
ANTES DE LA GUERRA (1928–1936)
1. Quinquenio 1931–1936
2.
La Juventud de Acción Católica
peregrina a Roma
3.
Presiente Nacional de la Juventud de
Acción Católica
4.
Reorganización de la Juventud de
Acción Católica
5. Ventajas de la idea peregrinante
6. Aparece SIGNO fundado
por él
7. Convocatoria de
elecciones generales
APÓSTOL SEGLAR
(1928 – 1941)
ANTES DE LA GUERRA (1928 – 1936)
«Esta nueva etapa de Manuel Aparici –nos dice
Mons. Maximino Romero de Lema– se desenvuelve y progresa en el ambiente de
fervor religioso y de tomar conciencia de la necesidad y responsabilidad de
los católicos de actuar en la vida pública, en la sociedad española, para
conseguir una línea concreta de pensamiento cristiano ...
»Por estas escalas espirituales y seguras llega
Manuel Aparici al Consejo Central de la Juventud Católica de España. A estas
personas, del año 1928 en adelante, las he conocido y tratado personalmente.
»Las circunstancias en que llega a la
Presidencia son bien conocidas: Caída de la Monarquía, República, nueva
Constitución y persecución religiosa».
He aquí estas escalas.
Al terminar los Ejercicios externos
realizados en 1927 ingresa en la Congregación Mariana de Los Luises. Poco
después, en 1928, conoce a D. Ángel Herrera, el cual ejerce una gran
influencia sobre él, e ingresa en la Acción Católica, en el Centro
Parroquial de San Jerónimo el Real, de Madrid,
que «tanto habría de contribuir al despertar y
desarrollar su propia responsabilidad –asegura Manuel Martínez Pereiro– así
como de los primeros toques que recibió de lo alto. Pronto destacó en el
Centro por su grande, contagioso y firme fervor apostólico que le llevaron a
los diversos cargos y a constituir un grupo capaz de desarrollar una
magnífica labor en la Parroquia».
De una manera constante va asumiendo
puestos de mayor responsabilidad, y ello en años tan difíciles, y su figura
va sobresaliendo. Tesorero del Centro en 1929, Vicepresidente en 1930 y
Presidente en 1931, sucesivamente. En noviembre de 1929 ingresa en la
Asociación Católica Nacional de Propagandistas y se compromete a hacer
Ejercicios internos; poco después, el 3 de diciembre, hace su primera
vigilia de la Adoración Nocturna, en la que ingresa en 1930
. En este mismo año de 1930 hace sus primeros
Ejercicios internos (volvería a hacerlos en 1931, 1932 y 1933) en los que se
consagra al apostolado. Y el 14 de abril de 1931 cambia el Régimen y ante el
incendio de los templos, jura consagrar su vida a dar a conocer el amor al
Señor
y «los jóvenes de Acción Católica, y entre ellos él, se organizan en grupos
para defender los Sagrarios de posibles ataques de las bandas desalmadas»
.
«Fue en 1931 cuando la Segunda República hizo patente al catolicismo español
su situación externa, y a un reducido sector minoritario, su situación
interna. El Cardenal Gomá, a la sazón Obispo de Tarazona, escribe en su
pastoral del 10 de mayo de ese año esta frase sin embages: “El catolicismo
español ha trabajado poco, tarde y mal”. La Juventud de Acción Católica
Española tiene solamente unos 200 Centros Parroquiales en toda España, con
apenas 10.000 inscritos»
.
En estos momentos de persecución
religiosa, años 1931 y siguientes «recibió insultos callejeros por ser
dirigente juvenil católico»
.
Antes de ser elegido Presidente del
Centro había sido llamado a la Unión Diocesana. Con tal motivo «va a ver al
P. Ayala, S.J. para que le diga si debe aceptar el cargo de Tesorero de la
Unión Diocesana»
;
a continuación, va al Centro. «Se renueva la Junta y es elegido Presidente
del mismo»
.
«Más tarde Presidente del Consejo
Diocesano de Madrid–Alcalá
,
no tardó en ser llevado al Consejo Superior»
. Actúa en la Unión
Diocesana sin desatender a su Centro.
Consta que en ese mismo año de 1931 pertenecía
también a las Conferencias de San Vicente Paúl. Y, años más tarde, en 1944,
Celador del Corazón de Jesús en el Apostolado de la Oración.
En noviembre de este mismo año
de 1931–según se lee en su Diario– acepta pertenecer a la Sección de Piedad
de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y adquiere el
compromiso de hacer todos los días media hora de meditación; además se
compromete a fundar un Círculo Obrero, a formar a estos jóvenes y
convertirlos en apóstoles. Y concluye: «Luego si yo quiero que sean
apóstoles de Jesús, tienen que ver en mí a Jesús. A santificarme; es
preciso. Únicamente siendo yo santo podré santificar a los demás»
.
«La labor que llevó a término
en la juventud parroquial fue tan importante que en la Asamblea Nacional
celebrada en Madrid, en diciembre de 1931, fue elegido Vocal del Consejo
Central»
.
