«Manuel
Aparici vivió ejemplarmente toda su vida y ésta es su heroicidad en la vida.
Y éste es hoy su mensaje: Como seglar, un joven que se convierte a Cristo en
plena juventud y que valientemente, sin temores humanos, a velas
desplegadas, se empeña en vivir el Evangelio, para llevarlo a todos los
jóvenes, como luz de Cristo.
Como
sacerdote un ejemplo de fe, de obediencia, de humildad, de trabajo, de
transparencia, de dar su vida al prójimo y de oración que alimentaba su vida
interior».
(Del
testimonio firmado por
Mons. Maximino Romero de Lema
Arzobispo Titular de Città Nova
Roma, 15 de agosto de 1993).
«Coloso
de Cristo, de su Iglesia y del Papa».
(Lo calificó el Cardenal D. Ángel Herrera Oria).
«Uno de los peligros evidentes de los
jóvenes de hoy –escribe Miguel García de Madariaga, ex–Presidente Nacional
de los Jóvenes de Acción Católica–, y no tan jóvenes, es la crisis de la
memoria histórica. Es muy juvenil y creo que no es bueno, el creer que la
historia empieza con nosotros».
«El proceso
de la Juventud de Acción Católica Española (J.A.C.E.) –escribe Salvador
Sánchez Terán en ECCLESIA
[1]– es un capítulo significativo en la historia del
apostolado seglar y de la Iglesia española. Su estudio es necesario para
todo el que quiera conocer nuestra evolución religiosa en el siglo XX»,
porque «cuando
las instituciones avanzan en edad –escribe por su parte Manuel Aparici en SIGNO– conviene de cuando
en cuando hacer algo de historia para que sus miembros más jóvenes
participen del espíritu que les dio vida y se incorporen plenamente a ellas.
»Y tratándose de una obra de jóvenes y
sobrenatural como la Juventud de Acción Católica, la historia es mucho más
necesaria, pues de una parte, el cambio de los miembros que la componen es
más rápido, y de otra gran parte de sus acuerdos y conclusiones no afectan
solamente a los que en aquel momento la integran, sino también a los que en
el transcurso del tiempo la gracia de Dios ha de atraer a ella».
Como seglar, puso en marcha e
impulsó uno de los más formidables movimientos juveniles de espiritualidad y
apostolado en España de los últimos tiempos[2]
: el de la Juventud de Acción
Católica[3]
de la que fue su alma y su vida,
su artífice y sostén; porque «decir Manuel Aparici era decir
Juventud de Acción Católica»
[4]
(en él está encerrada casi toda la historia y el espíritu de esa Juventud[5], «¡aquella Juventud que él quería
unida en torno al Papa y a los Obispos!»[6].« ... Fue un laico ejemplar –afirma Mons. Mauro Rubio Repullés–, que en sus años de Presidente de la Juventud de Acción Católica
dio un impulso definitivo a la Acción Católica juvenil comprometiéndola a
fondo con Jesucristo y su Iglesia. Su ejemplo personal supuso no sólo el
avance definitivo del apostolado seglar en España, sino que influyó en la
aparición de numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas en todo el país,
y entre ellas la mía».
«Dado su entusiasmo
por el apostolado seglar, animaba siempre al compromiso cristiano del
laicado para la renovación de la Iglesia española ya antes del Concilio
Vaticano II», afirma por
su parte Mons. José Cerviño y Cerviño.
«La concepción que tenía Manuel Aparici del apostolado
laical –dice José Díaz Rincón– era la correcta, ortodoxa y precisa, incluso
con una visión profética certera, porque después de su muerte tuvo lugar el
Concilio Vaticano II, que de diversas maneras dijo lo que tantas veces le oí
decir a D. Manuel con claridad y entusiasmo indecible ...
»El Concilio subrayó que “el carácter secular es propio y
peculiar de los laicos”.
¡Cuántas ideas de los Decretos del Concilio le había oído a D. Manuel, no
digamos la “Llamada
universal a la santidad”!».
