría y millares de
jóvenes que en cursillos, convivencias, jornadas, Ejercicios se acercaron
más a Cristo, que proclaman la inestimable valía de su actuación
inteligente, sacrificada y fervorosa.
A todos
reiteró su gratitud, no sólo por su valiosa ayuda, sino por la caritativa
paciencia con que sobrellevaron sus muchos fallos y defectos; a todos les
pedía que le perdonasen y le ayudasen a alcanzar del Señor el perdón de sus
faltas en el servicio de la juventud bien amada de su Corazón Sacratísimo.
Tras la lectura de la carta enviada
como Consiliario saliente, con la que se inició el acto de toma de posesión
del nuevo Consiliario, éste «dedicó un cariñoso recuerdo a Manuel Aparici,
glosando sus maravillosas cualidades humanas y su obra meritísima»
.
Presidió el acto de toma de posesión el Rvdo. Alberto Bonet, Secretario de
la Dirección Central, el Presidente de la Juventud de Acción Católica
Española, Salvador Sánchez Terán, el Secretario de la Junta Nacional, Justo
Pintado, los Consiliarios y Presidentes de Movimientos y numerosos
dirigentes.
«Es ya como sacerdote cuando da a
conocer … su generosidad desbordada y su total entrega con un sentido
paulino; haciéndose todo para todos, que le hace gastarse y desgastarse en
su puesto de Consiliario Nacional en donde se da por entero ... »
.
«Su actividad como Consiliario fue
abrumadora … Llevaba una vida de oración, de sacrificio, pobreza y entrega
apostólica admirable. Siempre que visitaba una Diócesis se reunía con los
Consiliarios, aparte de la programación que tuviésemos, y todos salíamos
admirados, orientados y entusiasmados … Como sacerdote ¡impresionante! ...
»
.
«Su entusiasta y plena entrega al
cargo, que lamentablemente sólo pudo ejercer de hecho durante tan poco
tiempo, y que tanto le ilusionaba, respondía a su bien fundada convicción de
que éste era pieza clave en la vida de la Juventud como había experimentado
a lo largo del tiempo y comprobó en el Consejo Central en las etapas de
orfandad que por circunstancias muy diversas habíamos tenido que padecer»
.
«Fue un ejemplo de fiel cumplimiento
de las obligaciones de su cargo hasta el punto de que me atrevería a decir
que constituye un modelo de Consiliario»
.
«No solo respetaba, como a pocos he visto, las competencias del Presidente
de turno [que tantas veces él había defendido cuando tuvo dicho cargo], sino
que con su autoridad, talante y cálida palabra siempre los respaldaba y daba
sentido, hasta tal extremo que ante el Presidente o responsable seglar él
aparecía como un niño, por su confianza, obediencia, cariño y docilidad»
.
«Recuerdo muy bien su permanente
sentido sobrenatural, su afecto y cordialidad hacia todos, su interés por
los Centros Parroquiales y su deseo por el mantenimiento de las mejores
tradiciones de la Juventud de Acción Católica, sin perjuicio de la oportuna
actualización a la realidad y siempre al servicio de la Iglesia»
.
«Desde su toma de posesión como
Consiliario Nacional, actuó con entusiasmo, con optimismo, con cordialidad
hacia todos, con interés por los Consejos Diocesanos y por los Centros
Parroquiales, con planes de futuro que enlazaban con la tradición de la Obra
que él tan bien conocía ... »
«A su época de Consiliario en los
años críticos y decisivos de los cincuenta corresponde la difusión de los
Cursillos de Cristiandad y el apoyo de un apostolado seglar especializado en
los ambientes obreros, universitarios y agrícolas».
Intensa y fecunda fue, en verdad, su actividad
como Consiliario: Forjando dirigentes, extendiendo los Cursillos de
Cristiandad, escribiendo en el Boletín de Dirigentes del Consejo Superior:
orientación ascética y espiritual; impartiendo cursillos, Ejercicios,
retiros, etc. a sacerdotes, seminaristas, dirigentes, jóvenes, etc.
«Era tal su prestigio y su talla
humana y cristiana, tan reciente su paso por la Presidencia y tan evidentes
sus huellas que hubiera sido moralmente imposible pretender trazar otros
caminos. Fue el quien los trazó distintos, cuando adoptó el sistema de
Cursillos de Cristiandad, y nadie se opuso»
.
Consiliario perfecto plenamente dedicado a sus funciones. De su modo de
desempeñar la Consiliaría no se tienen más que elogios.
Siempre quedó constancia de su alma enteramente juvenil, el recuerdo de
sus afanes apostólicos de conquista, la alegría de su contagiosa ambición de
santidad, su vivir en aras del sacrificio y del entusiasmo. Siempre fue,
ante todo, padre o hermano de cuantos le rodeaban.
De la eficacia en su ejecución da el hecho del enorme desarrollo de
la Rama de los Jóvenes de Acción Católica durante su Presidencia y su
Consiliaría.
«Su llama era demasiado grande para
las fraguas y los hogares de la existencia cotidiana»
.
¿Cómo vivió la nueva situación de la
Acción Católica desde su retiro obligado por la enfermedad?
Durante su enfermedad ya apuntaba, aunque
levemente, el devenir de una nueva situación de la Acción Católica.
«La nueva situación ... se fue resolviendo mal a partir de 1959; decreció el
peso específico de la Juventud de Acción Católica, su organización,
vitalidad, número de militantes, sus actividades, etc. al “forzar” la
constitución de los Movimientos Especializados de la Acción Católica, que
eran necesarios e interesantes, pero aparecían con otro talante y, sobre
todo, se abandonó mucho la Juventud de Acción Católica General, ya que no se
supo salvar esta modalidad, que era y es imprescindible ... »
.
«La siguió con mucho interés –rezó y ofreció muchos sacrificios–, con mucha
preocupación y con mucho sufrimiento, porque pensaba que, a pesar de la
buena voluntad, no se estaba haciendo bien y que iba a ocurrir lo que
después ocurrió, que se iba a perder una gran realidad pastoral, que se iba
a chocar frontalmente con la Jerarquía, que se estaba perdiendo el sentido
sobrenatural, que había muchos fallos de formación y que faltaban
Consiliarios. Tuve muchas conversaciones en su casa, durante su última
enfermedad, porque seguía siendo mi director espiritual, y por más
explicaciones que yo le podía dar y aceptando mutuamente los aspectos
positivos de los Movimientos, él no terminaba de verlo; varias veces se
emocionaba por la pena y otras aparecía como preocupado, aunque jamás perdía
la paz»
.