Con tal motivo escribe en su Diario: «¡Yo, miembro
del Consejo Central! … Hay que trabajar mucho. Pero nada se hace. Hay que
hacer. Si no hago nada ¿cómo responder ante Dios?».
«Una de sus primeras propuestas al
incorporarse al Consejo Central fue la necesidad de contar con una revista
mensual para dirigentes –le designan para formar parte de la “Comisión
Revista”»; se aprobó la iniciativa encomendándose al redactor de EL DEBATE
Nicolás González Ruiz el estudio de los aspectos técnicos y económicos de la
publicación. Examinado aquel atentamente, se acordó lanzar la revista con el
título LA FLECHA, órgano de las juventudes católicas en España, bajo la
dirección del propio Nicolás González Ruiz, aunque debidamente inspirada, en
cuanto a contenido y colaboraciones, por Manuel Aparici. El primer número
apareció el 15 de abril de 1932. La publicación fue muy bien acogida,
ganando suscriptores y llegó a autofinanciarse. En las páginas informativas
se daba cuenta brevemente de las actividades de la Asociación»
. Manuel Aparici llegó a
ser su Director.
«Otra de sus grandes preocupaciones
[ya era Vicepresidente] –añade Manuel Martínez Pereiro– fue la de atender el
apostolado obrero, sobre la base de mantener hasta el máximo posible la
unidad de la Juventud Católica, sin perjuicio de adaptarse también a las
particularidades del mundo social en que se viviese. Se consideraba muy
conveniente insistir sobre la idea de unidad, más entre los jóvenes, dada la
inclinación nacional a la división. En la realidad teníamos Centros Mineros
en Asturias y Palencia y Marineros en Galicia. Fuera de la Juventud Católica
existían Juventudes Obreras, unas fundadas por el P. Feliz, S.J. y otras
dentro de las Asociaciones Obreras Católicas, como en Valencia, y que en
total, creo, no llegaban a la decena. Se les invitó para que se incorporaran
a la organización general respetándoles las banderas y las insignias, pero
el intento no llegó a buen fin.
»Manuel Aparici no cejó en su empeño
e intentó formar un grupo presidido por un linotipista de EL DEBATE, Eligio
Gómez Ríos
,
pero fue fusilado en 1936 igual que otros trabajadores de aquella empresa.
»El deseo de Manuel Aparici de evitar en lo
posible la prematura desunión de los españoles y procurar una mayor armonía
entre ellos, le movió a enviar un representante al Congreso de Padres de
Familia celebrado en Covadonga en 1934 para proponerles que tratasen de
evitar la creación, que se había iniciado, de asociaciones juveniles y hasta
infantiles de carácter político, procurando orientarlas hacia otras de tipo
apostólico».
Desde entonces hasta su cese en la Presidencia
Nacional (18 de octubre de 1941) toda su actuación en el Consejo Central ,
primero con la revista LA FLECHA, después como Director de la misma y Vocal
de Piedad (1931), luego como Vicepresidente (1933) y Presidente en funciones
y , por último, como Presidente (1934), fue transfundir esa sed a la
juventud de España.
«Su vida desde que empezó a trabajar
en la Juventud de Acción Católica, y especialmente como Presidente, –dice
Mons. Maximino Romero de Lema– se desenvolvió en períodos difíciles y muy
exigentes en todo, y era necesario mucho valor. Incluso valor físico, y
carencia de miedo
…
»Supo vivir los diversos períodos de la vida
española con la “Sabiduría” (no diplomacia) adecuada a cada momento tan
diversos los unos de los otros Estas actitudes firmes, lineales, sin ceder a
juicios precipitados, no se tienen sin fortaleza sobrenatural. Habiendo
vivido todos aquellos tiempos, no habría bastado una prudencia humana para
guiar la Juventud Católica. Todo esto lo afrontó con naturalidad, con
sencillez, sin ninguna manifestación de protagonismo, y sacrificando
intereses propios profesionales, aceptando con alegría todo peligro».
1. Quinquenio 1931–1936
En este quinquenio se realiza lo improbable, lo
ascensional, el salto gigantesco hacia una plenitud de entusiasmo juvenil.
El 18 de diciembre de 1932 en el II
Congreso Nacional de la Juventud de Acción Católica, donde se cantó por vez
primera el Himno de la Juventud (encontró una gran aceptación y fue entonado
con fervor y emoción en todos los actos)
, se realiza un
«alzamiento espiritual», lo que un observador extranjero de entonces llamó
«la locura de Santander».
Uno de los acuerdos adoptados en
dicho Congreso fue el de celebrar en Santiago de Compostela el III Congreso
Nacional en 1937, por ser Año Santo Jacobeo, y pedir a la Santa Sede que
sean declarados dogmas de fe la Asunción gloriosa de la Santísima Virgen a
los cielos en cuerpo y alma y que María es Mediadora Universal de todas las
gracias
.
«Este año de 1932, con el broche de
oro del Congreso, separó dos etapas de la Juventud de Acción Católica: la
fundacional y la de consolidación o profundización, cuya característica
fundamental habría de ser un importante incremento de la vida del Consejo
Central impulsada por Manuel Aparici, como Presidente en funciones, primero,
y después como Presidente de derecho»
.