Se anticipó en muchísimas cosas
a las que después diría el Concilio: El papel del seglar en la Iglesia y en
el mundo, el Ideal Peregrinante, el Ideal de santidad y apostolado, la
adhesión a la Jerarquía, etc.
Trabajó principalmente durante
toda su vida en contacto directo con las almas de los Jóvenes de Acción
Católica, «aunque no le fueron ajenos los
demás campos de apostolado»[7]
.
Su figura, su vida, su obra y
espiritualidad, que impresionó a quienes le conocieron, llenan una página de
la historia religiosa de España en el siglo XX y le convierten en testimonio
vivo y modelo ejemplar de apóstoles seglares y de sacerdotes. ¡Cuánto bien
podría hacer, en la Iglesia de hoy, su ejemplo!Con su
respuesta al llamamiento del Papa Pío XI a una «Cristiandad ejemplar»[8]
y su
«vocación hispana» –vocación comu-nitaria de los pueblos hispánicos al
apostolado, para la salvación del mundo– puso en pie de marcha peregrinante
a esa Juventud y supo despertar en ella un alto ideal de santidad y
apostolado: el Ideal Peregrinante[9],
como estilo de Vida. Toda su vida y su obra está impregnada del Ideal
Peregrinante. «La sed de almas que … quería despertar en los suyos le llevó
a comprometerles a esforzarse por una Cristiandad “ejemplo y guía para el
mundo profundamente enfermo”. La ansiada peregrinación a Santiago de
Compostela[10]
había de ser el medio para tan
intrépida decisión»[11].
Era para todos el alma y el impulsor principal.
«Levantó bandera contra el
neopaganismo, consiguió una organización de apostolado juvenil como desde
entonces no ha vuelto a haber. El neopaganismo, con unas u otras formas, es
algo que hay que seguir combatiendo con el denuedo de Manuel Aparici y poner
en marcha una organización de apostolado juvenil de acuerdo con los tiempos
actuales»[12]
Su vida
fue muy sencilla pero intensamente vivida al servicio de Dios, de la Iglesia
y del Papa, en los hermanos. «Quienes
convivimos con él aquellos dramáticos años podemos testimoniar que,
siguiendo a Nuestro Señor, él tenía sed de almas, viva sed de almas de
jóvenes»
[13].
Comenzó
desde joven a recorrer el camino de la perfección y avanzó en él con paso
firme, constante y decidido, afrontando las dificultades que lleva consigo
la marcha hacia la santidad. Así, un martes 3 de noviembre de 1931, anota en
su Diario:
«Únicamente siendo yo santo podré santificar a los demás».
Toda esta etapa de la Juventud
de Acción Católica (1939/1948) produce un impacto decisivo en el apostolado
seglar español. La Acción Católica en todas sus ramas toma las líneas
fundamentales del planteamiento apostólico juvenil; y otras organizaciones
seglares se ven influenciadas por el esquema básico de la Acción Católica.
Nada más tomar posesión como
Consiliario Nacional se dirigió a todos los sacerdotes Consiliarios y
jóvenes de Acción Católica por medio de SIGNO.
«Amados en Cristo Jesús:
»El Señor, tras de concederme la gracia
inestimable de hacerme convivir trece años con los jóvenes seglares llamados
por Él a colaborar en el apostolado jerárquico ... me trae por medio de la
Jerarquía de su Iglesia a este puesto de Consiliario, tan superior a mis
fuerzas e inmerecido para mi insignificancia ...
»Fue la caridad de Dios la que me tuvo entre vosotros, hermanos Consiliarios
y amadísimos jóvenes, para que en vosotros, pizarra viva en la que día a día
el Divino Espíritu va escribiendo, la aprehendiera y a mi vez la reflejara.
A vosotros me trae de nuevo ... Esa es nuestra común Empresa, a la que la
Santa Iglesia nos llamó: aprehender el amor que el Señor tiene a los jóvenes
de España, la Hispanidad y el mundo, para que esa caridad de Dios,
informando nuestro vivir individual y social, se les manifieste, los atraiga
y los vivifique, y así la Jerarquía de la Iglesia y sus cleros, con el brazo
largo del apostolado seglar, retorne a la humanidad extraviada al divino
redil del Corazón del Redentor.