Un año después, en la sesión de
clausura de la VI Asamblea Regional de la Juventud de Acción Católica, de
Galicia, celebrada en 1933 en Cambados, Pontevedra
«impresionó grandemente a
todos y movió los elogios de las personalidades que asistían, por la
profunda formación que revelaba su oratoria clara y sencilla
, pero con un espíritu que
entusiasmó grandemente a todos los que le oyeron»
. Tomaron parte destacados
oradores, entre ellos D. Ángel Herrera Oria, entonces Presidente de la
Asociación Católica de Propagandistas y director de EL DEBATE.
2. La juventud de Acción Católica peregrina a
Roma
«Uno de los primeros acuerdos, y sin
duda más fecundo en resultados, que se tomó en la IV Asamblea Nacional
celebrada en Toledo en octubre de 1933
fue el de organizar una
peregrinación a Roma en marzo de 1934 para lucrar las indulgencias del Año
Santo Extraordinario convocado con ocasión del centenario de la Redención,
para los años 1933 y 1934. Sin mayores dificultades se señalaron las
características de la peregrinación: austeridad y espíritu penitencial, como
exigían el acontecimiento que se celebraba y la situación de España que
tanto necesitaba de oraciones y sacrificios … Comunicado el acuerdo al
Arzobispo de Toledo, Mons. Gomá, lo recibió con el mayor entusiasmo y se
brindó a presidir él mismo la peregrinación»
.
Llegado marzo, la Juventud de Acción
Católica Española peregrina a Roma. Acude casi un millar de jóvenes y con
ellos Manuel Aparici, que, aunque todavía Vicepresidente, actuaba como
Presidente en funciones. El titular no pudo asistir. Era la primera vez que
peregrinaba a Roma. La preside el Sr. Arzobispo, acompañado del Obispo de
Santander Mons. Eguino Trecu.
«Con los peregrinos –sigue diciendo
Manuel Martínez Pereiro– tuvo el Vaticano la deferencia de invitarles, como
cosa excepcional, al acto litúrgico que en San Pedro se celebraba los jueves
para sacerdotes y religiosos exclusivamente».
No puede omitirse la audiencia con
el Santo Padre, Pío XI. Fue una manifestación clamorosa y ardiente de
devoción y fidelidad a su persona y a la Iglesia. Después de la recepción
general, «nos recibió –dice Mons. Maximino Romero de Lema– en la Sala de
Bendiciones y habló, sin leer, durante una hora ... Todo el Consejo fuimos a
saludar al Papa y a acompañarle luego desde el interior del Vaticano (hoy
pienso que era la “Sala Regia”). Allí todos besamos la mano al Papa y el
Papa a Manuel Aparici le puso sus manos en la cabeza. Para él aquello fue un
“signo” para su sacerdocio. Y para todos los presentes. Fue en esos días
cuando él y yo comenzamos a hablar de nuestra vocación al sacerdocio». «Que
Dios quiera –dice por su parte Manuel Martínez Pereiro– sea un anticipo de
lo que todos esperamos: la pronta exaltación a los altares».
«La escena vivida –escribe LA
FLECHA– trae a la memoria aquella del Cenáculo en que Jesús, después de la
Resurrección, se aparece a sus Apóstoles y les impone sus divinas manos
sobre sus cabezas ... A la salida de la audiencia –termina el redactor– “se
organizó un solemne besa–cabeza”» y «se acercaban los compañeros para
cortarle mechones de sus cabellos»
.
Por su parte, su sobrina Josefina declara: «Mi madre le tomaba el pelo
diciéndole que no se peinara que le había puesto la mano el Papa en la
cabeza».
Todos volvieron muy alegres y
reconfortados de la peregrinación. Ésta da conciencia a la Juventud de
Acción Católica de su unidad y fortaleza, ya que aquellos Centros
Parroquiales primitivos aparecen, en el Coliseo de Roma, como una juventud
peregrina que Mons. Gomá ve desde la cruz central como algo excepcional, una
manifestación de espíritu cristiano verdadero, con un estilo seglar y joven,
auténtico y sobrenatural.
Manuel Aparici evoca la misma en su Diario a lo
largo de varias páginas; peregrinación que marca un rumbo firme en su vida.
«Sobre todas las impresiones –escribe–,
la más honda, la más fuerte, la que marca un rumbo firme en mi vida es la
que se grabó en mi corazón al sentir sobre mi cabeza posarse, en paternal
caricia, la mano del Santo Padre. La Divina Providencia parecía decirme: “He
oído tu oración y la oblación que me hacías de tu persona y la acepto”. Era
el Vicario de Cristo, “Cristo in terra” quien me acariciaba a mí; cómo a
pastorzuelo a quien se ha encomendado la guarda de las ovejas más queridas a
quien se le ruega no las abandone y a quien se premia las promesas de ser
fiel con una caricia.
»Muchas veces había deseado, en mis ratos de
oración ante Jesús Sacramentado, que el Señor pusiera su bendita mano sobre
mí, e, incluso, con la imaginación había gustado lo que sería una caricia
del Señor; mas ahora Él ha querido que su Vicario acariciara dos veces mi
cabeza.