»¿Lema y programa? ... El lema que
aquella generación escribió con su sangre fue: “Una Obra de Dios no muere
cuando ha encontrado un alma que se ofrezca a morir por ella”. Ayudémonos
mutuamente, para que muriendo cada día a lo humano, viva más y más en
nosotros Cristo.
»Vuestro siervo en Jesús, Manuel
Aparici».
Fue una suerte para la Juventud
y una gracia del cielo que volviera de Consiliario. «Cuando volvió ...
entendió que había que buscar nuevas fórmulas de apostolado, porque la
Juventud de Acción Católica había entrado en una crisis o anquilosamiento»[14]
«Treinta años al servicio de la Iglesia y
del Papa, de los jóvenes y de los sacerdotes de España –escribe en SIGNO el Rvdo. José Manuel de Córdoba–
[15].
Puede que alguien dedique largas columnas a enumerar las empresas
apostólicas de la Juventud de Acción Católica Española que Manuel Aparici
dirigió, durante tantos años como Presidente seglar y, después de su
ordenación sacerdotal, como Consiliario Nacional. Se reconocerá, yo creo, al
menos después de muerto, que fue el gran constructor de los cimientos de la
Acción Católica Española. Y luego, en una línea, se añadirá una coletilla:
“Tras nueve años de enfermedad, murió el día 28 de agosto de 1964”.
»Treinta años de acción pasan en
un vuelo, tanto más vertiginosamente cuanto más dinámica haya sido. Pero
nueve años de sufrimiento, hora tras hora, ¿se tiene bien la idea de la
eternidad interminable de minutos y de cruces que supone? Esta prodigiosa
actividad apostólica de una larga pasión de enfermo “porque quiso”, es tan
valiosa y eficaz que, comparada con sus treinta años de acción, reducen
éstos a un simple prólogo de la verdadera obra de Manuel Aparici en la
Iglesia.
»Digo “porque quiso” y me ha
concedido la gracia, que ahora creo el deber participar a los demás,
principalmente a los jóvenes y a los sacerdotes consiliarios, de conocer
algo de lo que ha sido esta etapa decisiva de su vocación de apóstol. No
quiero guardar para mí sólo este testimonio de oro de ley que he recibido.
Fue un Apóstol con vocación de crucificado que él mismo pidió a Cristo como
culminación de todo su apostolado en la Acción Católica, porque vivió la
Acción Católica como un “brazo” de la cruz».
Una vida de
cruz ofrecida día a día a Dios, como víctima[16]. Hizo inmolación de sí mismo
por este ideal. El P. Llanos, S.J. escribe en SIGNO
[17]
:
«“Hemos encontrado al Mesías”
... Y le encontramos bajo formas diversas ... A Manuel Aparici, tras un
sillón de enfermo y la cruz ... » ... «amarrado a un sillón y con
permanentes dolores, dando consejos y su testimonio»[18].
«Murió
crucificado con Cristo, como el quería y pedía, apurando hasta el final las
heces del cáliz amargo por sus grandes dolores físicos y morales, así como
por sus tremendas pruebas y tentaciones[19],
superando todo con valentía cristiana, con amor inmenso, con dignidad
singular y ofreciéndolo a Dios por Cristo, lleno del Espíritu Santo, con
María y los Santos, llevando consigo a todos sus hermanos los hombres, con
gozo impresionante y admirable»[20].
Falleció santamente el 28 de agosto de 1964,
viernes, hacia las dos de la tarde, un día de San Agustín, que tanto citaba,
justo dieciséis años después de la magna peregrinación mundial juvenil a
Santiago de Compostela de 1948, Año Santo Jacobeo, ideal de santidad por él
propuesto a la juventud española y del mundo, de la que fue su artífice y su
alma, y cuyo recuerdo sigue vivo en la memoria de muchos.
Una crisis cardiaca de las
muchas que sufrió. No la soportó. Le administran los últimos sacramentos.