»¿Cómo debo yo responder al
amoroso llamamiento de mi Dios y Señor? Dándome todo a Él, no viviendo más
que para Él, buscándole a Él en todo y amándole a Él en todo».
Con la peregrinación a Roma, su «sed» se
agudiza. Sin embargo –como él mismo dice– todavía no sufría más que por las
almas de los jóvenes españoles que no conocían a Cristo a quienes convocaba
desde antes de la guerra a peregrinar a Santiago de Compostela en 1937. A
finales de 1935 empiezan a inquietarle las almas de todos los pueblos que no
le conocen.
Regresa de Roma más dispuesto que
nunca a entregarse a la Juventud, encendida de emoción su alma generosa y se
lanza con nuevos bríos a la oración y al apostolado. Funda el Grupo de
Propagandistas del Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica, pieza
clave de la Obra, a la que cuidaba como a la niña de sus ojos, no sólo por
la ayuda que podrían prestarle, sino porque los veía como futuros dirigentes
de la misma muy consciente de que en ellos estaba el porvenir de la
Juventud, como también cuidaba a los aspirantes y recordaba a los jóvenes la
enorme importancia de trabajar con estos muchachos por la misma razón, y
empieza a recorrer España como un nuevo apóstol. Visita las Uniones
Diocesanas y los Centros de toda España; el aumento y organización de unas y
otros era rápido y sólido. Preside Asambleas Nacionales, Regionales y
Diocesanas. «Al finalizar el año 1933 son ya mil los centros establecidos en
España»
,
frente a 200 en 1931; es decir, había multiplicado por cinco la cifra.
La sed de almas que quería despertar en los
suyos le llevan a comprometerles en el esfuerzo por forjar una «Cristiandad
ejemplo y guía par el mundo profundamente enfermo». La ansiada peregrinación
a Santiago de Compostela habría de ser el medio para tan intrépida misión.
«En los actos públicos –dice Manuel Vigil y González–, Manuel Aparici, orador fluente y fogoso
, hablaba como tocando a
rebato para salvar las almas de los jóvenes
. Quería despertar en el
auditorio entero aquella sed de almas a las que con mayor motivo comprometía
a sus inmediatos colaboradores al entregarles el crucifijo de Propagandistas
–en ellos se inscribía la palabra “Sitio”– . Con lucidez y ardor hablaba
hasta la extenuación. Concluía sudoroso, agotado. Cuántas veces le hemos
visto y admirado así. ¡Qué ejemplo de entrega para el apostolado! La entrega
que nos pedía con el crucifijo del 27 de diciembre de 1938.
»Estaba inmerso, ¿y quién no?, en la enorme
conmoción que agitaba la España de los años 30. La España en la que se
resumían y culminaban las divisiones arrastradas por más de un siglo, desde
la guerra de la Independencia ... La Acción Católica que se ponía en marcha
tras la proclamación de la República de 1931 era una Acción Católica
engranada con la Jerarquía de la Iglesia en los momentos que se iba a
desatar una nueva persecución».
3.
Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica
Ya estaba cerca la hora de su designación como
Presidente Nacional. Tanto que, en 1934, antes de entrar en Ejercicios se le
pregunta, en nombre de la Jerarquía, si estaba dispuesto a aplazar su
entrada en el Seminario para aceptar la Presidencia Nacional de la Juventud
de Acción Católica. Contesta que se le deje meditarlo en Ejercicios.
Examina si debe aceptarla, o rechazarla para
empezar en serio su preparación sacerdotal, que ya había iniciado. Y,
aconsejándose del Director de Ejercicios y del Presidente de la Junta
Central de la Acción Católica, hace elección de aceptar la Presidencia y
aplazar el comienzo de sus estudios.
Como siempre, sumisión y obediencia al Papa y a
la Jerarquía secundando con docilidad las indicaciones que se le formulaban.
Y el 14 de septiembre de 1934
la Jerarquía le nombra Presidente Nacional de la Juventud de Acción
Católica, aunque sobrepasaba los 30 años. Cargo difícil por sí y por las
especiales circunstancias de la Obra que empezaba a cuajar. Con tal motivo
anota en su Diario: «Tú en el año 34, por una
criatura tuya, me dijiste: Tienes un medio de ser un buen Presidente y es
que me dejes presidirlos en ti».
«Quiero llamar la atención –declara Mons.
Maximino Romero de Lema (Cf.)– sobre la fama de que gozaba entre sus
colaboradores cuando, nombrado por la Jerarquía de la Iglesia Española,
comienza su Presidencia Nacional. Es un testimonio de aquellos momentos: en
la Revista LA FLECHA en el número de octubre de 1934, la Redacción presenta
a Manuel Aparici»:
«Parecen obligadas, en primer
término, unas líneas dedicadas al nuevo Presidente, líneas cursadas por
“cable directo” a la imprenta y escamoteadas a la vigilancia de nuestro
Director
.
»La presentación huelga. Manuel Aparici es ese
joven que al hablar se rejuvenece todavía más, todo espíritu, todo corazón,
que necesita tratar con jóvenes para poder vivir, que quiere encenderlos y
abrasarlos con la misma llama que ardía en el Corazón de Cristo, que dedica
sus vacaciones –y otros días que no son vacaciones– a recorrer pueblos,
ciudades o aldeas de España, porque él no mira la categoría de los
escenarios sino la sed de las almas, que se enardece ante las dificultades,
que aspira a ganar para Cristo nada menos que todos los jóvenes de
España, que sólo vive, aunque sea sin dormir, para la Juventud de Acción
Católica, a la que está entregado. Es el apóstol de los modernos tiempos,
que tiene siempre una plaza en el tren cuando piensa que puede hacer algún
bien en cualquier lugar de la Península. Es ese joven que conocemos todos
porque le hemos visto en nuestro Centro o porque nos ha sorprendido
inactivos quizá, en plena calle y nos ha convencido de que deberíamos hacer
algo por la gloria de Dios. Y lo hace todo sin darle importancia y sin
desatender sus obligaciones, trabajando, si es preciso, fuera de las horas
reglamentarias para que el jefe le conceda un día de permiso que disfrutará
rodeado de jóvenes, que va a conocer todavía, después de una noche de tren,
de la que ha de descansar en el tren, de regreso, para estar en su puesto de
trabajo al otro día ...
»Pero no es de los que hacen mucho
porque se agita y se mueve, va y viene. Sacando tiempo de donde puede, y a
veces de donde no debe, estudia los problemas generales de la Juventud,
prepara sus visitas a Centros y pueblos
con toda clase de datos,
dirige varios Círculos de Estudios y, sobre todo, vive una vida intensísima
de piedad, convencido de que sin ella todos sus intentos serían vanos. Los
que trabajamos a su lado sabemos bien cuánto vale y todo lo que de él puede
esperarse.
»Este es el joven que la Jerarquía
nos ha dado como Presidente de la Juventud de Acción Católica. Sería vano
añadir que es un acierto de la Jerarquía porque para nosotros todas las
disposiciones de nuestros Prelados son aciertos. De lo que sí podemos dar
gracias a Dios, muchas gracias a Dios, porque ya por dos veces nos ha
mostrado su providencia, es de quien va a presidirnos tenga las dotes que
concurren en él ... Sustitución dificilísima la que le toca a nuestro nuevo
Presidente, que ha de llenar el vacío que en la Obra deja Alfredo López ...
Circunstancias especialísimas no le han permitido seguir, por más tiempo, al
frente de la Juventud de Acción Católica; pero no quiso marcharse sin haber
formado el futuro Presidente, sin dejar un joven capacitado plenamente para
el puesto de máxima responsabilidad ... Que Él dé también acierto a nuestro
actual Presidente para que cada día la Juventud de Acción Católica de España
responda más y mejor a las esperanzas que la Iglesia tiene puestas en ella».
«Este es el testimonio de sus compañeros de
trabajo. Y yo atestiguo también de la altura espiritual de estos testigos»,
concluye el Sr. Arzobispo.
Uno de los propósitos firmes
que hizo en Ejercicios
, relacionado con el cargo,
fue:
«Religiosa obediencia a la
Jerarquía de la Iglesia y a cada uno de los Prelados. Propósito firme de no
hacer nada en cada Diócesis sin que antes el Prelado me haya dicho: Echa tu
red. Unida a esta obediencia, la cristiana firmeza de presentar a la
Jerarquía, con toda sencillez, lo que vea y observe y las soluciones que en
la oración me han parecido ser más convenientes para la gloria de Dios; mas
una vez expuesta mi opinión, abrazar la de la Jerarquía como expresión de la
voluntad de Dios».Por otro lado entiende que el cargo de “Primero” en la
Juventud le obliga a ser el primero, el modelo en el que puedan copiar e
imitar todos los jóvenes de Acción Católica. Y como Propagandista prometió,
además, ser el “primero en el trabajo, la obediencia, el sacrificio para ser
hostia y víctima que en todo momento se ofrezca a Jesús por su reinado en el
corazón de los jóvenes.
Ya a la vuelta de la Peregrinación a Roma anotaba en su Diario:
«He comulgado el último, pues realmente eso soy ... el
último a quien la providencia de Dios ha puesto el primero».
Al mismo tiempo reconoce su indignidad.
«Redacté un llamamiento a tus
jóvenes –escribe en su Diario– … mas me examino y me hallo indigno de
firmarlo, pues ninguna cosa de las que les pido he comenzado yo a hacerla.
Pero, Señor, tú me dices que es preciso que eso se haga, que para que ellos
lo hagan he de ir delante y arrastrarles con mi ejemplo … Me lanzaré a
publicarlo esperando en ti».
Pero también reconoce la
llamada del Señor a ser Presidente y Presidente ejemplar.
«Delante de los tuyos –anota pocos días después–
soy el más vil, de naturaleza cobarde, de
inteligencia pobre, inclinaciones vergonzosas, voluntad débil, y, sin
embargo, tú quieres que sea tu Cirineo que cargue con la cruz de mis
hermanos, que sea intrépido y les llame a santidad marchando delante con mi
ejemplo. Me insistes, exhortas y espoleas, has puesto cerco de angustia a mi
alma, para que sea Presidente y Presidente ejemplar. Señor, bendigo tus
ocultos juicios y tu providencia que quiere servirse del más vil, pero me
arrojo a tus pies y, abrazado a ellos, te pido que me ayudes, que me des tu
gracia para matar esta miseria mía que te roba las almas al resistir a tu
beneplácito».