Tratan de reanimarlo. Es inútil. Falló el corazón. En esos momentos estaban
a su lado sus hermanos Rafael y Matilde y su primo Alfredo.
«Entregó su
espíritu en las manos del Padre como un hijo chiquitín. No le ha dado tiempo
a hablarnos del amor del Padre. Sus cartas hablarán por él ... La vida de
Cristo ha matado ya su muerte y ahora vive. Y también matará nuestras
muertes y viviremos con Él y con él. Hasta pronto ... en cualquier momento.
Cuando hayamos cumplido “las cosas que faltan a las pasiones de Cristo en
nuestra carne en pro de su Cuerpo que es la Iglesia”»[21].
«Su fallecimiento
–asegura José María Máiz Bermejo– fue una conmoción nacional en los
ambientes de la Acción Católica».
«A pesar de tratarse de una
muerte ya anunciada, produjo entre todos los que le conocieron una gran
consternación, de una manera unánime»[22].
«Todos sintieron su muerte y revivieron su admiración por la figura
sacerdotal ejemplar que se reflejaba al exterior»[23].
«Tallado,
diría yo, –Rvdo. Mariano Barriocanal– para el sacerdocio, vino a ser lo que
esperaba y fuertemente anhelaba, siendo el sacerdote santo, probado en el
crisol de una larga y dolorosa enfermedad, que le sirvió para inmolarse y
ofrecerse a Dios como víctima de propiciación a ejemplo del Sumo Sacerdote
Jesucristo, inmolado en la Cruz ... Informes bien verídicos[24]
me aseguran que
su última enfermedad, sobre todo, fue una auténtica y verdadera inmolación
sacerdotal».
«En el orden de la penetración
sobre el apostolado seglar, nadie –le dice Sor Carmen Teresa de Jesús– os ha
superado a Ángel Herrera y a ti».
Manuel Aparici es, sin lugar a
dudas, faro singular del apostolado seglar más genuino y ortodoxo, así como
modelo del sacerdocio más exigente.
«Conocí a D. Manuel y
pude admirar su obra entre la juventud, así como su vida ejemplar y gran
espiritualidad en la dirección de jóvenes y sacerdotes, por lo que le hacen
merecedor de los más grandes elogios. Puedo asegurar a Vuestra Eminencia
Reverendísima que la fama de santidad del Siervo de Dios está viva en la
Archidiócesis y también difundida en otros pueblos y regiones.
»En mi opinión, no existe duda sobre la
oportunidad de su Canonización. Sus virtudes, que todos admiraron, su
ilimitada dedicación al apostolado, su fe inquebrantable en la Divina
Providencia, arrastraron a muchos jóvenes a seguir su ejemplo e incluso a
abrazar el sacerdocio, llegando algunos al Episcopado».
(Cardenal D. Ángel Suquía
Goicoechea, entonces Arzobispo de
Madrid, a su Emma. Rvdma.
Cardenal Angelo Felici, Prefecto de la
Congregación para las Causas de los Santos).
«Desde
1948 está vivo en Santiago el
recuerdo
de Manolo y su obra».
(Cardenal
Arzobispo de MadridD. Antonio
Mª Rouco Varela cuando eraArzobispo
de Santiago de Compostela).
Para todo
lo relacionado con su Causa de Canonización, de:
comunicación de gracias obtenidas, petición de estampas con la oración,
donativos, etc. dirigirse a la Asociación de Peregrinos de la Iglesia,
c/Manuel Montilla, 12. 28016 Madrid. Tlfn.
91 359 01 12.
Fax
91 359 00 84.
Pueden
hacer llegar sus donativos (los de ustedes, los de sus familiares y
amigos, etc.):
* Por transferencia
bancaria a la C/C en el Banco Sabadell:
Entidad: 0081
Oficina: 0589
Dígito de Control: 22
Número de cuenta: 0001035907
* Por
cheque a nombre de PEREGRINOS DE LA IGLESIA, MANUEL APARICI.
* Por
giro postal o mediante entrega en efectivo, indicando siempre CAUSA DE
CANONIZACION.