«Pero hay momentos en los que me
abruma la fatiga, me pesa la cruz y el pensamiento de dejarlo todo acude a
mi mente, pero no perdona, es la noche, es la muerte, es la desesperación lo
que vendría después a mi espíritu. ¡Señor, Señor! Tu cruz me pesa».
Apenas iniciada la guerra recuerda que el Señor
le hizo centinela de su juventud y exclama, como se lee en su Diario:
«¡Señor, Señor! Tened piedad de
mí. Tú me hiciste centinela de tu juventud, y yo no he predicado, pues no he
sido palabra viva, no he vivido plenamente tu doctrina y has de pedirme
cuenta de su sangre. Pero tú, ¡oh Jesús!, me ofreces desde la cruz tu perdón
y lo negocias de tu Padre.
»Trinidad Santísima,
apiadaos de mí, enviadme vuestro Paráclito para que me abrase de amor y
viva perpetuamente en cruz para ofrecer por medio de Jesucristo mi libertad
al Padre, para que se digne conceder la gracia de la contrición a los
jóvenes que mueren en esta guerra cruel».
A mediados de octubre de 1936 vuelve a reconocer
que es indigno del cargo que el Señor le ha confiado.
«Realmente soy indigno del
cargo que me has confiado –escribe en su Diario–,
siempre lo seré, pero te recuerdo que hace más de dos años en conversación
con Fernando, hermano de apostolado, me inspiraste el medio de que tus
intereses no sufrieran quebranto: Que Jesús presida a su Juventud, yo seré
el barro tras del que se oculta. Esto suponía que yo me anulara totalmente,
que sustituyera mis criterios por los tuyos. Mas esto no podría ser sin
oración y especialmente sin oración mental. Sólo meditando atentamente tu
palabra podría conseguir que tus criterios anularan a los míos, elaborados
con criterios de mundo».
Pero pide al Señor le haga sabio para que pueda
acertar en el gobierno de los que le ha confiado.
No obstante, vuelve a encontrarse triste y
reconoce que no acaba de ponerse en pie. Pide nuevamente al Señor le ayude
pues se ve solo y pobre.
«¡Qué triste mi estado de
espíritu! –anota en su Diario– No acabo de ponerme en pie y ahora más
que nunca es preciso. Peligran tantos jóvenes, hay tantas organizaciones que
resisten a mis indicaciones y, sin embargo, olvido mis propósitos: el
ofrecimiento y la meditación de la mañana, tan necesario; el caminar ante
tus ojos, asido de tu mano, por la senda de tu voluntad. Hoy no me he
preguntado ni una vez tan sólo ¿esto lo haría así Jesús?
»¿Señor, no está aún
bastante curada mi soberbia? Te confieso que nada soy por mí, pero puesto
que me has colocado en este cargo y “me veo solo y pobre” ayúdame, apiádate
de tu hermano y dale tu gracia para que se entregue a ti».
Sin embargo, seis meses después, a finales 1937,
él mismo nos dice que ha empezado a conocer su responsabilidad de Presidente
y las gracias que le ofrece el Señor para cumplir su tarea.
«No soy tuyo todavía, Señor
–escribe en su Diario–;
me resisto a entregarme y sin embargo me urges a que lo sea. Hoy me has
hecho empezar a conocer mi responsabilidad de Presidente. Me has hecho ver
que en este momento seremos en el mundo cuarenta o cincuenta los Presidentes
Nacionales de Juventudes.
»Me has entresacado de
entre los 200 millones de jóvenes para que, con mis colegas, trabaje por
asentar tu Reino en el corazón de los jóvenes. Trabajo inmenso; pero tú no
pides nunca sin ofrecer, luego me ofreces la gracia suficiente para llegar a
cumplir mi misión. ¿Cómo aprovecho yo esta gracia ... ? Aún más, me has
puesto de Presidente durante la guerra, en las circunstancias más difíciles,
y me ofreces gracia para cumplir mi misión. ¡Has acudido a lo más bajo y
miserable para realizar tu obra más grande!. Hazme fiel Señor».
No obstante su estado de ánimo, su actividad
apostólica es incansable. Se pone a la cabeza de todos y de todo llegándose
a ver como el hermano mayor.
«Estaban esperándome cuando llegué [a Granada]
–anota en su Diario–. No sabían separarse del hermano mayor. Hay que
ponerles delante de los ojos el ideal de la santidad».
4.
Reorganización de la Juventud de Acción Católica
«Al reorganizar la Juventud
de Acción Católica, a la que levantó mucho, dio la consigna de Piedad,
Estudio y Acción; poniendo ante todo la Piedad sólida con base en la
Eucaristía, como fundamento; luego el Estudio del Evangelio y de los
Reglamentos, organización y consignas ... para estar así preparados para la
Acción.
»Sobre la
base de este lema y rodeado de otros jóvenes excelentes, emprendió la
reorganización de la Juventud ... El gran impulso que supo dar a la Obra,
hizo que pronto gozase de gran prestigio entre el Episcopado y el clero,
conocedores de su valía, y no digamos entre los jóvenes, a los que
arrastraba ... El aumento y la organización de Uniones Diocesanas y de
Centros ... era rápido y con solidez ... »
.
5. Ventajas de la idea peregrinante
«Los frutos obtenidos en la peregrinación a Roma movieron al Consejo Central
a considerar las ventajas de la idea peregrinante e insistir en ella. El III
Congreso que, conforme a lo acordado en el II de Santander, había de
celebrarse en Santiago de Compostela en 1937, Año Santo Jacobeo, era –afirma
Manuel Martínez Pereiro (Cf.)– la gran oportunidad para poner en práctica
aquella decisión del Consejo ... ».
Se quería prepararlo con tiempo suficiente sobre todo en el orden
espiritual porque «se aspiraba –añade– a que ante todo y sobre todo la
marcha hacia Santiago significara un cambio profundo en los corazones, las
almas y las conductas, primero de los jóvenes y luego de la Juventud».
Manuel Aparici se entregó por completo a la
tarea preparatoria y contagió a muchos de su entusiasmo. Encomendó esta
preparación a Maximino Romero de Lema, que, además, se había incorporado al
Consejo Central y era, por tanto, la persona más indicada para ocuparse del
tema. Aceptó entusiasmado el encargo y recabó la colaboración de su paisano
Armando Durán que aceptó también con gran entusiasmo. Comenzaron la tarea en
todos sus aspectos, pero muy conscientes de las dificultades que el proyecto
tenía, ya que se aspiraba a reunir a varias decenas de millares de jóvenes
que, duplicarían, al menos, la población de Santiago, aparte de las nada
fáciles comunicaciones de entonces con la ciudad.
«En diciembre de 1935 jóvenes de
Acción Católica de diversas Diócesis fueron invitados por Manuel Aparici a
un Cursillo, de veinte días de duración, que se celebraría en la Residencia
de los P.P. Paúles, García de Paredes de Madrid … El espíritu era el mismo
que el de aquellos “Cursillos de Adelantados de Peregrinos” que él creó
después en La Coruña el verano de 1940: “dar en ellos una fuerte base
espiritual a las planas mayores de los Jóvenes de Acción Católica”
. Con este Cursillo,
Manuel Aparici muestra su gran preocupación en formar propagandistas para la
campaña de preparación al III Congreso Nacional de los Jóvenes de Acción
Católica “como etapa decisiva de su consolidación”»
.
«Por otra parte –dice Manuel
Martínez Pereiro–, iba ganando terreno la idea de avanzar tanto en
intensidad como en extensión: y así se pensó primero en ampliar nuestro
esfuerzo a la juventud hispanoamericana a la que sin duda había apuntado el
Apóstol al querer que sus restos mortales fuesen desde el Oriente al
Finisterre del mundo entonces conocido
, y después a los jóvenes
europeos para que no olvidasen los viejos caminos jacobeos y preparasen la
nueva Europa que no acaba de encontrar su brújula. Nuestro único afán era
servir seriamente de sal, fermento y luz para reconstruir desde sus
cimientos un mundo que cada día está más necesitado de esta reconstrucción y
asentar una “cristiandad ejemplo y guía del mundo”, que fuese poderoso
acicate para nosotros mismos”».
El solo hecho de proponer a los
jóvenes de Acción Católica de la Hispanidad un gran ideal de recristianización sería capaz de vincular en caridad a España con sus veinte
hijas. Pues este Ideal era superior a las fuerzas de todos y cada uno de los
pueblos por separado, pero lo que resultaba dificilísimo para cada uno de
los miembros de la familia hispana, resultaba hacedero para la Hispanidad en
su conjunto. Por eso, la amplia proyección de este plan movió al Presidente
a someterlo al Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de España, Mons. Gomá.
Expuesto el proyecto en 1936 a la
Jerarquía española en la persona del Sr. Cardenal éste lo recibió con
entusiasmo y lo bendijo, pero les hizo ver que empresa de tal envergadura,
que trascendía a las facultades de la Jerarquía de la Iglesia española,
requería la aprobación y bendición del Santo Padre y les aconsejó ponerse al
habla con Mons. Tedeschini, Nuncio de Su Santidad en España, quien, a su
vez, les aconsejó exponérselo al Santo Padre.
Con tal fin, el 28 de enero de
1936, Manuel Aparici, Presidente Nacional, se trasladó a Roma acompañado del
Vocal del Consejo, Javier Aznar
.
Les recibió el Cardenal Pacelli, entonces Secretario de Estado, y luego Papa
Pío XII, que aprueba y bendice el proyecto y les alienta en su labor en
España y de la misión de la Juventud de Acción Católica Española en la tarea
de la Hispanidad.
Es más, les hizo ver que España tenía olvidados
sus deberes de madre para con los pueblos de América y Filipinas que había
engendrado a la fe de Cristo, diciéndoles que las madres nunca tienen
cumplida su misión, que no basta engendrar a los hijos y educarlos, sino que
siempre tienen que preocuparse de que lleguen a la máxima perfección. Les
prometió la más calurosa ayuda de la Santa Sede y que al día siguiente
serían recibidos en audiencia por Su Santidad el Papa, que les mostraría la
profunda complacencia con que veía los proyectos de la Juventud de Acción
Católica Española.