[2]
Decía: «¡El Apostolado! Es el rayo
de sol (amor de Dios) que se recibe en nuestra alma, y, desde ella,
limpia y bruñida, se lanza sobre las almas que se deslumbran así».
[3]
Decía: «Así la piedra se va tallando; la Acción Católica taller de
cantería de la Iglesia».
[5]
«¡¡Ojalá –dirá muchos años después el Rvdo. Jaime García
Rodríguez– que de este rescoldo se avive lo que tanto bien ha
hecho a la Iglesia, y que lleva veinte años de letargo: nuestra
Acción Católica!! Esto que fue el mimo de Manolo será, sin duda,
objeto de su intercesión ante el Señor».
[8]
«En la Encíclica “Mit Brennender Sorge” publicada en 1937 el
Papa urgía una “Cristiandad ejemplo … para el mundo
profundamente enfermo”. La sed de Manuel Aparici responde al
llamamiento pontificio proponiendo que la peregrinación a
Santiago sea una llamada, una incitación para que España
fuese principio de esa “Cristiandad ejemplo”, es decir, la
Vanguardia de Cristiandad … ¿Y por qué, en vez de la «Divini
Redemptoris» contra el comunismo, Manuel Aparici escogía ...
para la Obra toda un pasaje de la Encíclica contra el
nazismo, la «Mit Brennender Sorge? … Manuel Aparici llevado
de su sed de almas había visto claro» (Manuel Vigil y
Vázquez). «Y esto en un periodo apasionado, difícil para ver
claro, porque para muchos era obscuro y para otros confuso
aun con buena voluntad» (Mons. Maximino Romero de Lema).
En ella, la «Mit Brennender Sorge», el
Papa formula su apremiante llamada a una «Cristiandad
ejemplar». Pero no pretende una vuelta al viejo concepto de
«Cristiandad» no exento de connotaciones políticas, sino que
urge a la Cristiandad – conjunto de fieles que profesan la
religión cristiana, como la define en su primera acepción
nuestro diccionario– a que vivan su Fe en plenitud, para
salvar al mundo.
Para Manuel Aparici «Cristiandad» no es
una concepción política social, ni concepto filosófico,
histórico político = Papa y Emperador, sino teológico,
«es la porción del Cuerpo Místico que se desarrolla y crece
en el tiempo, el Reino de Diosque, aun estando
dentro de nosotros, se proyecta y aflora al exterior en la
organización familiar, social, política e internacional» ...
«Aquella Ciudad
santa que San Juan en Patmos ve descender del cielo por la
mano de Dios, compuesta y engalanada como una novia para el
esposo ... Aquella piedra angular, Cristo, que se encarna en
María Santísima por obra y gracia del Espíritu Santo y que
lleva en sí mismo la plenitud de la gracia con la que poder
embellecer a cuantos, en el transcurso de los siglos, se le
incorporen a Él en su Iglesia, por la fe que obra por la
Caridad ... Es ese Cristo Eterno Sacerdote, perpetuado en la
Jerarquía de su Iglesia, a través de la cual, y por medio
del sacerdote» ... «La Cristiandad no sólo hay que verla en
la dimensión del espacio, sino también en la del tiempo ...
No basta, no, que sintamos la comunión de los santos sólo
con los que peregrinan en este momento sobre la tierra. Es
menester que sintamos también la unión con todos los que
peregrinaron».
[9]
En ocasiones se hablaba de «mística peregrinante».
[10]
En nota manuscrita, sin fecha, a modo de ficha de
trabajo, habla, sin desarrollar, de las ideas ascéticas
de la peregrinación, de la conducta del peregrino, del
peregrino efectivo, del peregrino enfermo, del peregrino
simpatizante, del dirigente peregrino, del simple
asociado, del joven no de Acción Católica peregrino.
[19]«Cristo,
en la tentación,
–decía– no dobló su rodilla ante
Satanás; pero, en el Cenáculo, ante
Judas (que tenía a Satanás en el
corazón) la dobló para ganar aquella
alma» (Mons. Jesús Espinosa
Rodríguez).