Y el l de febrero de 1936, eran
recibidos, en audiencia especial, por Su Santidad el Papa Pío XI –era la
segunda vez que recibía a Manuel Aparici en audiencia especial– a quien le
expusieron el proyecto de la gran peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a
Santiago de Compostela para 1937.
Le dice: «Las
almas huyen del Señor; por todas partes la apostasía y el materialismo
aumenta; allí en España tenemos un sepulcro casi olvidado entre sombras de
paganía; pero él guarda los restos de un Apóstol. ¡Padre! déjanos que
convoquemos junto a sus cenizas a las Juventudes de Acción Católica de las
Españas. Allí aprenderemos su lección. Y las Juventud de Acción Católica de
la Hispanidad será un solo apóstol. Se llenará de tu angustia por las almas
y se aplicará del todo a tu servicio».
El Santo Padre acogió el proyecto
con gran satisfacción, dándoles su bendición más paternal, amplia y generosa
para la Peregrinación y para el Congreso
.
Dos meses después de ser
recibido por Su Santidad anota en su Diario: «Hay
que trabajar deprisa, pues ya empieza el enemigo a sembrar la cizaña».
La guerra paralizó el proyecto, que quedó
aplazado –pero manteniendo muy vivo el Ideal de Santiago– La peregrinación
tuvo lugar, luego de concluida la guerra, en Agosto de 1948.
Años más tarde resumiría así el Ideal:
« ... El Ideal de la
Asociación de la Juventud de Acción Católica (Ganar a todo el mundo para
Cristo, por el impulso y la fe del alma hispana), el instrumento para
ganar el mundo (La Hispanidad: Comunión de Pueblos al servicio de la
misión apostólica y evangelizadora de la Cristiandad ejemplo y guía para el
mundo profundamente enfermo); las etapas necesarias para su consecución u
objetivos parciales y el modo de realizar este Ideal (Peregrinar: Que
los jóvenes caminen sobre las huellas de Cristo y de la mano de María hacia
la Casa del Padre por la acción del Espíritu Santo y abran camino a las
almas hermanas)».
6. Aparece SIGNO fundado por él
«Había en él una meta decidida de
preparar espiritual y emocionalmente la peregrinación a Compostela en el
próximo Año Santo Jacobeo de 1937. Desde el primer número adoptó, a modo de
auspicio, el lema jacobeo medieval: “Y será. Porque Dios ayuda y Sant–Yago”»
.
Casi al mismo tiempo se
convoca a la Juventud de Acción Católica al III Congreso Nacional a celebrar
en la misma fecha y lugar. Año más tarde SIGNO se encargaría de recordar el
compromiso de la Juventud con el Apóstol. «No os
intimide la persecución [la proximidad de momentos
difíciles se advertía ya en los distintos editoriales de primera plana]
– les decía Manuel Aparici a sus jóvenes–
el Señor va delante de nosotros para prepararnos el gran
día de Compostela».
7. Convocatoria de elecciones generales
«En un ambiente más que preocupante
y sin una certera visión del panorama político –declara Manuel Martínez Pereiro–, se convocaron elecciones generales para el 16 de febrero de 1936,
con unos resultados y consecuencias que hacían prever lo peor
, y concretamente para
nosotros que iba a producirse una fuerte y grave persecución religiosa
, como así ocurrió a
partir del mes de julio en buena parte de España.
»Examinada la situación, el Consejo Central
aprobó la propuesta presidencial de recorrer todas las Diócesis para
transmitir la preocupación y se adoptaron las oportunas medidas a fin de
preparar una verdadera “vida de Catacumbas” cuando el momento llegara».
¿Cuál fue la propuesta de Manuel Aparici en
tales circunstancias?
«Su reacción fue –según Víctor García Hoz–
organizar una acción de propaganda católica para levantar los ánimos a nivel
sobrenatural, recordando que el Espíritu Santo gobierna al mundo».

Un año
después de que el Papa le diera su bendición para tan ambicioso
proyecto, el 14 de marzo de 1937, éste promulga la Encíclica “Mit
Brennender Sorge” por la que urge una Cristiandad «ejemplo y guía para
el mundo profundamente enfermo».
Puede pensarse: ¿Acaso
el ofrecimiento de Manuel Aparici al Papa Pío XI, de hacer de las
Juventudes Católicas del Mundo Hispánico un sólo apóstol, sugirió en la
mente del Santo Padre la idea de una «Cristiandad ejemplar»? …
En todo caso, si
entonces él aspiraba a que España y los pueblos hispanos formasen la
Vanguardia de aquella Cristiandad ejemplar urgida por el Papa Pío XI,
hoy, cuando la mitad de los fieles católicos son de habla hispana,
constituye una exigencia el que la Comunidad católica iberoamericana se
esfuerce por ser de verdad Vanguardia de nueva Evangelización, esa nueva
Evangelización a que nos urge S.S. Juan Pablo II.
